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  <title>Inventario</title>
  <description><![CDATA[Página de Fernando Loygorri]]></description>
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  <itunes:author>Fernando García-Loygorri Gazapo</itunes:author>
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   <title>El aire de la tarde</title>
   <pubDate>Thu, 10 Jun 2010 19:58:00 +0200</pubDate>
   <dc:language>es</dc:language>
   <dc:creator>Fernando García-Loygorri Gazapo</dc:creator>
   <dc:subject><![CDATA[Narrativa]]></dc:subject>
   <description>
   <![CDATA[
   Isaac Alexander en estado de melancolía (debido a la lectura de un texto de Richard Tarnas)     <div>
      Huelo el aire de la tarde. Es del norte. Cuando huelo el aire del norte por la tarde, huelo nostalgia y algo de melancolía. El viento barre las nubes. Las nubes son blancas y grises. El tiempo transcurre en las campanas de la iglesia y puede ser que no tengamos razón. Puede ser que el <b>Cosmos</b> tenga un <b>Alma del Mundo</b> y que el colmo del antropocentrismo sea pensar que nosotros somos los únicos que tenemos la capacidad divina de pensar y de sentir lo en sí y lo fuera de sí; puede ser que <b>Copérnico</b>, al iniciar el camino de la insignificancia de la Tierra en el vasto universo diera inicio también a la insignificancia del hombre en ese mismo universo; puede ser que la literalidad de Copérnico haya sido la espada de Damocles de nuestro lugar en el Mundo; puede ser que el Universo piense y sienta. Es más -y esto lo afirmo- el Universo piensa y siente porque -cuando menos- nosotros pensamos y sentimos; puede ser que el Universo tenga una finalidad, que todas y cada una de las criaturas que lo conforman sean parte de ese <span style="font-style:italic">ser</span> y ya no sólo de manera metafórica sino real como yo ahora pienso si esto que escribo fue dictado hace muchos siglos por la sirena de un mar. Y si no estuviéramos solos en este vasto espacio-tiempo; si nuestro pensamiento fuera pensamiento cósmico; si el Cosmos sintiera y especulara y errara y fuera en última instancia, él también, cosmocéntrico; o si, por elevación, un Cosmos que <span style="font-style:italic">es</span> fuera mucho más por ser más inmenso y más rico que el ser nuestro, ¿cómo podría comunicarnos su belleza, su tranquilidad, su ausencia de deseos, su falta de <span style="font-style:italic">hybris</span> (eso que los griegos atribuían a los héroes que desafiaban a los dioses por desmesura y en ella encontraban su perdición), su negativa a la contienda, su aceptación del devenir de sus asuntos, su absoluta confianza en sus destellos?       <br />
       El aire de la tarde viene húmedo. La soledad era esto. Una corza ha bajado al prado con su corcillo. Mientras la cría brinca, la corza se tumba entre la hierba y escucha atenta los sonidos de la tarde. Si el <b>Mundo</b> nos rodea, nos impregna, somos él. Si el Mundo no sólo <span style="font-style:italic">está</span> también <span style="font-style:italic">es</span>.       <br />
              <br />
       
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
   ]]>
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 	<itunes:author>Fernando García-Loygorri Gazapo</itunes:author>
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   <title>2010</title>
   <pubDate>Fri, 01 Jan 2010 13:01:00 +0100</pubDate>
   <dc:language>es</dc:language>
   <dc:creator>Fernando García-Loygorri Gazapo</dc:creator>
   <dc:subject><![CDATA[Diario]]></dc:subject>
   <description>
   <![CDATA[
        <div style="position:relative; float:right; padding-left: 1ex;">
      <img src="http://www.fernandoloygorri.com/photo/1792491-2438766.jpg" alt="2010" title="2010" />
     </div>
     <div>
      Escucharé <span style="font-style:italic">Five Years</span> de <b>Bowie</b> y volveré a sentirme eléctrico. Miraré el careto de <b>Lou Reed</b> en la portada del album <span style="font-style:italic">Transformer</span> y sentiré el pecho de Ana un día a la una de la tarde cuando escuchábamos <span style="font-style:italic">Europa</span> de <b>Santana</b> y ella tenía quince años y yo dieciséis. Luego atravesaré el tiempo montado en la voz de <b>Camarón de la Isla</b> y llegaré hasta La Habana donde <b>Silvio Rodríguez</b> le pide a Alá (Ojalá) que la lluvia no sea descanso que baja por tu cuerpo y mirando el mar Caribe <b>Erik Satie</b> me alejará de allí y volveré a <b>Miles Davis</b> y su <span style="font-style:italic">All Blues</span> o a una tarde con <b>Joni Mitchell</b> y <b>César</b> en su estudio de las Navas de Tolosa y luego, durante un amanecer, <b>Chet Baker</b> me cogerá de la mano y junto a <span style="font-style:italic">My Funny Valentine</span> veré salir el sol y nos admiraremos del tempo sincopado de <span style="font-style:italic">Las Danzas de lo Sagrado y lo Profano</span> de <b>Debussy</b>. No será el mar el horizonte sino la dominante de una melodía rota a pedazos por <b>Olivier Messiaen</b> la cual, paradójicamente, nos retrotraerá a <span style="font-style:italic">Las Vespras della Beata Vergine</span> de <b>Monteverdi</b> y esos cantos, esas alturas me irán durmiendo y al final creeré escuchar, ya en los sueños, <span style="font-style:italic">El Preludio de la suite para cello número 1</span> de <b>Johan Sebastian Bach</b>.       <br />
              <br />
       
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
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   <title>El viaje 8 Amar (Coda)</title>
   <pubDate>Sun, 08 Nov 2009 19:31:00 +0100</pubDate>
   <dc:language>es</dc:language>
   <dc:creator>Fernando García-Loygorri Gazapo</dc:creator>
   <dc:subject><![CDATA[Cuento]]></dc:subject>
   <description>
   <![CDATA[
        <div>
      Lo más sublime del amor es no sentir miedo. Ser amado es desterrar el miedo a ser uno mismo con sus oscuridades, sus vacíos, sus latidos por medio del Otro.       <br />
       Amar es aligerar el peso del amado, ofrecerse como espejo cuyo reflejo le resulte grato.       <br />
       Las caricias ¿no son sino una ausencia de tensión, el descubrimiento de la suavidad de uno mismo surgida de las manos del Otro? ¿no es eso lo que generan? Suavidad de uno mismo.       <br />
       Amar es exaltar la libertad. Amar es desafío a una verdad que desde la niñez se hurta: el miedo es ausencia de afectos.       <br />
       Cuando dos seres se aman comparten durante ese tiempo la energía más pura del universo. Amar es declarar inocente al Otro.       <br />
       Una sucesión de besos en la boca, de besos sostenidos, infunden en todo el cuerpo la gratitud del viento deslizándose sin esfuerzo por la precisa conformación de las alas de las aves. Besar la boca es besar el hálito del Otro, su necesidad primera.       <br />
       Dos cuerpos que se aman. El goce intenso y despierto. La búsqueda larga y extenuante. Dos cuerpos que se aman con sus hallazgos, sus súplicas, sus dilataciones urden un juego que conduce a la exaltación del Otro desde el placer propio. Amar pervierte el orden brutal de las cosas.       <br />
       Madame L. susurró al oído del señor L., Tienes mil cuerpos.       <br />
       La última frase que el señor L. escribió en la casa de madame L. fue, ¡Tiempo, detente!       <br />
              <br />
       <b>FIN DE LA SERIE EL VIAJE</b>
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
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   <title>El viaje 5 Evocación en otoño de Père Lachaise</title>
   <pubDate>Thu, 05 Nov 2009 13:39:00 +0100</pubDate>
   <dc:language>es</dc:language>
   <dc:creator>Fernando García-Loygorri Gazapo</dc:creator>
   <dc:subject><![CDATA[Cuento]]></dc:subject>
   <description>
   <![CDATA[
        <div>
      Madame L. y el señor L. se encaminan por las calles de un Paris lluvioso y templado hacia el cementerio de Père Lachaise. Húmedas las calles. La Seine, río que -como el tiempo- no mira a los hombres, fluye. Los clochards. La misteriosa simetría de la catedral de Notre Dame. Su rosetón. El andar torpe del señor L.. El andar lento de madame L..        <br />
       Mientras recorren en silencio la rue du Temple camino de la place de la République, el señor L. piensa en los años en que no supieron nada el uno del otro. Once años en silencio y de repente -como siempre, siempre era de repente- el reencuentro fortuito por internet en el último diciembre. Esos once años de ausencia, pensaba el señor L, no habían hecho mella en ellos. Su relación había tenido como eje la ausencia. Sin embargo desde el verano se habían visto ya en cuatro ocasiones, dos veces en Madrid, una en Granada y ahora en París y desde diciembre mantenían una correspondencia epistolar por la cual el señor L. sentía verdadera pasión. Sonríe cuando piensa en la posibilidad de que su enamoramiento apasionado por madame L. tras tantos años fuera debido a su forma de escribir. Porque madame L. expresaba sus emociones, sus estados, los paisajes o sus anhelos en un francés hermoso y certero y esas palabras le llegaban al corazón o al hígado como continentes y tanto si eran dulces como si eran amargas lo inundaban, le hacían sentir, sentir.       <br />
       Madame L. caminaba unos pasos por delante del señor L.. La lluvia caía sobre su cabello rubio. Era una mujer de cuarenta y seis años, de rostro delgado y gesto melancólico; sus ojos azules y pequeños miraban en ocasiones con el brillo de la vejez; su nariz era larga y dominante y su boca grande, de labios carnosos y suaves; su andar era pausado y todo su cuerpo tendía a la largura; largos los brazos, largo el cuello, el tronco y las piernas largas. Ella no era alta. Madame L. siente a un mismo tiempo sentimientos opuestos. Recuerda cuando le llamó un día de finales de julio. Ella estaba en Granada con sus amigos de siempre. Al despertar una mañana se había acordado de él. No, no era esa la palabra. Al despertar había deseado tenerlo dentro. Entonces le llamó y él acudió. Al unísono -en extraña armonía- siente recelo como si se estuviera advirtiendo de que no debía entregarse por completo y que mediante una sabia mezcla de abandono y entrega su relación con el señor L. podría continuar hasta la muerte. Entonces, sabiéndole unos pasos tras ella, le besa en la imaginación volviéndose hacia él, clavada su mirada en sus grandes y atormentados ojos oscuros, abriendo su boca y uniéndola a la suya.       <br />
       A la entrada del cementerio de Père Lachaise un cuervo graznó. La lluvia seguía cayendo mansa. Es sábado. Madame L. y el señor L. deciden caminar sin rumbo entre las tumbas, los árboles, muchos de los cuales comienzan a quedarse desnudos, y los graznidos de los cuervos. Se ha hecho el silencio en Paris.        <br />
       Al principio ambos se distancian, cada uno se detiene en tumbas o panteones diferentes aunque busquen la misma tumba, la de un antepasado de un amigo del señor L.. Luego caminaron hacia la parte alta del cementerio. Fue cuando madame L. sintió la necesidad de visitar las tumbas y los monumentos de los héroes de la Resistencia francesa y de los judíos franceses asesinados en los campos de exterminio de los nazis. Eran las dos de la tarde un sábado en Paris cuando se abrió una brecha en sus memorias.        <br />
       El alma y la acción de madame L. llevaban años unidas para denunciar la colaboración de los franceses en la persecución de los judíos. Con cierta desesperación madame L. le dice al señor L. ante la tumba del líder comunista Georges Boursais, No entiendo cómo es posible que se haya colocado a este hombre al lado del monumento a los inmigrantes ¿Sabes dónde estaba él durante la Segunda Guerra Mundial? En Alemania, trabajando para los alemanes. Había entonces un servicio de trabajo obligatorio. Él era joven. No le echo la culpa. Todos los hombres mayores de dieciocho años se tenían que ir a trabajar para contribuir a lo que se llamaba el esfuerzo de guerra y Boursais estaba en Alemania, trabajando mientras los inmigrantes a los que se dedica este monumento lucharon aquí, matando a los soldados alemanes. Casi todos fueron fusilados. Muchos otros hicieron lo que fuera para no colaborar con los alemanes como mi abuelo que se envenenó una pierna y lo declararon inútil. No entiendo cómo los han podido poner juntos.       <br />
       Y así, a medida que madame L. y el señor L. avanzaban entre tumbas y recuerdos, se iba posando en ellos la locura y la muerte, la heroicidad y la traición, la osadía y la mezquindad humanas tallada su memoria en piedra: a N.L. NATZMEIER-STRUHOF 1941-1944 Y SUS 70 KOMMANDOS NACHT UND NEBEL/ NUIT ET BROUILLARD (noche y niebla); DACHAU, monumento a los muertos; ENBURG, monumentos a los muertos; entre ellos, de repente, la tumba de Paul Éluard; MONUMENT AUX VOLONTIERS FRANÇAIS DE BRIGADES INTERNATIONALES ESPAGNE 1936-1939; RAVENSBRUCK, monumento a los muertos; Monumento a LA MÉMOIRE DE TOUS L'ESPAGNOLS MORTS POUR LA LIBERTÉ 1939-1945; MAUTHAUSEN, monumento a los franceses muertos; la tumba de la familia KRACUCKI enterrados los tres bajo la misma lápida. Un cuervo voló bajo entre las tumbas de los héroes y los mártires. Comenzaba a caer la noche. El estupor se fijó en el rostro de madame L. cuando descubrió la tumba de un resistente judío polaco al que ella había tratado años antes en Caen.       <br />
       Salieron del cementerio de Père Lachaise muy cansados. Tomaron el metro y, como si con ello pudieran dejar atrás un mundo que aún vivía en ellos, volvieron al Quartier Latin y madame L. llevó al señor L. a la Cave de Canette en la rue del mismo nombre, frente a la iglesia de Saint-Sulpice  y ella comió unos huevos con jamón a la flamenca y él se bebió dos cervezas y escribió, <span style="font-style:italic">Nada se puede esperar. Nada se puede aventurar. El tiempo sólo da la razón al tiempo, existe como la miseria y su silencio. Ya sé que la lentitud se encuentra al final de la escapada, ante el último muro cuando ya no hay nada que decidir. Ya he vuelto. Ya no tengo miedo</span>.       <br />
       Llegaron a la habitación cuando la tarde oscurecía. Tras la muerte y la memoria se amaron; se besaron y sus bocas se buscaron una vez y otra; se acariciaron y sus cuerpos gozaron la ausencia de tortura. El mundo, fuera, seguía girando. La Barbarie era la emperatriz de los humanos pero ellos, en su pequeña habitación del hotel de la rue Victor Cousin, la habían destronado y se amaban.
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
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 	<itunes:author>Fernando García-Loygorri Gazapo</itunes:author>
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   <title>La medida</title>
   <pubDate>Tue, 29 Sep 2009 14:34:00 +0200</pubDate>
   <dc:language>es</dc:language>
   <dc:creator>Fernando García-Loygorri Gazapo</dc:creator>
   <dc:subject><![CDATA[Ensayo]]></dc:subject>
   <description>
   <![CDATA[
        <div>
      Una sensación interna lucha. Son dos opuestos claramente opuestos. Uno dice sí. Otro dice no. Maniqueo el ánimo se debate. Hecha cualquiera de las dos opciones (maniqueamente sólo hay dos, sólo encuentro dos. Debería entonces darme cuenta de que algo está fallando. Si no encuentro más alternativas. Si no me digo, bueno no hace falta escribirlo. Ciego me dejo llevar por esos dos únicos sentimientos opuestos y me veo en mitad de un desierto, vestido con un  taparrabo. A lo lejos un grupo de hipopótamos chapotean y las leonas corretean por la sabana como si fueran cachorras. Yo salto junto con otros quinientos. Saltamos en círculo al son de unos tambores muy pequeños. Saltamos cada vez más alto y a cada salto nos embriagamos del aire. Algunos empiezan a caer. Otros luchan contra los demás. Algunos desisten y se sientan. Así me veo mientras tecleo y escucho a <b>Touré Kunda</b> en un tema que se llama <span style="font-style:italic">Sama Dio</span> y discurro sobre las medidas. Sobre la medida de escribir o no escribir, de llamar o no llamar, de declarar o no declarar, de arriesgar o no arriesgar, de preguntarme qué es riesgo y qué no lo es y así blanco y negro, blanco y negro) me queda la misma sensación de insatisfacción, más aún, de error y al pensarlo siento resta, estoy restando en vez de sumar y de nuevo <b>Mani</b> se me aparece y viene, como un rayo, así ha venido, <b>Allan Wats</b> y su <span style="font-style:italic">Sabiduría de la inseguridad</span>, un libro hermoso que leí en una tarde y que dejó un poso que, malditamente humano, he ido olvidando. Allan Wats, entonces, me diría, si no recuerdo mal, me contaría una paradoja muy hermosa sobre algo que está hinchado o que parece hinchado y luego según la percepción, según la intuición... eso sería otro mundo en el que no me encuentro hoy. Era la medida lo que quería ensayar. Estar muy tranquilo. Claro, me he reído porque jamás en la vida me he sentido tranquilo. Toda la vida decidiendo y tantas... ¿tantas qué?, ¿tantas qué? Aguanta las expresiones graves, aguanta las afirmaciones rotundas. Ya tendrás tiempo en la vejez, a lo mejor, de lanzar verdades como puños arrugados al mundo, verdades que ya no hacen daño porque vienen del lugar más cercano a la muerte, aunque siempre estemos junto a ella, todos, desde el polvo primigenio, pero verdades que no hacen daño porque se lanzan sin fuerza, esa es la maldición de los viejos, como cuando <b>Julia</b> estaba en la <span style="font-style:italic">Residencia de Ancianos Fermín Vaquero</span> y la trataban como si fuera una puta piltrafa humana y no se daban cuenta de que allí, entre ellos, se encontraba una de las mujeres más sabias del mundo pero estaba vieja y se podía mear encima; estaba vieja y claramente se le iba la cabeza; estaba vieja y no veía; estaba vieja y se iba a morir pronto; estaba vieja y exigía que no la acostaran antes de que el sol hiciera lo propio; estaba vieja y no merecían consideración ninguna de sus peticiones como cuando pidió, rogó, que por Dios, no le lavaran el pelo en la ducha y por la tarde lloraba desconsolada porque la habían obligado y ella intentaba justificar su horror a que le mojaran la cabeza a que cuando era niña, un día, casi se ahoga o eso creyó ella y desde entonces siempre se lavaba la cabeza echándola hacia atrás, en la peluquería, evitando que el agua le cayera en la cara. De esa medida hablo. Saber mirar de frente y medir y al medir saber y al saber actuar con sabiduría aunque ésta fuera insegura y decidir no lavarle la cabeza a una mujer anciana que sabe muy bien porque ruega lo que ruega. En su justa medida.
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
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 	<itunes:author>Fernando García-Loygorri Gazapo</itunes:author>
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   <title>Con mi voz</title>
   <pubDate>Thu, 08 Jan 2009 13:35:00 +0100</pubDate>
   <dc:language>es</dc:language>
   <dc:creator>Fernando García-Loygorri Gazapo</dc:creator>
   <dc:subject><![CDATA[Diario]]></dc:subject>
   <description>
   <![CDATA[
        <div>
      Una de las cincuenta cartas que le escribí a mi padre durante su enfermedad.
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
   ]]>
   </description>
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 	<itunes:author>Fernando García-Loygorri Gazapo</itunes:author>
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   <title>15 de Diciembre (Va acercándose)</title>
   <pubDate>Mon, 15 Dec 2008 20:18:00 +0100</pubDate>
   <dc:language>es</dc:language>
   <dc:creator>Fernando García-Loygorri Gazapo</dc:creator>
   <dc:subject><![CDATA[Diario]]></dc:subject>
   <description>
   <![CDATA[
        <div style="position:relative; float:left; padding-right: 1ex;">
      <img src="http://www.fernandoloygorri.com/photo/1146994-1475134.jpg" alt="15 de Diciembre (Va acercándose)" title="15 de Diciembre (Va acercándose)" />
     </div>
     <div>
      Así como si nada va acercándose. En el ambiente surge. Como una llamada. Ya no sólo el natural negocio. También la llamada de lo antiguo (me ha entrado de repente un afán de escribir algo salvaje, algo con muchos tacos y así. Ya no es tiempo me digo luego. Cálmate. También así, me digo. Luego releo y ya estoy pensando en una imagen. Luego la olvido. Luego vuelvo al discurrir primero. Sigo con el plan trazado) y una suerte de retroalimentación emocional que da con muchos en los huesos de la melancolía ¡Qué discreta la definición de María Moliner de la melancolía! y en muchos en la tristeza. Es verdad que luego pasa. Que muchos respiran. Que se alejan los seres queridos de nuevo. Que se ponen en primer plano los problemas cotidianos después de esa suspensión quizá necesaria. No me atrevo a decir que no es necesaria de forma absoluta. Oyes conversaciones y tan sólo los niños la ven acercarse con una dignidad patricia, llenos de entusiasmo, dispuestos a todo alborozo. Escuchas los comentarios y en el fondo intuyo que nunca el negocio superará a la emoción, por supuesto que el negocio se acerca a ella y saca su tajada pero ella es mucho más que la tajada. Es una auténtica solemnidad. Aunque la huyas esa huida se vuelve solemne. Si la acatas con distancia, la distancia se acorta sin poder evitarlo. Si entras en ella te abarca entero. Antiguos. Antiguos. Somos los últimos antiguos. Cuando el mundo esté compuesto de cyborgs quizás entonces no sea necesaria. O más allá. 
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
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   </description>
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 	<itunes:author>Fernando García-Loygorri Gazapo</itunes:author>
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   <title>29 de Noviembre de 2008</title>
   <pubDate>Sat, 29 Nov 2008 11:20:00 +0100</pubDate>
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   <dc:creator>Fernando García-Loygorri Gazapo</dc:creator>
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      Querida Julia:       <br />
       El día está nublado. Anoche llovió y hacía frío. Sabes cuánto te echo de menos. A veces, pocas, escucho tu voz. A veces, pocas, miro las imágenes tuyas. Todos los días te recuerdo. Todos los días. Hace poco César me envió una canción que se llama Giulietta, muy hermosa. Como no creo en la segunda vida, ni creo en el alma, ni creo en la trascendencia, no puedo pensarte viva. Sí confío -porque no es creer, es confiar- en las energías que permanecen en el mundo aún después de que el cuerpo haya desaparecido. He llegado a pensar que eso que llamamos alma y que yo prefiero llamar lo inmaterial del ser no está dentro sino alrededor del cuerpo y lo que aún no he llegado a saber es cuál es su alcance, qué perímetro tiene, hasta dónde llega. Yo sigo sintiendo tu alma. Sigues estando cerca de mí. Un beso y un abrazo.
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     <br style="clear:both;"/>
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