Sonaba aquello para lo que estaba dispuesto. Las armas descansaban algo lejos. El día había sido largo. "Los pájaros, pensaba, están callados. ¿Hasta tan lejos? ¿Hasta tan lejos? -seguía pensando- ¿Cómo se sale de aquí?" Las encrucijadas se veían entre la niebla que de tan densa se diría amarilla. Distinguía su broquel apoyado en un tronco viejísimo de corteza gris como las barbas de un anciano eremita y abandonadas sobre el suelo las siluetas de dos lanzas. Se había quedado vacío hasta el punto de que ya no le importaba que el aire apenas llegara a sus pulmones. Su mente estaba en el silencio de los pájaros y en la sensación de haber recorrido una distancia inmensa y en ese recorrer, en largas jornadas, la inmensa distancia, se le habían ido quemando los pulmones tanto como los pájaros extrañamente habían ido dejando de cantar. Respiraba. Atendía al sonido del quiebro de una rama. Quiso recordar de dónde venía y la causa de la guerra en la que estaba. Su mente estaba en saber si era un soldado valiente. Su mente intentaba saber cómo combatía, qué estrategias le gustaban, si era fiero, si era leal, si tuvo compañeros.
Desde siempre dios me sueña
ante la misma ventana;
me sueña, me está soñando;
me mata, me está matando.
A Nilo
I
Por el Camino de los Helicópteros
me llevan mis pasos cojos,
cojos no tanto por mis piernas
sino por tu muerte toda.
Yo no sabía
-y creía que sí-
que la muerte
era tanta ni que la mirada
tuya me aliviaba de la dura
tarea de vivir. Te moriste tan
de golpe. Me dejaste tan aislado.
Por el Camino de los Helicópteros
marcho y me encamino
hacia el otero donde descansan
los bancos. ¿Recuerdas?
En uno de ellos me sentaba
para hacer mis ejercicios
mientras tú rastreabas
la realidad del mundo
con tu trufa negra,
ávida siempre de colores.
¿Cómo se te ocurrió morir
sin avisarme?
¿Cómo no vino una diosa
a despertarme del sueño eterno
de una eterna primavera?
Por el Camino de los Helicópteros
voy, a solas con mis pasos,
buscando, pueril, encontrarte.
Por el Camino de los Helicópteros
me llevan mis pasos cojos,
cojos no tanto por mis piernas
sino por tu muerte toda.
Yo no sabía
-y creía que sí-
que la muerte
era tanta ni que la mirada
tuya me aliviaba de la dura
tarea de vivir. Te moriste tan
de golpe. Me dejaste tan aislado.
Por el Camino de los Helicópteros
marcho y me encamino
hacia el otero donde descansan
los bancos. ¿Recuerdas?
En uno de ellos me sentaba
para hacer mis ejercicios
mientras tú rastreabas
la realidad del mundo
con tu trufa negra,
ávida siempre de colores.
¿Cómo se te ocurrió morir
sin avisarme?
¿Cómo no vino una diosa
a despertarme del sueño eterno
de una eterna primavera?
Por el Camino de los Helicópteros
voy, a solas con mis pasos,
buscando, pueril, encontrarte.
Descanse en paz la saltadora
María Eduarda Rodrigues de Freitas, de veintiún años de edad, murió el sábado. Hace cinco días, a estas mismas horas, María Eduarda había ido a su trabajo en un gimnasio de la ciudad brasileña de Limeira, al sureste del país, en el Estado de Sâo Paulo. Tampoco sé, a ciencia cierta, mucho más de lo que hizo hace cinco días. Imagino que no alteraría su rutina. Sería un día normal, con un fin de semana normal, en el que había quedado con su novio para hacer puenting desde el ponte do Esqueleto (que así se dice también en portugués), a pocos kilómetros de la ciudad.
María Eduarda Rodrigues de Freitas no sabía que los hombres que se tenían que encargar de su seguridad, los que tenían que atarle una cuerda a la cintura (una cuerda no elástica que hace que el salto sea aún más estresante, más adrenalínico; a este tipo de salto se le llama, prosaicamente, rope jump. Rope también tiene el significado de soga.), andaban esa mañana en otras cosas...
Cuento
Tags : Cuentecillos Escrito por Fernando García-Loygorri Gazapo el 16/06/2026 a las 18:42 |Me caen muy bien los pájaros
Asumo que el silencio es un hoy un bien escaso
Presumo que he perdido y aún no lo he aceptado
Me caen muy bien los pájaros
La tarde si es callada es tan bonita
La voz si es aislada concita en mi sentir
un vuelo de gaviota sobre una ría gris
Me caen tan bien los pájaros
Me sumerjo en sus cantos
Los observo volar y cuando veo el nido
aminoro mi paso y procuro pasar quedo
como si yo sólo fuera
espectro de un humano condenado a vagar
Me caen muy bien los pájaros
incluso aquellos mirlos que una primavera
picoteaban el cristal de la ventana
la ventana de mi pequeño escritorio
desde la que veo al fondo la montaña
y sus vuelos y sus patas y sus juegos
Me caen muy bien los pájaros
también los periquitos
Ventanas
Seriales
Archivo 2009
Cuentecillos
Escritos de Isaac Alexander
Fantasmagorías
Meditación sobre las formas de interpretar
¿De Isaac Alexander?
Libro de las soledades
Colección
Apuntes
Archivo 2008
La Solución
Reflexiones para antes de morir
Aforismos
Haiku
Recuerdos
Reflexiones que Olmo Z. le escribe a su mujer en plena crisis
Sobre las creencias
Olmo Dos Mil Veintidós
El mes de noviembre
Listas
Jardines en el bolsillo
Olmo Z. ¿2024?
Saturnales
Agosto 2013
Sobre la verdad
Citas del mes de mayo
Rapsodia en noviembre
Reflexiones
Sincerada
Mosquita muerta
Marea
Sinonimias
El Brillante
El viaje
No fabularé
Cartas a mi padre
El espejo
Desenlace
Perdido en la mudanza (lost in translation?)
Velocidad de escape
La mujer de las areolas doradas
La Clerc
Derivas
Biopolítica
Lecturas en alta voz
Asturias
Sobre la música
Carta a una desconocida
Las manos
Tasador de bibliotecas
Archives
Últimas Entradas
Enlaces
© 2008, 2009, 2010, 2011, 2012, 2013, 2014, 2015, 2016, 2017, 2018, 2019, 2020, 2021, 2022, 2023, 2024, 2025 y 2026 de Fernando García-Loygorri, salvo las citas, que son propiedad de sus autores
Cuento
Tags : Cuentecillos Escrito por Fernando García-Loygorri Gazapo el 25/06/2026 a las 19:59 |