En 2012, era enero, escribí una entrada titulada así La doctrina del shock -si la quieres leer, ya sabes, no tienes más que clicar en su título en verde-. Seguimos instalados en ella. Y va en aumento.
¿Qué estado individual, social genera esta constante sensación de conmoción? ¿Qué implica en la vida de cada uno de nosotros la sensación de tener a las puertas de nuestras pequeñas vidas a un enemigo descomunal, dispuesto a acabar hasta con lo más sagrado que cada uno lleve en su saca? Un enemigo que por cierto, siempre es lo Otro. El miedo, en una palabra.
Recuerdo que escribí la entrada tras ver un documental del mismo título de Michel Winterbottom. Naomi Klein, en 2007, había escrito su famoso libro en el que se basó el director para hacer su película. No me voy a entretener en intentar hacer una sinopsis ni del libro ni del documental porque creo que, en este caso, el título es la sinopsis perfecta y su lectura o la visión del documental se hacen casi imprescindibles para entender los alaridos de los modernos dictadores.
Ya estamos en la III Guerra Mundial. De aquí -como profetizó Albert Einstein- acabaremos de nuevo en las cavernas. No sé cuánto durará esta guerra ni hasta qué extremos de crueldad y locura llegaremos. No me va a importar. No me voy a quedar en los sucesos (que es lo que quieren los generadores de opinión: atraparnos en los focos potentísimos de un suceso brutal) sino que voy a seguir buscando los procesos, los lugares por los que ha transitado el ser humano hasta llegar aquí y por ahí quizá llegue el conocimiento y la asunción de una certeza que Platón -el primero en Occidente, con su teoría de la idea de Idea y su derivada Lo Ideal- quiso ocultarnos: que el ser humano es por definición finito y contingente y eso le aboca a ser mutatis mutandis un lobo para el hombre.
En los últimos días, debido a una pequeña enfermedad que me ha obligado a estar de sofá y tele (esta nueva televisión con cientos de canales que te lleva de un lugar a otro como si estuviéramos en un océano de informaciones e imágenes que acaban mareándote), he escuchado a personas que se podrían considerar los ideales de la burguesía, es decir, los seres masa, contraponer al horror que vivimos (¿qué horror? ¿qué novedad de horror? ¿que no sabíamos que los seres humanos nos matamos unos a otros sin descanso? ¿que no sabíamos que la codicia es el gran motor de Occidente?) la bondad, la ternura, los momentos en que unos nos ayudamos a otros como si fuera un sortilegio, algo que pudiera tener el poder de detener este deseo demasiado humano de trascender sea como sea, le cueste a quien le cueste. Esa reacción es estar en estado de shock y ese estado lleva a la yunta, lleva a agachar la cabeza.
Por cierto, esta reflexión no es conclusiva, es sólo paisaje de un proceso.
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Ensayo
Tags : Meditación sobre las formas de interpretar Escrito por Fernando García-Loygorri Gazapo el 02/03/2026 a las 18:55 |