Inventario

Página de Fernando Loygorri
Más adelante, en la página 23 del libro de referencia, tomadas ya algunas notas, espero la llegada del primer aldabonazo de inspiración sólo que el estilo ampuloso del escritor del libro de referencia, hace difícil la llegada del destello. Aun así doy un trago al café (ya frío) me froto las manos por un frío impostado, miro un momento a través de la ventana y decido seguir.

Diario

Tags : Archivo 2009 Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 23/02/2009 a las 18:50 | {0} Comentarios


La colocación de la mesa. Dónde se ponen los elementos con los que vas a trabajar. La luz también es importante y lo que se escucha.
Ahora he conseguido que un atril me sirva como soporte para un libro muy grande. He dejado un gran espacio en la mesa (un gran espacio es en realidad una exageración porque la mesa es pequeña. No sé por qué tengo una mesa tan pequeña) y he decidido que las notas que saque del libro las anotaré directamente en el ordenador. No sé hasta cuándo. Hay un momento siempre en que la pluma me atrae poderosamente, el tacto de la punta con la hoja. La suspensión.
Minuto primero.

Diario

Tags : Archivo 2009 Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 23/02/2009 a las 18:24 | {0} Comentarios


En principio parece que está todo en la cabeza. Escuchas la voz y crees que cuando te pongas a pasar esa voz al papel o a la pantalla todo saldrá como sale un manantial de la roca en lo alto de la montaña.
El arte es la creación de lo imaginado y ese paso de crear lo que está en tu cabeza apoyado en la técnica y en la intuición es arduo y lleno de peligros. Hay algo de temblor y también un querer retrasar el momento de empezar. Como ahora.
Y es verdad: estoy loco.

Diario

Tags : Archivo 2009 Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 23/02/2009 a las 17:43 | {0} Comentarios


Laboratorios Sérriga se encontraba en un polígono industrial a las afueras de la ciudad. Era un edificio cúbico de muros azules turquesa, de cuatro plantas y con pocas ventanas. Cuando Leo Mariner aparcaba el ocaso casi estaba terminado. Se habían encendido unas farolas y hacía frío. Leo atravesó el vestíbulo al fondo del cual había una recepción circular de madera clara. La vigilante de seguridad no le quitó ojo mientras se acercaba. Era una mujer de unos cincuenta años, de aspecto jovial cuando la vio de cerca, con el pelo corto teñido de un rojo encendido. Leo Mariner le comunicó quién era con aire oficial y el motivo de su visita: una entrevista con el señor Sérriga, director del laboratorio. La vigilante le indicó dónde se encontraban los ascensores y el modo de llegar hasta el despacho. Le estaba esperando.
En contra absoluta de su costumbre, durante el trayecto en el ascensor, Leo se miró en el espejo y llegó a la conclusión de que su aspecto era el idóneo para su resurrección. La edad de cuarenta y un años le parecía la justa para emprender una nueva vida. Tan sólo necesitaba la confirmación.
El señor Sérriga resultó ser un hombre de treinta y cinco años, amable y conciso, con las ideas muy claras. Tan claras. Fueron directos a la cuestión que allí le llevaba: la relativa a la crionización de la señora van der Kloer y las proyecciones sobre el tiempo que aún quedaba para tener la tecnología necesaria para la descrionización. Leo miraba a través de la ventana mientras escuchaba la voz casi profesoral de Sérriga. La noche se había hecho dueña de todo. Cuando Sérriga terminó se hizo un silencio algo largo y algo incómodo. Leo pestañeó varias veces antes de pedirle a Sérriga los protocolos para crionizarse.
- ¿La cabeza o el cuerpo entero?, preguntó Sérriga.
- El cuerpo entero y la vitrificación del ADN mitocondrial.
- Por supuesto señor Mariner. Mi secretaria rellenará con usted los formularios.
- ¿Desde el momento en que firme entra en vigor el contrato?
- Jamás se me ocurriría engañar a un notario, respondió Sérriga en tono jocoso.
Sérriga se levantó, ofreció su mano a Leo y le acompañó hasta la puerta de su despacho.
- Si quiere usted ver las instalaciones.
- No, no, gracias. Otro día.
Leo Mariner rellenó con la secretaria del director todos los formularios y dejó un jugoso cheque como primer pago. El siguiente pago sería una vez crionizado con éxito y el tercero y último una vez vuelto a la vida para lo cual Leo Mariner debía de abrir un fondo a 213 años.
De vuelta a la ciudad por las carreteras de circunvalación, Leo percibía el mundo de otra forma. Parecía no estar ya aquí. Por primera vez pensó en sus hijos con cierta dosis de ternura y la luz sobre la vía le pareció de una belleza apabullante. Lloró mientras el frío y el ruido entraban en el coche. El viento se llevó sus lágrimas. Entró a la ciudad por la salida de la autovía más cercana a su destino. Reconoció los edificios, el soportal del número 13 de su calle, el bar de enfrente y la luz tras la ventana de su casa. Ella estaba.

Cuento

Tags : Archivo 2009 Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 20/02/2009 a las 17:55 | {0} Comentarios


Cuando al salir de casa a las ocho menos veinte para llevar a Violeta al colegio, el cielo ha clareado y la luna creciente se perfila en el cielo como en las uñas, respiro hondo y advierto que la vida late y es salvaje. Vivir es una aventura pasmosa, es una ley sin argumento. Vivir es sopesar a cada instante lo ocurrido sin pensar siquiera en ello. Vivir adolece de premura. Vivir no permite correcciones y por eso la novela de cada uno es tan hermosa. Vivir es adelantar un coche, es ver el fulgor del sol que se eleva, es tomarse un café y la espera en un vestíbulo con olor a libro nuevo. Vivir es realizar un mural en una feria lleno de colores y de apuestas y vivir es contemplarlo y visitar a un hombre enfermo que guarda en su mirada algo muy triste como si su enfermedad supusiese el fin de algo. Vivir es creer que algo se acaba y al mismo tiempo saber que siempre y nada es lo mismo.

Diario

Tags : Archivo 2009 Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 19/02/2009 a las 13:14 | {0} Comentarios


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