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Página de Fernando Loygorri

Francisco Quevedo y Villegas
Escrito en 1628


Francisco de Quevedo y Villegas
Francisco de Quevedo y Villegas

Antes de pasar al texto quiero hacer una declaración: durante treinta años me cayó mal Quevedo. Sólo que ahora sé que me cayó mal por cómo me lo enseñaron. Quevedo nunca le gustó al poder y menos a los curas. Y así mi imagen de Quevedo siempre fue antipática. Hasta que un día decidí romper los prejuicios, empecé a leerlo y me adherí a todos los que lo entienden y valoran. No es necesario repetir lo que ya se ha dicho.
Este texto entronca directamente con ese otro gran grotesco que fue Rabelais. Algún día escribiré sobre lo grotesco (El Extraño caso del joven Ojbar -texto que se encuentra en este blog- es en cierto sentido grotesco).
No me extiendo más espero que os divierta tanto su ingenio como su prosa como su tema.
El texto lo atribuye Quevedo a un tal Juan Lamas de la siguiente forma:
Escribiólas Juan Lamas, el del camisón cagado

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Quien tanto se precia de servidor de vuesa merced, ¿qué le podrá ofrecer sino cosas del culo? Aunque vuesa merced le tiene tal, que nos lo puede prestar a todos. Si este tratado le pareciere de entretenimiento, léale y pásele muy despacio y a raíz del paladar. Si le pareciere sucio, límpiese con él, y béseme muy apretadamente. De mi celda. etc. No se espantarán de que el culo sea tan desgraciado los que supieren que todas las cosas aventajadas en nobleza y virtud, corren esta fortuna de ser despreciadas della, y él en particular por tener más imperio y veneración que los demás miembros del cuerpo; mirado bien es el más perfecto y bien colocado dél, y más favorecido de la Naturaleza, pues su forma es circular, como la esfera, y dividido en un diámetro o zodíaco como ella. Su sitio es en medio como el del sol; su tacto es blando; tiene un solo ojo, por lo cual algunos le han querido llamar tuerto, y si bien miramos, por esto debe ser alabado pues, se parece a los cíclopes, que tenían un solo ojo y descendían de los dioses del ver.
El no tener más de un ojo es falta de amor poderoso, fuera de que el ojo del culo por su mucha gravedad y autoridad no consiente niña; y bien mirado es más de ver que los ojos de la cara, que aunque no es tan claro tiene más hechura. Si no, miren los de la cara, sin una labor; tan llanos que no tienen primor alguno, como el ojo del culo, de pliegues lleno y de molduras, repulgo y dobladillos, y con una ceja que puede ser cola de algún matalote, o barba de letrado o médico. Y así, como cosa tan necesaria, preciosa y hermosa, lo traemos tan guardado y en lo más seguro del cuerpo, pringado entre dos murallas de nalgas, amortajado en una camisa, envuelto en unos dominguillos, envainado en unos gregüescos, abahado en una capa, y por eso se dijo: «Bésame donde no me da el sol». Y no los de la cara, que no hay paja que no los haga caballeriza, ni polvo que no los enturbie, ni relámpago que no los ciegue, ni palo que no los tape, ni caída que no los atormente, ni mal ni tristeza que no los enternezca. Lléguense al reverendo ojo del culo, que se deja tratar y manosear tan familiarmente de toda basura y elemento ni más ni menos; demás de que hablaremos que es más necesario el ojo del culo solo que los de la cara; por cuanto uno sin ojos en ella puede vivir, pero sin ojo del culo ni pasar ni vivir.

Invitados

Tags : Archivo 2009 Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 04/03/2009 a las 18:23 | {0} Comentarios


En ocasiones una frase me hace darme cuenta de cuán interiorizadas tengo algunas cuestiones. Eduard Punset, un experto en cuestiones científicas que tiene en España, en Radiotelevisión Española, un programa que se llama Redes, dijo una frase que me estremeció (en un sentido intelectual). Más o menos dijo: Nosotros que entendemos tan bien el castigo, que nos parece una cosa consustancial a nuestra forma de ser, necesita para su elaboración de una mente prodigiosa. Fue un aldabonazo a mi espíritu, a mi joi de vivre. Llevo días pensando en ello o más que pensando, lleva ese concepto acudiendo desde hace días a mi pensamiento: sólo un ser complejo puede elaborar el concepto y la acción del castigo. El castigo es la pena que se impone a quien ha cometido un delito o una falta. Ya sólo en la definición se abre un abanico de términos morales tan grande que más que una definición parece un tratado de ética. Nada más y nada menos se utilizan palabras como Pena, Imponer, Cometer, Delinquir, Faltar. Y desde esta perspectiva, me parece a mí, la esencia del castigo surge con el nacimiento de las sociedades. Tan sólo en sociedad (en un principio digo) tenía sentido el castigo. Luego con el paso y la elaboración de diversos sistemas de pensamiento (incluyo en este término tanto la religión como la filosofía o la política o la sociología etc...) el castigo se incluyó en el ser en sí, es decir el autocastigo (si se me permite el palabro). Desde fuera y tomando como vara de medir la costumbre aceptada (base de toda moral) se enseñó al sujeto a penitenciarse a sí mismo, a infligirse el castigo acorde con la naturaleza de la acción ¡Qué forma brutal de mantener la especie! pensé. Y como consecuencia pensé también: ¿Es el castigo la única forma de mantener al individuo dentro del redil de la especie? ¿Qué otras formas de control podríamos haber desarrollado? y ¿por qué desarrollamos justamente ésta?
Muchos grandes hombres sufrieron grandes castigos -Sócrates o Jesucristo, Urraca -reina de Castilla- o Jeanne d'Arc, (pongo sólo estos nombres para orientarme sobre lo que son grandes hombres)- y porque sufrieron grandes castigos se realzó su grandeza. Luego el castigo (cosa que no se añade en la definición) purifica, es decir vuelve a la pureza ¡Curiosa, complejísima contradicción encierra este hecho!
Me seguirán viniendo ideas a la cabeza.

Ensayo

Tags : Archivo 2009 Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 03/03/2009 a las 13:46 | {0} Comentarios


No sabía en qué epígrafe colocar este artículo (tampoco sé si la palabra artículo es la adecuada, quizá sea mejor entrada). Hace un par de días hablaba con César y me preguntaba si yo escribía comentarios en los páginas en las que aterrizaba (realmente en el ciberespacio la llegada a cualquier sitio es lo más semejante a un aterrizaje) y al contestarle que no y extrañarse él por lo mucho que me gusta a mí que me hagan comentarios, le contesté que curiosamente a mí sólo me hacían comentarios del blog cuatro personas -él entre ellas- y las cuatro muy cercanas. Nos quedamos los dos así, callados un instante, y le comenté que quizá escribiera algo al respecto, quizá pidiera a mis lectores que se animaran a enviarme sus comentarios.
Es cierto que cuando recibo un comentario siento algo especial porque ya no es la fría estadística que me va diciendo cuántos lectores hubo tal día o cuántas lecturas se hicieron sino que también están las palabras tuyas, sí las tuyas, si es que te animas, haces un click en comentarios (está justo debajo del artículo, en azul) y me escribes lo que tengas a bien pensar en ese momento.
¡Ah, yo también pienso animarme!

Diario

Tags : Archivo 2009 Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 02/03/2009 a las 20:01 | {1} Comentarios


He visto un abrazo en la esquina de la Gran Vía. Tímido, es cierto, y abrazo al mismo tiempo. Un poco más adelante he visto un helicóptero atravesar lentamente -esa sensación tenía al verlo como si la máquina se entretuviera incluso holgazaneara- la misma calle. He visto el tráfico y he recordado el comentario de un hombre que conoce Thailandia que decía que el trayecto normal en la capital del país desde el puesto de trabajo hasta casa en coche es de tres horas de tal forma que en los mercados se venden orinales para coches -con tapa hermética- y tienen mucho éxito. He visto los retoños en las ramas del árbol de nombre desconocido. Dicen los que saben que el florecer de los almendros en el parque de la Quinta de los Molinos en la ciudad de Madrid anuncia la pronta llegada de la primavera. He visto a un gato blanco y a un gato negro. He visto a Reiki plantado en medio de un camino sin dejarme pasar, tan tranquilo, sin ladrar, sin menear tampoco la cola. He visto un par de cortometrajes. He visto una carne cruda y se me hacía la boca agua. He visto a una mujer de religiosidad oriental limpiar con fuego e inciensos el salón de una casa occidental. He visto la voz de un amigo. He visto la presencia de una amiga. He visto la adrelina en mi piel ante un frenazo inesperado. Y el Cinturón de Orión brillaba hace algunas noches como si tuviera frío.

Diario

Tags : Archivo 2009 Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 01/03/2009 a las 14:26 | {0} Comentarios


23 de octubre de 1982
corregido el 28 de febrero de 2009


Fantasma
Fantasma



Quiero recordar
una canción
un murmullo
que signifique
un solo silencio.

La luz se torna tan ambigua
que ni un soplo de amar
dispone nada
que no haya sido
ya dispuesto.
Quiero acabar con este verso.

Poesía

Tags : Tríptico de los fantasmas Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 28/02/2009 a las 12:55 | {0} Comentarios


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