Inventario

Revista literaria y artística escrita y dirigida por Fernando Loygorri

El título, la forma y en cierto sentido el espíritu de estos textos se inspiran en el libro Je me souviens de Georges Perec que a su vez se basa en los textos de Joe Brainard recogidos en su libro I remember


04 Me acuerdo

63
Me acuerdo del LP Foreigner Suite de Cat Stevens

64
Me acuerdo de Sole, Sole, Sole, Sole/ ¡Cuánto me gusta tu nombre Soledad!/ Sole, Sole, Sole, Sole/ también me gustan todos los demás.

65
Me acuerdo de la mesa verde de metal.

66
Me acuerdo de un jersey azul de pico.

67
Me acuerdo de acompañar a Julia al metro un día de verano en el que estaba muy disgustada. 

68
La enfermera se llama Julia. Acabo de salir de la tercera operación a mis piernas. Tengo doce años. Tengo que hacer pis. Le pido a la enfermera que deje el agua correr, el agua del grifo y que me traiga una palangana con agua. Me dice que si no hago pis con esa estratagema me tendrá que sondar. Escucho el agua correr en la oscuridad de la habitación, no del todo oscura porque siempre está encendida una luz muy tenue a la altura del zócalo; mojo la mano en el agua. Hago pis en la botella. La enfermera, muy joven, casi recién salida de la Escuela, sonríe y me acaricia el pelo. Antes de irse me dice, Intenta dormir. Si te duele mucho, nos llamas.

69
Me acuerdo en las largas convalecencias de las lecturas de Sandokán, el Tigre de MontpracénLos cinco y sus misterios. Me acuerdo que yo quería saber cómo sabía la cerveza de gengibre. Flash Gordon.
 
70
Burgos. Carretera nacional. Llevo horas sin que ningún coche me pare. Aparece otro autoestopista. No recuerdo su nombre. Es donostiarra. Nos hacemos colegas. Nos fumamos unos porros. Nos coge un camión que nos deja en Andoaín. Ya es la noche. Mi colega está convencido que alguien aparecerá que nos deje en Donostia. Ocurre. Un amigo suyo, en un Dyane 6 azul. Nos lleva hasta la casa de mi colega. Me invita a dormir en su casa. Su ama nos hace una cena pistonuda. A la mañana siguiente me hace unos bocadillos para el viaje que aún me espera. Me despido de mi colega en la frontera. El se va en unos días a un kibutz.

71
La casa del Duque. Abandonada. En una habitación del piso superior alguien hizo un columpio y cuando la luna de verano está llena, al columpiarte la ves a través de la ventana. En Menorca.

72
El caminito hasta la playa. Descalzo. Lagartijas y una huerta de naranjos. El Faro. El hotel Sicania.

73
Hortensia, varios años mayor que yo -ella debe de tener veintiuno, yo dieciséis-, estudiante de Filología Románica, me asegura que si realmente me encanta leer, llegará un día en que abandone a Herman Hesse. 

74
Demian. Sidharta. El Lobo estepario. Alma de niño. El juego de los abalorios.

75
Me acuerdo de Javier del Río a los quince años. Me acuerdo de Macarena su primera novia. Me acuerdo de Manolo Béjar y los guateques en su casa y mi baile agarrado con Sandra que sudaba como si fuera verano.

76
En el tren. Interail. De vuelta de Italia. Conozco a Fernanda Pereira. Veinte años teníamos.

77
Me acuerdo de Margarita Perla que murió calcinada en el incendio de la discoteca Alcalá 20. Su novio era el DJ. Nos atraíamos. Yo le dediqué un poema y utilicé su nombre para un cuento. Ella, una noche, me dio unas anfetas para salir a escena. Era enfermera. Enfermera de noche. La noche del incendio Andrés, su hermana Ana, yo y otros cuantos decidimos no entrar a la discoteca cuando ya estábamos en la puerta. Destinos.

78
El Sol de Jardines. María Luisa. El piso de la calle Paseo Imperial. La fiesta más grande del mundo. Follo con María Luisa sobre los abrigos de los invitados. Entra José María y nos mira.

79
Un día frío de sol en el jardín del chalet de los Otero en Los Molinos.
 

Memorias

Tags : Recuerdos Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 13/02/2021 a las 19:52 | Comentarios {0}


El título, la forma y en cierto sentido el espíritu de estos textos se inspiran en el libro Je me souviens de Georges Perec que a su vez se basa en los textos de Joe Brainard recogidos en su libro I remember


Fotograma de la película Dos Mujeres. 1960
Fotograma de la película Dos Mujeres. 1960

42
La emoción una tarde de sábado leyendo una novela. La primera vez que sentí la intensidad de la ficción en mi piel, en mis sentidos, en mis pensamientos.

43
Una alberca en la finca que tenían los curas en Pozuelo. Años sesenta. La hermana de Infante se baña en bragas y camiseta caladas. Somos muy niños. Ella es muy niña. Ocho o nueve años. Yo me pavoneo nadando. Siempre nadé bien. En una de la veces que saco la cabeza para tomar aire, mi hermano pequeño se tira en bomba y me abre una brecha en la ceja con su rodilla. Sangro. Me llevan al puesto de socorro. Me dan puntos.

44
Los Reyes Magos me traen unos guantes de boxeo.

45
Los sietes bosques. El temor a que en un recodo del camino, los mayores te cogieran y te torturaran atándote a un árbol y echándote miles de hormigas por encima. El olor de los bocadillos de tortilla.

46
A la vuelta de una excursión a Toledo con mis padres, mis hermanos, el tío Carlos y la tía Isabel. Atardecer en el autobús que nos lleva de vuelta a Madrid. En una nube veo a Jesucristo. Se lo digo a mi tío Carlos que va sentado a mi lado. Mi tío me dice, Duerme que aún queda.

47
Julia plancha en la cocina mientras escucha el consultorio de Elena Francis por la radio. Lo emitía Radio Intercontinental. Mientras escucha las historias dramáticas de muchachas humildes engañadas y deshonradas por hombres lujuriosos, Julia masculla maldiciones.

48
Patatas a la importancia. Pisto manchego. Huevos fritos con patatas fritas. Rellenos. Una fuente inmensa de patatas fritas. Por la noche. La cena. Mis padres aún no han llegado. Julia la Manchega, nieta de Los Cabrera, los de Argamasilla de Calatrava provincia de Ciudad Real.

49
Las notas son todas las semanas. Soy un pésimo estudiante. Un castigo tras otro. Semanas sin poder ver la televisión y por lo tanto condenado a estar solo en mi cuarto.

50
Anginas. Fiebre muy alta. 40 grados.

51
Mis padres salen a menudo. Con nosotros se queda Granada, la criada. Con ella vemos una serie de historias de terror llamada Historias para no dormir. Era una serie de dos rombos, o sea para mayores de 18 años. Ninguno de los cuatro hermanos llegábamos a los diez.

52
No debo haber cumplido los dos años. Me entretengo con el sonido del celofán de un caramelo.

53
Mi padre trae de la oficina una Pantera Rosa hecha con una impresora matricial. ¡Los avances del progreso!

54
Me rompo la barbilla contra el bordillo de la acera en la calle Serrano.

55
Sentado en un banco de la misma calle, siendo muy niño, paso la tarde mirando los zapatos de la gente que pasa. Sólo miro los zapatos.

56
Reloj Tímex por la primera comunión.

57
En las escaleras que conducen al campanario, espero a que el cura lea el Evangelio. Luego me voy a unos billares a jugar a las máquinas de pinball. Un duro cinco partidas. A veces cuando vuelvo, mi madre me pregunta el Evangelio. Yo se lo digo. Con eso vale.

58
Tengo miedo.

59
La Quinta Sinfonía de Beethoven a las tres de la madrugada en el tocadiscos Dual Stéreo.

60
Lubina a la naranja por nochebuena.

61
Mi padre moribundo eleva el brazo como queriéndose proteger de la Montaña de la Muerte que está a punto de sepultarle.

62
La primera vez que vi la película Dos Mujeres fue a los nueve años. Jamás he podido quitarme de encima  la mezcla de dolor y excitación que me produjo. 
 

Memorias

Tags : Recuerdos Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 12/02/2021 a las 22:27 | Comentarios {0}


El título, la forma y en cierto sentido el espíritu de estos textos se inspiran en el libro Je me souviens de Georges Perec que a su vez se basa en los textos de Joe Brainard recogidos en su libro I remember


Kiss II de Roy Lichstenstein. 1963
Kiss II de Roy Lichstenstein. 1963

21
La escalada hasta el castillo. Más difícil y quizá más gratificante al tener poliomielitis en las dos piernas. Suerte que la enfermedad no atrofiara las caderas.

22
Mi hermano el pequeño toca un avispero. También en una montaña. También escalando. Le picaron dos avispas. Barro para curar los aguijonazos de las avispas.

23
La cueva lacustre en cala Fustán. Un túnel subacuático, estrecho y no muy largo para acceder a ella. En el centro de la laguna salada un ara de piedra. Por los intersticios de las rocas de la montaña que sobre la cueva se yergue entran haces de luz.

24
Una araña en el acantilado. Yo la designo Viuda negra. La visito cada tarde mientras teje su tela para desgracia de otros insectos.

25
La profesora doña Adela Gil del Instituto Santamarca de Madrid me califica con un 12.645 sobre 10 un trabajo acerca de Las Cortes de Cádiz.

26
La primera vez, Ana Núñez Cacho. Tú en mis rodillas. Nos besamos las bocas. Hacia la una de la tarde. Teníamos los catorce años. En casa de Francisco Javier Saceda López.

27
En la carretera. Haciendo dedo. Solo por las carreteras de Europa. Camino de París. Por primera vez París.

28
Julia me sube el embozo de las sábanas y me besa la frente. A ella le queda aún coger el metro en la estación de Serrano hasta la de Bilbao y allí hacer trasbordo a la línea 1 para bajarse en Puente de Vallecas y caminar hasta su casa sita en la calle Emilio Ortuño 11 piso primero, letra C.

29
En la cola para entrar en el Museo del Prado con mi tío Carlos nos enteramos que Paco Fernández Ochoa ha ganado una medalla olímpica en los juegos de invierno de Saporo.

30
Paseo por el museo del Prado de la mano de mi tío Carlos. Me enseña. Sabe. Disfruto. Luego el parque de El Retiro. Un kiosko. Él una cerveza, yo un refresco de naranja y unas patatas fritas. Él leerá el ABC. Yo miraré a las gentes pasear. Ocho años. Quizá me duela el aparato que llevo en la pierna derecha. Él siempre me dice cuando camino, Levanta el pie. Gracias a él nunca lo arrastré.

31
En la calle de Lista, una tarde, de repente, mientras Julia unta tomate en el pan, aprendo a montar en bicicleta.

32
La Plaza del Marqués de Salamanca con arena. En un edificio creo ver, a través de un visillo, el cogote de un fantasma.

33
La boya en el mar que marca la linde con la alta mar. Hasta ella voy nadando. No he llegado a los diez años. Mi padre me enseñó a nadar. ¡Qué elegante era el nado a crawl de mi padre! Mi padre se llamaba Antonio.

34
Esteban, paciente en el antiguo hospital Puerta de Hierro. Yo tengo trece años, él cuarenta y siete. Nos hacemos amigos. Nos cuidamos. Muchos días en el hospital. Más de veinte. Él era de Vitoria. Cuando viene a Madrid, me visita y le pide permiso a mi madre para llevarme al Campo del Gas para asistir a las veladas de boxeo. Veo luchar a los grandes campeones de aquellos años. Años setenta. En uno de sus viajes me regala una medalla de oro de la Virgen Blanca con nuestros nombres inscritos: Esteban y Fernando.

35
Perdido en Francia. En el segundo día de mi viaje a dedo hasta Paris. Me va a caer la noche en mitad del campo. Ocurre el milagro: un hombre cuyo oficio es pirotécnico, me recoge cuando el ocaso moría. Me deja en Bordeaux.

36
Siempre las botas rotas por los aparatos.

37
En el camping del lago de Proserpina, en Mérida. Días antes he hecho el amor por primera vez, justo el día de la final del campeonato  mundial de fútbol que jugaron Holanda y Argentina. Ella no sabe si se ha quedado preñada. Es maravilloso que S. (cuyo nombre por deferencia hacia ella no escribo completo) nace el mismo día en el que mi hija nacerá veinte años más tarde.

38
Caravanes La Bohème, les vacances sans problémes! (slogan que repetía el locutor por los megáfonos en el final del Tour de Francia de 1979 que se disputaron hasta el final Zoetemelk e Hinault). Mi amigo Luis corría para ver pasar al pelotón. Yo, sentado, le veía correr y me sentía lleno de emoción.

39
Mi madre, en el final de una Vuelta Ciclista a España, en el Parque Sindical, al ver pasar a Luis Ocaña le grita, ¡Afrancesado! -porque Ocaña corría con el equipo francés Bic-. Ocaña se giró y miró por un instante a mi madre.

40
Como un zapato viejo/ por un circo de estrellas rodeado.
 
41
¡Qué hermosas las sandías en la huerta, junto al Júcar! Robos de verano.
 

Memorias

Tags : Recuerdos Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 11/02/2021 a las 18:40 | Comentarios {0}


El título, la forma y en cierto sentido el espíritu de estos textos se inspiran en el libro Je me souviens de Georges Perec que a su vez se basa en los textos de Joe Brainard recogidos en su libro I remember


Incendio de la Plaza de Toros de Las Ventas. Madrid, 1963
Incendio de la Plaza de Toros de Las Ventas. Madrid, 1963
1
Unas botas de agua blancas (recuerdo en blanco y negro)

2
El asesinato de John Fitzgerald Kennedy por televisión (también en blanco y negro) recién cumplidos los tres años. Veo el asesinato en directo. Los gestos de espanto de mi madre y sus amigas que se estaban haciendo la manicura.

3
Emilia la manicura.

4
Las escaleras exteriores de mármol blanco en mi primer día de colegio. Al llegar arriba me giro y veo a mi padre que me dice que entre con un gesto de la mano. Hemos llegado tarde el primer día. Entro con temor en la clase. El hermano Francisco Javier vestido con hábito negro con cordón atado a la cintura (¿simbolismo de cilicio?)

5
Raquel y yo nos miramos con siete años desde las ventanas interiores del edificio Cibeles. Ella en un piso inferior al mío. Vacaciones de 1967. 

6
Vacaciones en la playa desde finales de junio hasta principios de septiembre.

7
Muchos años más tarde reaparece Raquel. Guateque en casa de Pablo. Mi primer ataque del complejo de Acteón. Quizás a los dieciséis.

8
Nado hacia el horizonte en el mar Mediterráneo.

9
Caroline y yo miramos un atardecer de luna lujuriosa. Ella va vestida de negro. (Sus cabellos muy rubios)

10
Silencio en la noche de la isla. Estoy completamente solo en el mundo. No tengo miedo.

11
Los urinarios.

12
Mi padre llega con un traje blanco. Camina por el Paseo Marítimo. Parece un rey.

13
Los pasos de mi padre en la noche no son los de un rey son los de un borracho.

14
Las borracheras.

15
Manolo el sereno.

16
La construcción de un edificio frente a la casa de mis padres.

17
Mi primo Carlos, mucho mayor que nosotros, enciende una linterna de buzo.

18
Su hermano Ricardo tiene una habitación llena de aparatos de sonido, discos, cintas, magnetófonos.

19
Un domingo en las carreras de caballos con mi tío Carlos. La Quíntuple.

20
El bar Chiquito en Velázquez esquina Diego de León.
 

Memorias

Tags : Recuerdos Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 10/02/2021 a las 16:49 | Comentarios {0}


A Liana.



En la salud y en la enfermedad.
 
Lo tuvimos todo, lo fuimos todo
aunque nada tuviéramos
ni fuéramos nada.
Tuvimos un principio, tú recuerdas,
era un día de final de primavera
-¿Ocho años han pasado?-
en una plaza donde hubo en su tiempo
una gran casa de muñecas.
Antes de conocerte supe que eras tú.
Luego, esa misma noche, ocurrió
un hecho extraordinario: dormiste por primera
vez a mi lado. Fue en la butaca
de un teatro. En el escenario un islandés
tocaba sus baladas tristes,
extrañas músicas que buscaran la luz.
Ese fue el principio. Más tarde -sería tedioso
para un hombre ya mayor contarlo en pormenor-
vivimos lo que viven dos seres que anhelan,
empujados por los extraños caminos de la química,
comerse las bocas y tocarse los órganos
que tantas vergüenzas nos provocan.
 
Lo tuvimos todo desde entonces
aunque no tuviéramos nada:
nunca nos vimos mucho,
nunca nos peleamos mucho,
nunca nos arriesgamos mucho,
nunca dormimos más de dos días juntos,
nunca pasamos tres días seguidos juntos,
estuvimos meses y meses sin vernos,
y hablamos, ¡ah, sí! Eso sí que lo hacemos:
hablamos mucho y así nos amamos
con una de las tres formas posibles de amar:
la lengua.
 
¡Cuánto hemos hablado!
Todos los días desde que nos conocimos
en aquella plaza donde hubo en un tiempo
una gran casa de muñecas.
Nuestras voces han sido los vehículos de nuestro amor
y desde ellas hemos vivido lo que viven
las personas que se aman: hemos follado como bestias,
nos hemos dicho las verdades del barquero,
hemos convivido en un espacio sonoro que bien podría ser
un salón, nuestro salón, el de la casa que nunca tuvimos
(que nunca tendremos)
y en él hemos discutido la educación de nuestros hijos
-los tuyos y la mía, nosotros nunca tuvimos hijos
(y nunca los tendremos)-
y también allí –en ese salón imaginario- me abandonaste por otro
mientras yo sucumbía a una especie de tedio
que me llevó hasta una celestina
la cual me buscó mujeres anodinas
que nunca me gustaron.
Sí, tuvimos crisis matrimoniales
nosotros que jamás nos casaremos
y que tanto, tanto nos queremos.
 
Es curioso que no habiendo compartido
físicamente apenas nada
seamos dos personas que se aman.
Sólo hay una queja, sólo hay algo
que añoro entre tú y yo,
algo natural entre amantes,
un detalle que parece que incluso con alzheimer
el olvidante recuerda los buenos tiempos
y asoma en sus labios la sonrisa
del que sospecha haber amado mucho.
Y es que a nosotros, querida mía,
nos falta nuestra canción...
tan sólo eso nos reprocho:
no poder cantar la canción
que nos defina enteros
y que en las noches cubiertas de rocío
a solas con mi frío, sintiendo inmensa
tu ausencia, pudiera tararear nuestra canción
y así, entre sus notas y sus silencios,
quedar dormido, sabiendo que quizá tú,
esa misma noche, lejana,
la habrás cantado también
para sentirte junto a mi.
 
Una canción, tan sólo una canción,
nuestra canción.
Iluminación de Cola de pavo real del Splendor solis de Salomon Trismosin. Finales del siglo XVI
Iluminación de Cola de pavo real del Splendor solis de Salomon Trismosin. Finales del siglo XVI

Poesía

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 03/02/2021 a las 18:54 | Comentarios {0}


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