Inventario

Revista literaria y artística escrita y dirigida por Fernando Loygorri

Texto y Viñeta aparecidos en el muro de Caroline Olga Patterson


Gracias, Caroline

Ante este mundo de ganadores vulgares y deshonestos, de prevaricadores falsos y oportunistas, de gente importante que ocupa el poder, de todos los neuróticos del éxito, del figurar, del llegar a ser. Ante esta antropología del ganador, de lejos prefiero al que pierde.
Pier Paolo Pasolini
 

Invitados

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 16/04/2022 a las 21:37 | Comentarios {0}


Escrito por Isaac Alexander

Edición y notas de Fernando Loygorri


Orfeo amansa las fieras. Mosaico romano, siglo II d.C.
Orfeo amansa las fieras. Mosaico romano, siglo II d.C.

Sigo este espacio. La estela de la profundidad. No lo anhelo. Nada añade que sienta devastación o asombro. ¿Cómo aquí? ¿Cómo hasta aquí? La siega se hizo hace ya mucho. Podría mirar los rastrojos. Buscar en ellos pistas. ¿Qué fue lo que se sembró? Hoy el día estaba azul, casi terrible. He visto a una familia  (probablemente fueran hijos de lugareños que abandonaron el pueblo al terminar los estudios y ahora vuelven y miran el espacio como si éste se hubiera convertido en un parque temático: el de su infancia) que llevaba a sus dos más jóvenes miembros -de cuatro o cinco años- montado cada uno en un borrico. Los niños protegían sus cabezas con cascos de moto; luego he visto a un matrimonio viejo, él echa pestes por lo que va a pasar: que llegarán los que aún nos han llegado y se pondrán a beber cervezas y se pasará la hora de comer y él no quiere eso, no señor, no quiere eso. La mujer calla y recoge flores silvestres porque seguramente sabe que por mucho que proteste, acabará bebiendo cervezas y se le pasará la hora de comer y se aguantará. Hemos bajado. Mis perros y yo. A veces cometo actos incívicos. Veo por ejemplo a unos vecinos y me detengo a unos metros sólo para evitar pasar por delante y tener que saludarlos o cosa aún peor: que llevemos el mismo paso y me vea en la obligación de recorrer el camino que me queda hasta la casa en su compañía, viéndome en la obligación de mantener una conversación e intentando, por todos los medios a mi alcance, no fijar mi vista en los pechos generosos de la vecina.
Sigo este camino sin tentaciones y espero que llegue ese instante de inflexión en el que por arte de muchos años de espera, el problema se diluye y queda en su lugar un vacío primigenio como el que debe habitar en el cerebro del niño que recién sale al mundo. Probablemente por eso siga este camino. La devastación no es más que un símbolo y como tal, por lo tanto, sólo es extensión, ni siquiera es tiempo, ni siquiera es destino; la devastación sería una condición sine qua non de la naturaleza humana que no ha dado por buenas las razones de sus mayores; la devastación es la cristalización de ser consciente de que cada unos somos, como tan bien sintetizó Albert Camus, el primer hombre y como tal hemos de caminar por el sendero: sin saberlo de antemano. Nada por lo que lamentarse. Más bien orgullo. Como el que siente Hamlet cuando días tras día al salir a los montes, surge en él la necesidad de seguir el rastro de un conejo. La mirada de Hamlet que se clava en la mía y me dice, Me voy Isaac, la naturaleza me lleva a ella. Tú sabes que volveré. Tienes que dejarme marchar.
Vacíos los caminos. Vacías las laderas de las montañas para que los pastos se recuperen de la rumia del ganado. Veo perderse a Hamlet; llegará hasta la cima; si todo va bien volverá cuando caiga la tarde. Para él no existe otro tiempo que ese rastro. Para mi no existe más memoria. Sí recuerdos. No memoria porque parece que en su concepto se encierra la idea de que guarda una verdad pasada, una verdad objetiva; mientras que sí recuerdo porque en él se encierra la posibilidad de la elaboración, es decir, de la invención. El recuerdo -no así la memoria- no tiene por qué ser preciso.
Aguanto las largas caminatas. Miro de frente las ventiscas y dejo que el sol de justicia me aplaste contra el suelo. Quedan lejos las ciudades de occidente en una de las cuales nació Olmo y en otra yo. A veces recuerdo sus luces pero como si fueran pinturas al pastel sobre papel negro.
Ya queda poco para que el velo de Maya se descorra. Aún no estoy preparado.
 

Narrativa

Tags : Escritos de Isaac Alexander Libro de las soledades Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 16/04/2022 a las 13:51 | Comentarios {0}



Se desquitará en enero. Así lo ha decidido mientras pela cebollas para hacer nanas y poder llorar a gusto sin tener que dar explicaciones. Sí, sí, explicaciones -masculla por lo bajo como hacen las personas que viven solas el mundo y que a él se enfrentan solas-, ¿por qué habrá que dar explicaciones? ¿Por qué tantas veces ve llorar la alegría? Porque la alegría -masculla en su sencillo discurrir- no se llora, se ríe.
Mira la cazuela. Mira el fuego que ella ha hecho con sus manos y masculla, ¿Por qué se nos compara con serpientes? ¿Por qué nos temen?
El día parecía que iba a ser bueno. No ha sido así: atiza el frío, sopla el viento y a lo lejos parecen venirse racimos de nubes preñadas de jugo. Sangre debería llover -masculla-. Sangre de hembra debería caer -masculla- mezclada con escamas de serpiente. Así se dice cuando echa las cebollas en la cazuela y deja que empiecen a cocerse mientras ella se dirige a la mesa de mármol de la cocina donde le espera, sin pelo, una cabeza de jabalí.
No, no son nuestros pechos, no es nuestra voz ni son nuestras manos, ni es el lugar desde el que nace el mundo. Esos accidentes del cuerpo son sólo la apariencia de algo que permanece intacto desde que nos erguimos: nosotras creamos -cocida a fuego muy lento- la idea de individuo.
Que se cueza el mundo. Que se cueza ya tenga yo la piel del armadillo o la de una yegua alazana. Lágrimas de cebolla. Quizá cuando llegue mayo haga una olla podrida.
 

Ensayo poético

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 08/04/2022 a las 13:47 | Comentarios {0}


Hoy

Iba por el camino. Lo he pensado. Son largos los caminos y los pensamientos se hacen largos. He considerado. He llegado hasta una cima. Montañas al fondo. Desde allí, como si de repente la encontrara, he saludado a Caroline. Bonjour, Caroline! El mundo devastado no existe tan arriba, donde hay tanto silencio y tanta vida. El mundo devastado siempre es el infierno y hasta ese otro tipo de infierno que es el Hades en lo profundo está, hay que descender para llegar hasta él. Por eso quizá Petrarca en el Mont Ventoux intuyó el Renacimiento. Desde las cimas...

Hay que andarse con cuidado en estos tiempos. Lo dice el aire que respiramos. Lo dice esa calma tensa, esa mar de fondo que parece cercar todas las costas; todo en cualquier punto del planeta... como si un gran avispero hubiera sido destapado y de él, desde las profundidades de cualquier idea de infierno, salieran a borbotones, a miles, a millones, avispas y más avispas y más avispas.

El día es hermoso y terrible. Cada vez profundizo más en la comprensión real de la idea de que el tiempo no existe como dimensión sino como destino. Lo que lo científico, como forma de interpretación del mundo en todo mensurable, llama tiempo es para otras formas racionales de interpretación del mundo -Goethe, su Fausto- la idea de destino. Escribo: araño la posibilidad de alcanzar una interpretación verosímil de este axioma de Spengler.

Hay muchas guerras.. ¡Qué bueno sería un poco de silencio y vida!.. una cima...
 

Ensayo poético

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 05/04/2022 a las 20:20 | Comentarios {0}



No espantarse con las nieves perpetuas.
Mirar sólo este día de frente.
De nada sirve, se dice. Y calla durante un largo espacio. De forma abrupta (como se da de bruces uno con un abismo en noche de luna nueva) gritará, ¡De nada sirve!
Son los modos de las palabras (¿es lo mismo tiempo y destino? ¿es la noción de tiempo la idea espacial del destino?). En ellas enjaulados. Camina recto. Con el ánimo destrozado. Siempre el paso de los años provoca lo mismo en los estetas. No hay que huir. Moverse quizá sí. No huir. Así es que se lanza por un camino con retorno... y siempre vuelve (siempre gira)
Piensa si alguna tarde no volverá. Se quedará en lo alto de la cima cuando la ola de frío sea intensa y morir consista en aguantar la ventisca (si no se aguanta ya no se muere -producirse- sino que se es ya muerto -producto-). El producto es movimiento muerto.
Cae la nieve. Llega hasta su rostro furiosa. Se enfrentan la nieve y él. Ambos se desharán antes de saberse vencedor o perdedor (en la lógica de los seres humanos sólo existe esa dualidad. Aún no hemos llegado a más. Te mentirá quien aseguré que sí, que hemos sido capaces de atravesar terceras y cuartas y ene vías).
Podría no ser sábado por la tarde. No ser sexo masculino. Podría haberse cortado las uñas. Podría haber atravesado la ventisca y haber surgido en un mundo nuevo, quizá más tropical. Nada de eso se atrevió a hacer... siempre, siempre acaba en ese giro y gira y vuelve...
 

Ensayo

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 02/04/2022 a las 17:26 | Comentarios {0}


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