Inventario

Página de Fernando Loygorri
El joven se dedica a su oficio artesano. Está en la playa. Desnudo. La cala está desierta. Recuerda los días de verano cuando estaba llena de jóvenes iguales a él. Recuerda el sonido de los diferentes idiomas y el sabor a sal en el cuerpo de una muchacha austriaca un anochecer. Mientras labora ve bajar por el sendero a una pareja de guardias rurales. Ambos llevan escopetas colgadas del hombro y pistolas al cinto. También son jóvenes. Llegan hasta él y le hacen preguntas acerca de dónde viene, cuánto tiempo lleva en la isla, cuánto piensa estar. Él les invita a sentarse y a fumar un cigarrillo. Ello se sientan y fuman. El joven responde. Uno de los guardias le indica dónde se encuentra el cuartelillo por si necesita algo y le avisa de que llega la tramontana. Haciéndole un saludo militar la pareja se marcha.
El joven -al que llamaremos Olmo- decide coger lapas de la roca para añadir a su arroz. Se ata un redecilla al muslo y toma su navaja. El agua turquesa y calmada ya empieza a estar fría. Nada Olmo hacia el acantilado de su izquierda y empieza laboriosamente a despegar las lapas y mientras lo hace el tiempo pasa, la vida sigue, el mundo gira, las galaxias se mueven y se acercan unas a otras, puede que alguien esté atravesando un agujero de gusano; es seguro -en todo caso- que alguien ríe y alguien llora mientras él recolecta lapas a lo largo del acantilado y se detiene cuando descubre una oquedad apenas cubierta por las aguas del mar. Olmo se sumerge y descubre que la oquedad es una entrada al interior de la montaña.

Cuento

Tags : Marea Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 20/06/2016 a las 12:27 | {0} Comentarios








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