Página de Fernando Loygorri

Un hombre joven, de unos cuarenta años, está sentado en la mesa de un restaurante de la ciudad de Hong-Kong. Él es extranjero. Está de viaje de negocios (aunque esto último no sea del todo cierto. Es decir quizá no sea del todo cierto), algo no demasiado importante, la representación de una juguetería de Ibi. Está alojado en un buen hotel, en el centro de la ciudad. El restaurante es grande, bullicioso. Cerca de él, a varias mesas de distancia, come sola una mujer oriental. De vez en cuando ella observa cómo él la mira con disimulo. El hombre joven tiene deseo de seducir a una oriental. Está en el sitio adecuado, a la hora adecuada. Termina de cenar al tiempo que ella termina. Pide un licor. la mira con más insistencia hasta que deja que sus miradas se encuentren y una sonrisa forzada asome a sus labios. Ella sonríe y baja su mirada hacia la copa de cristal. El por fin se levanta, se acerca a ella, le pregunta en inglés si se puede sentar. Ella le dice que sí.

Una mujer europea, de unos treinta años, espera en el andén del metro de Hong-Kong. Es la noche. En el andén hay bastantes personas, entre ellos el hombre de cuarenta al que pudimos haber visto cenando en la escena anterior (sólo que si es mejor esta escena que ahora cuento, sería la primera vez que apareciera porque sería el principio de la película. También la escena de arriba es el principio de la película). De repente tres hombres atracan a la chica europea. Todos los que esperan al metro se van hacia el lado opuesto a donde es atracada la chica. También el hombre de cuarenta años. Los jóvenes se llevan su bolso. Llega el tren. La muchacha sube. El hombre también, en el mismo vagón. No está muy lleno el vagón. La muchacha está angustiada y apenas puede contener el llanto. El hombre se sienta junto a ella, le pregunta si puede hacer algo.
Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 03/07/2009 a las 20:19 | Comentarios


Metropolis
Metropolis
Sec.- 1 Una Calle en la Noche (Ext/noche)

Farolas blancas. Las aceras y el pavés de la calle húmedos. Cae una lluvia densa y fina. Todo está vacío. Todas las ventanas de las casas están a oscuras.

Se escuchan unos pasos. Se ven unos pies calzados con zapatos masculinos. Marchan a buen paso.

Los pasos pasan por una callecita perpendicular. Se inundan de oscuridad.

POLICIA: (En off)
¡Alto!

Los pies detienen el paso.

POLICIA: (En off)
Policía.

Los pies se giran.

CIUDADANO:
¿Por qué me detiene?

Policía se acerca, vemos su calzado, lustrosos sus zapatos.

POLICIA:
Bueno, es mi obligación.

Vemos a los dos hombres.
Policía es un joven de treinta años. Bajo, fornido, con gestos precisos. Alerta.
Ciudadano es un hombre de unos cuarenta años. Delgado. Vestido con elegancia. Con guantes de piel.

CIUDADANO:
Bien, ya ha cumplido con su obligación ¿Y ahora?

POLICIA:
Usted también tiene una obligación.

CIUDADANO:
Yo tengo muchas obligaciones.

POLICIA: (Sonríe)
Claro. Póngase de cara a la pared, las manos arriba y las piernas abiertas.

Ciudadano se queda un instante quieto. Sopesa la situación mirando enrededor y dándose cuenta de que todo está apagado y nadie parece andar cerca.

CIUDADANO: (se rasca la cabeza)
Ya.

POLICIA:
Tengo derecho a registrarle. De hecho es mi obligación. Tiene cara de sospechoso. He sospechado de usted desde que he escuchado sus pasos. Son pasos de estafador.

CIUDADANO:
La ley le ampara. Y si así lo cree, no debe usted dejar escapar la posibilidad de detener a un estafador.

Ciudadano se acerca a la pared y obedece la orden dada por Policía.

POLICIA: (mientras le cachea)
Me gusta detener a estafadores. Mucho más que a asesinos. Los estafadores sois especiales. Esa finura, esos tacones. (palpa algo) ¿Qué tiene aquí?

CIUDADANO:
Es una bolsita.

POLICIA:
¿Droga?

CIUDADANO:
Veneno.

POLICIA: (La saca)
Ah, ¿sí? y ¿A quién iba a envenenar?

CIUDADANO:
A usted.

POLICIA:
Vaya, le he chafado el plan.

CIUDADANO:
No, no, en absoluto. Ya está muerto.

POLICIA:
¿Ya?

Policía cae fulminado.
Todas las ventanas siguen oscuras.
Ciudadano emprende la marcha.
El pavés sigue brillando.
Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 04/12/2008 a las 23:25 | Comentarios


Son extraños los caminos para llegar a la creación.
¿Cómo se ejercita la mente?
Hay que dejarla que se sienta como ella ha de sentirse para que al final eso que algunos llaman inspiración llegue. La inspiración sin embargo no es como el tomar aire. La inspiración conlleva un dejarse ser y si en ese dejarse ser se incluye la lucha por no dejarse ser hay que aceptarlo, acatar la orden y luchar contra uno mismo a sabiendas de que es una lucha artificial, pura tramoya la cual sin embargo nos llevará a la verdad y entonces sí, entonces la inspiración toma vuelo y las letras o los colores o los volúmenes o las notas o el paso planean por una mente que ya sólo sirve para ejecutar, de forma ordenada, las ideas.
Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 27/10/2008 a las 11:59 | Comentarios