Elevado sobre un promontorio, a contraluz del sol, se erguía la figura del prócer. Algunos de nosotros ya sabíamos. Algunos de nosotros habíamos crecido cerca de él. Siempre fue un estúpido. Desde muy niño. Esa es la lección que se aprende en la vida -si está de la vida que aprendas la lección- y que es: el poder es el enemigo natural de la inteligencia. Por lo tanto todo prócer es su enemigo natural siendo como es el prócer quintaesencia de los valores de una sociedad humana.
Nosotros lo sabíamos y antes que nosotros las generaciones anteriores y a través de ellas -como río subterráneo que de vez en cuando, ojos del Guadiana, se deja ver y navega un trecho de su cauce al aire libre entre lomas y campos de olivos por donde las liebres campan a su anchas y el corzo se mueve ágil y pace y palmea la avutarda las aguas de la charca y brinca el saltamontes y crece la manzanilla y repta la culebra que encarna en su piel la regeneración cíclica del mundo- fuimos creando ese contrapoder sin peso y con voz que llamamos genéricamente sociedad civil y cuyas agrupaciones son las encargadas de gritar, de vez en cuando, semejantes obviedades.
También sabemos -porque somos ingenuas lo sabemos- que tenemos la batalla perdida; que desde que la agricultura conquistó el mundo y se hicieron las primeras reservas de alimento, la codicia y la humanidad iban a ser una y la misma cosa.
Ya no temblamos. Miramos al prócer en lo alto de la colina. Él es la personificación de la Acción sobre los Asuntos de la Ciudad. Nosotros somos el contrapoder en la sombra cuya única misión consiste en iluminarlo más y más y más hasta que nos deslumbre de tal forma que nos demos cuenta todos de que lo que quiere es dejarnos ciegos y guiarnos él, único camino de luz; y así, habiendo descubierto a las masas sus intenciones, oponernos y, a base de fuerza como hay que hacer con los seres tozudos y poco inteligentes, torcer su voluntad.
Nuestra arma es la paciencia. La suya el desprecio.
No venceremos. Nuestra obligación es retrasar cuanto sea posible la derrota.
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Tags : Cuentecillos Escrito por Fernando García-Loygorri Gazapo el 06/08/2026 a las 13:01 |