Inventario

Revista literaria y artística escrita y dirigida por Fernando Loygorri

El título, la forma y en cierto sentido el espíritu de estos textos se inspiran en el libro Je me souviens de Georges Perec que a su vez se basa en los textos de Joe Brainard recogidos en su libro I remember.


Pinball Zoo
Pinball Zoo
209
Me acuerdo de lo mucho que el vinagre calma el dolor producido por las quemaduras del sol. Me lo aplica mi madre en los días de verano, en la infancia.

210
Me acuerdo de girarme en una cama y no saber, en absoluto, qué cama es, en qué cuarto estoy, qué etapa del día es, qué calle, qué barrio, qué ciudad...

211
Me acuerdo del bajo de la calle San Nicolás. Es una casa que me deja Imanol. Es la casa a la que me mudo tras estar una temporada en el atelier de César.

212
Imanol no es amigo mío. Lo conoce César del ajedrez. Ha jugado alguna vez con él. Es farmacéutico. Es vasco. Se vuelve a su pueblo. Me deja la casa mientras la vende. Imanol es un buen hombre. Es un acto de generosidad.

213
¡Qué oscuro el bajo! Sólo tiene dos ventanas a un interior que no se puede llamar patio. La bajante principal ocupa casi el cien por cien de ese espacio. ¡Qué húmedo el bajo! ¡Qué estupendo el barrio de la calle San Nicolás! En pleno barrio de los Austrias de la ciudad de Madrid. Calle del siglo XVI. Iglesia de San Nicolás.

214
Me acuerdo de un bar al que iba algunos días al caer la tarde. Había un pinball que me gustaba (o quizás era ya un video juego primitivo cuyos nombres nunca recuerdo). Creo que estaba en la plaza de Ramales.

215
Me acuerdo del bocadillos de pimiento y tortilla de patatas que me tomaba. Cenaba muchas noches un bocadillo del bar del pinball/video juego primitivo. Normalmente un bocadillo de lomo con pimientos verdes; a veces era de lomo frito con queso fundido; siempre le pido que me lo haga con pan tomaca. Cerca de la calle San Nicolás. Cuando tenía veinticinco años.

216
Me acuerdo de una escena muy extraña. Estoy en casa de Susana. Ambos hacemos un taller de teatro con Pierre Debauche que es, en ese momento, años 80 del siglo pasado, director del Centro Dramático de Reims. Susana y yo estamos preparando la primera escena de Esperando a Godot. Yo estoy haciendo un curso de actor porque quiero, como escritor, conocer su oficio. La ventana del salón está abierta a la calle Campomanes. Justo en la casa frontera, en el mismo piso, se encuentra la casa de su novio José Andrés. Él está escribiendo. Nosotros estamos ensayando. Susana lee la escena, tumbada en un sofá; está vestida con una camiseta vieja, con medias negras y bragas claras. Yo estoy en el extremo del sofá. El sofá está frente a la ventana. Y la ventana está frente a la ventana de su novio al otro lado de la calle. Susana me pone las piernas encima, coloca unos sus pies entre mis muslos, muy cerca de mi sexo. Confuso pienso si será un juego erótico entre ellos. Me quedo quieto.

217
Me acuerdo de la librería de viejo de Julián. La tardes de porros y ajedrez y buenos libros a precios tirados.

218
Me acuerdo de una fiesta terrible en El Molar. En casa de Pepito.

219
Me acuerdo de los madrugones a las cuatro de la mañana. En la calle Calatrava. Vivimos María, Andrés y yo. Un taxi me espera. He de estar a las cinco en Prado del Rey, en La Casa de la Radio, para presentar el programa despertador de Radio 3, La Calle del Ritmo. 1989-1990.

220
Me acuerdo de una Nochebuena en el Rastrojillo, una finca a las afueras de Palencia. Salgo para hacer un pis bajo el cielo raso y nunca, nunca he sentido frío semejante. 

221
Me acuerdo de decir una de las frases más estúpidas que he pronunciado en mi vida en Las Merindades de Burgos. Fue una Nochevieja. Estábamos cenando Ester, su pareja Balín, Pedro, Pilar, Elena y yo. En casa de Ester y Balín. En mi exaltación exclamo, ¡Elena me quiere a morir! Recuerdo que la primera sorprendida fue ella. Los demás disimulan su vergüenza ajena. Por supuesto: No me quiso a morir... y así tenía que ser.

222
Me acuerdo que es tal la humedad del bajo de la calle San Nicolás que tras varios meses descubro que por las mañanas me duele tanto la espalda porque al tener el colchón de gomaespuma directamente sobre el suelo del dormitorio, condensa la humedad y un día, al levantarlo, descubro un charco de agua bajo él.

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Memorias

Tags : Recuerdos Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 09/03/2021 a las 17:13 | Comentarios {0}


El título, la forma y en cierto sentido el espíritu de estos textos se inspiran en el libro Je me souviens de Georges Perec que a su vez se basa en los textos de Joe Brainard recogidos en su libro I remember.


Mujer tumbada. Gustav Klimmt. 1912
Mujer tumbada. Gustav Klimmt. 1912

186
Me acuerdo de despertar a mitad de la noche con la sensación de que alguien me observa y descubrir, aterrorizado, cómo en el techo hay una trampilla semiabierta -que yo no conocía- desde donde alguien, en efecto, me observa.

187
Me acuerdo de follar con Isabel en el taller de César en la calle Amor de Dios impregnados del olor a aguarrás, blanco de España, cola de conejo y óleo.

188
Me acuerdo de unos cuadernillos de hojas satinadas en los que escribí algunos de mis mejores poemas.

189
Me acuerdo de: ¡Viento, viento del norte/ arrecia en las antenas parabólicas!

190
Me acuerdo de lo divertido que era follar entre pinturas. Es en una época en la que me he quedado sin casa y César me acoge en su taller. La habitación que me deja es el almacén de sus cuadros. Por eso Isabel y yo follamos entre pinturas y la habitación al terminar tiene un aroma que mezcla el sexo y el arte.

191
Me acuerdo de la casa de comidas La Sanabresa y lo ricas que hacían las berenjenas rebozadas.

192
Me acuerdo que en la misma calle, en la misma acera, en el portal contiguo al taller de César, había una escuela de flamenco. ¡Qué flamencas las flamencas en el bar de la esquina, a eso de las seis de la tarde, cuando César y yo bajábamos para tomarnos un café y las bailarinas hacían su receso! ¡Qué gitanos los gitanos! ¡Qué payos los payos! ¡Cuántos andares de pata! ¡Cómo las palmas de repente! ¡Cómo una guitarra de repente!

193
Me acuerdo de la amargura de un hombre sin mandíbula inferior.

194
Me acuerdo de Isabel en una casa que me habían dejado en la Calle de los Artistas, por Bravo Murillo. Es una mañana. Yo estoy escribiendo. Ella duerme en la habitación de al lado. La puerta del dormitorio comunica con la estancia donde yo escribo. En el dormitorio la luz entra por el lado izquierdo. Ella está desarropada, duerme de lado, está desnuda. Sobre su coño se posa la luz del sol.

195
Me acuerdo del accidente aéreo de Sondica.

196
Me acuerdo de llegar a una pensión en Cudillero. Estoy en la veintena. He tenido la suerte de vender unas pulseras que fabricaba con remaches y caucho (semipunkies) en una tienda de Gijón. Las he vendido todas. Con lo ganado podré vivir unos días. Me acuerdo de la pensión en Cudillero, casi en el puerto. Me duele la espalda-siempre me dolía la espalda-. Le pido a la dueña de la pensión una aspirina. Me dice con su precioso acento asturiano, Le voy a dar una aspirina fersvecente pero tenga cuidado al tomarla porque fersvecen.

197
Me acuerdo de la dueña de una taberna de Cudillero (la más cercana a la rada, a la derecha mirando de frente el mar). Era una mujer madura. Todos los días que estuve allí fui a su taberna. Cada vez que la miraba más me parecía que aquella mujer no podía ser tabernera, aquella mujer tenía que haber sido como mínimo Camille Claudel.

198
Me acuerdo del calor aplastante en los veranos que viví en la calle de Hermosilla. Hace tanto calor que a veces me saco el colchón a la azotea y duermo allí.

199
Me acuerdo de un ron blanco en la dominicana.

200
Me acuerdo de que Isabel se parecía a Elisabeth Taylor.

201
Me acuerdo de estar bailando con una mujer tan bruta que de repente me soltó mientras girábamos y acabé por los suelos, deslizándome hasta el otro lado de la pista.

202
Me acuerdo de una cena en Bagur. Fernando se ha ligado a una muchacha llamada Raquel. Yo le digo, No te preocupes, cena con ella y ya nos vemos luego. Fernando me dice, De eso nada, cenamos los tres. Cuando llega Raquel y se sienta le comenta a Fernando, ¿Qué pasa, que tienes que venir con carabina? y Fernando le responde, La carabina eres tú. La cena fue magnífica.

203
Me acuerdo del restaurante casa Anita en Cadaqués. Pocas veces he comido mejor, he bebido mejor y me he reído más.

204
Me acuerdo de ver a Cuqui tras muchos años sin saber de ella. No me reconoció. Iba por la calle con un niño en un carrito. Había adelgazado. Estaba pálida y con la mirada vítrea. Luego supe que estaba enferma, muy, muy enferma.

205
Me acuerdo del abrigo gris de Julia, mi tata.

206
Me acuerdo de mi padre saliendo del cuarto de baño tras darse su ducha de agua fría y gritando, ¡Un hombre en pelota!

207
Me acuerdo de Isidra, la modista que iba a trabajar una vez por semana a la casa de mis padres. Era, según expresión de mi tío Carlos, una real hembra. Mi padre entró en pelotas un día en la habitación donde cosía. Isidra se despidió.

208
Me acuerdo de mi padre colocando con todo el mimo del mundo el disco La Quinta sinfonía de Beethoven, editada por la Deutsche Gramophon, interpretada por la Filarmónica de Berlin bajo la dirección de Herbert von Karajan en el plato del tocadiscos. 

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Memorias

Tags : Recuerdos Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 05/03/2021 a las 18:03 | Comentarios {0}


El título, la forma y en cierto sentido el espíritu de estos textos se inspiran en el libro Je me souviens de Georges Perec que a su vez se basa en los textos de Joe Brainard recogidos en su libro I remember.


Cartel de Propaganda de la URSS
Cartel de Propaganda de la URSS

164
Me acuerdo de los pupitres de colores en la clase de párvulos. Al pasar a preparatorio desaparecía el color de los pupitres.

165
Párvulos, Preparatorio, Elemental, Ingreso, 1º de Bachillerato, 2º de Bachillerato, 3º de Bachillerato, 4º de Bachillerato, 5º de Bachillerato, 6º de Bachillerato, C.O.U. (Curso de Orientación Universitaria), Ingreso en la Universidad.

166
Me acuerdo de un domingo feliz por la mañana. Los cuatro hermanos jugamos con mi padre en la cama de matrimonio mientras mi madre prepara unas tostadas con mantequilla y tortillas francesas. A ella se la ve radiante.

167
Me acuerdo de Janis Ian y su canción At seventeen.

168
Me acuerdo de Chicago y su canción If you leave me now.

169
Me acuerdo de Serge Gainsbourg y Jane Birkin cantando Je t'aime, moi non plus.

170
Me acuerdo de mi madre cantando las canciones de María Dolores Pradera.

171
Me acuerdo de estar la pandilla en la sala de la casa de Andrés escuchando en su viejo tocadiscos a Silvio Rodríguez.

172
Me acuerdo del dulzor de la bebida morada Parfait d'amour.

173
Me quedan unos cientos de kilómetros para llegar a Paris. Llevo tres días haciendo dedo. Vengo desde Madrid. Mi única distracción en las largas horas de espera es tocar una armónica. Se detiene un coche. Es un hombre alemán que me dice en un francés fuerte que va a hacia Paris. ¡Por fin! pienso. Sólo hay un pero: me cuenta el hombre que él a las siete en punto de la tarde, esté donde esté deja de conducir. Como mucho busca un sitio donde apartarse de la carretera. Me dice que si antes de esa hora hemos llegado estupendo y que si no me puedo quedar a dormir en el coche o seguir mi camino. Me invita a comer. Se alegra de que yo esté aprendiendo alemán. Hablamos un poco en su idioma. Aquella tarde, antes de las siete, llegamos a Paris. Me deja en la Porte d'Italie.

174
Me acuerdo de la buhardilla que alquilé en una pensión de la Rue Gay Lussac.

175
Me acuerdo que en aquel primer viaje a Paris anduve por la ciudad con una zapatilla deportiva en el pie derecho y un mocasín en el pie izquierdo.

176
Me acuerdo de Naya, al principio de ser amantes. Ella era actriz. Yo era escritor (seguimos siéndolo). Interpretábamos papeles. Por ejemplo ella hacía de alumna que venía a mi casa para recibir lecciones. Yo era el profesor que la deseaba con pasión. Vivimos juntos dos años en su casa de la calle Canillas en el barrio de la Prospe, en Madrid.

177
Me acuerdo de un día que fuimos a comer con los padres de Naya. Naya se llama así porque ha nacido en Moscú. Sus padres fueron exiliados de la Guerra Civil española. Tomás, su padre, fue estajanovista; un hombre que se vestía por los pies. Comunista aguerrido que luchó con los soviets contra la Whermacht de Hitler. Nadiesda quiere decir en castellano Esperanza -Naya es el diminutivo cariñoso-. Imagino que le pusieron ese nombre porque deseaban que su hija viese el triunfo de la Revolución. Pues bien, en aquella cena, -creo que ellos tenían su casa en la calle Conde Peñalver- Tomás me dice una de las frases que más me han hecho recapacitar a lo largo de toda mi vida. Tomás me dice, Fernando, un hombre empieza a ser hombre cuando aprende a decir no.

178
Tomás era un hombre bueno. Siento no recordar cómo se llamaba su mujer pero también la recuerdo como una mujer buena.

179
Me acuerdo de un caballo de cartón que me regaló mi tía Isabel -la hermana de mi padre, no la amante de mi tío Carlos-. Era tan grande como un poney y Julia me llevaba montado en él tirando de las bridas por el pasillo de casa.

180
Me acuerdo del olor de un dormitorio tras haber amado mucho.

181
Me acuerdo de la historia que contaban de mi tío Carlos. Una historia de antes de la Guerra. Contaban que entró a caballo en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, en busca de uno que le había birlado una novia.

182
Me acuerdo del campamento indio de Lola en Trebaluger. Allí conocí a Arnau y también a un artesano de máscaras venecianas de cuyo nombre no logro acordarme.

183
Me acuerdo de una tarde en el gimnasio de recuperación del doctor Quintana. Tengo siete años. Estoy con las dos piernas dentro de la pileta. No sé cómo me escurro y caigo dentro de ella. Empapo los calzoncillos. Paquita, la enfermera, me saca. Me quita los calzoncillos delante de todos los niños y niñas y me pone unas bragas rojas. Me dice, Así aprenderás. Los niños y las niñas se ríen de verme en bragas. A mí me llama la atención. No me atrevo a escribir con rotundidad que me excita pero es un sentimiento muy cercano a la excitación.

184
Me acuerdo del dolor cuando había que dar los primeros pasos en la pasarela tras una operación.

185
Me acuerdo de tía Mari -no era mi tía, era la tía de una íntima amiga de mi madre- que dejó de coger trenes cuando una vidente le dijo que moriría en uno. La tía Mari murió en el sofá de su casa mientras veía pasar un tren por la televisión. Eso me contó mi madre.

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Memorias

Tags : Recuerdos Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 01/03/2021 a las 18:17 | Comentarios {0}


El título, la forma y en cierto sentido el espíritu de estos textos se inspiran en el libro Je me souviens de Georges Perec que a su vez se basa en los textos de Joe Brainard recogidos en su libro I remember


La Fuente de Joaquín Mir
La Fuente de Joaquín Mir

144
Me acuerdo de Juan y de mí borrachos y comiéndonos las pollas.

145
Me acuerdo del sabor amargo de la datura. Luego nueve horas de ignorancia absoluta sobre lo que ocurrió.

146
Me acuerdo del leve y obscuro bozo de Ana.

147
Me acuerdo de Rosa la noche en que quedamos en el Palma 13. Yo salí para pillar costo. Un yonkie me atracó y me puso una navaja en el cuello. La noche que se prometía intensa acabó trémula con Rosa yéndose en un taxi y yo sabiendo que jamás nos acostaríamos.

148
Me acuerdo de los fascistas de Fuerza Nueva persiguiéndonos con bates de beisbol y cadenas por la calle Mejía Lequerica. Andrés se queda conmigo para ayudarme a huir. Al final, agotados, nos metemos en un bar que, destinos, se llamaba Loygo. Los fascistas nos ven. Varios se quedan fuera blandiendo sus armas. Entran otros. Uno de ellos, tras chocar la cabeza de Andrés contra la mía, se abre la chaqueta del chandal -una chaqueta verde fosforito- y nos enseña su pistola. Nos dice, Salid si no queréis que os meta un tiro aquí mismo. También está Carola. A ella la dejan a un lado. Andrés y yo nos negamos, intentamos razonar hasta que una mujer que está sentada a la barra del bar les dice, Dejadlos. Ellos la miran. La conocen. Resulta ser una de las secretarias de Fuerza Nueva. Resulta que ese bar estaba justo debajo del edificio donde está la sede de ese partido. Andrés, Carola y yo éramos hippies y rojos. En aquella época los fascistas nos mataban. Aquella mujer fascista nos salva la vida. Salimos acompañados por esa mujer y otros dos hombres. Fuera siguen esperándonos. No hacen nada. La mujer y los dos hombres nos escoltan hasta un taxi. 

149
Me acuerdo de asistir con mis padres al Desfile de la Victoria. Años 60. Al paso de Franco en sus Rolls Royce descapotado, rodeado de su guardia mora a caballo, nos levantamos y aplaudimos mientras gritamos ¡Franco, Franco, Franco!

150
Me acuerdo que la directora del Instituto Santa Marca, Consuelo Burel, amiga de mi tía Adela, me regala las églogas de Garcilaso con una dedicatoria que dice, A Fernando que por ser poeta leerá con gusto a Garcilaso. Acababa de cumplir catorce años.

151
Me acuerdo de una barca de pescadores varada en la playa de Benidorm cuando Benidorm era un pueblo de pescadores.

152
Me acuerdo de una noche de luna llena en La Alpujarra. Caminamos por una cañada guiados por una perra blanca llamada Luna. Luna tiene una particularidad: si entre la gente que guía hay alguien con mal corazón, los extravía y ella vuelve a su casa. 

153
Me acuerdo de la inmensa belleza de Cuqui. A ella la pretendía el gitano El Faroles pero dormía conmigo.

154
El Faroles , gitano de largas y anchas patillas y más larga y ancha faca, me invita a montar en su jaca por la cañada, al amanecer. Acepto. Mientras galopamos me pregunta, ¿La Cuqui es tuya?  Yo le respondo, La Cuqui es suya. Sonríe el Faroles, me espeta, ¡Tienes cojones!

155
Me acuerdo de repartir clandestinamente el periódico Renovación en el Instituto. Corre el año 1974.

156
Me acuerdo del día en el que Ana, la primera chica con la que salgo, con catorce años, me da a elegir entre ella o el Partido Socialista (que me había propuesto entrar en sus Juventudes). Me quedo con ella. Ana me deja dos meses después. Nunca entré en las Juventudes.

157
Me acuerdo del hermano Andrés que era el encargado de vendernos los lápices, cuadernos y esas cosas en una tienducha que tenían los curas en la planta baja del colegio. Era muy viejo y lo recuerdo amable.

158
Me acuerdo de la piscina del hospital Ramón y Cajal donde empiezo a hacer hidroterapia tras haberme sido descubierta una nueva enfermedad articular.

159
Me acuerdo de lo dolorosos y luego maravillosos chorros de agua a presión. Me acuerdo de la tabla de gimnasia. Me acuerdo de que había una fisio amable y una fisio seca y de que la fisio amable tenía la afición de encuadernar.

160
Me acuerdo de las muchachas del Colegio Jesús y María con su uniforme de jersey azul y falda gris.

161
Me acuerdo del día en que rompí una silla.

162
Me acuerdo de Liana un día de invierno, en la terraza de un bar llamado El Náutico, frente a un lago. Bebemos vino. Entrelazamos las manos.

163
Me acuerdo de pegarme un tiro en la cabeza. Me estalla por dentro. Despierto.
 

Memorias

Tags : Recuerdos Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 28/02/2021 a las 19:07 | Comentarios {0}


El título, la forma y en cierto sentido el espíritu de estos textos se inspiran en el libro Je me souviens de Georges Perec que a su vez se basa en los textos de Joe Brainard recogidos en su libro I remember


07 Me acuerdo
 
124
Me acuerdo de la arena ardiente en los largos días de verano y del vendedor que pasaba con una cesta por la playa mientras gritaba,  Hay patatas fritas calentitas. Me acuerdo que a mí me sonaba raro que un reclamo fuera, haciendo el calor que hacía, que las patas estuvieran calentitas.

125
Me acuerdo de las rodajas de coco. Los días nublados cuando la bandera era amarilla o roja y nosotros surfeábamos las olas sin tabla.

126
Me acuerdo de aquellos días en los que el estudio del campeonato del mundo de ajedrez entre Mijail Thal y Mijail Botvinik contribuyó a animarme a seguir viviendo.

127
Me acuerdo de Pilar la primera vez que se metió un éxtasis, tirada junto a un radiador, diciéndome, Déjame morir así.

128
Me acuerdo de las tardes en las que, sobre la mesa verde, escribí mis primeros cuentos.

129
Me acuerdo del domingo en el que accedí a ir a buscar a unos amigos de Gregorio de un colegio de huérfanos ciegos. Gregorio también era ciego. Serían unos cinco o seis. Yo tenía trece años. Jamás he visto nada más salvaje. Parecía un grupo de chicos furiosos que se desmadraban por primera vez. El no ver los hacía inmunes. Yo era su responsable. Mi cojera no me hacía inmune. Recuerdo las miradas reprobatorias de unos viajeros en el metro cayendo sobre mí.

130
Me acuerdo de Gregorio Sánchez, el ciego; fue el que me inoculó para siempre el veneno de escribir.

131
Me acuerdo del primer cigarrillo. Un Chesterfield sin filtro de mi madre. Fue en Luanco. Al levantarme me caí rodando por la ladera del monte.

132
Me acuerdo de las noches de agosto en las que le leía la Biblia a Iñaki. Le gustaban las historias de ese dios terrible.

133
Me acuerdo de las madrugadas en las que me tenía que levantar porque los dolores de espalda me impedían estar tumbado. Tendría diecisiete años. Iba a la cocina. Me hacía un café con leche. Me tomaba una aspirina y hasta que hacía efecto leía Rayuela. Esa novela tenía el poder de hacerme olvidar el dolor.

134
Me acuerdo de una noche en mi casa de Paseo Imperial. Tenía mucha fiebre. Estaba leyendo El evangelio según Jesucristo. Dormí. Soñé que pasaba la noche conversando con Jesucristo y María Magdalena en el Gólgota. Al despertar estaba sentado en el borde de mi cama.

135
Me acuerdo de Krista guardándose el chocolate que le enviaba su madre desde Austria y que sólo compartía con Tao, su novio. Cati, Luis y yo no lo probamos. Eran los tiempos del hambre en Menorca.

136
Me acuerdo del vagabundo Antonio que fue acogido por una antigua meretriz, Carmen, que ejerció su profesión en Túnez, que era amiga de una bruja, María, que vivía en un sótano de la casa situada en la esquina de las calles Lagasca con Don Ramón de la Cruz. Cuando María murió, le dejó la casa a Carmen y Carmen recogió a Antonio de la calle. Nos conocimos paseando a nuestros perros. Fuimos grandes amigos. Quería follarme como fuera. Tan sólo llegamos a ver revistas de Tom de Finlandia juntos mientras nos fumábamos un join, como decía él.

137
Me acuerdo de la risa incontenible que nos entró a César y a mí en un semáforo por una imagen sexual. Estábamos en el coche de su padre, un Renault 5 blanco.

138
Me acuerdo de Julia. Siempre me acuerdo de Julia. Esta vez está apoyada en la puerta verde del colegio, por la tarde. Viene a recogernos.

139
Me acuerdo de Patricia, Esperanza, Dayrein, Fernando, Alfredo y yo que dimos, sin saberlo, en un lupanar creyendo que era un bar. La conversación con la madame es para no olvidar. Estábamos cerca de Puerto Plata en la República Dominicana.

140
Me acuerdo de la inmensa felicidad que sentía al ser guionista de una serie mala, muy mala, se llamaba Paraíso, que transcurría en El Caribe. Hasta allí me fui a escribir. Bajo las palmeras. Allí conocí a uno de mis mejores amigos, Fernando.

141
Me acuerdo de los jejenes. Me acuerdo de Lillo que además de actor había sido comisario de la brigada político social. En Río San Juan.

142
Me acuerdo del manglar de Río San Juan. El barrio haitiano de Río San Juan. La casa de unos antiguos miembros de la OAS cuya terraza terminaba en el mar. Decían ser exiliados.

143
Me acuerdo de las cenas pantagruélicas con Fernando en un restaurante gallego de la calle Marqués de Zafra. 
 

Memorias

Tags : Recuerdos Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 28/02/2021 a las 01:40 | Comentarios {2}


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