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Página de Fernando Loygorri


¡Cuánto tiempo he gastado en no aprender cosas!
Santuario. William Faulkner


Es la navegación de los días. Una cadencia extraña que quizá lleve a dejarse ir. Entonces no es navegación sino deriva o ir al pairo. Alguien me contó la historia de un joven que vive navegando los mares; que salió de su ciudad con lo puesto y la idea romántica en la cabeza de ser marinero (quizá sólo en la juventud se pueda ser romántico siendo como es tantas cosas el romanticismo) y su juventud y su coraje le llevaron a conseguirlo y ahora creo que circunnavega costas del Canadá.
Navegando o al pairo, con la delicada sensación de tener entre mis manos un timón redondo, la cangreja y la mayor desplegadas, con viento de sotavento, en unas aguas negras que la quilla de mi nao rompe en espumas blanquecinas, casi grises. Puede ser que la tarde caiga. Puede también que sea el día que se levanta. El cielo está cubierto por nubes de tormenta. El frío húmedo entra hasta mis huesos. Sé que no muy lejos humea un taza de café (taza metálica, desconchada en sus bordes, esmaltada en blanco).
Si es al pairo siento las emociones de una muchacha que ha sido llevada a un prostíbulo y que va a ser vendida por primera vez. La muchacha dice ser hija de un juez. Llegó hasta ahí por la cabeza loca de un muchacho que la rondaba. La ciudad es Memphis. Los años serán los veinte del pasado siglo. La muchacha se llama Temple. Su coño va a dejar de ser un santuario (o va a empezar a serlo. A los santuarios se peregrina).
En los aires de estos primeros días de septiembre, siento la brutalidad de la vida feudal de la Rusia de mediados del siglo XIX. Dubrovski ha incendiado su hacienda y se ha convertido en bandolero. El terrateniente Kirila Petróvich encierra a invitados incautos en una habitación donde un oso hambriento los espera. Son grandes las olas de septiembre, parecen, a veces, muros que se levantaran de improviso para derrumbarse al segundo siguiente sobre la cubierta de la nao que no gobierno. El agua salada en mi boca. La tortura de la sal en mis labios. Y en esta oscuridad radiante, el temor que late en mi bajo vientre de que frente a mí, en cualquier momento, surja el leviatán que engullirá la frágil nave, tras lo cual -y en rápido descenso por un tubo digestivo que palpita- encalle en las tripas de la bestia y flote en sus ácidos gástricos que lenta e inexorablemente van royendo el casco hasta llegar a mí (materia mucho más frágil que la dura madera, con nervios que sentirán el ardor hasta el delirio; porque la madera no agoniza pero sí la carne y también los huesos).
Así voy. Deseo despertarme. Deseo vencer la gran pasión humana: la pereza y aprovechar mi tiempo con conocimientos que me llevaré a la tumba y que junto a mí quedarán por siempre enterrados. No gobierno la nave aunque sepa -desde hace demasiado tiempo- que nacer es morir. Ya estaré llegando. Ahora es la bruma. Cada cierto tiempo hago sonar la sirena y escudriño entre el humo de agua en suspensión, una luz que me advierta de un acantilado o de la proximidad de otra vida. Todo es confuso. No me importa.

 

Miscelánea

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 02/09/2017 a las 12:31 | {0} Comentarios


¡Al pez convoco! (por la esquina convoco a la mandrágora pero muy cauto como si al hacerlo me estuviera jugando la vida)
¡A la altura convoco!
¡Al desierto convoco!
(nace la idea y se queda quieta. La invocación espera su fruto. Es un ida y vuelta -ida a Babilonia vuelta a Nueva York-. En una excitación sin vértigo la luz de la noche a través de un patio interior parece temer la voz humana. Corretea la salamandra. Respira el olivo. Se mece la mies porque piensa marzo. Las manos se mueven solas. El corazón permanece quieto -y aún así no muere el cuerpo y la sangre fluye-. Arriba. Muy arriba. Más, más arriba -imagina por encima de lo más alto que puedas imaginar-. Allí la noche explota en naranjas. La madreselva. El haba mágica. Juan sin Miedo. Cierto aire de niñez)
¡A la mujer amada convoco!
¡Al invierno convoco!
¡Al sauce convoco!
(la rodilla -piensa el hipopótamo justo en el momento en el que la levedad de la charca da paso al peso de la tierra- se quiebra. Hay una explosión de grisú. Hay un arrollamiento. El cielo no permite la alegría del color y ese detalle entristece el gesto de la niña. El carnaval se acerca y ese cuerpo queda tan lejos... tan lejos... la mirada también es líquida)
¡Al aguacero convoco!
¡Al ladrillo convoco!
¡Al marinero convoco!
(por el puerto se arría la vela. Por el puerto se descubre el pecio. Por el puerto pasea la muchacha. Por el puerto se alza la maquinaria. Por el puerto baten las olas y se retiran. Los acantilados mueven el mar y hay en el nido del águila un ansia nueva de volar. Por el puerto el mundo. Por el puerto el círculo. Por el puerto la andanada)
¡A la boca convoco!
¡A la astilla convoco!
¡Al otero convoco!
(cuando desaparezca el poso, quedará el fondo)
¡Al bosque convoco!
¡A la arena convoco!
¡A la miniatura convoco!
(ya no está la cruz en la muñeca. La mañana ronca raspa la luz. Vuelan octavillas por el aire de la ciudad asediada. Gime el bebé. Cae la flor. Surte efecto la pócima. Alguien grita, ¡Demóstenes! Alguien replica, ¡Noah, Noah, Noah! Se enreda la araña en su tela. Evoca el chocolate te. Con el último rayo de la luna brilla la calva de la mujer. Dice, Te seguiré. Responde, Estoy escondida)
¡Al otoño convoco!
¡Al laud convoco!
¡Al alba convoco!

Miscelánea

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 19/08/2017 a las 12:47 | {0} Comentarios


Está en un manglar
(Interpretación: la vida es una jungla)
Quizá no sea ella a la que se está mirando pero no lo puede asegurar. Ve, entonces, a sí misma o a otra que parece ser ella en un manglar.
(Interpretación: ¿Quién es uno?)
Entre los mangles aparece un cocodrilo inmenso, es un leviatán de ojos amarillos, fauces descomunales, cuerpo de escamas de acero, cola que pareciera el instrumento de Eolo para sacudir los vientos.
(Interpretación: la vida se contagia de terrores leviatanes. Aún no haciendo nada, aún pasando de largo, lo que causa terror siempre es inmenso.)
El cocodrilo la husmea. Parecen sus orificios nasales ollas de Satán. Ella tiene una reacción curiosa y animal: se tumba en el suelo y permanece inmóvil. Apenas respira. Prefiere cerrar los ojos.
(Interpretación: Ni siquiera la música es capaz, en ocasiones, de amainar el miedo a la existencia. Existimos y tememos. La infancia es el territorio idílico de las grandes emociones y los grandes descubrimientos. Cuando se produce una gran emoción en los primeros años, genera una impronta indeleble... ¡qué hermosa palabra! La quietud, la apariencia del absoluto reposo, puede confundir a los depredadores. Muchos animales utilizan esta táctica para salvar la vida. Un lagarto rodeado de serpientes se salvó así. Supo mantenerse quieto hasta que encontró una escapatoria. Las serpientes le siguieron, intentaron rodearlo, pero el punto de fuga había sido bien calculado. Un altozano puede ser el final de la escapada.)
El cocodrilo se pone encima de ella. Parecen sus ojos ciegos ahora. Incluso se diría que sus fosas nasales sólo pueden oler el aire y no lo que se encuentra a ras de suelo. Ella siente las uñas del animal en su piel (leve piel de espalda, sensible permanencia de peso, disco intervertebral a punto de quebrarse) y el peso brutal de la bestia que le impide casi respirar. Curiosamente esa dificultad es una ventaja porque le obliga a inspirar muy despacio, casi sin hondura.
(Interpretación: A veces no llegamos a ser conscientes de que el peso de la culpa es el sueño de un cocodrilo en nuestra espalda.)
En la frontera entre el sueño y la vigilia el cocodrilo parece haber perdido su rastro y ella empieza a sentir el cosquilleo de una patas mucho más ligeras en su cuello. Empieza a salir del sueño.
(Interpretación: No es el hecho, es la opinión sobre el hecho)
Entonces despierta y siente claramente el caminar de un cucaracha entre sus cabellos. Da un salto en la cama. Es profunda la madrugada. Se la quita de encima de un manotazo. Enciende la lámpara de noche. Ve al artrópodo correr por las sábanas blancas. Lo persigue. Lo alcanza. Lo mata. Siente repugnancia en cada punto nervioso de su piel. No está aterrada.
(Interpretación: Si una cucaracha es para la mente un cocodrilo, ¿qué distorsión de la realidad puede llegar a provocar el sentimiento de culpa?)

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Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 17/08/2017 a las 11:43 | {0} Comentarios


El 4 de octubre de 2011 escribí el artículo http://www.fernandoloygorri.com/Will-More-Joaquin-y-Carmen-mis-primos-hippies_a721.html?com (si quieres leerlo no tienes más que clicar sobre el título). En el artículo hacia referencia a un admirador suyo que aventuraba la posibilidad de que mi primo hermano ya había muerto y cuál no fue mi sorpresa cuando pocos meses después recibí un correo suyo negando esa muerte y dándome su dirección en Madrid (vivía en el barrio de Chamberí) por si quería ir a hacerle una visita. Quedamos en vernos y no nos vimos.
En mayo de este año volví a saber de él por un azar que a veces parece orden. Joaquín/Will estaba internado en un hospital aunque según la información que recibí de otra prima hermana nuestra, Patricia, no parecía nada grave. Pensé en ir a visitarle y no fui.
Esta no relación con este hombre, de alguna forma enigmático, se cerró ayer cuando una redactora de la revista Vanity Fair me escribió a mi correo para ver si me podía hacer una entrevista para un artículo que estaban preparando tras la muerte de Will More. Así me enteré de su muerte.
Arrebatado, como todos lo seremos (de momento), no creo que Will me vuelva a escribir para decirme que sigue vivo y coleando y si lo hace será porque en otro arrebato se convirtió en vampiro.
 
Will More
Will More

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Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 12/08/2017 a las 13:33 | {0} Comentarios


Si siento tus nalgas bajo las bragas blancas cuando en la madrugada la brisa, por fin, ha hecho acto de presencia y el cuclillo que es pajarillo del amar en la tradición India ronda cerca, entonces, amada, no quiero que nada en el mundo se altere. Que se vengan abajo los rascacielos que las lenguas de fuego de los volcanes se conviertan en rugidos de mar que los delfines alegremente naden el corro de la patata que la señora odiosa siga siendo odiosa y las manos con lepra no se curen jamás Si siento tus nalgas apretadas contra mi sexo qué importa que la ensenada se vaya dulcificando a través de miles de años o que el big-bang no sea más que una teoría del terror humano o, amada, que el siena se convierta en añil por efecto de la luz de la luna Aborrezco tu almohada vacía Detesto el silencio a mi lado izquierdo Muero de deseo bajo los olmos y Aún así y con todo venero los cuernos de los ciervos, anego mis pulmones de una ira que no termino de apagar, recuerdo tus manos una vez más, maldigo la tempestad y la bendigo y huelo en cada rincón de la camisa que llevo puesta un resto tuyo, un resto que huye a medida que lo atrapo. No es amor lo que escribo es pasión. No son lágrimas lo que derramo sino semen sagrado, escaso semen que siembra en ti mi huella la cual, cometa del tiempo, remonta a las orígenes, sean éstos sopas primordiales u hondas contra gigantes Porque te leería la Biblia entera Porque para ti sería Sherezade Porque me abriría en canal para luego cerrarme si tus nalgas me juraran apretarse una vez más, tan sólo una, contra mi sexo joven en la madurez que se asoma ya a la senectud Agua viva Puerto inseguro Nave que zozobra Parangón sin comparación Estrella sin nombre Firmamento abierto Verso caudal Aleta frigia Machón con firma Desnudo vivo Samba de los treinta y cuatro largos Birimbao y gemido Sultana y perra Emperatriz y esclava Noche larga Cuerno de la abundancia Beso dado Espalda Desazón Espera Baloncito Extraña Cercana Luz de sol en sombra de luna

Miscelánea

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 27/07/2017 a las 16:55 | {0} Comentarios


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