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  <title>Inventario</title>
  <description><![CDATA[Página de Fernando Loygorri]]></description>
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  <language>es</language>
  <dc:date>2012-02-08T16:20:30+01:00</dc:date>
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   <title>Frío</title>
   <pubDate>Tue, 07 Feb 2012 19:14:00 +0100</pubDate>
   <dc:language>es</dc:language>
   <dc:creator>Fernando García-Loygorri Gazapo</dc:creator>
   <dc:subject><![CDATA[Miscelánea]]></dc:subject>
   <description>
   <![CDATA[
        <div style="position:relative; text-align : center; padding-bottom: 1em;">
      <img src="http://www.fernandoloygorri.com/photo/art/default/3789727-5652992.jpg" alt="Frío" title="Frío" />
     </div>
     <div>
      Se cortó el cabello en el Monte Pelado. (Mussorgsky).       <br />
       Descalzó sus pies ante una congregación de Pieds-Noirs.        <br />
       Tintó sus manos de rojo.       <br />
       Desbastó todo un bosque.       <br />
       No mató a Eugenia con su hacha.       <br />
       Desenvolvió con cuidado el perfil de una cintura.       <br />
       Acudió entusiasmado a la decapitación de la Esfinge.       <br />
       No le hizo ascos a Medusa y supo mirarla de frente. (no así Perseo).       <br />
       Se encaramó a la Diosa de la Fertilidad y se hizo la vasectomía.       <br />
       Durmió como un bendito.       <br />
       Con guante de seda golpeó con mano férrea.       <br />
       Desanduvo absolutamente todo lo que había andado.       <br />
       Se desnudó frente a sí y se puso a dar saltos.       <br />
       Rompió el hielo y se hundió en el lago.       <br />
       Decidió decidir y no se hizo sabio.       <br />
       Masculló oraciones en latín medieval.       <br />
       Socorrió a unas monjas con una sopa castellana.       <br />
       Escurrió el bulto que resultó ser niña.       <br />
       Fue capaz de conciliar al rayo  y al trueno en una calma chicha.       <br />
       Mantuvo recta la espalda.       <br />
       Olisqueó el aire en busca de la lluvia.       <br />
       Se mareó hasta el vómito emulando a los derviches.       <br />
       Fue hasta un universo paralelo y se quedó tonto.       <br />
       Calló a los que le increpaban recurriendo al caramillo.       <br />
       Se santiguó dos veces con la mano nefanda.       <br />
       Le rió dios la broma y le regaló una espada.       <br />
       Volvió y surgió el renacimiento.       <br />
       Con la nieve a cuestas se encaramó en la cima y produjo el manantial puro.       <br />
       No dijo esta boca es mía cuando se la abrieron.       <br />
       Aprendió a hacer pis detrás de la rueca.       <br />
       Los cabellos albos le sugirieron lomas.       <br />
       Tomó el pincel y emuló la cadera.       <br />
       Tomó la cadera y jugueteó con ella.       <br />
       Despertó en enero y se supo a marzo.       <br />
       Quiso rendirse pero le faltó valor.       <br />
       Las lentejas no le parecieron cosa de viejas sino vestigios de un asunto milenario.       <br />
       Esbozó el plan para su eternidad.       <br />
       Se lanzó al abismo y aterrizó en el trono.       <br />
       Le casaron pronto y se disparó en la sién y aún tuvo tiempo para decir una palabra o mil doscientas cuatro.       <br />
       Regurgitó el oro.       <br />
       No quedó en él ni rastro de plomo.       <br />
       Cosa de la alquimia, se dijo.       <br />
       Volvió a por otra.
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
   ]]>
   </description>
   <photo:imgsrc>http://www.fernandoloygorri.com/photo/art/imagette/3789727-5652992.jpg</photo:imgsrc>
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   <title>El espejo</title>
   <pubDate>Sat, 04 Feb 2012 13:06:00 +0100</pubDate>
   <dc:language>es</dc:language>
   <dc:creator>Fernando García-Loygorri Gazapo</dc:creator>
   <dc:subject><![CDATA[Cuento]]></dc:subject>
   <description>
   <![CDATA[
   Capítulo 5. Ana     <div>
      Cuando llega la hora de ir, Ana se pone nerviosa. Los ojos de Ana a sus cincuenta años. Los brackets de Ana a sus cincuenta años. Su piel tan cuidada. Los liftings de Ana. Las medias de Ana siempre sorprendentes. Los abrigos de Ana. Los labios con botox de Ana. Los términos ingleses en el cuerpo de Ana.       <br />
       Cuando entra, Ana se coloca en la silla que se podría determinar como el centro de la habitación. Frente al espejo. Exquisitamente maquillada. Exquisitamente vestida. Exquisitamente peinada. Saca un cuaderno de marca y un bolígrafo de plata y esparce entre todos una sonrisa bien estudiada. Luego se coloca muy recta para que el sweater ceñido realce los implantes en el pecho de Ana. El perfume caro de Ana... su insondable verdad, sus anillos, sus complementos, sus collares de perlas salvajes, sus zarcillos de esmeraldas.       <br />
       <b>Ana:</b> Bueno, es que tampoco tengo nada especial que contar. Para mí la vida es una ensalada, ya sabéis: de vez en cuando te encuentras un trozo de algo que no sabes qué narices es. Yo soy feliz. He venido a aprender algunas cosas. Creo que el camino espiritual, la comprensión de una misma, es algo excitante. Quiero saber. Me muero por saber. Quiero decir que por ejemplo cuando me puse los brackets, le pregunté de todo al dentista antes de hacerlo, bueno al ortodoncista, que menuda palabrita. Tengo menos de cincuenta de años y aparento menos de cuarenta porque para mí el escaparate del espíritu está en el cuerpo. Los demás te tienen que ver con un cuerpo juvenil, con una tersura de la piel que muestre que por debajo todo está bien prieto, que hay donde agarrarse con la seguridad de que no se te va a escurrir entre las manos. Soy muy deportista. Soy muy intelectual. Soy decidida defensora de la autoayuda y creo que todo el poder reside en una misma. Por eso a mí, desde hace muchos años, nada ni nadie me hace daño. Estoy casada con un hombre encantador que se pasa el día viajando y al que apenas veo. Creo que esa particularidad hace que nos queramos más. Cuando estamos juntos lo apuramos al máximo, ya me entendéis ¿no? Él también es fuerte, apasionado, detallista y romántico. Tenemos dos hijos que están estudiando en Princeton y me comunico con ellos por Skype. Sé que están bien. Los están preparando bien. Su padre y yo les hemos dado siempre lo mejor. Son unos buenos chicos. Así es que en general, puedo decir que vivo sola y muy acompañada. Bueno sola del todo no. Tengo a mi perrro Niles que es un encanto y que me hace mucha compañía. Y luego me paso el día de compromiso en compromiso, que si el gimnasio, que si una presentación, que si un mercadillo, que si un cóctel, que si una partidita de cartas, que si el dentista, que si la esteticien. La verdad es que no me aburro. Por eso digo que si estoy aquí no es porque tenga un problema o me sienta desorientada -no quiero decir por supuesto que ese sea vuestro caso- sino por ese afán de aprender, de saber de todo, de tener en forma el alma. Para mí estas sesiones son como la cinta en el gimnasio: una buena gimnasia espiritual. Siento no poder contar ningún conflicto, ningún trauma porque realmente no los tengo, ni los he tenido nunca. Mi vida es casi perfecta y añado el casi por no parecer arrogante. Sus cosillas tiene. Pero pequeñas. Insignificantes. Y bueno como estamos aquí para eso ¿no? (Ana mira a la Profesora y la profesora mantiene su gesto quieto sin asentir ni disentir) pues aunque he tenido que pensármelo mucho, sí que algunas cosillas no funcionan como debieran y quizá la que más me preocupe sea si Dios existe. Desde hace un tiempo, todas las mañanas mientras desayuno y miro a mi criada trajinando en la casa, sobre todo cuando enchufa el aspirador, me viene ese pensamiento a la cabeza, ¿Existe Dios? Y ése es el mayor problema que tengo ahora mismo. Todo lo demás es perfecto. Me siento muy afortunada. Mucho.       <br />
       Y sonríe Ana y sus brackets brillan con las luces indirectas de la habitación y su mirada se pasea nerviosa entre nosotros como si esperara advertir reproche o duda o -quizá peor- cierto tipo de conmiseración. Se ha hecho el silencio. Se alarga. Ana enlaza sus manos. Mira a la profesora. Baja la vista. Se rasca con sus uñas largas y pintadas del color de las esmeraldas la parte superior izquierda de su labio, justo donde tiene un gracioso lunar. Todos escuchamos la lágrima al golpear contra su bolso de cuero. Todos vemos su sonrisa aniñada.        <br />
       <b>Ana:</b> Es que a mí esa duda que os digo que tengo, me entristece mucho, mucho, de verdad...       <br />
       Y durante un largo tiempo, muy largo, continuamos callados, escuchando la vida de los otros, hasta que la profesora habla.        <br />
       
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
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   <link>http://www.fernandoloygorri.com/El-espejo_a776.html</link>
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   <title>Ignorancia</title>
   <pubDate>Fri, 03 Feb 2012 11:08:00 +0100</pubDate>
   <dc:language>es</dc:language>
   <dc:creator>Fernando García-Loygorri Gazapo</dc:creator>
   <dc:subject><![CDATA[Miscelánea]]></dc:subject>
   <description>
   <![CDATA[
        <div>
      Ayer no supe. Me quedé mirándola. En sus ojos había un pesar grande. Podría haber recogido de un pasado remoto palabras de aliento. Ayer no supe hacer eso. Por primera vez tan sólo acompañé el dolor de esa persona. No alivio. No esperanza. Sólo compañía. Al principio mis pensamientos corrieron en pos de lo que he escrito más arriba. Quise hacer ver. Pronto supe que la oscuridad, en ocasiones, es una mecha a punto de encenderse.       <br />
              <br />
       Hace diez días me avergoncé de mi ignorancia. Eso creía. Hoy he descubierto que me avergonzaba de mi deshonestidad.       <br />
              <br />
       Estoy descubriendo que es mucho más difícil ser ignorante que ser sabio. Algún adagio decía que la sabiduría contiene crueldad. La ignorancia no puede permitirse ese lujo. La ignorancia está desnuda.       <br />
              <br />
       Ayer miré sus ojos. Sólo eso. Y tan sólo me atreví a afirmar que sólo sintiéndose libre de culpas, se puede ser capaz de no hacer sentirse culpable al otro. No sé muy bien por qué dije eso. Y ahí me callé. En el fondo de mí latía la necesidad de seguir hablando. La imagen sería la de una puerta que da paso a una biblioteca en donde se acumulan libros y libros y libros. Entonces pensé (aunque no sé si este pensamiento ha sido en el sueño de la noche) que ya va siendo de dejar de leer. Ya va siendo hora de dejar de aprender. Ya va siendo hora de callarse.       <br />
              <br />
       Ayer vislumbré el juego. Sé que sólo fue ayer.       <br />
              <br />
       El frío de febrero ¿por qué será?       <br />
              <br />
       Dejar de creer en saber.       <br />
              <br />
       Tampoco sé por qué escribo estas líneas. Me cuestan mucho. Es la sensación de estar perdiendo las palabras. O de no conocer su verdadero sentido. O, ¡ay! vislumbrar que quizás haya llegado el momento de dejar de escribir.       <br />
              <br />
       Porque escribir la ignorancia es imposible.
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
   ]]>
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   <link>http://www.fernandoloygorri.com/Ignorancia_a775.html</link>
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   <title>Sobre el Juez G. (una historia verdadera)</title>
   <pubDate>Tue, 31 Jan 2012 19:21:00 +0100</pubDate>
   <dc:language>es</dc:language>
   <dc:creator>Fernando García-Loygorri Gazapo</dc:creator>
   <dc:subject><![CDATA[Miscelánea]]></dc:subject>
   <description>
   <![CDATA[
        <div>
      En España se está juzgando al juez G. por perseguir a corruptos y por intentar que, en base a la ley de la Memoria Histórica, se pudieran exhumar los cadáveres de los rojos que yacen en las cunetas de media España tras la última guerra civil.       <br />
              <br />
       Yo quiero contar una historia que le pasó a mi amiga M. con el juez G.       <br />
       Mi amiga M. es una mujer excepcional; excepcional en muchos sentidos; desde joven era muy grande, muy gorda, muy mullida, muy afable. La conocí cuando trabajaba en un grupo teatral de los años 80. Ya entonces su carácter afable, su cuidado -quizás excesivo- de las personas, le hacían parecer un ser angelical con las hechuras de un humano. Porque M. es fea, o por decirlo de una manera menos insultante -porque no es ésta mi intención- las facciones de M. no eran, ni son, las comunmente aceptadas como bellas. Quizá Gaultier, le hubiera hecho un hueco entre sus modelos como se lo hizo a Rossy de Palma.        <br />
       Su vida fue dura, es dura y será dura por una decisión que no sé si llamarla consciente o inconsciente. A mediados de los 90 abandonó el artisteo y se fue a la selva del Amazonas para conocer a una bruja de una tribu cuyo nombre he olvidado para que la iniciara en los arcanos de su saber. M. debía recorrer todos los días un camino de más tres horas en plena selva hasta llegar al lugar donde vivía la bruja. Ésta, al final, aceptó tomarla como aprendiza  y la inició -para alcanzar el conocimiento- en la ingesta y control de la ayahuasca, una hierba alucinógena y cuyas propiedades te permiten navegar en el tiempo.       <br />
       A lo largo de seis años, M. pasó largas temporadas en la selva amazónica. Cuando volvía a España trabajaba de camarera o de limpiadora, de lo que fuera, para sacar un dinero que le permitiera volver a Brasil. Vivía en cuartuchos. Comía lo que podía. Malvivía en la Costa Brava.       <br />
       Al sexto año, la bruja de la selva le anunció que había terminado su aprendizaje y que ya podía, con la técnica de la ayahuasca que había aprendido, ayudar a otros seres a encontrar su camino, a reencontrarse consigo mismos, a aceptar su pasado para poder disfrutar del presente. M. con la ayuda de un indio de la tribu amazónica, comenzó su trabajo en España trayendo la ayahuasca directamente del Brasil.       <br />
       Y fue en uno de esos viajes cuando ambos, M. y el indio, fueron detenidos en el aeropuerto de Barajas y acusados de tráfico de drogas. El juez al que se le asignó el caso fue el juez G. M. fue llamada a declarar y durante tres horas fue interrogada por el juez.       <br />
              <br />
       Hay un axioma, o un principio, que dice que la ley no es la justicia. Yo corroboré este principio cuando una noche de verano, cenando con unos amigos en la sierra, uno de los cuales estudiaba las oposiciones a juez en la escuela de jueces, nos comentó que, entre las enseñanzas que se impartían, se recomendaba que en los juicios no se mirara al reo porque el juez no juzga personas sino hechos.       <br />
              <br />
       Tras la declaración de M., el juez G. la dejó en libertad sin cargos y también al indio. Porque su inocencia era tan palpable que, efectivamente según los hechos, habían cometido un delito contra la salud pública, pero hubiera sido del todo injusto condenarlos por un delito que ellos nunca habían querido cometer. Su intención era la contraria: sanar a las personas (estuvieran equivocados o no), ayudarlas, honestamente, a mejorar. Y aquí la palabra honestidad es esencial.       <br />
       La inocencia de su acción quedó de manifiesto cuando M., al levantarse le preguntó al juez G.: ¿Y dónde puedo recoger la ayahuasca? El juez G. sonrió y le dijo: A ésa no la puedo dejar libre. Y tú tampoco la puedes volver a traer.        <br />
              <br />
       Yo no conozco personalmente al juez G. y sí conozco personalmente a M. No sé si el juez G. es un mal juez pero lo que sí puedo afirmar es que es un buen hombre y creo que no debe ser mala cualidad la bonhomía para impartir justicia.
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
   ]]>
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   <link>http://www.fernandoloygorri.com/Sobre-el-Juez-G-una-historia-verdadera_a774.html</link>
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   <title>11</title>
   <pubDate>Sun, 29 Jan 2012 13:33:00 +0100</pubDate>
   <dc:language>es</dc:language>
   <dc:creator>Fernando García-Loygorri Gazapo</dc:creator>
   <dc:subject><![CDATA[Miscelánea]]></dc:subject>
   <description>
   <![CDATA[
        <div>
      Once fueron las palabras.       <br />
       Once cimitarras albas.       <br />
       Once cayeron muertas.       <br />
       Once campanadas daban.       <br />
       Once claveles en invierno.       <br />
       Once olas despeinadas.       <br />
       Once claros en el bosque.       <br />
       Once espaldas mojadas       <br />
       Once preces a los perdidos.       <br />
       Once asuntos sin hilo.       <br />
       Once carreteras siguieron.       <br />
       Once amores fraudulentos.       <br />
       Once cafeteras nuevas.       <br />
       Once salmos de amor y cosecha.       <br />
       Once saltos a la comba.       <br />
       Once rosarios de Córdoba.       <br />
       Once niños comulgaron.       <br />
       Once niñas sucumbieron al palo de rosa.       <br />
       Once palabras tontas.       <br />
       Once manos.       <br />
       Once onzas.       <br />
       Once líneas.       <br />
       Once días de febrero.       <br />
       Once ramitas de romero.       <br />
       Once sacudidas.       <br />
       Once esferas.       <br />
       Once ideas.       <br />
       Once lágrimas de cera.       <br />
       Once inciensos del Japón.       <br />
       Once robos.       <br />
       Once besos.       <br />
       Once faldas.       <br />
       Once puertas con aldabas.       <br />
       Once campos.       <br />
       Once puertos.       <br />
       Once curvas.       <br />
       Onde delgadeces anchas.       <br />
       Once anchuras alargadas.       <br />
       Once veces once.       <br />
       Once tipos de amalgamas.       <br />
       Once sábanas blancas.       <br />
       Once deseos al sol.       <br />
       Once vientres en las camas.       <br />
       Once canas en la barba.       <br />
       Once flores de un día.       <br />
       Once camisones.       <br />
       Once gorras.       <br />
       Once capotes.       <br />
       Once jofainas.       <br />
       Once cólicos nefríticos.       <br />
       Once calmas en la tarde.       <br />
       Once copas bocabajo.       <br />
       Once tiritonas largas.       <br />
       Once pruebas.       <br />
       Once purés.       <br />
       Once lisonjas.       <br />
       Once miradas que se fijan en la espalda de un muchacho.       <br />
       Once veces once.       <br />
       Once veces once.
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
   ]]>
   </description>
   <link>http://www.fernandoloygorri.com/11_a773.html</link>
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   <title>Asociación</title>
   <pubDate>Fri, 27 Jan 2012 19:40:00 +0100</pubDate>
   <dc:language>es</dc:language>
   <dc:creator>Fernando García-Loygorri Gazapo</dc:creator>
   <dc:subject><![CDATA[Invitados]]></dc:subject>
   <description>
   <![CDATA[
   De Violeta García-Loygorri Tinajas     <div style="position:relative; float:right; padding-left: 1ex;">
      <img src="http://www.fernandoloygorri.com/photo/art/default/3734211-5548463.jpg" alt="Asociación" title="Asociación" />
     </div>
     <div>
             <br />
              <br />
              <br />
              <br />
              <br />
              <br />
       Los números son personitas deprimidas       <br />
              <br />
              <br />
              <br />
       
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
   ]]>
   </description>
   <photo:imgsrc>http://www.fernandoloygorri.com/photo/art/imagette/3734211-5548463.jpg</photo:imgsrc>
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   <title>¿Cuánto dura el mañana?</title>
   <pubDate>Fri, 27 Jan 2012 17:58:00 +0100</pubDate>
   <dc:language>es</dc:language>
   <dc:creator>Fernando García-Loygorri Gazapo</dc:creator>
   <dc:subject><![CDATA[Miscelánea]]></dc:subject>
   <description>
   <![CDATA[
        <div style="position:relative; text-align : center; padding-bottom: 1em;">
      <img src="http://www.fernandoloygorri.com/photo/art/default/3733879-5547835.jpg" alt="¿Cuánto dura el mañana?" title="¿Cuánto dura el mañana?" />
     </div>
     <div>
      ¿Sobre qué esquema de tiempo responderás a esta pregunta?       <br />
       ¿Cuánto dura el amor que se ha tenido y se ha perdido?       <br />
       Y la actitud ¿Cuánto dura?       <br />
              <br />
       La selva se volvió ordenada cuando la razón la convirtió en jardín.       <br />
              <br />
       Las piernas que se enredan.       <br />
              <br />
       La boca que saliva.       <br />
              <br />
       La nieve picotea las agujas de los pinos.        <br />
       Todo el paisaje ha cambiado.        <br />
       La estela última se va desdibujando hasta convertirse en tierra de camino.       <br />
              <br />
       Vuelva a ti.       <br />
              <br />
       Eras de miel de eucalipto, con ese fondo a alcohol que deja en la garganta.       <br />
       Eras la duración del mañana.       <br />
       Porque el mañana es infinito.       <br />
              <br />
       ¿Cómo se describe de frente y de perfil simultáneamente?        <br />
       La pintura puede convertirse en atemporal. En la literatura sólo se pueden conseguir sincronicidades.       <br />
              <br />
       Vuelve pura, como el agua de la montaña que atravesasteis cuando erais niños y no sabíais que hay recuerdos que permanecen siempre.       <br />
       ¿Cuánto dura siempre?       <br />
       ¿Cuánto dura la caricia en tu cabello?       <br />
       ¿Cuánto dura la elevación de este silencio? ¿Hasta dónde se eleva? ¿Cuándo se calma?       <br />
              <br />
       Mérito tuyo será haberle besado.       <br />
       Y mérito tuyo será abandonarle ahora.        <br />
              <br />
       La luna se escapó una noche de las fauces del día.        <br />
       La luna se forjó en rojo cuando tú le despedías.       <br />
              <br />
       El tiempo no es más que una encadenación arbitraria de momentos.       <br />
       No preguntes entonces. Déjale ir. Deja que no vuelva la vista. No obligues a tu pensamiento a que esboce un deseo. Déjale marchar como ya hiciste en otras ocasiones.        <br />
              <br />
       La vida pasa y vuelve y se desintegra.        <br />
       Dejarle marchar es hacerle libre.       <br />
              <br />
       Sabes que la pregunta no ha sido respondida y aún así sientes la satisfacción de la tarea cumplida.       <br />
              <br />
       Le pedirás un romance.       <br />
       Y luego una silva.       <br />
       Y más tarde un soneto.       <br />
       Y al final, como una broma, le sugerirás una quintilla.       <br />
              <br />
       Hasta el mañana.       <br />
       
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
   ]]>
   </description>
   <photo:imgsrc>http://www.fernandoloygorri.com/photo/art/imagette/3733879-5547835.jpg</photo:imgsrc>
   <link>http://www.fernandoloygorri.com/Cuanto-dura-el-manana_a771.html</link>
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   <title>¿Filósofo moral y/o entrenador de fútbol?</title>
   <pubDate>Sun, 22 Jan 2012 18:04:00 +0100</pubDate>
   <dc:language>es</dc:language>
   <dc:creator>Fernando García-Loygorri Gazapo</dc:creator>
   <dc:subject><![CDATA[Invitados]]></dc:subject>
   <description>
   <![CDATA[
   Las reflexiones de Marcelo Bielsa, entrenador del Atletic Club de Bilbao.  
 Recogidas por Diego Torres en el periódico El País.     <div>
      - Amor y perdón. &quot;Hay algunas cosas que me sirvieron. La religión, especialmente la católica, tiene cuatro ejes antagónicos. Culpa y castigo; amor y perdón. El castigo está más en la superficie que el perdón y la culpa está más en la superficie que el amor. Con el tiempo me fui dando cuenta de que perdonar y querer al futbolista lo mejora&quot;.       <br />
       - Coincidencia. &quot;Las palabras respeto y afecto, aquí, funcionan como sinónimos. Viví cuatro años en Chile. A los chilenos les va bien como país. Y les va bien por algo que los argentinos, que somos confrontativos, describiríamos como hipocresía y falsedad, que es ponerse de acuerdo, que es soslayar las diferencias con el otro. Para ir en un mismo sentido hay que tener un margen mínimo de coincidencia&quot;.       <br />
       - Quiero que me quieras. &quot;Como todo ser humano, lo que dice el futbolista es: 'Quiéreme de verdad. No solamente para que gane. Yo quiero que me quieras para poder ganar, no quiero que me quieras porque gané'. A todos nos taladra ese que cuando vas a la cancha te dice: 'Hay que ganar'. Y te genera un fenómeno interior de tener que responder a las expectativas de todos. Dices: '¡Puta!, ¿cómo voy a tener que ganar?&quot;.       <br />
       - Desarrollo. &quot;Los países desarrollados se caracterizan porque comparten la pobreza. Los equipos de fútbol desarrollados son los que reparten el trabajo sucio&quot;.       <br />
       - Resiliencia. &quot;La resiliencia es la principal virtud de un jugador. Es la virtud que tiene un cuerpo de recuperar la forma original después de haber sido deformado. Los grandes jugadores superan inmediatamente el dolor de la derrota o cualquier dolor que le produzca el juego&quot;.       <br />
       - Uniformidad. &quot;Los que tenemos que gobernar colectivos queremos que todos los jugadores sean iguales. Estamos en contra de los diferentes. Pero hay partidos de 0-0 en los que en el minuto 90 les pides a los jugadores: 'Inventen algo'. Y te miran diciendo: '¿Toda la semana uniformados y en el minuto 90 de un 0-0 inamovible hay que ser diferentes?'. Ahí empiezas a entender lo imprescindible del diferente. No basta con tolerar al distinto. Es indispensable respetarlo... Y lo digo yo, que los tolero, no los respeto. ¡Pero sé que debo respetarlos! ¿Con qué condición hay que incluir al distinto? Que no arrastre a otros&quot;.       <br />
       - Reglamento. &quot;Interpreto el reglamento como un arma que asiste al juego para que haya armonía y para que la dedicación esté puesta en tratar de superar al rival. El juego fue creado para superar al rival de acuerdo con la belleza de los elementos que tiene el juego y no para observar el reglamento buscando perfiles que nos permitan superar al rival, pero no con la legitimidad de la esencia del juego. La esencia del juego es el gesto al servicio de la belleza&quot;.       <br />
       - Pase y 'gambeta'. &quot;Eliminar al rival a través del pase es el sustituto a la gambeta. Cuando uno no puede gambetear porque no tiene talento, gambetea a través del juego asociado. No es tocar y picar. No es sucesión de vértigos. Hay una estación intermedia&quot;.       <br />
       - Regreso. &quot;La falta de regreso al ser eliminado en una gambeta es una cosa que el futbolista no tiene incorporado. Hay que desarrollársela. Nosotros estamos acostumbrados a pedir ayuda, pero estamos menos acostumbrados a darla después de recibirla&quot;.       <br />
       - Emotividad. &quot;Siempre les digo a los jugadores que hay que estar 'cerca y dispuesto'. El fútbol es fundamentalmente un hecho activado por la emotividad. Todo esto se logra entrenándolo, pero no es necesario entrenarlo si los jugadores están entusiasmados. Estas cosas se hacen para cuando los futbolistas no tienen ganas&quot;.       <br />
       - Pared. &quot;La pared es una forma de eliminar rivales que necesita la complicidad del que defiende: el defensa es cómplice porque originalmente está más cerca del lugar al que va la pelota que el destinatario de la devolución&quot;.       <br />
       - Pase. &quot;La forma de comunicación a través del pase tiene 36 formas posibles&quot;.       <br />
       - Desmarque. &quot;¿Cómo se aprende a enseñar a desmarcar? Viendo a los que se desmarcan bien muchas veces y sacando la matriz, el eje, la huella que identifica el movimiento. Por ejemplo, el desmarque Orellana. Le pusimos así porque lo aprendimos de él. Orellana es frágil y la pide antes y la recibe después. Porque, si la recibe antes, como tiene poco peso, sufrirá más la patada. Es la naturaleza la que enseña. La cultura de los que tienen es distinta de la cultura de los que no tienen&quot;.       <br />
       - Programa. &quot;Los futbolistas, en la actualidad, no están formados con la estructura de un programa y esta cuestión va en contra del desarrollo del talento. La formación silvestre, natural, es la mejor de todas. No tiene normas y los jóvenes la ejecutan espontáneamente. Pero eso ha dejado de ser posible porque para que la formación natural se concrete hay que disponer de cinco horas diarias libres durante un periodo de cuatro a seis años. Hay continentes que siguen dando futbolistas porque se produce lo que hace falta: lugar, tiempo y amor por el juego&quot;.       <br />
       
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
   ]]>
   </description>
   <link>http://www.fernandoloygorri.com/Filosofo-moral-y-o-entrenador-de-futbol_a770.html</link>
  </item>

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   <title>La doctrina del shock</title>
   <pubDate>Sun, 15 Jan 2012 12:57:00 +0100</pubDate>
   <dc:language>es</dc:language>
   <dc:creator>Fernando García-Loygorri Gazapo</dc:creator>
   <dc:subject><![CDATA[Ensayo]]></dc:subject>
   <description>
   <![CDATA[
   Título tomado de la película documental de Michel Winterbottom     <div>
      <b>Shock</b>: no viene en nuestro querido diccionario de autoridades.       <br />
       Si viene en el diccionario de <b>Manuel Seco</b> (por ejemplo) y define así este término: Choque (conmoción grave y especialmente repentina de carácter físico o psíquico).       <br />
              <br />
       Shock es la clara dominación de la mente que hombres expertos ponen en las manos de quienes nos gobiernan (gobernar en el sentido de dirigir como se gobierna una nave). El famoso manual de torturas de la CIA, el <span style="font-style:italic">manual Kubark</span>, magnífico manual para destruir las pasiones, los anhelos y la fisicidad de las emociones.       <br />
              <br />
       Durante algunas conversaciones, a lo largo de muchos años, discutía esta evidencia (la de que somos manipulados, dirigidos, sometidos a experimentos en masa) y se me tachaba (como si fuera un insulto) de conspiracionista.        <br />
              <br />
       No como victoria, sino como evidencia, recomiendo este documental de <b>Michel Winterbottom</b>. Ya los años no me hacen airosamente salir insultando, cagándome en la puta madre de <b>Milton Friedman</b> o en personajes tan indiscutiblemente anti-democráticos como <b>Margareth Tatcher</b>. Ni siento el terrible desánimo al ver cómo un maestro del mal como <b>Augusto Pinochet </b>pasa su dedo pulgar por el carrillo de una cría de no más de cinco años.       <br />
              <br />
       Tenemos que ser muy conscientes para nuestra vida diaria de que la doctrina del shock tiene tres parámetros fundamentales donde aplicar su acción: en el hombre como individuo, en la sociedad como colectividad y en el alimento de un enemigo monstruoso exterior.       <br />
              <br />
       <b>Franklin Delano Roosvelt</b>, el presidente que apoyó las teorías de <b>Keynes</b> para salir de la <span style="font-style:italic">Depresión del 29</span>, recibía a todo tipo de personas para que le dieran soluciones -sindicalistas, economistas, empresarios, obreros- y a todos los que venían con ideas revolucionarias o sorprendentes, difíciles de aplicar por un gobierno así por las buenas, les decía: &quot;<span style="font-style:italic">Muy bien. Ahora salid ahí fuera y obligadme a hacerlo</span>&quot;. Eran otros tiempos. Los últimos setenta años han sido devastadores para la libertad de los hombres. En aquella época en los Estados Unidos se hicieron más de 4.000 huelgas en un sólo año -creo que en 1938-, en 2011, año terrible en los Estados Unidos, se hicieron la escalofriante cifra de 21 huelgas.       <br />
              <br />
       No son conspiraciones, son evidencias.       <br />
              <br />
       
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
   ]]>
   </description>
   <link>http://www.fernandoloygorri.com/La-doctrina-del-shock_a769.html</link>
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   <title>Rencor</title>
   <pubDate>Thu, 12 Jan 2012 18:06:00 +0100</pubDate>
   <dc:language>es</dc:language>
   <dc:creator>Fernando García-Loygorri Gazapo</dc:creator>
   <dc:subject><![CDATA[Miscelánea]]></dc:subject>
   <description>
   <![CDATA[
        <div>
      <b>Rencor</b>: s.m. Enemistad antigua, ira envejecida.       <br />
       ¿Cuánto rencor he escrito con la pluma?       <br />
       ¿Cuánto rencor ha crecido en el callo que tengo en el dedo corazón sobre el que a lo largo de años y años de escritura se ha apoyado la pluma?       <br />
       De lo viejo viene. De lo que se ha ido sedimentando.       <br />
       &quot;Esta es la historia de una enemistad antigua, de una ira vieja...&quot; ¡Qué gran principio para una narración vulgar!       <br />
       ¡Cuánto duele el rencor!       <br />
       ¡Qué difícil extirparlo!       <br />
       ¡Cuánto miedo alimenta el rencor! ¡Qué olores a muerte cuando se destapa!       <br />
              <br />
       <b>Ira</b>: s.f. Afecto impetuoso y pasión ardiente del alma que incita al deseo de venganza o apetito de ella. Es uno de los siete pecados capitales, y voz puramente latina. <span style="font-style:italic">Navarr. Man, cap. 23 num. 114 Ira propiamente dicha es ... una pasión del alma, assentada en la potencia que llaman irascible. Solís, Hist. de Nueve Esp, lib. 4 cap. 14. Ímpetus de la ira, moderaciones del miedo, y repugnancias de la soberbia</span>.       <br />
              <br />
       <b>Ira</b>: Se toma también por el movimiento o impulso de la ira, que inclina o lleva a hacer mal o a vengarse.       <br />
              <br />
       <b>Ira</b>: Se toma assimismo por indignación o grave enojo, a veces justo.       <br />
              <br />
       Afecto impetuoso, pasión ardiente del alma. El alma no puede albergar estas pasiones. Es el cuerpo de ese alma el que transforma en rencor el dolor no sanado. La ira es una emoción y la emoción es la manifestación física de un sentimiento unido a un pensamiento.       <br />
              <br />
       ¿Cómo se resuelve un afecto impetuoso envejecido? ¿Sería la imagen de un viejo con el bastón en alto amenazando al joven que corre y huye entre risas?       <br />
       ¿Cómo imaginamos una pasión ardiente envejecida? ¿Sería la imagen de un viejo borracho en un burdel de arrabal que es incapaz de empalmarse ante la prostituta que le enseña el sexo?       <br />
       El rencor sería entonces un viejo con el bastón alzado e incapaz de empalmarse.       <br />
       El rencor sería entonces impotencia para vengarse.       <br />
       En rencor sería entonces puro veneno, muerte lenta, insatisfacción perpetua.       <br />
       El rencor sería futuro, siempre futuro. Futuro viejo. Futuro de ayer. Continuo futuro de ayer.       <br />
              <br />
       ¿Cuánto rencor fluye por mis venas?       <br />
       Mi sangre emponzoñada.       <br />
       Mis uñas que son garras.       <br />
       Las lamentaciones.       <br />
       Las lamentaciones que se elaboraran en bellos cantos de caballeros y damas.       <br />
              <br />
       Huye de mí enemistad antigua. Fuera ira envejecida. Porque los cielos se abrirán un día y podré mirarlos sin que el sol me lo impida. Porque sin el esfuerzo del recuerdo nada me cegará; sin alzar mis lamentaciones a Dios nada me ensordecerá; sin sentir cómo la aguja verde clavada en mi corazón -mi corazón negro como la pez- sigue hurgando, hundiéndose en mí, sin ser yo, rencor día a día alimentado, consciente de ello, nada me atenazará. Y podré, ¡Oh, Potencia que quieres ayudarme a desnudar la sombra de su condición de algo!, sonreír al cielo abierto, hasta el cielo de mi boca y miraré, limpio de heridas envejecidas, dejándolas morir, ese cielo azul y ese abismo verde y esos campos amarillos y esas estrellas blancas y esos cabellos negros; y podré escuchar esas melodías lentas, el rugir de las cataratas, el beso, podré oír el beso, la materia de los velos, las palabras del amigo y la lejanía del enemigo; y podré tocar la madera de los bancos y la piel de la amada y el brazo del amigo y la suavidad de la espalda y el agradecimiento del agua. ¡Cuánto siento haberte tenido por compañero! Haberme dejado guiar por tus consejas de vieja, haber levantado mi espada contra el fantasma, a sabiendas tú, de que un fantasma no puede ser herido por metal ninguno; no sabes cuán ciego he estado alumbrado como estaba por tu hacho; no sabes cuánto tendré que purgar. O sí lo sabes y entonces eres justamente eso un viejo impotente cuya venganza ha consistido en anular mi fuerza a base de necesidades de venganzas. Porque la fuerza reside en mí. Soy de la estirpe de los Hombres y tú eres de la estirpe de la Sombra. Como Hombre nunca es tarde. Como Sombra tarde es siempre. Como Hombre me enfrento a ti, desde hoy, sin armas de metal, ni maneras de viejo. Soy el Joven que corre delante de ti, riendo aunque me duela tanto el corazón que apenas me queda resuello para dar un paso que me aleje de ti; soy la joven prostituta que te enseña el sexo, fresco como manantial, jardín umbrío, donde reposar en el soto sagrado de la fatiga del diario vivir. Soy el escritor que comenzó escribiendo: &quot;Esta es la historia de una enemistad antigua, de una ira vieja...&quot; y terminó su historia con las siguientes palabras: &quot;...ya no recordaba, soltó la espada y quitándose la armadura se encaminó desnudo hacia la mañana&quot;.
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
   ]]>
   </description>
   <link>http://www.fernandoloygorri.com/Rencor_a768.html</link>
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   <title>Hoy</title>
   <pubDate>Mon, 09 Jan 2012 23:28:00 +0100</pubDate>
   <dc:language>es</dc:language>
   <dc:creator>Fernando García-Loygorri Gazapo</dc:creator>
   <dc:subject><![CDATA[Miscelánea]]></dc:subject>
   <description>
   <![CDATA[
        <div>
      Al despertar no había sonado el despertador.       <br />
       De nuevo el sol.       <br />
       Y una espera infructuosa.       <br />
       Ha transcurrido la mañana entre historias y preparaciones.       <br />
       Espero la lluvia y no llega.       <br />
       No me gustan los años secos. Mi signo de agua será cierto.       <br />
       Como mal y rápido.       <br />
       Me preparo para la clase que he de dar.       <br />
       No va ser fácil. Lo sé. Y sin embargo la decisión es correcta.       <br />
       Conduzco despacio. Me gusta desde hace ya tiempo ir despacio.       <br />
       Llego.       <br />
       El viejo edificio del Mercado Puerta de Toledo que ahora se ha quedado vacío. Es extraño caminar por un edificio comercial sin un solo comercio abierto.       <br />
       Cuando voy en el ascensor pienso que se puede detener. Que apenas hay nadie.       <br />
       Son tres horas de clase. Intensas. Duras. De una gran concentración.       <br />
       Sé que debo mantenerme así.       <br />
       Termina.       <br />
       Vuelvo a mi casa.       <br />
       Voy a un bar.       <br />
       Recibo una llamada. La contesto. Me ofrecen un trabajo de guión. No puedo aceptarlo. Agradezco a Rosa que se haya acordado de mí.       <br />
       Llego a casa.       <br />
       Siento un cansancio absoluto. Sé que en la clase me he empeñado.       <br />
       El cansancio mental.       <br />
       Enciendo el ordenador.       <br />
       Miro. Leo. Escucho.       <br />
       No quiero irme muy temprano a la cama. Me da tristeza.       <br />
       Se me cierran los ojos sentado en la silla.       <br />
       Me gusta teclear estas teclas. Cómo suenan.       <br />
       Los dedos.       <br />
       Los pensamientos.       <br />
       Voy urdiendo la quinta entrega de El espejo. Mañana quizá.       <br />
       Mañana es martes.       <br />
       Hoy no ha sido un día largo. Más bien ha ido pasando como una estación.       <br />
       El tren.       <br />
       La carretera.       <br />
       Los conductores.       <br />
       El peligro.       <br />
       Las opiniones de las personas. Los problemas que se airean día tras día. Seres con anteojeras. Pienso. Luego no lo pienso.       <br />
       Síntesis también. Llevar pensamientos de una disciplina a otra. Funciona.       <br />
       Transmitir el entusiasmo es muy difícil. Transmitir el amor casi imposible.       <br />
       Llevo mi piedra de ojo de halcón colgada del cuello. No pesa. No es pequeña.       <br />
       Han pasado los años.       <br />
       Los años.       <br />
       Y al mismo tiempo ocurre la vida.       <br />
       Leo textos de Física Cuántica. No sé cuánto entiendo. Y eso me agrada. No saber. Leo fórmula a fórmula e intuyo la sintaxis de esa formulación matemática (como si leyera quechua). Los métodos de aproximación humanos.       <br />
       Ahora me tumbaré. Cogeré el libro de noche, el que me entra en el sueño. Apagaré la luz. Me iré quedando dormido. Llegará mañana.       <br />
       El mundo vuelve a su orden tras el desorden navideño. Son unas fiestas tan en sus fechas que ver hoy unas luces de navidad aún encendidas se torna anacrónico.       <br />
       Quiero que llueva.       <br />
       Respiro.       <br />
       Me duele un poco la cabeza.       <br />
       Hasta mañana.
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
   ]]>
   </description>
   <link>http://www.fernandoloygorri.com/Hoy_a767.html</link>
  </item>

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   <title>La felicidad</title>
   <pubDate>Sun, 08 Jan 2012 23:28:00 +0100</pubDate>
   <dc:language>es</dc:language>
   <dc:creator>Fernando García-Loygorri Gazapo</dc:creator>
   <dc:subject><![CDATA[Miscelánea]]></dc:subject>
   <description>
   <![CDATA[
        <div>
      Al llegar ayer a casa, traía un regalo.       <br />
       Hoy he descubierto que la felicidad está en lo que es. No en lo que aparenta ser. Es decir la felicidad está en la verdad.       <br />
       Ayer hice varios viajes.       <br />
       Hoy sólo he hecho uno.       <br />
       La luz de este invierno está siendo de una luminosidad extraña. Cuando atravieso el puerto, la luz y el olor son la felicidad.       <br />
       No he querido descontrolar este estado de confort.       <br />
       Volver a descubrir es la felicidad tanto como descubrir por vez primera.       <br />
       La felicidad es estar en el proceso sin juzgarlo, sin valorarlo.       <br />
       Con casi absoluta seguridad olvidaré lo que hoy he descubierto.       <br />
       Con casi absoluta seguridad lo redescubriré.       <br />
       El bar. Viejos amigos. Conducir despacio. Apagar las luces. Respirar hondo. Teclear. Trabajar. Consciente. Poco a poco. Escuchar música. Detenerme. Hacer la cena: unos penne con atún y calamares en su tinta. Hacer un cigarrillo. Beber un vino joven de la Ribera del Duero. Charlar con César, Raúl y Marina. Volver a trabajar. Con el horizonte puesto en los diez segundos siguientes. Porque todo lo demás, realmente, no existe.       <br />
       Salir.       <br />
       Salir de uno mismo.       <br />
       También lo olvidaré.       <br />
       Pero como dice un verso hermoso de Luis Cernuda (que quizá ya haya escrito más de una vez en este blog): <span style="font-style:italic">Olvido de ti sí, mas no ignorancia tuya</span>
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
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   <link>http://www.fernandoloygorri.com/La-felicidad_a766.html</link>
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   <title>Babirusa</title>
   <pubDate>Thu, 05 Jan 2012 22:54:00 +0100</pubDate>
   <dc:language>es</dc:language>
   <dc:creator>Fernando García-Loygorri Gazapo</dc:creator>
   <dc:subject><![CDATA[Miscelánea]]></dc:subject>
   <description>
   <![CDATA[
        <div>
      Jura que ha visto la baceta adelgazando sola, sin jugador que la toque y que el bachiller, sin abrigo, corrió desnudado por el patio de la escuela.       <br />
       Jura que le dijeron: Se conserva ahora en los seminarios para las facultades de teología y derecho canónico y que tras esta frase, llena de profesión de fe y de nostalgia, se le invitó a una bacanal de la que no queda recuerdo en anal ninguno.       <br />
       Jura que el bacín estaba vacío.       <br />
       Jura que él no rompió el baca de la cadena y que el babuino con su cráneo cinocéfalo, le hizo burla cuando cayó de bruces.       <br />
       No lo volveré a hacer, afirma.       <br />
       No era mi intención, advierte.       <br />
       Llevadme preso si es la ley pero sabed que no será la justicia, clama.       <br />
       Inventaré un cesare si queréis.       <br />
       O como un cerrero vagaré por el monte a solas con mis soledades que es la soledad más sola. Me cubriré con una simple cerrada y desbraguetado dejaré mis genitales al aire para que se vea que nada es lo que parece.       <br />
       Me siento en un desbazadero, donde todo se pudre y deja en el aire el aroma de las rosas muertas. Entendedme. Entendedme.       <br />
       Condenadme a desbinzar, dice.       <br />
       Seré cruciferario si así os place pero no me crucifiquéis. Dejadme vivo.       <br />
       Jura que tuvo un cronoscopio y que supo jugar al croquet.       <br />
       Jura que la croqueta viene del francés croquette, derivado de croquer que significa comer una cosa quebradiza... comer lo quebradizo.       <br />
       Dice que se alegraría si no tuviera que causar, dar, derrochar, destruir, ensombrecer, estallar, experimentar, haber, no caber en el pecho, producir, quitar, derrochar, celebrar, congratularse, reinar, retozar, sentir, tener, turbarse, si no tuviera que turbarse dice que se alegraría.       <br />
       Reconoce que es un cínico y que como tal tiene algo de cínife e inverecundo.       <br />
       Y cuando le preguntan por qué babirusa, responde ¿Y por qué no cipayo?       <br />
       Y cuando se lo preguntan de nuevo, responde ¿Qué tiene de malo el ciervo?       <br />
       Y tras preguntárselo por tercera vez, grita, ¡A mí el congruismo! Y echa las rodillas a tierra y farfulla una oración latina que alguno traduce y descubre el engaño pues lo que reza, dicho al modo español, es: aceituna celdrana, aceituna doñaguil, aceituna gordal, aceituna judiega, aceituna manzanilla, aceituna picudilla, aceituna de la reina, aceituna tetuda, aceituna verdal, aceituna zapatera, aceituna zorzaleña y repite una y otra vez, como cuentas de un rosario agrario, la letanía.       <br />
       El alto tribunal, oídas todas sus tribulaciones, harto de sus enredos y manipulaciones, con ganas de cenar (todo ha de ser consignado), declara culpable al reo y se le condena a amarillecer hasta que se confunda con el sol.       <br />
       Han dicho.       <br />
       ¡Pom, pom, pom!       <br />
       
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
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   <link>http://www.fernandoloygorri.com/Babirusa_a765.html</link>
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   <title>El espejo</title>
   <pubDate>Tue, 03 Jan 2012 21:37:00 +0100</pubDate>
   <dc:language>es</dc:language>
   <dc:creator>Fernando García-Loygorri Gazapo</dc:creator>
   <dc:subject><![CDATA[Cuento]]></dc:subject>
   <description>
   <![CDATA[
   Capítulo 4. Nuria     <div>
      Nuria sabía que iba a morir pronto y aún así cada vez que entraba en el cuarto se miraba en el espejo y se arreglaba -aunque no hiciera falta- el pañuelo que cubría la calva de su cabeza. La leucemia avanzaba rápida. Había días en los que Nuria llegaba con una vitalidad insultante. Había días en los que Nuria no hablaba y mantenía la mirada en el suelo mientras sus manos, blancas y huesudas, se retorcían sobre sí mismas como si no pudieran desenredar el nudo gordiano de su vida y de su muerte. Había días en los que Nuria parecía que iba a morirse allí, delante de todos los pacientes, en plena sesión terapéutica. Había días en los que Nuria era bellísima, con esa belleza de los tísicos, con esa belleza de los enfermos. A menudo Enrique le decía que era igualita a Clauwdia, la enferma rusa de La Montaña Mágica. Enrique se repetía. Era un hombre que tras haber descubierto cierto ingenio en una frase, se agarraba a ella como si así, de alguna forma, el veneno de la teta de su madre fuera contrarrestado con la gracia madura, antídoto milagroso, de una frase que él creía afortunada. Nuria le solía responder que ella no leía y él aseguraba que la lectura aliviaría mucho su dolor. Entonces Nuria callaba para no dejarse ir por la ira o por la tristeza o por la desesperación o por la sorna porque todas estas reacciones -según el día- podía tener ella. A veces pensaba que Enrique se sentiría muy dichoso si pudiera acostarse con ella; sería algo así como una obra de caridad, podría contárselo a sus nietos: hace muchos años, niños, alivié la agonía de una mujer haciéndole el amor. Yo le decía, eres igualita a Clauwdia, etcétera.       <br />
       Nuria era hermosa. Su extremada delgadez no impedía que sus ojos verdes fueran bosques que miran o sus pómulos fueran salientes de un acantilado que se enfrenta al mar con toda su dureza; su boca pálida, de labios gruesos, se abría en ocasiones en una sonrisa que parecía deslumbrar al propio espejo y tenía su voz la sonoridad grave y bien timbrada de una cantante que dejó hace años el cabaret; su cuerpo debió de ser, antes de consumirse, estilizado y voluptuoso; ahora la enfermedad la había ido deshilachando y había dejado como mojones de aquella belleza unos senos de limón y unas caderas antiguas. Vestía con la dulzura de la auténticas hippies y solía llevar en el escote o sobre su pecho izquierdo un broche de una libélula (la libélula vaga de la vaga ilusión...).       <br />
       Nuria: La fatiga es agotadora. Y las náuseas. Hay madrugadas en que me despierto o me despierta el niño y tan sólo porque pienso que hoy es uno de los últimos días en que me podré levantar... los últimos días... intento no pensar en ello. Intento no pensarlo así. Otras veces la fatiga me lleva a mi propio velatorio. Me veo vestida con el vestido rojo, tumbada en el féretro, tras la ventana de la sala mortuoria del tanatorio de la M-30. Adolfo está con nuestro hijo en brazos. Ambos me miran. Yo quiero abrir los ojos pero una fuerza suave y amable me lo impide. Una voz me dice: no, no los abras; los asustarías. No quiero morir. Quiero aprender a morir. Por eso estoy aquí. Aprender a morir a los treinta y dos años, con un niño de tres y un marido al que encuentro encantador. No sé decirlo de otra forma. Noto en su mirada la tristeza. Siento el esfuerzo que hace por no llorar cuando me abraza por las noches y aprieta su pecho velludo contras mis costillas. Interpreto sus largas estancias en el baño. Y los silencios sentados en el sofá mientras vemos la televisión cuando el niño se ha quedado dormido y él, de repente, me coge la mano y la aprieta un poquito, muy poquito como si temiera quebrarme las huesos. Y yo no tengo fuerzas para mirarle con la intensidad de nuestros primeros años; siento la veladura que la quimioterapia ha posado sobre mis ojos; quisiera abrazarle, sentir que la enfermedad, por un segundo, no, no, ya puesta a desear, quiero media hora. Sí, sentir que la enfermedad por media hora ha desaparecido y puedo entregarle todas mis caricias, todas mis miradas, mi cuerpo entero. Mi cuerpo en el velatorio del tanatorio de la M-30; mi madre enjugándose las lágrimas y mi padre a su lado vestido con su uniforme de gala y aguantando las lágrimas como un pavo por la muerte de su hija. ¡Qué militar tan poco aguerrido! Le recuerdo los domingos por la mañana, en pijama y mandil, haciendo tostadas con mantequilla y tortillas francesas para toda la familia; en una radio escuchaba música clásica y solía canturrear mientras trajinaba. Luego se quitaba el delantal y nos iba despertando con besos muy pequeños en la nariz. ¡Qué pequeños los besos de mi padre! Me echará tanto de menos. Has de ser fuerte, le dije un día y él me respondió, No tengo que ser nada y menos aún fuerte. Nunca lo he sido. Tú lo sabes bien.       <br />
       Hoy la oncóloga me ha regalado una sonrisa. No suele hacerlo. Es más bien seca. Imagino que será su necesaria armadura contra tanta muerte. Esa sonrisa me ha preocupado y se lo he dicho. Ella se ha puesto seria y me ha contestado: Las cosas no van bien. Cuando me lo ha dicho, no he sentido nada pero luego, al salir de la consulta, he querido estar en Formentera cuando tenía diecinueve años y Adolfo y yo hacíamos el amor y nos llenábamos el culo de arena. Recuerdo que mientras lo hacíamos vimos aparecer a unas vacas muy grandes, cerca de nosotros; se acercaron hasta la orilla y se quedaron mirando el horizonte. Yo me puse a reír y les grité: Pero seréis tontas, el espectáculo está aquí. Quiero volver a Formentera y que las vacas estén en la orilla y decirles: tenéis razón, el espectáculo está en el horizonte. Me aterra la agonía y el dolor de mi padre. No sé cuánto tiempo podré mantener el tipo. No sé morir. 
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
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   <link>http://www.fernandoloygorri.com/El-espejo_a764.html</link>
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   <title>Corazón roto</title>
   <pubDate>Mon, 02 Jan 2012 22:49:00 +0100</pubDate>
   <dc:language>es</dc:language>
   <dc:creator>Fernando García-Loygorri Gazapo</dc:creator>
   <dc:subject><![CDATA[Miscelánea]]></dc:subject>
   <description>
   <![CDATA[
        <div>
      Porque no llueve tengo el corazón roto       <br />
       Por la luz de esta tarde        <br />
       Por el olor de la montaña       <br />
       No por los agravios       <br />
       No por perder       <br />
       sino por los cantos y la neblina que está alcanzando la cima del otero, tengo el corazón roto       <br />
       Olvidaré algunas palabras, anularé con mi olvido su eficacia así como el Nilo se retira y deja suelo fértil donde crecerá el cereal. Por el Nilo retirado tengo el corazón roto.       <br />
       Lo iré recomponiendo.       <br />
       Lo coseré a base de dolores.       <br />
       Experimentaré las emociones con la calma del que sabe que nada tiene.        <br />
       Como huyó una noche de invierno mi máxima pertenencia y así me demostró que nada me pertenece y así yo pude reconocerme con el corazón roto.       <br />
       No es el corazón roto algo de lo que compadecerse. Ni el dolor que no se sufre adquiere más relevancia que Zaratustra elevando preces al fuego y miseria a los hombres. No es el corazón roto una metáfora de desgracia sino la metáfora de lo digno de ser reconstruido, para ofrecer al mundo algo compacto como la física de los cuantos o la materia del neutrino.       <br />
       Porque quiero ofrecer al mundo tengo el corazón roto.       <br />
       Porque degusté la silva tengo el corazón roto       <br />
       Porque una vez, en una paleta, intuí el oficio del pintor tras una gama de verdes tengo el corazón roto.       <br />
       Hoy me ha dolido el corazón.       <br />
       Me dolió por la mañana mientras me negaba a la excavación, a doblar la espalda mientras la pala, junto al delta del Nilo, ahonda la tierra, descubre el túnel, llega hasta el corazón también roto de la tierra.       <br />
       Me dolió mientras hablaba y la tarde se iba cubriendo de viento.       <br />
       Me dolió al caer la noche cuando respiraba hondo y, entre las brumas de la respiración, aparecían como fotogramas de una película rota, copas de árboles frondosos, de muchos verdes, de muchas hojas       <br />
       Si no hubiera tenido el corazón roto       <br />
       Si no me hubiera ahogado con la torpeza del vencejo a ras de tierra, tan ligero él cuando traza en el aire acrobacias de feriante       <br />
       Si no lo hubiera tenido roto en mil pedazos la tarde en que acaricié el pecho de Ana       <br />
       Si lo hubiera tenido entero       <br />
       entonces, de seguro, la bruma sólo me habría producido molestia       <br />
       y el ajedrez no me habría salvado la vida        <br />
       y jamás nunca me habría atrevido a viajar hasta Paris haciendo dedo       <br />
       ni hubiera pasado noches y noches al raso, en una isla, aislado del mundo, de las carreteras, del gas y de los bares.       <br />
       Pero tengo el corazón roto y mañana es martes.
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
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   <link>http://www.fernandoloygorri.com/Corazon-roto_a763.html</link>
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   <title>Silencio</title>
   <pubDate>Fri, 30 Dec 2011 22:58:00 +0100</pubDate>
   <dc:language>es</dc:language>
   <dc:creator>Fernando García-Loygorri Gazapo</dc:creator>
   <dc:subject><![CDATA[Miscelánea]]></dc:subject>
   <description>
   <![CDATA[
        <div>
      El silencio suena a gas que se esfuma... El silencio no mata, se puede respirar... El bosque está lleno de vida... en el bosque el silencio no es posible... ¿cómo se aprende el bosque?... hablamos, hablamos sin parar... cada vez que falta, se descubre que la televisión es una droga... gas que se esfuma... no sé (sabe) qué persona utilizar... qué persona en este silencio inodoro... el gas del silencio no huele... tampoco duele... no es el silencio el que duele sino el clamor que su presencia produce en el interior... ¿qué es el cerebro?... ¿cómo se salda la sabiduría?... ¿quién sabe qué?... ¿cómo que el tiempo...?... una buena historia sirve para acallar los monstruos... una buena historia es como un buen silencio... la moratoria... como ayer cuando en la última mirada a una vecina... no sabía que se iba... era la vecina más hermosa del bloque donde roban... el camión de su mudanza impedía la salida conocida... volví a rozarlo con una de las putas columnas... la miré con una mala mirada... luego supe que esa había sido la última mirada... el gas que es silencio me recuerda a cada rato esa mirada... y me digo que si lo hubiera sabido aunque me hubiera llevado por delante una alerón entero, no la habría mirado así y si no fuera tan incapaz de ser amable, habría bajado del coche y le habría dicho: Sé que está usted casada y que quizá lo que le digo le incomode pero quiero que sepa que durante estos meses ha sido usted la visión más hermosa de estos bloques, la alegría de mi vista y que la buscaba en las mañanas cuando iba usted con sus hijos a la escuela y a veces, sin tener por qué, cuando salía usted a colgar la ropa, yo salía también tan sólo para verla un poco, sabiendo que usted sabía e intuyendo, perdone si no es cierto la vanidad, que quizá yo también a usted le alegraba un poco su tristeza. Porque está usted triste, señora. Porque sus problemas deben ser graves y esta mudanza lo debe de confirmar. ¡Ojala Fortuna se alíe con usted y vuelva la sonrisa a ese rostro que muestra su belleza!... el silencio y la mirada fusca (por tonta)... la sed... el silencio del cuerpo... tan callado... el silencio de la imaginación cuando acaba el año... el bosque y sus matices de sol... la cascada, la almena, la calma chicha, la lectura, el teclado de este pequeño ordenador que me ha prestado, tan generosamente, mi hija... mi hija y su risa y esa alegría aún tan infantil que bordea las paredes y sale al mundo y, refractario como estoy, también a mí me inunda... su marcha hace inmenso este silencio que como gas se esfuma y difumina los contornos del mundo y los convierte en ecos que han perdido, a lo lejos, su voz 
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
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   <link>http://www.fernandoloygorri.com/Silencio_a762.html</link>
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   <title>Autocrítica</title>
   <pubDate>Wed, 28 Dec 2011 22:58:00 +0100</pubDate>
   <dc:language>es</dc:language>
   <dc:creator>Fernando García-Loygorri Gazapo</dc:creator>
   <dc:subject><![CDATA[Diario]]></dc:subject>
   <description>
   <![CDATA[
        <div>
      Yo no sé si cuando <b>Epicteto</b> fue desterrado de su patria sonrío pero al menos sí escribió que aunque le desterraran no podrían impedir que una sonrisa acudiera a su boca.       <br />
       Este principio de que la voluntad de encarar las cosas con ánimo favorable es patrimonio del ser humano a quien le ocurre, se resume en el saber popular con un <span style="font-style:italic">a mal tiempo buena cara</span>.       <br />
       He de reconocer que me cuesta sonreír ante la adversidad, ante los contratiempos. He de reconocer que desde que me desvalijaron la casa siento un abatimiento y una tristeza que no cesan. Y más aún cuando he de entender que todos estos asuntos no son más que pruebas que algo llamado Alma le pone a este ser humano que se llama <b>Fernando</b> y que aunque lo sienta muy mío, no es yo.       <br />
       Yo no soy nada. Y no lo entiendo. Quiero decir que lo entiendo pero no lo entiendo. Tengo la suerte de llevar muchos años sabiendo que todo lo que se puede decir es posible. Y aunque sé que se puede afirmar que el ser humano Fernando no existe en absoluto y aunque acepto que ésa es una verdad de Perogrullo, el ser humano Fernando que ahora está tecleando estas ideas acumula desde que le robaron, desde que le asaltaron su casa, desde que entraron en la habitación de su hija, desde que se llevaron sus tres pertenencias miserables, un dolor, un abatimiento y una tensión en el ojo derecho que no logra de ninguna de las maneras convertir en sonrisa.       <br />
       Y quisiera sonreír, ¡vive el cielo que quisiera!       <br />
       Y quisiera agradecer a los ladrones la bendición de la putada que me han hecho (no, no me la han hecho, yo detono la posibilidad de que me hagan semejante bendición) para poder seguir aprendiendo no sé qué, y no lo puedo saber porque mi estado de conciencia es mínimo; estoy en la escala del uno al siete, en un estado uno aunque para mí que estoy en una escala inferior a uno. Soy incapaz de no sentir un turbio malestar que me lleva a estrellar unas cuantas tazas contra el suelo de la cocina, a romper un cuchillo, a gritar hasta casi romperme la garganta y a quedarme dormido y a despertarme e ir a Madrid y romper mi ley de silencio y expresar unas cuantas gilipolleces en un lugar donde debería estar callado, donde quiero estar callado y aprender, quiero aprender, quiero aprender.       <br />
       Este ser cínico que ahora escribe es el ego de un ser humano llamado Fernando; este ser humano no es; si a este ser humano le arrancamos la máscara queda nada, pura tranquilidad, lago sin ondas, sin vida subacuática; este ser que siente la pérdida; este ser que no entiende el desapego; que desde hace cuatro días no gusta de su casa, ni de la ventana de la terraza; este ser que ahora está escribiendo estas cosas que no llevan a ningún sitio; cosas nada. No así Epicteto que supo sonreír ante la adversidad. La adversidad sonriente.  Todo está bien. Estamos sanos. No fuimos agredidos. La salud. La integridad física. Pero si hubiera habido agresión física también debería bendecirla y además sería responsabilidad de mi Alma, no de los ladrones, que me quiere enseñar, que me quiere llevar a ese lugar donde cualquier suceso de la vida no tiene la más mínima importancia, no conlleva juicio de valor alguno, porque no sé.       <br />
       Y esa sí que es una verdad que acepto con una sonrisa: no sé nada. No entiendo nada. No sé por qué me entristece no ver el ordenador con toda mi obra dentro de él encima de la vieja mesa de madera o la cámara con la que grabé momentos muy felices o la televisión que me entretenía las noches solitarias o los teléfonos a los que iba cogiendo el tranquillo; no sé por qué me enfurece que todo eso esté en manos de unas personas a las que en absoluto conozco. Personas que, como yo, tampoco existen y cuya responsabilidad en el robo no les concierne sino que le concierne a sus Almas que con semejantes actos les quieren hacer aprender algo.       <br />
       Así la rueda del mundo que yo no entiendo, de la que nada sé, a la que, estoy casi seguro, nunca llegaré porque en el fondo de mi ser humano Fernando tengo para mí... no, no tengo nada para mí. No soy. No sé cómo no soy pero no soy.       <br />
       Seguiré trabajando.
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
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   <link>http://www.fernandoloygorri.com/Autocritica_a761.html</link>
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   <title>El espejo</title>
   <pubDate>Tue, 27 Dec 2011 20:34:00 +0100</pubDate>
   <dc:language>es</dc:language>
   <dc:creator>Fernando García-Loygorri Gazapo</dc:creator>
   <dc:subject><![CDATA[Cuento]]></dc:subject>
   <description>
   <![CDATA[
   Capítulo Tercero. Enrique     <div>
      Enrique se sienta desde el primer día que entró en el cuarto a la izquierda del espejo. Es un hombre joven, de unos treinta y seis años, con la cabeza calva; es pequeño, menudo, de ademanes nerviosos y en su cara, como miniatura, se adivina la tensión y es su voz enronquecida, la que clama su represión de la cólera. Viste siempre de traje excepto cuando no va al trabajo -en una sucursal bancaria donde es cajero- y entonces viste vaqueros y pullover.       <br />
       Desde el primer día mostró una actitud racional, con esto se define la actitud del hombre que está dispuesto a entender lo incomprensible; también se intenta definir con el término racional la compostura de quien se encuentra realizando un máster de empresas: piernas cruzadas, postura relajada como dejando que el cuerpo se escurra un poco por la silla; la expresión corporal abierta de quien ha estado en muchas entrevistas de trabajo y sabe que cruzar los brazos denota cerrazón o que mirar de soslayo es una clara muestra de desconfianza; suele asentir a todas las enseñanzas de la Terapeuta (al principio escribimos Maestra pero iremos cambiando su denominación según de qué persona hablemos. Para Enrique la Maestra es su Terapeuta) con gestos y sonidos de aprobación.        <br />
       Es -al igual que Luis- macho en la reunión de mujeres. Porque en las reuniones hay siete mujeres y dos hombres y esa situación, de forma civilizada, se muestra en ambos machos y en las siete hembras. Al ser civilizada, la manifestación de la masculinidad se da en el afán dominador y excelso de cada uno de los machos que se traduce en la exposición de sus conocimientos y en la dialéctica de la que hacen gala cada vez que tienen ocasión ya sea por exceso o por defecto. Colas de pavo real. Y una gran tristeza.       <br />
       <b>Enrique</b>: Como acabas de decir (<span style="font-style:italic">se refiere a lo que ha dicho la Terapeuta</span>) la nutrición es fundamental. Entiendo perfectamente. Perfectamente. Podría decir que has abierto en mí una vía de conocimiento, has dejado con tus palabras en mí una camino por el que, sin duda, podré descubrir uno de -permitidme la broma- los arcanos de mi personalidad. Mi infancia, claro, mi infancia. Ahí está la llave. En ese mundo que viene dado  como los libros contables con su debes y haberes. Yo recuerdo, bueno no lo recuerdo, la figura de mi madre. ¡Ah, sí, mi madre! Claro, mi madre. Has dicho (<span style="font-style:italic">se refiere de nuevo a la Terapeuta</span>) que cuando somos niños -por cierto en una imagen preciosa, preciosa, no exactamente preciosa, quiero decir, mejor, impactante, sí impactante- si nos alimentan con un biberón de leche y veneno -leche y veneno, impresionante- cuando seamos mayores creeremos que el veneno nos da la vida. Estoy muy de acuerdo. Sí muy de acuerdo. Sólo que yo quisiera, quisiera saber ¿cuál es el veneno de mi infancia? ¿por qué siento esta mansedumbre cuando estoy en la ventanilla del banco y veo pasar la vida como veo pasar los billetes de la caja a las manos de los clientes? ¿cuál fue ese veneno mezclado con el pecho de mi madre, la leche de mi madre? ¿qué se ponía en los pezones? Perdonad, ya sé que sois mayoría de mujeres. Espero que no os ofenda el uso de estas palabras. Quiero decir, ¿qué leche me dio mi madre? ¿la envenenó ella? ¿la envenenó mi padre? Quiero decir ¿le pondría poco antes de la toma -por seguir con su hermosa imagen- veneno de mansedumbre? ¿Por eso me siento manso? ¿Me pellizcaba mi padre? ¿Me sometía en la lucha del amor por mi madre que era su mujer? Eso quería decir. Pero muy bueno, muy bueno ¿eh? todo lo que dice. Estoy muy de acuerdo. Me  abre la mente. Me, me enseña, seguro. Seguro. (<span style="font-style:italic">Se hace un silencio. La Terapeuta le hace un gesto para seguir ella hablando</span>)Sí, sí, siga. No tengo nada más que decir por el momento. No molesto ¿no? ¿Puedo hablar siempre que lo necesite?
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   <title>De repente</title>
   <pubDate>Mon, 26 Dec 2011 22:09:00 +0100</pubDate>
   <dc:language>es</dc:language>
   <dc:creator>Fernando García-Loygorri Gazapo</dc:creator>
   <dc:subject><![CDATA[Diario]]></dc:subject>
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      Había escrito muchas cosas.       <br />
       Las he borrado todas.       <br />
       De repente todo desaparece.       <br />
       O alguien se lo lleva todo.       <br />
       Como el 23 de diciembre cuando unos ladrones entraron en mi casa mientras mi hija y yo dormíamos y se llevaron, entre otras muchas cosas, mi trabajo.       <br />
       ¿En manos de quién están mis poemas, mis cuentos, mis diarios, mis guiones, mis obras de teatro, mis lucubraciones? ¿Tendrán miedo? ¿Tendrán frío? ¿Se reirán de ellos? ¿Serán maltratados? ¿Serán eliminados?       <br />
       Os echo de menos. Estáis en mi corazón.       <br />
       Escribo estas líneas desde un pequeño ordenador que me ha prestado mi hija.       <br />
       Realmente siento un vacío inmenso.
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   <title>El espejo</title>
   <pubDate>Mon, 19 Dec 2011 13:29:00 +0100</pubDate>
   <dc:language>es</dc:language>
   <dc:creator>Fernando García-Loygorri Gazapo</dc:creator>
   <dc:subject><![CDATA[Cuento]]></dc:subject>
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   Capítulo Segundo: María     <div>
      Son las ocho menos veinte de la tarde. Se ha hecho la noche. Fuera sopla el viento del norte, borracho, dando bandazos por las aceras, desnudando sin pudor a los árboles de hoja caduca. María -recta la espalda, las manos apoyadas en las rodillas, las piernas juntas, mirando a La Maestra- habla.       <br />
       <b>Maria:</b> Cuando siento el viento, me ahogo. Mi nariz husmea antes de salir, como si en su punta tuviera un sensor que me avisara de la velocidad del aire. Hoy me ha costado llegar. Sentía que llevaba faldas y se me veían las bragas. Cuando me ponía la mano por detrás para que no se levantaran, me daba cuenta de que llevaba pantalones. Entonces me tranquilazaba. Colocaba la mano en su posición lógica. Pero al poco rato estaba otra vez detrás.       <br />
       No soporto las miradas en el autobús. Ni el olor a sudor de las mujeres. En los hombres lo aguanto mejor. Los hombres son sucios y pueden oler mal. Deben oler mal. Sé o puedo llegar a pensar que no hay olores buenos o malos, que todo eso son cuestiones culturales, que un buen entrenamiento podría conseguir que me agradase el olor de la mierda, como les ocurre a los perros, que no hacen más que oler mierda y nunca tienen arcadas. Por eso lo sé. Yo tengo muchas arcadas. Por las mañanas, antes de desayunar suelo tener arcadas. Sólo el aroma del café me las calma. No soporto las frutas por la mañana. Sólo de noche, justo antes de dormir, me gusta tomarme unas uvas o una pera de agua. Me duermo dulce (<span style="font-style:italic">María sonríe con su broma. Entrelaza las manos. Relaja un poco la rectitud de su espalda. Mira un poquito a los lados. Traga saliva. Se retira un mechón de su cabello que caía por su mejilla derecha. María tendrá unos cuarenta y cinco años</span>). No sé cuándo se inició todo esto. Me han dicho que tuvo que ser en la infancia. No sé por qué todo ha de ocurrir en la infancia. Quisiera tener una imagen clara. No sé, algún acto brutal. Me dicen que seguro que lo hay, que esas fobias, ¿por qué son fobias? También veo volar la mantequilla y siento una especial predilección por las uñas. He venido aquí porque no me encuentro bien. No, no me encuentro bien. Tampoco sé porque sé que no me encuentro bien. Quizá, me digo, porque en la mañana me siento triste y no entiendo por qué estoy respirando, por qué la respiración no es voluntaria, ni tampoco el latir del corazón o la presión arterial. Recuerdo a una mujer que tenía que estar tumbada en la cama porque su presión arterial era tan baja que si se ponía de pie, la sangre se le bajaba a las piernas y moría por falta de riego en el cerebro. Esa mujer aprendió a controlar su presión arterial y pudo al fin levantarse tres horas al día -o más-. (<span style="font-style:italic">Se queda callada. Baja la mirada. Respira hondo. Parece tomar fuerzas. Eleva la mirada. Se mira, desde la lejanía, en el espejo</span>). Yo no soy una buena mujer. Y tengo asco al contacto, al viento y al olor a sudor en las mujeres. Trabajo lo menos posible. Camino rápido para no tener que detenerme ante nada. Quisiera huir. No estar aquí ahora mismo. Estar callada. Quedarme callada. Sólo que la Maestra me obliga a hablar. Me dice que será bueno pra mí. Me exige para permitirme estar aquí el que diga estas cosas. Las cuales, por cierto, no sé si son ciertas. Sí, sí, puedo estar mintiendo. Puedo ser perfectamente una mujer normal que llega a su casa los días laborables, se quita la ropa de calle, se lava, se hace un café y se sienta a ver el televisor, concursos de palabras o documentales sobre la condición humana y alguna serie algo melodramática que me haga recordar y me ponga tierna. No sé por qué es anormal no desear a los hombres y que sienta repugnancia cuando me despìerto en la noche con la mano en mi sexo y me tenga que levantar y lavarme. (<span style="font-style:italic">Se vuelve a quedar callada. Esbozan sus labios dos sonrisas muy rápidas que más parecen calambres en su boca, movimientos involuntarios de sus músculos risorios, que verdaderas sonrisas</span>). Ya no quiero hablar más. (<span style="font-style:italic">María se queda callada con las piernas, las manos y los brazos en su posición inicial</span>).
     </div>
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