Charles, Patricia, Isabel, Jiddu, la noche que se ha puesto caliente y la luna que está llena y quisiera también ella; la luna, el dios-Toro; recorro, Innana, Fuencisla, Eduardo, Manuel, Carlos, Italo, Pietro, Henrik; la duda, mirarse, la nadería que debe de ser en el fondo vivir para miles de millones de individuos, la masa, sus nombres, los nombres de las calles, aquéllos que merecieron el recuerdo en las ciudades María, Luis, Elias, Jezabel, Hortensia, Adela, Beatriz, Santiago, Dollymantel, Usnavy, Abderraman, Javier, manchas que se extienden a cámara lenta por todo el espacio y lo van cubriendo de nombres que se escuchan a lo largo de los eones y que llegan hasta la galaxias rojas las más alejadas del espectro, las que no nos ven, Magdalena, Macaria, Margarita, Etelvina, Eliane, Andrea las plazas amarillentas, las huellas que se dejaron por allí, las huellas, el dios-Toro, Innana, la ruleta de la vida, Olga, Ascen, Marisol, Adolfo, Joaquín, Miguel, José Luis, la pequeña, la escuela una tarde de lluvia en blanco y negro, salpica el frío por la mañana, vivo en una comunidad de humanos, más bien molesto, Julián, Ascensión, Laura, Rocío, Belén, Carlos, tan lejos y tan cerca, en esta noche que ya no arde tanto, sometido, Hipólito, Cayo, Helena, Ariadna, Berenice, Paloma, Isabel, François, John, Fernanda, Mary, Christine, Pascale, Marisa, Paca ¡qué largo el vacío que me espera! ¡ya no más memorias volanderas! Los nombres, desdibujados como si se fueran borrando a la velocidad de una noche de invierno, o se fueran alejando, a los lados, en la noche fría, hileras de castaños Juana Teresa, Rafael, Thomas, Mikla, Osamu, Fausto se mezclan las sustancias, serán evaporadas.
211.- La Libertad se debería de enseñar en las escuelas.
Ensayo
Tags : Reflexiones para antes de morir Escrito por Fernando García-Loygorri Gazapo el 26/07/2026 a las 18:35 |Sobre este espacio y en este tiempo
Sobre esta destrucción que llena el aire
de efectos de luz crueles y piadosos
Sobre las huellas de nuestros antepasados
los más lejanos
los que no eran exactamente nosotros
Consciente de que habito en una encrucijada
y de que por lo tanto las gentes se cruzarán
en distintas direcciones
sobre estos presupuestos -escribo-
y con esta conciencia aparente,
siento que el mundo se incendia conscientemente
Que los árboles están hasta las copas de ser papel
Que los pájaros no quieren ser más blancos
Que las aguas majestuosas de los océanos
se niegan a ser mecedoras solícitas de los humanos
Que las montañas se calentaron para que la nieve
al llegar a sus regazos se derritiera
hartas ya del desliz de los esquís por sus laderas
Que las grutas se hicieron más chicas
Que los páramos se rodearon de fuego
y las tundras se volvieron grises
como burócratas de medio pelo
Que las arenas de las calas se volvieran púas
no fue idea de un dios vengador
sino de una invasión de organismos
que se habían quedado sin depredador
Sobre estas murallas naturales
apesadumbrado por el llanto de un alcalde
que ha visto desaparecer su paisaje
devorado por las hijas del Sol
En estos últimos años
descubierta la tramoya del teatro
voy volviendo a la niñez
cuando reír y llorar se alternaban en un continuo
obra de la voluntad de un diosecillo
Sobre estas tragedias planetarias
sobre los naranjos
sobre los arces japoneses mal plantados en una tierra extraña
El gazpacho es una sopa fría. Con gazpacho nada serio parece poder ser comparado, La rodocrosita rosa con un tono semejante al del gazpacho... ¿no pierde de inmediato el color de la piedra su belleza, incluso la elegancia rococó de su nombre, al compararla con este bebible de verduras?
¿Y qué decir de sus rimas, gazpacho y bombacho; gazpacho y populacho; gazpacho y cacho; gazpacho y borracho; gazpacho y antedespacho; gazpacho y lapacho?
¿Cuántas veces la suerte de una palabra depende de su sonido? ¿Cuántas la vida de un hombre depende de su nombre? Y aún así, muchas veces ¡tantas veces! son ambiguos los sonidos. ¿Quién no ha conocido a un Torcuato sencillo y no retorcido? ¿Quién sabe si un triste Pérez no encubre bajo su humilde ser hijo de Pero a un fiero y melancólico Lancelot.
El gazpacho es una sopa fría.
Dentro de poco habrá un eclipse absoluto que podré ver completo desde el jardín de mi casa. ¡Qué serio el sonido eclipse! Con ese sonido bien que se puede escribir un melodrama de los que tanto gustan ahora, de ésos que tienen que empezar in media res.
El gazpacho es feliz. Nunca se olviden.
¿Era la huella de dios la que buscaba? ¿era en la noche después de la lectura? ¿merece tanto el esfuerzo?
Dios como conjunto de todas las existencias.
¿En qué buscaba la huella? ¿Por qué camino pasaba? ¿Cuál era el paisaje real? ¿Estaba haciendo lo correcto? Lo que de afuera me llega, que además está determinado en gran medida por una operación matemática, anima a que me reafirme en mí mismo. ¿Quién mí mismo? pregunto. No alcanzo a expresar sin queja lo que quisiera ser la exposición de una realidad. Como si te dijera, a ti, ¡No sabes lo que se divisa desde mi ventana! ¡Desde mi ventana se contempla la traza del tiempo sobre el espacio! ¡Desde mi ventana se contempla el amor sin tacha que habita en mí! ¡Desde mi ventana se contempla el dolor que ha supuesto (y supone) haber llegado a generar vibraciones que se resuelven en algo que nosotros vivimos como colores! ¿Nosotros? ¿Cada uno? O ¿son sólo nuestros conos y nuestros bastoncillos y las amacrinas de la retina y todo lo que compone el sistema de la vista ya no sólo de los mamíferos sino de todo tipo animal, también los invertebrados, son sólo estos elementos, insisto, los que viven las vibraciones electromagnéticas traducidas a colores? ¿Y el resto de eso que entiendo como nosotros? ¿Cómo sentimos los colores? ¿Por qué los sentimos? ¿Por qué los habríamos de sentir? ¿Puedo engarzar aquí la idea desde la que he ido derivando y sugerir que la huella de dios -dios como conjunto de todas las existencias- que persigo es la huella que me lleve hasta el momento en el que -utilizo una metáfora- asuma que he de empezar a dejar determinados equipajes en sus lugares correspondientes? Imagina una calle muy larga y desnuda, extrarradio de la ciudad, que se pierde y tiembla a lo lejos víctima de la calima; imagina un sol feroz; imagina una calzada de dos direcciones con dos carriles por dirección; imagina un adoquinado cuadrado de hormigón gris que ha ido recogiendo el fuego del sol desde hace horas; imagíname a mí, sólo en la desolación de los asfaltos grises, bajo un cielo plomizo dominado por el astro que no soporta lo blanco ante él, cargado con una mochila a la espaldas, dos bolsas una colgada de cada hombro, una cartera en la mano derecha y el bastón con una bolsa de hipermercado en la mano izquierda. Imagina que he de avanzar por esa calle que no es sólo el escenario donde se desarrolla la acción sino la acción misma; imagina el peso de los fardos; imagina el alivio que supondría ir dejándolos, como hitos, a lo largo de esa atroz e interminable calle; imagina las formas posibles de ir aliviando el peso; quizás, al principio, por una cuestión de delicadeza (que tantas vidas se ha llevado por delante), iría sacando elementos de los fardos:
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Ensayo poético
Tags : Meditación sobre las formas de interpretar Escrito por Fernando García-Loygorri Gazapo el 30/07/2026 a las 00:21 |