Inventario

Revista literaria y artística escrita y dirigida por Fernando Loygorri
Cuando vuelvo al recuerdo de una noche de luna nueva en una playa al norte de Portugal, me viene una sonrisa a los labios y una sensación de milagro.
Has de saber que Spinoza dice que si los milagros existieran negarían la existencia de Dios. También te hablé un día -¿te hablé a ti de esto?- de que una teoría viene a decir que quien reina sobre la vida de los hombres es el Diablo y Él es el Yahvé de la Biblia. Si así fuera entonces sí tendría cabida la idea del milagro. No quiero escandalizarte, no, son teorías de hombres profundamente religiosos, profundamente creyentes que ven incompatibles el estado del mundo y la idea de un dios eternamente bondadoso. Yo más bien, si fuera religioso, sería lo suficientemente humilde para no osar ni siquiera en discurrir sobre él.
Hubo una noche digo (aunque quiero aclarar que vuelvo a poner el punto y aparte. Desde hacía un tiempo me parecía inútil. Es decir si cambio de párrafo ¿para qué necesito el punto y aparte? Sin embargo hoy sí lo necesito. No sé si lo necesitaré mañana) en una playa al norte de Portugal en el que la luna nueva me permitió ver uno de los espectáculos más hermosos de la naturaleza. Se llama la ardora. Cuando llega la medianoche, a finales de agosto, de repente el mar se ilumina de fósforo y también la arena de la orilla, de tal forma que si te acercas y excavas un poco se hace la luz en la más absoluta oscuridad y si te cubres de esa arena, te conviertes en un ser iluminado y si te bañas en el mar formas parte de esa ardora. Yo pude vivirlo con la única mujer que ha sido mi esposa y también junto a los únicos humanos que fueron mi cuñada y mi concuñado. Fue una noche muy larga, realmente mágica. Recuerdo la hoguera que hicimos al inicio de la noche. Recuerdo el inicio de la ardora. Recuerdo mi cuerpo en el agua fosforescente. Recuerdo que bebimos orujo portugués. Recuerdo que la ardora se diluyó y el amanecer nos sorprendió bailando, desnudos, solos en el mundo.
Hubo una noche en un manglar de la República Dominicana, cerca de un pueblecito llamado Río San Juan, en el que asistí a un espectáculo de la naturaleza pleno de elegancia. Íbamos navegando por el manglar, rumbo a un chiringuito donde íbamos a celebrar una fiesta de cumpleaños y de repente, como si todas ellas se hubieran puesto de acuerdo al unísono, el manglar se iluminó con la luz de cientos y cientos de luciérnagas. Todos en la barca nos quedamos en silencio y asistimos a la danza de los insectos en el corazón de una selva con suelo de agua.
Hoy recuerdo la ardora y las luciérnagas, ambas si lo piensas son milagros de luz. Naturaleza de una belleza increíble.
Mis ojos lo vieron.
Te lo puedo contar.
Hoy atravieso la mitad del mes.
Hay mucho silencio.

Narrativa

Tags : Reflexiones que Olmo Z. le escribe a su mujer en plena crisis Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 15/08/2015 a las 23:22 | {0} Comentarios


Cuando vuelvo a la niñez, querida, he de marcharme rápido
Yo no sé cuánto hay que volver a ella (cárcel llama a esa época Gloria Fuertes y añade, La única de la que no puedes escapar)
Sí sé que no debe ser constructivo que un niño se sienta siempre extraño
Porque en su mente se creará esa correlación entre extraño/vivo. O más claramente, Si te mantienes extraño te dejarán vivir. Alimento veneno lo llamaba una psicóloga
Luego hay deconstruir ese ser extraño para ser normal o... hacerse artista
 
Cuando vuelvo a la niñez recuerdo una frase de un personaje de una película que le dice a su hermano, Siempre me he sentido un extraño en casa
 
Cuando leo Las Uvas de la Ira y veo a la Madre con esa fuerza en mantener unido al grupo y luego acepta como una endemoniada la marcha de Noah, río abajo, sin más queja, sin más quebranto, esas conductas humanas, esas fuerzas ancestrales, esa mezcla que somos entre primate y carnívoro
 
Cuando vuelvo a la niñez o cuando me agarro a ella para explicarme a mí mismo hoy (no tanto lo que soy sino lo que he venido a ser) y veo cuánto quebranto, cuánta ignorancia, cuánta sed, cuánto callado, cuánto estómago, cuántas noches; pienso que se fueron primero lo mejores
 
Saber, tan profundamente, amiga, que la verdad no existe y que por lo tanto cualquier intento de acercarse a ella es ya una paso en falso. Si se busca la verdad se dan pasos en falso
 
No quisiera más que una iluminación. Volverme terriblemente primario. Terriblemente mono. O maravillosamente mono. Yo sé, querida amiga a la que roce con mis labios los muslos, que todo esto es una debacle, es un juguete. Tú deberías saber que dicen que el erotismo nació para conjurar a la conciencia de la muerte
 
En esa niñez me enseñaron que si permanecía solo, si me dejaba apartar, seguiría vivo, también quisieron enseñarme que si aceptaba ser chivo expiatorio mi vida podría mejorar. Esto último lo acepté a medias. Me he rebelado algunas veces. No las suficientes. Soy un gran cobarde
 
Así son estos últimos días
He de vivirlos
Asoman despreocupadamente, se van haciendo conmigo, me invaden
Quizá sólo sea hipolitiosis o cualquier otro nombre que los nuevos gurús de las civilizaciones modernas tenga a bien poner
 
Voy a ir al reumatólogo
He estado en el médico
No me gusta llevar un teléfono pegado a mi culo todo el puto día
 
Hoy Tirana ha amanecido preciosa y he llevado flores a la urna de mi madre
Ante ella me he fumado un porro y he ensoñado una cabriola en el mar Caspio
A mí los porros no me producen risa más bien me llevan a lugares muy hondos (lo que no quiere decir que sean más serios, importante o trascendentes, son eso: lugares más hondos)
Me gustaba cuando me llamabas Olmo al oído
No me gusta volver a la niñez
Por algo como chocolate a escondidas y sueño eternamente lo recurrente
Siempre tuyo

Narrativa

Tags : Reflexiones que Olmo Z. le escribe a su mujer en plena crisis Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 14/08/2015 a las 23:18 | {0} Comentarios


Vuelvo a la noche y me recorre la mente una serie de asociaciones
¿Por qué? me pregunto en una calle mientras ellos se alejan
La noche y el sueño, amiga, se alían
Si anoche hubieras estado a mi lado, dormida y tan sólo cubierta con una colcha; vestida con tus bragas blancas, desnudo todo el resto de tu cuerpo, te habría llamado y te habría dicho, Consuélame porque el sueño me derrota (pero no estabas. Los últimos seis años los he dormido casi en absoluta soledad. Dormir solo noche tras noche tiene algo de osadía y algo de desesperanza. Este es el mundo que nos hemos dado y no hay queja. Porque dormir solo día tras día, año tras año, te hace fuerte y te destruye; sé que busco en la almohada; sé que busco las puntas de unos pies que no son los míos; sé que palpo a mi lado por si encontrara una espalda [tu espalda]; sé que grito y ese grito me despierta sin saber que había gritado; sé que anhelo)
No he podido conciliar el sueño. No han sido los ruidos. No ha sido el espacio extraño en el que intento descansar. Es cierto, amiga, que desde hace un par de días querría no hacer lo que hago (pero no lo puedo decir, ni siquiera me permito sentirlo; es mi obligación me digo; es mi obligación salir a cazar; esta es la presa: un palacete con cuadros y alarmas y jardines con hierba) y para evitar el pensamiento que es casi una blasfemia contra el sacrosanto dios del Trabajo nado, nado, de un lado a otro de la piscina; nado a crawl, nado a braza, nado a espalda y no lo hago a mariposa porque mis caderas y mis piernas no pueden ejecutar con destreza la patada que eleve mi tren superior para la brazada simultánea; llego una vez y otra a un extremo y otro de la piscina, así hasta sesenta veces diarias, respirando, repitiendo números: nueve brazadas a crawl es un largo; dieciseis brazadas a braza es un largo; ocho brazadas a espalda es un largo -brazada en el sentido del avance con los dos brazos- y voy y vuelvo y hago pequeños intervalos y a veces cuando nado a espalda me desvío porque tan sólo tengo como referencia el cielo y tener sólo esa referencia te obliga a estar muy concentrado si no quieres perder el rumbo de la tierra y cuando termino y salgo del agua me seco, miro enrededor, me encamino al porche trasero del palacete y me digo, ¡Ah, sí, las endorfinas ya han empezado a funcionar! Ahora estarás más tranquilo. Lo verás todo de otra manera. Me visto. Me sirvo un vino. Me hago el interesante conmigo mismo leyendo un libro de antropología. Fumo un cigarrillo. Cae la tarde ante mí. Recojo las mierdas del perro. La noche me obliga a encender las luces de seguridad (sabes que en cada uno de esos momentos, en algún instante apareces tú: una sonrisa en el lago o hablándome de las plantas de la terraza de Madrid mientras riegas, descalza o comiendo patatas fritas... apareces tú tan lejana, con quien apenas he dormido, con quien ya no dormiré). Y cuando la noche lo atrapa todo, surgen los ruidos que hasta entonces se habían mantenido silenciosos. Es como si la noche les diera rienda suelta. El reino de los ruidos es la oscuridad

La pesadilla ha sido intensa y muy cruel
Me he despertado con una congoja tan grande que he pensado que si hubieras estado a mi lado, sí, lo habría hecho, te hubiera llamado para que me acogieras en tus brazos y me acariciaras el pelo mientras pronuncias frases tranquilizadoras, Venga, sólo era una pesadilla. Ahora estás aquí, conmigo. Ya ha pasado. ¿Quieres un poco de agua? No, no te dejo solo. Ven, anda, ven, así, ¿Estás cómodo? ¿Mejor? No te preocupes, dejo la luz encendida hasta que te duermas. Y que sepas una cosa: lo que has soñado no te ocurrirá jamás mientras yo esté viva

Cuando vengo a la vigilia
La luz del día

Narrativa

Tags : Reflexiones que Olmo Z. le escribe a su mujer en plena crisis Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 13/08/2015 a las 11:02 | {0} Comentarios


Cuando vengo a tu respiración la risa me avisa de su procedencia
¿Sabías que la risa proviene del llanto?
He reconstruido un espacio/tiempo entre tú y yo (eso que llamamos recuerdo es reconstrucción. Si juntáramos tu recuerdo y el mío surgiría una nueva tarde de febrero de 2014). Era la hora de la siesta y yo mostraba un rubor en mis mejillas que a ti te indicaban claramente mi deseo...

Desde la inmensa Siberia he caminado para llegar hasta ti
En los fríos intensos, vivaqueando a duras penas sentía la llamada de tu boca y la lasitud de tu gesto;
fueron ellos los que me dieron fuerzas para sobrevivir
porque imaginaba un recuerdo que aún no se había dado (de ahí la idea de reconstrucción; se puede recordar una situación que nunca se dio; lo hacen los escritores a lo largo del día, cada uno a sus horas y así yo ya recuerdo cuando nos vimos el mes que viene y tú me contabas el corte que te hiciste en la mano izquierda al pincharte con el extremo  de un espeto; estábais en la playa y la luz ya había menguado; acercaste la mano a la brasa y un hecho casual -tu hijo pequeño se había encontrado un cangrejo ermitaño- despistó tu vista de la brasa, perdiste la orientación por un momento y para no caer te agarraste al espeto con tan mala fortuma que te hincaste el extremo puntiguado. Nada grave en todo caso. Un ligero contratiempo en una tarde de verano

Sé que atravesé Moscú y por una cuestión de aparcerías me desvié hasta San Petersburgo; recalé más adelante en Copenhagen y allí -en los jardines de Rosenborg (que estaban nevados, grises los cielos, como un estudio en blanco y negro de un pintor impresionista)- recordé que a más no tardar te llevaba de la mano y te abrazaba tanto que nevaba una vez más

Cuando vuelvo a tu respiración
sé que una noche dormías bocabajo (en mi cama. Estabas en mi cama, querida mía. Dormida)
Cuando vuelvo me quedo sin aire
y aunque me ahogo ya recuerdo el año próximo

Narrativa

Tags : Reflexiones que Olmo Z. le escribe a su mujer en plena crisis Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 12/08/2015 a las 12:45 | {0} Comentarios


Me desharé la noche antes
Envuelto en mi frazada
Deshecho me diluiré en las gotas de la mañana
Descompuesto, digamos en átomos, me desperdigaré por el anchuroso mar y recalaré en costas diversas; costas del gran África; costas de la grande Groenlandia
Impuesta a mí mismo esta disolución me entregaré a Azar de los Vientos,
a la gracia de las Nereidas si fluyo por sus dominios
y dormiré tanto que mis átomos se quedarán quietos como si ocuparan un trocito de vacío

Nada me va a impedir despedirme
Sé que no derramaré lágrima alguna
(las lágrimas se me secaron cuando salí del útero y confluyeron en mi piel el aire y sus venenos)
Vestiré con elegancia el bañador que uso desde hace años en la piscina municipal
Me cortaré el pelo y me afeitaré la poca barba que poseo
Calzaré mis pies con los zapatos de cuero que sólo me pongo en las entrevistas de trabajo (de caza)
Sonreiré mientras bebo un vino de Rioja y a mi izquierda las aguas del lago son surcadas por un palista novato
Si es el caso elevaré mi mano para saludar al vecino
Si no lo es remedaré la salutación con un chiste
Y así te cogeré por el talle y te pediré que bailes conmigo How deep is your love 
Saldremos tú y yo, querida No Madre de mis Hijos, querida No Pareja Mía, querida No Mujer para Morir junto a Ti, querida No Compañera, y bailaremos y yo no podré evitar aspirar el olor de tus axilas para descubrir si aún, si aún...

La madrugada dejó en mi ombligo un broche de oro
así supe que el día se acercaba
El cedro -elevado y sabio- me propuso la cadencia de septiembre;
un rumor loco de bellotas y ranas me sugirieron el lugar más propicio;
la solicitud de la hierba me acarició la pierna
y su caricia atemperó la espera

Ya me deshago, querida mía
Ya me diluyo
Ya me desenlazo
Ya me hundo, querida, Sol de Junio, Luna de noviembre, Venus de mayo, Osa Menor de abril...

Narrativa

Tags : Reflexiones que Olmo Z. le escribe a su mujer en plena crisis Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 11/08/2015 a las 11:16 | {0} Comentarios


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