Inventario

Revista literaria y artística escrita y dirigida por Fernando Loygorri
¿Sería interesante comentar cómo acabamos cenando el hombre y yo? ¿Ayudaría a comprender los caminos que nos llevan a cruzarnos unos con otros? ¿Añadiría algo el que nos volviéramos a encontrar a la entrada de la pensión y que los dos fuéramos foráneos en la ciudad? ¿Quién fue el que dijo que iba a cenar solo? ¿Cuál de las dos miradas fue la que impulsó el que yo dijera que podíamos cenar juntos?
Tras refrescarnos un poco quedamos a las nueve de la noche en una terraza que había cerca de la pensión. Cuando yo llegué, él se acercaba. El inicio de la conversación fue usual, nos presentamos, nos dijimos nuestros nombres (¡qué importantes en un primer momento! ¡qué inútiles después!) y cenamos algo ligero más o menos en silencio. Luego él pidió un aguardiente de hierbas. Se había levantado un poco de brisa. Estábamos en una zona de la ciudad llena de extranjeros que buscaban en el calor una suerte de licencia para gritar, para beber, para besar. El hombre y yo, ya maduros, comentamos algo de nuestras respectivas juventudes. Él, tras el primer comentario, bebió, se encendió un cigarrillo y continuó hablando, Sabe, yo no debería estar aquí. Nada de lo que me está ocurriendo últimamente tiene la más mínima lógica. Hace tiempo quise dejar este oficio de viajante, sobre todo por mi hija a la que adoró. Me gusta pasar las horas con ella. También me cuesta, no vaya usted a creer que todo es un cuento de hadas. Cuesta tanto educar. Cuesta tanto regañar, negar las cosas, imponer un criterio. Duele, ¿sabe? Hace un mes y medio tuve que traerme a mi madre, está muy mayor y muy enferma. Me ha costado mucho dar este paso. Nunca nos quisimos. Es la típica historia de dos hermanos uno muy querido por su madre y el otro, en fin... ya me entiende usted. Mi hermano murió el año pasado. Se suicidó. No sabía vivir solo. Mi madre no le había enseñado a vivir solo. En eso tenemos que educar a nuestros hijos: que aprendan a vivir solos. Desde su muerte, mi madre no ha levantado cabeza. Al mismo tiempo que ocurría esto, mi mujer se lió con un alemán. Yo sé que si no hubiera sido él, habría sido cualquier otro. Hacía tiempo que ella y yo nos llevábamos mal. Ya no nos queríamos. Entonces me vi a solas con mi madre y con mi hija e intentando que ella no se enterara de lo que estaba pasando. No sé muy bien por qué no quería que lo supiera. Una tarde paseaba por la playa con una angustia tremenda, me pesaba el cielo, me pesaban los colores de la tarde, las risas de unos jugadores de fútbol. Me pesaba la vida y pensaba "Si no estuviera mi hija, si no estuviera mi hija..." ya me entiende usted... y allí, en el ocaso, surgió como una Venus una mujer de las aguas del mar. La pobre se había metido en un pequeño remolino y movía los brazos con cierta angustia. Yo la vi y me lancé a por ella. No crea que corría demasiado peligro, quizá había nadado demasiado y estaba agotada. Con un leve empujón salió del remolino. Llegamos a la orilla. Ella me miró agradecida y cuando consideré que ya se había repuesto del susto, me dispuse a despedirme. Ella me cogió de la mano y me dijo, No, no te vayas. El contacto de su mano fue, no sé, yo no creo en los milagros ¿sabe?, fue tan intenso, tan cálido y eso que ella tenía las manos frías de haber estado en el agua. Esa mano, sabe usted, esa mano me llevó hacia ella. No sé decirlo de otra forma. No sé... A partir de aquel día nos empezamos a ver. Quedábamos por las tardes. Yo llevaba a mi hija. Un día la invité a comer y le avisé de que mi madre estaba allí. Mi madre enferma. Mi madre amargada por la muerte de su único hijo. Le hablé de mi ex mujer. Le hablé de mi dolor. De mi desorientación. Todo en tan poco tiempo, sabe usted. Hay veces, a mí me ha ocurrido, en que el tiempo no tiene medida ¿Cómo era posible, me preguntaba, en las noches siguientes, junto al cuerpo de esa mujer tan hermosa, tan ligera, que estuviera ocurriendo aquello si yo, cuando la encontré, no tenía ganas de vivir y todo era denso como el mercurio? ¿Por qué, me preguntaba, por qué?

Cuento

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 06/07/2010 a las 11:25 | Comentarios {0}








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