Inventario

Revista literaria y artística escrita y dirigida por Fernando Loygorri

¿Por qué mira con tanta fijeza la muchedumbre que abajo se afana en poner en marcha lo antes posible la maquinaria de guerra? ¿Busca a alguna persona que el azar tenga a bien mostrarle? ¿Por qué esa persona? El sirviente echa hacia atrás la capucha que ocultaba hasta entonces su mirada y vemos, por fin, su rostro y sus cabellos; los segundos son negros y abundantes, parecieran las aguas embravecidas de un océano tenebroso; su rostro es de frente amplia y destaca en ella una cicatriz que la cruza de izquierda a derecha, desde el inicio de sus cabellos allá en la izquierda hasta el principio superior de la ceja derecha; su rostro es casi anguloso pero, sobre todo en su parte inferior, se ovala hasta el punto de que el mentón tiene algo de femenino; son profundas las cuencas de sus ojos y oscuros sus iris; enjutas las mejillas realzan aún más su nariz aguileña cuyo pico sombrea unos labios gruesos llenos de sensualidad. El sirviente desiste. Sabe que tendrá que mezclarse entre la multitud y buscar, buscar hasta dar con ella. No sabe siquiera si estará en sus manos salvar la ciudad del asedio pero sí sabe que si alguien puede la única persona es ella. Pero primero ha de superar dos escollos: que los emperadores confíen en él y que pueda llegar sin ser descubierto hasta el campo enemigo.

El sol abrasaba sus cabellos negros. El sirviente lo desafío y mientras sus ojos, ayudados de tanto en tanto por un catalejo, seguían rastreando entre la multitud la figura que devolviera a su corazón la esperanza, recordó cómo todo empezó cinco años atrás, cerca de la necrópolis Saqqara, un día de invierno que nunca podrá olvidar.

Cuento

Tags : Cuentecillos Escrito por Fernando García-Loygorri Gazapo el 03/07/2026 a las 17:59 | Comentarios {0}








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