Inventario

Revista literaria y artística escrita y dirigida por Fernando Loygorri
Final del día de Katsuda Tetsu 1934
Final del día de Katsuda Tetsu 1934
19h  59m
Esta inquietud que siento no es por el hombre que hoy me miraba camino del encargo que me había hecho mi tía sino por el hecho en sí del encargo: tenía que recoger una urna funeraria donde depositar los restos de su hermana. Cualquier objeto relacionado con la muerte me inquieta. No quiero que la muerte me ronde cerca. La inquietud es por la muerte no por el hombre. Luego he pensado si el hombre que me miraba camino de la recogida de la urna funeraria sería -o podría ser- un esclavo de las Moiras (no en el sentido de las parcas romanas) y así diría si no sería este hombre un esclavo de mi destino o del destino que ellas tienen reservado para mí. Sólo recuerdo del hombre sus ojos negros y su tez pálida.
Realizado el encargo y depositadas las cenizas de la hermana de mi tía en la urna tras haber sido incinerada en el crematorio del cementerio de la Almudena, me ha vuelto la inquietud al ver al mismo hombre a la puerta del crematorio con sus mismos ojos negros y su misma chaqueta azul marino con botonadura metálica. Fumaba un cigarrillo y parecía sonreír. 
De vuelta a mi casa he tenido una taquicardia, he cerrado la puerta con doble cerrojo y me he acostado inquieta, con sudores fríos como si el hombre de los ojos negros y la chaqueta azul marino con botonadura metálica estuviera detrás de la puerta de mi dormitorio dispuesto a sonreírme una vez más.
Creo haber tenido una pesadilla. He babeado mientras dormía. Estoy agotada y tengo ganas de escupir.
21h 26m
Voy a telefonear a mi esposo. Nunca viviré con él y siempre será mi esposo. Será un esposo a lo divino. Un esposo lejano al que no quiero tener cerca de mí. Es algo que él no entiende. A veces me dice, La escasez de ti me mata. Yo le diría, La escasez de mí mantiene nuestro amor. Para que un amor sea verdaderamente grande ha de ser escaso. No se lo diré nunca. No lo entendería. Es una pena que también él piense tanto con la polla. Y aún así a veces tiene instantes de lucidez y me dice, Tampoco yo viviría contigo. O, La soledad es la única manera digna de vivir. O, Me importa un pito que apenas follemos. Siempre por teléfono. Y cuando me dice cosas así, yo esbozo una sonrisa muda y mi mirada se vuelve tierna.
Le contaré mi día. Él me contará el suyo y si todo va bien me preguntará algo erótico o quizá calle y se sumerja en esas tristezas que a veces le amordazan la boca y le dejan sin palabras de amor.
Quizá cuando le cuente suba el tono al pintar al hombre de los ojos negros, torvos. Por una coquetería mía o por tenerle atado corto. Que sufra un poco. Que se preocupe. Sé que sufrirá. Sé que se preocupará. Provocar esas emociones es una prueba más de mi amor por él.
 

Narrativa

Tags : Apuntes Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 02/01/2020 a las 19:58 | {0} Comentarios








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