Inventario

Página de Fernando Loygorri
Yo te preguntaría, ¡Oh, Boileau! hacia dónde me debería encaminar para poder construir una frase que abarcara la chicha del bien decir. O me preguntaría, ¡Oh, Horacio! ¿Cómo construiremos? Aunque sea un poco tarde. La palabra va muriendo. Ya casi somos antiguos sapiens. Posiblemente la nueva especie ya no tenga palabras. No necesite ya este lenguaje para seguir siendo especie narcisista. Elegí -bien lo sabe Menéndez Pelayo- un arte moribundo (sé también que la literatura no es un arte, por eso la clara distinción entre Arte y Literatura. Quizá el Arte implica manufactura... no sé) y por lo mismo aún bello. Me vienen a la memoria Ofelia y Aquiles -Ofelia por su cabeza, Aquiles por su talón- moribundos y hermosos en su estertor. Escribir por ejemplo, el culo de la luna velado por la nube​. Supe algo del alma de la historia. Hubo un tiempo en que leí con afán de sabio la Biblia. Fueron no más de unos minutos pero fueron los minutos más intensos de mi vida literaria; también llegué a vestirme con versos y creí entrever en algunos grandes lo sencillo de su acento. Porque, diría, lo más maravilloso de ser escritor es leer.

Cae la tarde; el sol, al declinar este día de invierno, se ha vuelto frío. Mañana -han dicho- es el último. No quisiera verme en el pellejo de quien crea semejante patraña. Sólo sé que cae la tarde y por simpatía me echaré un echarpe por mi espalda de color azul oscuro con franjas blancas de reflejo de luna igual que hay hombres que creen en la existencia de Sociedades Anónimas y otros que se reúnen para adorar a criaturas de su imaginación . Sé que tras de mí ya no hay luz.

Ensayo

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 30/12/2017 a las 14:10 | {0} Comentarios








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