Inventario

Revista literaria y artística escrita y dirigida por Fernando Loygorri
1.- Cuando Poncio Pilatos recibió -para confirmar su sentencia de muerte- a Joshuá apodado Ga-Nozri tenía un ataque de hemicránea. El centurión Marco apodado Matarratas hubo de golpear a Joshuá para que no llamara a Pilatos Buen hombre sino Hegémono.

2.- Larga cita de Las uvas de la ira, novela escrita por John Steinbeck: Y por fin los enviados llegaban al fondo de la cuestión. El sistema de arrendamiento ya no funciona. Un hombre con un tractor puede sustituir a doce o catorce familias. Se le paga un sueldo y se queda uno con toda la cosecha. Lo tenemos que hacer. No nos gusta pero el monstruo está enfermo. Algo le ha sucedido al monstruo.
Pero van a matar la tierra con el algodón.
Lo sabemos. Tenemos que obtener el  algodón rápidamente antes de que la tierra muera. Entonces la venderemos. A montones de familias del este les gustará poseer un pedazo de tierra.
Los arrendatarios levantaban la vista alarmados. Pero ¿qué pasa con nosotros? ¿Cómo vamos a comer?
Os tendréis que ir de las tierras. Los arados saldrán por los portones.
Entonces los hombres acuclillados se erguían airados. El abuelo se cogió la tierra y tuvo que matar indios para que se fueran. Y Padre nació aquí y arrancó las malas hierbas y mató serpientes. Luego vino un mal año y tuvo que pedir prestado algo de dinero. Y nosotros nacimos aquí. Los que están en la puerta, nuestros hijos, nacieron aquí. Y Padre tuvo que pedir dinero prestado. Entonces el banco se apropió de la tierra, pero nos quedamos y conservamos una pequeña parte de la cosecha.
Ya lo sabemos, todo eso lo sabemos. No somos nosotros, es el banco. Un banco no es como un hombre, el propietario de cincuenta mil acres tampoco es como un hombre: es el monstruo.
Sí, claro, gritaban los arrendatarios, pero es nuestra tierra. Nosotros la medimos y la dividimos. Nacimos en ella, nos mataron aquí, morimos aquí. Aunque no sea buena sigue siendo nuestra. Esto es lo que la hace nuestra: nacer, trabajar, morir en ella. Esto es lo que da la propiedad, no un papel con números.
Lo sentimos. No somos nosotros, es el monstruo. El banco no es como un hombre.
Sí, pero el banco no está hecho más que de hombres.
No, estás equivocado, estás muy equivocado. El banco es algo más que hombres. Fíjate que todos los hombres del banco detestan lo que el banco hace, pero aún así el banco lo hace. El banco es algo más que hombres, créeme. Es el monstruo. Los hombres lo crearon, pero no lo pueden controlar.
Los arrendatarios gritaron:
- El abuelo mató indios. Padre mató serpientes, por la tierra. Quizá nosotros podamos matar blancos que son peores que los indios y las serpientes. Quizá tengamos que matar para conservar la tierra, igual que hicieron Padre y el abuelo.
Y ahora los hombres de los propietarios se encolerizaron.
Os tendréis que ir.
Pero es nuestra, gritaron los arrendatarios. Nosotros...
No. El banco, el monstruo es el propietario. Os tenéis que ir.
Sacaremos nuestras armas, como hizo el abuelo cuando vinieron los indios ¿Y entonces qué?
Bueno, primero el sheriff, después las tropas. Si intentáis quedaros estaréis robando, seréis asesinos si matáis para quedaros. El monstruo no está hecho de hombres, pero puede hacer que los hombres hagan lo que él desea.
Pero si nos vamos, ¿dónde vamos a ir? ¿Cómo nos vamos a ir? No tenemos dinero.
Lo sentimos -dijeron los enviados-. El banco, el propietario de cincuenta mil acres no se hace responsable. Estáis en una tierra que no os pertenece. Una vez que la dejéis, a lo mejor podréis recoger algodón en el otoño. Quizá podáis vivir del auxilio social. ¿Por qué no vais hacia el Oeste, a California? Allí hay trabajo y nunca hace frío. Allí te basta con alargar la mano y ya tienes una naranja, siempre hay alguna cosecha que recoger. ¿Por qué no vais allí?
Y los representantes de los propietarios arrancaron los coches y se alejaron.


3.- A jirones a veces la niebla se desvela. No hay por qué ir más allá. Fue y siempre es savia. Es luz que llega y hace crecer la estepa, el monte. A lo lejos un gemido se anuda en la garganta.

4.- Llegará el otoño. El fresco de la tarde se irá convirtiendo en frío. Y la luz. La luz.

5.- En una larga conversación los dos hombres -que recorrieron juntos una parte considerable de sus vidas- acabarán sonriendo y se quedarán callados. También entonces un gemido se anudará, a lo lejos, en la garganta.

6.- Hay muchas muertes, dijo Satanás y se murió una vez más.

7.- A jirones se desmembra. La herida -producida por la tierra seca, áspera- en la rodilla protesta. Pide agua fresca y una pomada. El hombre se ha levantado y ha visto la sangre. Sabe que aún está lejos la cura y que debe llegar. Hasta entonces se aplica, como los perros, saliva.

8.- Los sentimientos serán reducibles a cinco, ¿por qué no? Luego está el paso, la respiración, la vista, alimentarse, no doblegarse bajo el peso de la experiencia, recurrir si fuera necesario a la infancia, a aquel recuerdo que tiene algo de magia.

9.- ¿Es de valientes decir adiós?

10.- El estanque Ho-Shoon ardía; era tan profundo que los peces abisales jamás se aventuraron a su fondo; en la superficie los patos navegaban y los vencejos raseaban. Una golondrina -como ocurrió en la gran sala del palacio de Herodes el Grande durante el encuentro entre Poncio Pilatos y Joshuá Ga-Nozri- se lanzó sobre la pulida superficie del lago y dejó en ella una estría y un resto de pluma.

11.- La última caricia suele ser triste.

12.- Aquella mujer supo -descubrió- su vista cansada. Cerró el libro y no volvió a leer jamás.

13.- Mira -le dijo- nuestros cuerpos. Un día, hace mucho, se reunieron en el único acto que trasciende la eternidad.

Ensayo

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 19/07/2015 a las 12:57 | Comentarios {1}








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