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 <title>Inventario</title>
 <subtitle><![CDATA[Página de Fernando Loygorri]]></subtitle>
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 <updated>2010-09-04T21:01:37+02:00</updated>
  <entry>
   <title>Perdido en la mudanza (lost in translation?)</title>
   <updated>2010-09-03T18:06:00+02:00</updated>
   <id>http://www.fernandoloygorri.com/Perdido-en-la-mudanza-lost-in-translation_a450.html</id>
   <category term="Ensayo" />
   <published>2010-09-03T17:46:00+02:00</published>
   <author><name>Fernando García-Loygorri Gazapo</name></author>
   <content type="html">
    <![CDATA[
     <div>
      <b>1.-1q</b> ¡Magnífica parrillada! A tu aroma acuden hormigas y abejorros y tus restos son festín de omnívoros.       <br />
       <b>1.-1r</b> El ala delta no tiene en absoluto relación con la letra griega delta cuyo valor numérico es cuatro y que tantos quebraderos de cabeza trajo al filósofo estoico Cayo Delticus (siglo I-II d.C.)       <br />
       <b>1.-1s</b> Amadme como soy aunque hijo puta, yo también mamé de mujer buena y anduve en ocasiones con santones.       <br />
       <b>1.-1t</b> Es cierto que la infancia es la única cárcel de la que no se puede escapar (según sentenció tan sabiamente Gloria Fuertes). Aun así, debéis saber -sobre todo los que estáis en prisión- que en su muro existe (para quien lo quiera encontrar) un túnel que lleva directamente a la evasión. Es cierto que se llega a otra celda sólo que ésta está construida por el propio niño y tiene un nombre. Imagínalo.       <br />
       <b>1.-1u</b> ¡Zeugma, ayúdame a relacionar le velocidad con el quejigo, el espanto con las mantas zamoranas o las perchas con las sacas de la seguridad vial!       <br />
       <b>1.-1v</b> La mentira es una razón social. Exactamente la 28.036.121. Se puede consultar en la Biblioteca Nacional de los Bastardos sita en la calle Erasmo de Rotterdam 1469.       <br />
       <b>1.-1x</b> ¡Dadme el amanecer y construiré la ciencia de la pedicura!
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
    ]]>
   </content>
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   <title>Perdido en la mudanza (lost in translation?)</title>
   <updated>2010-09-02T20:47:00+02:00</updated>
   <id>http://www.fernandoloygorri.com/Perdido-en-la-mudanza-lost-in-translation_a449.html</id>
   <category term="Ensayo" />
   <published>2010-09-02T20:44:00+02:00</published>
   <author><name>Fernando García-Loygorri Gazapo</name></author>
   <content type="html">
    <![CDATA[
     <div>
      <b>1.-1o</b> La joven que lanza perrillos recién nacidos al río es feliz.       <br />
       <b>1.-1p</b> Bercelius y los símbolos (<span style="font-style:italic">aproximación banal al título de una novela</span>).
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
    ]]>
   </content>
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   <title>Perdido en la mudanza (lost in translation?)</title>
   <updated>2010-09-02T20:50:00+02:00</updated>
   <id>http://www.fernandoloygorri.com/Perdido-en-la-mudanza-lost-in-translation_a448.html</id>
   <category term="Ensayo" />
   <published>2010-09-02T13:51:00+02:00</published>
   <author><name>Fernando García-Loygorri Gazapo</name></author>
   <content type="html">
    <![CDATA[
Serie que inicia Isaac Alexander a base de aforismos     <div>
      <b>1.-0</b> ¡Tranquilo, tranquilo, parvulito!       <br />
       <b>1.-1</b> Bienaventuradas las ruedas que nos aligeran los pesos.       <br />
       <b>1.-1a</b> Y yo me la llevé al río creyendo que era mozuela pero tenía marido.       <br />
       <b>1.-1b</b> El solomillo de cerdo con miel y mostaza y unas patatitas asadas hicieron las delicias de la dama.       <br />
       <b>1.-1c</b> Suculento el postre del sueño que se deshace con un mordisco en el dedo gordo del pie izquierdo. El pie obrero.       <br />
       <b>1.-1d</b> El tabaco puede matar. La vida mata seguro.       <br />
       <b>1.-1e</b> A bogar. A bogar (<span style="font-style:italic">entonado con ligero acento melódico</span>)       <br />
       <b>1.-1f</b> Ante todo la materia del tiempo es ala de mariposa, hocico de jabalí y hambre de termita.       <br />
       <b>1.-1g</b> ¡Eremita, saluda como es debido la compañía del firmamento!       <br />
       <b>1.-1h</b> El desierto pasó desapercibido.       <br />
       <b>1.-1i</b> ¡Yiiiiihaaaaaaa!       <br />
       <b>1.-1j</b> El gigante del blues se arma de armónicos y todo Tenessee suspira de gozo.       <br />
       <b>1.-1k</b> ¡Oh!       <br />
       <b>1.-1l</b> La hija abrazará un día y entonces el padre entenderá la temeridad de los sermoneros.       <br />
       <b>1.-1m</b> Dadme el amanecer y construiré la luna.       <br />
       <b>1.-1n</b> ¡Señores -exclamó enfático un moralista cincuentón-, la burguesía es el patio de la escuela!       <br />
       <b>1.-1ñ</b> ¿Por qué existo tan poco si sueno tanto?
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
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  <entry>
   <title>Frau Ekbert y miss Okbart 1</title>
   <updated>2010-08-29T22:37:00+02:00</updated>
   <id>http://www.fernandoloygorri.com/Frau-Ekbert-y-miss-Okbart-1_a447.html</id>
   <category term="Cuento" />
   <published>2010-08-29T21:29:00+02:00</published>
   <author><name>Fernando García-Loygorri Gazapo</name></author>
   <content type="html">
    <![CDATA[
     <div>
      Frau Ekbert miró a miss Okbart y sonrió con puritita solemnidad. Miss Okbart, por su parte, extendió el dedo corazón y le hizo lo que, en idiolecto castizo, se suele llamar <span style="font-style:italic">peineta</span>. Ambas guardaron luego la compostura y se miraron directamente al tercer ojo como habían aprendido en las mismas sesiones con la misma maestra y en las mismas fechas.       <br />
       Frau Ekbert era una mujer morena con los ojos violeta y una gran fuerza en las manos (y en los pectorales comentaba su hermana Sigfrida, la campeona del barrio de lanzamiento de jabalina); su cuerpo de mujer madura se había mantenido elástico gracias a las sufridas clases de gimnasio y al constante control de las ingestas; vestía con desapego y le gustaba llevar a menudo la bandera alemana tintada en el pelo.       <br />
       Miss Okbart era delgada como un cuclillo, afilada como las venillas del cuello de algunas monjas, callada como el instante anterior al alba y algo ordinaria en sus modales, cuestión que siempre había sido su martirio particular y que nunca pudo corregir del todo, de ahí (según comentaba su hermana Adelaide) su silencio y su pose hierática en cualquier reunión, ya fuera en la iglesia episcopaliana o en los almuerzos familiares.       <br />
       La profunda enemistad entre estas dos mujeres se fue forjando en base a su profunda amistad primera. Así son las cosas y cuando no está de Dios que una amistad salga bien no ha de salir y no saldrá y eso que entre ellas todo parecía fundirse en una especie de sopa fría muy del gusto del verano. Se conocieron en un viaje organizado a las islas Canarias. Miss Hutton, una auténtica cotilla, comentó al finalizar el viaje, Esas dos van a hacerse la tijera en cuanto lleguen a una maldita cama ¡Menudo descaro! ¡Osadas! ¿No las habéis visto cogidas por la cintura en el atardecer de la playa de las Canteras sin más ropa que una tanguita y sonriéndose como si allí mismo, allí mismito, se fueran a comer las bocas con la lubricidad propia de dos adolescentes? ¡Qué vergüenza! ¡Qué oprobio para este viaje organizado por la Conferencia Episcopal! Santa Virgen, madre de Dios, fulmínalas con tu rencor y haz que su amor contranatura se haga picadillo.       <br />
       La última tarde del viaje organizado mientras comían una patatas con mojo picón y se bebían unas cervezas (por la amistad que nacía frau Ekbert había decidido hacer un paréntesis en su dieta alimenticia y, como los besos primeros que se dan cuando el amor se ha aceptado, su voracidad con grasas, féculas y gases era insaciable) ambas mujeres se miraron y se dijeron las más bellas palabras, del tipo, A veces la vida te regala estos encuentros o Es que desde que te vi sentí que te conocía de toda la vida o ¡Qué gusto Fraur Ekbert haberme decidido a hacer este viaje! o Miss Okbart no hagas caso a las habladurías, tu ordinariez es tan deliciosa, tan sutil, me recuerda al intento de despegue del vencejo cuando ha caído a tierra o ¿Una racioncita de carne guisada?       <br />
       Los meses siguientes fueron una catarata de sentimientos y gustos comunes, apenas podían pasar un día sin verse. Frau Ekbert le contagió el gusto por la asistencia a conferencias extrañas, miss Okbart por su parte la introdujo en el fascinante mundo del mesmerismo.       <br />
       ¡Ay, ver el mundo desde un mismo punto de vista! ¡Sentir la cercanía de un cuerpo que en todo apetece! ¡No encontrar defecto alguno en el pensamiento de la otra! ¡Estar de acuerdo en todo! Y para que quede claro, éste no era un amor lésbico como había apuntado miss Hutton, con la malicia propia de los católicos fundamentalistas que aún no han salido del concepto medieval del cuerpo como lugar de maldades y ofensas a Dios. Es decir que si frau y miss se hubieran hecho amantes siempre habríamos contado antes su historia de amistad que su historia sexual. Ambas, eso sí, eran solteras y sin hijos. Frau Ekbert tuvo un novio, pescador de bajura, al que abandonó por el olor de sus manos, miss Okbart no había conocido varón, ni ganas que tenía. Tan sólo a su amiga le comentó el motivo y era que no podía resistir la sensación de que nadie le metiera un trozo de carne por el coño -o peor aún, comentaba entre risas vergonzosas, por el culo-. Esas bestias, decía, siempre alardeando de eso, ¡quita, quita!       <br />
       Y justamente entonces, confesadas sus castidades y sus motivos, apareció en sus vidas el starets Ignátiev. Era este hombre un santón ruso que se había decidido a hacer proselitismo de sus visiones en peregrinación constante por el Viejo Continente y así, de predicación en predicación (pasando más hambre que el perro de un ciego al principio y haciéndose un huequito en el mundo de los hombres más tarde de tal forma que antes que él llegara al lugar de su predica ya se anunciaba su llegada y algunas almas caritativas o necesitadas del perdón del Dios ortodoxo ruso, le acogían y le daban de comer el frugal alimento que para sí quería) llegó hasta la ciudad donde habitaban las dos amigas. Y tal fue el caso. Frau Ekbert leyó en las conferencias semanales que se iban a impartir en la ciudad la del starets Ignátiev que iba a versar sobre, <span style="font-style:italic">La plegaria en Antioquía por la salvación de los hombres</span> y quedó con su amiga, a las siete, en un centro de estudios de la divinidad que había por el barrio de Tetuán.
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
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   <title>0123456789</title>
   <updated>2010-08-29T22:45:00+02:00</updated>
   <id>http://www.fernandoloygorri.com/0123456789_a446.html</id>
   <category term="Invitados" />
   <published>2010-08-28T21:47:00+02:00</published>
   <author><name>Fernando García-Loygorri Gazapo</name></author>
   <content type="html">
    <![CDATA[
Texto extraído de la Historia Universal de las Cifras escrita por Georges Ifrah     <div>
      <b>La historia de una gran invención</b>       <br />
       La lógica no ha sido el hilo conductor de la historia de las cifras. Primero, son unas preocupaciones de contables, pero también de sacerdotes, de astrónomos-astrólogos, y en último lugar sólo de matemáticos, quienes han presidido la invención y la evolución de los sistemas de numeración. Y estas categorías sociales, notoriamente conservadoras, al menos en lo que concierne a los tres primeros, retardaron sin duda, a la vez, su perfeccionamiento último y su vulgarización. Cuando un saber, tan rudimentario a nuestros ojos pero tan sutil para los de nuestros antepasados, confiere un poder, o al menos unos privilegios, parece rechazable e impío compartirlo. Quizás en este punto, aunque en otros dominios, las costumbres de cierto poder mandarinal sean aún las mismas.       <br />
       Pero hay otras razones para ello. Una invención, un descubrimiento, sólo puede desarrollarse si responde a la demanda social de una civilización, si la ciencia fundamental responde a una necesidad interiorizada en la conciencia de sus sabios.Y en reciprocidad, pero sólo en reciprocidad, transforma o cambia esta civilización. Se sabe de avances científicos que no se han desarrollado porque la demanda social los ha rechazado.       <br />
       Es fascinante asistir a las etapas sucesivas del pensamiento matemático. El descubrimiento de la numeración de posición ha escapado a la mayoría de los pueblos de la historia. (una numeración de posición es un sistema en el que un 9, por ejemplo, no tiene el mismo valor si se coloca en el rango de las unidades de primer, segundo o tercer orden.)       <br />
       De hecho esta regla esencial no ha sido imaginada más que cuatro veces a lo largo de la historia. Apareció por primera vez en el comienzo del II milenio a.C., entre los especialistas de <b>Babilonia</b>.       <br />
       Fue redescubierta, a continuación, por los matemáticos <b>chinos</b> poco antes del comienzo de la era cristiana; después entre los siglos III y IV d.C. por los astrónomos <b>mayas</b>, y finalmente, por los matemáticos de la <b>India</b>, en los alrededores del siglo V.       <br />
       A parte de estos cuatro pueblos, ningún otro sintió la necesidad del cero. Este concepto (0) se hace imprescindible cuando el uso del principio de posición se erige en sistema.       <br />
       Y, sin embargo, sólo tres pueblos, los babilonios, los mayas y los indios, supieron alcanzar esta última abstracción; los chinos sólo la introdujeron en su sistema por influencia india.       <br />
       Pero ni el <span style="font-style:italic">cero babilónico</span> ni el <span style="font-style:italic">cero maya</span> fueron concebidos como un número: tan sólo el <span style="font-style:italic">cero indio</span> tuvo casi las mismas posibilidades que el que nosotros utilizamos hoy. Es el que nos ha sido transmitido por los <b>árabes</b>, al mismo tiempo que las cifras que llevan su nombre y que no son otras que las indias, un poco deformadas por el uso, el tiempo y los viajes.       <br />
       Ciertamente conocemos esta historia sólo de forma fragmentaria, pero converge de manera inexorable hacia el sistema de numeración que usamos hoy y que se fue extendiendo poco a poco por todo el planeta.
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
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   </content>
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   <title>¡Ché!</title>
   <updated>2010-08-25T12:20:00+02:00</updated>
   <id>http://www.fernandoloygorri.com/¡Che!_a444.html</id>
   <category term="Miscelánea" />
   <photo:imgsrc>http://www.fernandoloygorri.com/photo/imagette-2305420-3222729.jpg</photo:imgsrc>
   <published>2010-08-25T11:09:00+02:00</published>
   <author><name>Fernando García-Loygorri Gazapo</name></author>
   <content type="html">
    <![CDATA[
     <div style="position:relative; float:right; padding-left: 1ex;">
      <img src="http://www.fernandoloygorri.com/photo/2305420-3222729.jpg" alt="¡Ché!" title="¡Ché!" />
     </div>
     <div>
      Ella dice tener el corazón argentino (cómo subirá la plata cuando lo sepan los Mercados de Valores). Yo lo anuncio para que no más los argentinos sepan que una mujer suspira por sus suspiros. Y no es una mujer cualquiera, ¡ché!       <br />
              <br />
       Ella ensueña sobre la fascinación de sus giros, de sus voces profundas, de ese alma argentina, mezcla de españoles, italianos, griegos y mapuches.       <br />
              <br />
       ¡Ah, argentinos, qué mina os lleváis! Os la describiría con la seca cautela castellana (o quizá me armaría de <span style="font-style:italic">vos</span> y <span style="font-style:italic">viste</span> y <span style="font-style:italic">dai, dai</span> y <span style="font-style:italic">volteá</span> y <span style="font-style:italic">agrupá</span> y...) con una sola frase: ella es pulso sutil de mujer.       <br />
              <br />
       Si leyera cómo <b>Calamaro</b> ha mandado a tomar por el orto a sus seguidores de <span style="font-style:italic">twitter</span>.       <br />
              <br />
       Si leyera cómo <b>Borges</b> le escribió un poema a las batallas (lo habrá leído y si no, ¡Leelo, nena, leelo!)       <br />
              <br />
       Si escuchara al bueno de <b>Cortázar</b> describiendo los fríos de <b>Paris</b> o los esfuerzos de <b>Bioy Casares</b> por desentrañar la última reconstrucción del alma o se enfrascara en <span style="font-style:italic">Los Siete Locos</span> del <b>Loco Arlt</b>. O si viera al grande de <b>Pampito, El Chino de Córdoba</b>, deslizarse por el ring con alma de bailarín...       <br />
              <br />
       O, envidia mía, si yo fuera argentino, rogaría a Dios que me enviara una fortuna para tener la fortuna de traérmela a <b>Buenos Aires</b> y llevarla a pasear por el <b>Cementerio de la Chacarita</b> mientras, linda su mano, arrullo sus oídos con poemas vanos.       <br />
              <br />
       ¡Argentinos, Dios os visita más de una vez por semana!
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
    ]]>
   </content>
   <link rel="alternate" href="http://www.fernandoloygorri.com/¡Che!_a444.html" />
  </entry>
  <entry>
   <title>Sin título</title>
   <updated>2010-08-23T13:52:00+02:00</updated>
   <id>http://www.fernandoloygorri.com/Sin-titulo_a443.html</id>
   <category term="Poesía" />
   <published>2010-08-23T13:40:00+02:00</published>
   <author><name>Fernando García-Loygorri Gazapo</name></author>
   <content type="html">
    <![CDATA[
     <div>
      Viene con los pantalones rotos       <br />
       y un cráneo incrustado en el pecho;       <br />
       viene derecho al viernes       <br />
       cuando se anuncia que será el domingo en ciernes       <br />
       el día de la estepa, las ramas y el humus.       <br />
       Viene con los ojos rojos.       <br />
       Viene de madrugada tranquila,       <br />
       al sereno;       <br />
       Viene hambriento,       <br />
       cubierto de polvo,       <br />
       sin tiempo.       <br />
       
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
    ]]>
   </content>
   <link rel="alternate" href="http://www.fernandoloygorri.com/Sin-titulo_a443.html" />
  </entry>
  <entry>
   <title>K</title>
   <updated>2010-08-22T11:14:00+02:00</updated>
   <id>http://www.fernandoloygorri.com/K_a442.html</id>
   <category term="Miscelánea" />
   <published>2010-08-22T10:49:00+02:00</published>
   <author><name>Fernando García-Loygorri Gazapo</name></author>
   <content type="html">
    <![CDATA[
     <div>
      Veo el ojo del mundo       <br />
       la vela también la veo       <br />
       Veo el inicio de un poema muy famoso       <br />
       (no me he comido por dentro porque me he arriesgado a que me muerdan por fuera)       <br />
       Ying+Yang = Qui       <br />
       ¡Oh, Rosalinda si tu foras a pragia!       <br />
       Esa navaja, minúscula como supernova, esa navaja de Ockam, esa sutil navaja de Ockam, de Ockam, de Ockam.       <br />
       Las pastillas para dormir dejábanle el cuerpo hipnotizado, una cualidad etérea, una saliva mágica, una papilla.       <br />
       Veo el ojo de la luna       <br />
       una mula me lo ha señalado con su pezuña       <br />
       Estéril hablar si no es para evitar pudrirse por dentro       <br />
       (¿por qué no te pudres? ¿por qué quieres bañarte y oler a limpio? ¿cuándo vendrá la navaja a cortarte el pescuezo?)       <br />
       Dijo una inconsciente: ¡Vale ya de especular sobre el sufrimiento en el mundo! ¡Actúa sobre él!       <br />
       ¿Qué moral superior tienen los activos con respecto a los contemplativos?       <br />
       ¿Cómo no pueden pensar -¿la acción permite pensar?- que acción/contemplación son iguales, fraternas y libres?       <br />
       Vem, Lidia, enlaçemos as maos!       <br />
       Estaban a la vera de un río que no era el Tajo y sin embargo era tan importante como el Tajo. Porque estaban ellos, a su vera, con las manos enlazadas.       <br />
       Dieron las once.       <br />
       La mucama paró el tiempo.       <br />
       Dieron la once para siempre.       <br />
       Fueran las dos o las cinco sonaban las once.       <br />
       También en aquella casa. En su fuero interno. En la niña recién parida. En Alcolea del Campo. Y en Los Negrales.       <br />
       Sólo hubo una vez -cuando regaron la calle para despejarla de semillas- que en vez de las once, sonaron las once y cinco.       <br />
       Fue un tumulto.       <br />
       Fue una provocación.       <br />
       Fue un asunto de Estado solucionado en Reposo por unos Rapaces que se negaron, por supuesto, a decir sus Nombres.       <br />
       ¡Bendita seas!       <br />
       ¡Maldito seas!       <br />
       ¡Eneas, Eneas, las once!       <br />
       - ¡Como siempre, mamá, como siempre! ¡No me lo digas más veces!       <br />
       Vem, vem, vem!       <br />
       Si el corazón pudiese pensar, se pararía.       <br />
       Dijo el filósofo.       <br />
       Pedro Pablo Pascual Pereira Primer Pintor Portugués Pidió Permiso Para Pasar Por Portugal Pintando Puertas Para Pobres Por Poco Precio.       <br />
       Debiera llamarse P en vez de K.       <br />
       ¡No, no, potenciales no!       <br />
       Gracias.       <br />
       
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
    ]]>
   </content>
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   <title>Hermann Melville &amp; Moby Dick &amp; Richard Tarnas</title>
   <updated>2010-08-19T19:04:00+02:00</updated>
   <id>http://www.fernandoloygorri.com/Hermann-Melville-Moby-Dick-Richard-Tarnas_a441.html</id>
   <category term="Ensayo" />
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   <published>2010-08-19T17:22:00+02:00</published>
   <author><name>Fernando García-Loygorri Gazapo</name></author>
   <content type="html">
    <![CDATA[
Extractos y comentarios acerca del libro Cosmos y Psique     <div style="position:relative; text-align : center; padding-bottom: 1em;">
      <img src="http://www.fernandoloygorri.com/photo/2294355-3206101.jpg" alt="Hermann Melville &amp; Moby Dick &amp; Richard Tarnas" title="Hermann Melville &amp; Moby Dick &amp; Richard Tarnas" />
     </div>
     <div>
      Para escribir este artículo voy a escuchar <span style="font-style:italic">Music for Airport</span> de <b>Brian Eno</b>. Me he puesto los cascos no muy altos porque fuera se gesta una tormenta y el sonido del  trueno mezclado con el olor húmedo del aire más la grisura cada vez más oscura del cielo y el frescor del suelo de piedra a mis pies, invitan a que cada sentido se armonice y una sensación devenga en otra y varias se mezclen.       <br />
              <br />
       <b>Saturno</b>, <b>Plutón</b> y <b>Urano</b> forman (ahora estalla el trueno, justo ahora, al terminar el último de los planetas -sincronicidad-) tormentas en los ritmos humanos. No me voy a extender en los arquetipos que encarnan cada uno de los planetas ni en las deducciones de <b>Tarnas</b> (repetitivas e interesantes). Sólo decir, a modo de ejemplo, que durante la alineación de <b>Urano</b> y <b>Plutón</b> se produjeron hechos históricos tan excitantes como la <span style="font-style:italic">Revolución Francesa</span>, <span style="font-style:italic">La Contracultura de los años 60</span> o <span style="font-style:italic">las Revoluciones Románticas de 1840</span> y que durante la alineación de <b>Saturno</b> y <b>Plutón</b> estallaron <span style="font-style:italic">las dos guerras mundiales del siglo XX</span> o <span style="font-style:italic">los atentados del 11 de septiembre de 2001 y los del 11 de marzo de 2004 en Madrid</span>. El corpus documental de <b>Richard Tarnas</b> es exhaustivo y sorprendente. Sin embargo a veces las pequeñas cosas (o las cosas más pequeñas) sirven mejor para comprender la macrovisión de lo que se nos está planteando. Por eso la historia de <b>Hemann Melville</b> y las ballenas es verdaderamente ejemplar con respecto a la tesis de Tarnas (tesis: los asuntos humanos tienen su trasunto en el Cosmos. Formamos parte de un anima mundi.)       <br />
              <br />
       Extractos: <span style="font-style:italic">(De nuevo el trueno, esta vez largo y profundo. La tormenta se acerca)</span>       <br />
       En el caso de Melville y Moby Dick, podemos reconocer la potente interacción de estos dos fuertes complejos arquetípicos: por un lado, los temas <span style="font-style:italic">uranoplutonianos</span> del despertar de la irrupción de fuerzas de la naturaleza en la ballena, el desencadenamiento del ello instintivo en el capitán <b>Akab</b>, su titánico desafío, así como el gigantesco poder y la intensidad creativa del propio libro, Moby Dick <span style="font-style:italic">(de nuevo un trueno)</span>; y por otro lado los temas <span style="font-style:italic">saturnoplutonianos</span> de compensación punitiva contra la naturaleza y la implacable obsesión por el mal proyectado, la caldera de los instintos que en el corazón de Akab impulsaba con fuerza inexorable su compulsión a la venganza.       <br />
              <br />
       Once días después del nacimiento de Melville, en agosto de 1819, el barco ballenero <span style="font-style:italic">Essex</span> partía de Nantucket hacia el Pacífico Sur, donde fue atacado por una ballena de veinticuatro metros y se hundió. De acuerdo con el relato posterior del segundo oficial del <span style="font-style:italic">Essex</span>, <b>Owen Chase</b>, la ballena chocó contra el barco deliberada y repetidamente con "furia y sed de venganza" hasta destruirlo y hundirlo [...] Este fatídico viaje, desde su partida hasta el ataque, se produjo durante la misma conjunción de Saturno y Plutón y la cuadratura de Urano y Plutón del nacimiento de Melville [...]       <br />
       Melville se crió sin tener noticia de este dramático suceso, temporalmente tan cercano a su nacimiento, y a comienzos de la veintena firmó un contrato para un viaje de tres años en un barco ballenero que lo llevó a la misma zona del Pacífico Sur donde naufragó el <span style="font-style:italic">Essex</span> <span style="font-style:italic">(ahora ha sido un rayo seguido de un trueno muy poderoso)</span>. La suerte quiso que durante el viaje, Melville se encontrará con el hijo de Owen Chase, el segundo oficial del <span style="font-style:italic">Essex</span>, quien le prestó una copia de la narración original de su padre. [...]       <br />
              <br />
       Exactamente un ciclo completo de Saturno-Plutón después del nacimiento de Melville y del hundimiento del <span style="font-style:italic">Essex</span>, durante la conjunción inmediatamente posterior de esos dos planetas, en 1850-1851, Melville escribió y publicó <span style="font-style:italic">Moby Dick</span>. Es asombro que precisamente cuando Melville estaba acabando el libro, en agosto de 1851, con la conjunción de Saturno y Plutón a menos de 4º de su alineamiento exacto, el ballenero <span style="font-style:italic">Ann Alexander</span> fue embestido y hundido por un cachalote enfurecido al que había estado persiguiendo en las mismas aguas en las que, más de treinta años antes, el <span style="font-style:italic">Essex</span> había sufrido el mismo destino, los dos únicos casos bien documentados de semejante acontecimiento hasta el día de hoy. Enterarse de esa gran coincidencia produjo en Melville un profundo impacto.<span style="font-style:italic"> (Ya llueve)</span>        <br />
       Como cabe recordar, la publicación de <span style="font-style:italic">Moby Dick</span>  y el hundimiento del <span style="font-style:italic">Ann Alexander</span> no sólo coincidieron con la conjunción de <b>Saturmo</b> y <b>Plutón</b> , sino también con la de <b>Urano</b> y <b>Plutón</b> de 1845-1856, es decir, con la triple conjunción de estos planetas, la única de los últimos doscientos años. [...]       <br />
              <br />
       Esta poderosa configuración, que opera en tantos niveles de lo humano y de los mundos naturales, guarda íntima relación con la posibilidad de que en "todas las cosas" -tanto en las profundidades de la psique humana como en las de la propia naturaleza- resida un <span style="font-style:italic">anima mundi</span>, esto es, una profunda interioridad arquetípicamente informada. La poderosa obra de Melville es algo más que una obra humana: representa la violenta irrupción de la fuerza misma de la naturaleza, imbuida de oscuro y numinoso significado. Fuerzas elementales de sentido y finalidad que surgen del fondo del océano, dos veces como ballenas y dos veces con formas humanas, en el nacimiento de Melville y en el de su libro. Estas sincronicidades dobles en el reino humano y en el de los cetáceos son suficientemente asombrosas por sí mismas como para suscitar una reflexión en profundidad. Sin embargo, de alguna manera ligado a todos estos acontecimientos y coincidencias y dándoles unidad está el gran macrocosmos mismo, los movimientos planetarios en el vasto cielo estrellado, muy por encima del océano de las ballenas y de los hombres, reflejando una profundidad de configuración  significativa y misteriosa finalidad en el fondo de todas las cosas.        <br />
              <br />
       La tormenta ha cesado justo ahora. Será tiempo entonces de poner unas palabras de Melville durante la redacción de Moby Dick y terminar.       <br />
              <br />
       ¡Denme el cráter del Vesubio como tintero! ¡Sostengan mis brazos, amigos! Porque en el simple acto de escribir mis pensamientos sobre este leviatán, estos pensamientos me agotan, me consumen con la extensión de su envergadura, como si quisieran incluir todo el ámbito de la ciencia y todas las generaciones presentes, pasadas y futuras de ballenas, hombres, mastodontes, con todos los mudables panoramas de los imperios terrestres y del universo entero... ¡Tal es la virtud magnificadora de un tema inmenso y libre! Crecemos con su volumen. Para producir un gran libro hay que elegir un gran tema.
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
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   <title>Lapidación</title>
   <updated>2010-08-17T13:05:00+02:00</updated>
   <id>http://www.fernandoloygorri.com/Lapidacion_a440.html</id>
   <category term="Ensayo" />
   <published>2010-08-17T12:22:00+02:00</published>
   <author><name>Fernando García-Loygorri Gazapo</name></author>
   <content type="html">
    <![CDATA[
     <div>
      Existen grupos que no pueden criticar la lapidación de la señora <b>Shakiné Mohammadi-Ashtiani</b>. Nosotros sí podemos. Este nosotros comprende a todos aquellos que estamos en contra de la pena de muerte.       <br />
              <br />
       Ningún gobierno que aplique la pena de muerte tiene derecho a criticar la decisión judicial de los tribunales iraníes.        <br />
              <br />
       No pueden invocar su moral para criticar la moral del otro (al fin y al cabo la moral es el uso de la costumbre) y si en las leyes de ese país se establece la muerte por lapidación de una mujer, ésas son las leyes de ese país y serán los ciudadanos de ese país y los ciudadanos del mundo que estén radicalmente en contra de la pena de muerte como castigo jurídico, quienes habrán de luchar por los cambios de las leyes . Pero no porque se trate de discriminación contra la mujer, de antigualla moral, de muerte indecente, sino porque se está radicalmente en contra de la pena de muerte (las otras tres razones serían fundamentos de la argumentación).       <br />
              <br />
       La hipocresía se define como el fingimiento de cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente se tienen o experimentan.       <br />
              <br />
       Lo importante de la noticia no es la señora Shakiné Mohammadi-Ashtani, la injusticia que se comete contra ella, sino la imagen que se exporta al mundo del Diablo Iraní. Es una noticia de propaganda de guerra.       <br />
              <br />
       No hace falta en absoluto acudir a ejemplos donde la muerte bárbara se realiza a diario. Ni tampoco recurrir al argumento de los métodos de guerra que los países invasores han ejercido en los países invadidos (los mismos, claro, que critican esta sentencia). Ni recurrir argumentalmente a sus propias ejecuciones (en el caso de los Estados Unidos, principalmente, negros y pobres). Ni recordar (como hoy he tenido la desgracia de hacer) las atrocidades que se produjeron durante la guerra de Yugoslavia de los años 90 en la civilizadísima Europa.       <br />
              <br />
       El mundo es cruel e injusto y por señalar lo malo e injusto que es el de enfrente no se es necesariamente menos cruel y más justo. Sólo desde la integridad moral (dentro de la moral propia) se puede intentar dar lecciones de la misma a otras morales y otras sensibilidades. Si no es papel mojado o propaganda de guerra. Y eso solivianta aún más los ánimos.
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
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   </content>
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  </entry>
  <entry>
   <title>Iván Karamázov (último)</title>
   <updated>2010-08-16T20:44:00+02:00</updated>
   <id>http://www.fernandoloygorri.com/Ivan-Karamazov-ultimo_a439.html</id>
   <category term="Invitados" />
   <photo:imgsrc>http://www.fernandoloygorri.com/photo/imagette-2288572-3198184.jpg</photo:imgsrc>
   <published>2010-08-16T20:27:00+02:00</published>
   <author><name>Fernando García-Loygorri Gazapo</name></author>
   <content type="html">
    <![CDATA[
Extracto de la novela Los hermanos Karamázov de F.M. Dostoyevski
Traducción del ruso Augusto Vidal.     <div style="position:relative; text-align : center; padding-bottom: 1em;">
      <img src="http://www.fernandoloygorri.com/photo/2288572-3198184.jpg" alt="Iván Karamázov (último)" title="Iván Karamázov (último)" />
     </div>
     <div>
      Iván calló unos instantes; su rostro adquirió, de pronto, una profunda expresión de tristeza       <br />
       - Escúchame: me he referido sólo a los niños, para que resultara más evidente lo que decía. De las otras lágrimas humanas con que está empapada la tierra desde la corteza hasta su centro, no diré ni una palabra; adrede he reducido mi tema. Soy un gusano y confieso humildemente que no puedo comprender en lo más mínimo con qué objetivo están así las cosas ordenadas. Tenemos, pues, que los propios hombres son culpables: se les dio el paraíso, ellos quisieron la libertad y robaron el fuego de los cielos, sabiendo a ciencia cierta que serían desgraciados; por tanto, no son dignos de lástima. Pero, según mi lamentable entendimiento, terreno y euclidiano, lo único que sé es que el dolor existe y que no hay culpables, que una cosa se desprende de otra de manera directa y sencilla, que todo fluye y se equilibra, pero esto no es más que un absurdo euclidiano, yo lo sé y no puedo estar de acuerdo con vivir ateniéndome a él ¿Qué me importa a mí que no haya culpables y que yo lo sepa? Lo que necesito yo es que se castigue; de lo contrario, me destruiré a mí mismo. Y que el castigo se aplique no en el infinito, en algún tiempo y en algún lugar imprecisos, sino aquí, en la tierra, y que yo mismo lo vea. He tenido fe, quiero ver por mí mismo, y si cuando la hora llegue ya he muerto, que me resuciten, pues si todo ocurre sin mí, resultará demasiado ofensivo. No he sufrido yo para estercolar con mi ser, con mis maldades y sufrimientos, la futura armonía a alguien. Quiero ver con mis propios ojos cómo la cierva yace junto al león y cómo el acuchillado se levanta y abraza a su asesino. Quiero estar presente cuando todos, de súbito, se enteren de porqué las cosas han sido como han sido. En este deseo se asientan todas las religiones de la tierra, y yo tengo fe. Sin embargo, ahí están los niños ¿qué voy a hacer con ellos entonces? Éste es un problema que no puedo resolver. Lo repito por centésima vez: los problemas son múltiples, pero he tomado sólo el de los niños porque en éste se refleja con nítida claridad lo que quiero expresar. Escucha: si todos hemos de sufrir para comprar con nuestro sufrimiento la eterna armonía ¿qué tienen que ver con ello los niños? ¿Puedes explicármelo, por ventura? es totalmente incomprensible por qué han de sufrir ellos también y por qué han de contribuir con su sufrimiento al logro de la armonía ¿Por qué han de servir de material para estercolar la futura armonía, sabe Dios para quién? Comprendo la solidaridad de los hombres en el pecado, también la comprendo en el castigo, pero no se puede hacer solidarios a los niños en el pecado, y si la verdad está en que ellos son, en efecto, solidarios con sus padres en todas las atrocidades por éstos cometidas, tal verdad no es, desde luego, de nuestro mundo, y a mí me resulta incomprensible. Algún guasón dirá, sin duda,  que de todos modos el niño crecerá y tendrá tiempo sobrado para pecar, pero ése no creció; a los ocho años le despedazaron los perros ¡Oh, Aliosha, yo no blasfemo! Bien comprendo cuál deberá ser la conmoción del universo cuando cielo y tierra se unan en un solo grito de alabanza y todo cuanto viva o haya vivido exclame: “¡Tienes razón, Señor, pues se han abierto tus caminos!”; cuando la madre se abrace al verdugo que ha hecho despedazar a su hijo por los perros y los tres juntos proclamen, bañados los ojos en lágrimas: “Tienes razón, Señor”. Entonces, naturalmente, se llegará a la apoteosis del conocimiento y todo se explicará. Pero aquí está, precisamente, el obstáculo, esto es lo que no puedo aceptar. Y mientras estoy en la tierra, me apresuro a tomar mis medidas. Verás, Aliosha, es muy posible que en realidad, cuando yo mismo vea ese momento, sea porque viva hasta entonces, sea porque resucite, exclame junto con los demás, al ver a la madre abrazando al asesino de su hijo: “¡Tienes razón, Señor!”, pero no quiero hacerlo. Mientras me queda tiempo, procuro proteger mi posición  y por esto renuncio por completo a la armonía suprema, que no vale las lágrimas ni de aquella sola niña atormentada que se daba golpes en el pecho con sus manitas, ¡y en su maloliente encierro rogaba al “Dios de los niños” con sus lágrimas imperdonables! Estas lágrimas no han sido expiadas. Han de serlo: de lo contrario, no puede haber armonía. Pero ¿cómo quieres expiarlas? ¿Acaso es posible? ¿Acaso por el castigo futuro? ¿Pero de qué me sirve el castigo, de qué me sirve el infierno para los verdugos, qué puede rectificar el infierno, cuando aquéllos han sido ya torturados? Y qué armonía puede haber si existe el infierno: lo que quiero yo es perdonar, abrazar, y no que se sufra más. Y si los sufrimientos de los niños han ido a completar la suma de sufrimientos necesaria para comprar la verdad, yo afirmo de antemano que la verdad entera no vale semejante precio ¡No quiero, en fin, que la madre abrace al verdugo que ha hecho despedazar a su hijo por los perros! ¡Que no se atreva a perdonarle! Si quiere, que perdone al torturador su infinito dolor de madre; pero no tiene ningún derecho a perdonar los sufrimientos de su hijo despedazado, ¡y que no se atreva a perdonar al verdugo, aunque la propia criatura se lo perdonara! Si es así, si las víctimas no se han de atrever a perdonar, ¿dónde está la armonía? ¿Hay en todo el mundo un ser que pueda y tenga derecho a perdonar? No quiero la armonía, no la quiero por amor a la humanidad. Prefiero quedarme con los sufrimientos sin castigar. Mejor es que me quede con mi dolor sin vengar y con mi indignación pendiente, aunque no tenga razón. Muy alto han puesto el precio a la armonía, no es para nuestro bolsillo pagar tanto por la entrada. Me apresuro, pues, a devolver mi billete de entrada. Y si soy un hombre honrado, tengo la obligación de devolverlo cuanto antes. Esto es lo que hago. No es que no admita a Dios, Aliosha; me limito a devolverle respetuosamente el billete.       <br />
       - Esto es una rebelión –replicó Aliosha, en voz queda y bajando los ojos.       <br />
       
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
    ]]>
   </content>
   <link rel="alternate" href="http://www.fernandoloygorri.com/Ivan-Karamazov-ultimo_a439.html" />
  </entry>
  <entry>
   <title>Iván Karamázov 3</title>
   <updated>2010-08-16T19:43:00+02:00</updated>
   <id>http://www.fernandoloygorri.com/Ivan-Karamazov-3_a438.html</id>
   <category term="Invitados" />
   <published>2010-08-16T19:33:00+02:00</published>
   <author><name>Fernando García-Loygorri Gazapo</name></author>
   <content type="html">
    <![CDATA[
Extracto de la novela Los hermanos Karamázov de F.M. Dostoyevski
Traducción del ruso Augusto Vidal.     <div>
      <b>Iván Karamázov</b>:       <br />
       Unos padres, “gente honorabilísima, funcionarios cultos y educados”, le tomaron odio a su hijita, una niña de cinco años ¿Ves?, afirmo una vez más sin vacilar que son muchos los seres humanos con una propiedad especial, la de sentir afición a pegar a los niños, pero sólo a los niños. Respecto a todos los demás sujetos se comportan hasta como personas amables y humildes, como europeos instruidos y humanos, pero son muy amigos de torturar a los niños, e incluso, por esto, llegan a sentir inclinación por ellos. Es, precisamente, el desamparo de estas criaturas, la confianza angelical de los pequeñuelos, que no tienen adónde acudir ni a quién dirigirse, lo que seduce a estos torturadores, lo que enciende la sangre vil de los desalmados. En todo hombre, desde luego, anida una fiera, una fiera que por nada monta en cólera; una fiera que se exalta voluptuosamente al oír los gritos de la víctima torturada, una fiera violenta, soltada de la cadena, una fiera con dolencias contraídas en el libertinaje, con la gota, los riñones enfermos, etcétera. A esta pobre niña de cinco años, sus cultos padres la sometían a infinitos tormentos. Le pegaban, la azotaban, le daban puntapiés sin saber ellos mismos por qué, le cubrían el cuerpo de cardenales; llegaron, por fin, al máximo refinamiento: en noches frías, heladas, la encerraban en el lugar excusado, y con el pretexto de que por la noche no pedía hacer sus necesidades (como si una criatura de cinco años, que duerme con profundo sueño angelical, ya hubiera podido aprender), le embadurnaban la cara con sus excrementos y se los hacían comer, y quien la obligaba a comérselos era su madre, ¡su propia madre!, ¡Y esa madre podía dormir cuando por la noche se oían los gemidos de la pequeña criaturita encerrada en un lugar infamante! ¿Te imaginas al pequeño ser, incapaz de comprender aún lo que pasa, dándose golpes a su lacerado pecho con sus puñitos, en el lugar vil, oscuro y helado, llorando con lágrimas de sangre, sin malicia y humildes, pidiendo al “Dios de los niños” que la defienda? ¿Eres capaz de comprender este absurdo, amigo y hermano mío, tú, humilde novicio del Señor, eres capaz de comprender por qué es necesaria y ha sido creada tal absurdidad? Dicen que sin ella no podría existir el hombre en la tierra, pues no conocería el bien y el mal ¿para qué conocer este diabólico bien y este mal, si cuestan tan caros? Todo el mundo del conocimiento no vale esas lagrimitas infantiles dirigidas al “Dios de los niños”. No hablo de los sufrimientos de los adultos: éstos han comido la manzana y al diablo con ellos y que el diablo se los lleve a todos, ¡pero ésos, ésos! Te estoy atormentando, Aliosha, parece que estás muy turbado. Me callaré si quieres.       <br />
       - No importa, yo también quiero atormentarme –balbuceó Aliosha       <br />
       - Voy a presentarte otro cuadro, sólo otro, y aun por curiosidad muy característico. Esto sucedió en la época más tenebrosa de la servidumbre, a comienzos de siglo <span style="font-style:italic">(la esclavitud fue abolida en Rusia en 1861)</span>. Había un general con excelentes relaciones y riquísimo propietario, pero de aquéllos que, al retirarse del servicio activo, habían llegado poco más o menos que a la convicción de haberse ganado el derecho a la vida y la muerte de sus siervos. Los había así entonces. Vive, pues, este general retirado en su finca, que contaba dos mil almas; se da humos, desdeña a sus modestos vecinos, a los que trata como parásitos y bufones suyos. Tiene centenares de perros y casi cien perreros, todos de uniforme, todos con sus caballos. Un día, el hijo de un siervo de la casa, un niño que no pasaba de los ocho años, tiró una piedra, jugando, e hirió en una pata al perro preferido del general. “¿por qué mi perro predilecto cojea?”. Le informan de que aquel muchacho había tirado una piedra y lo había herido en una pata. “¿Has sido tú? (el general le dirigió una mirada) ¡Prendedle!” Le cogieron, le arrancaron de los brazos de su madre, le hicieron pasar toda la noche en las mazmorras; por la mañana, no bien apunta el alba, el general sale vestido de gala para ir de caza, monta a caballo, rodeado de gentes que viven a sus costas, de canes, perreros y monteros, todos a caballo. Hace reunir a la servidumbre para dar ejemplo, y en primera fila a la madre del niño culpable. Sacan al muchacho de la mazmorra. Era un sombrío día de otoño, frío, brumoso, ideal para la caza. El señor manda desnudar al muchachito; le desnudan por completo, el niño tiembla, está loco de miedo, no se atreve a decir ni pío… “¡hacedle correr!” (ordena el general). “¡Corre, corre!”, le gritan los perreros; el pequeño echa a correr… “¡Hala, hala!”, vocifera entonces el general, y lanza contra el niño toda la jauría de perros. Le acorralaron a la vista de la madre y los perros hicieron pedazos al niño […]       <br />
       - ¿Para qué me estás poniendo a prueba? –exclamó Aliosha, en una explosión de amargura-. ¿Me lo dirás por fin?       <br />
       
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
    ]]>
   </content>
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  <entry>
   <title>Iván Karamázov 2</title>
   <updated>2010-08-16T19:34:00+02:00</updated>
   <id>http://www.fernandoloygorri.com/Ivan-Karamazov-2_a437.html</id>
   <category term="Invitados" />
   <published>2010-08-16T18:50:00+02:00</published>
   <author><name>Fernando García-Loygorri Gazapo</name></author>
   <content type="html">
    <![CDATA[
Extracto de la novela Los hermanos Karamázov de F.M. Dostoyevski
Traducción del ruso Augusto Vidal.     <div>
      <b>Ivan Karamázov</b>:       <br />
       Verás, soy un aficionado a hacer colección de ciertos hechos, y ¿lo creerás? anoto y recojo de periódicos y relatos, de donde se tercia, cierta clase de anécdotas; tengo ya una buena colección. Los turcos, naturalmente, figuran en ella, pero se trata de extranjeros. He cogido también cositas del país, que son hasta mejores que las turcas ¿Sabes?, entre nosotros son los golpes los que se llevan la palma, abundan más el vergajo y el látigo; esto es lo nacional; entre nosotros, clavetear las orejas es inconcebible; a pesar de todo, somos europeos; pero el vergajo, el látigo, son algo muy nuestro y no hay quien nos lo quite. En el extranjero, según parece, ahora ya no se pega. Será que las costumbres se han dulcificado o  bien se habrán dictado leyes en virtud de las cuales el hombre, al parecer, no se atreve ya a pegar al hombre; en cambio se ha buscado una compensación también puramente nacional, como tenemos nosotros, tan nacional que parece imposible en nuestro país; si bien también aquí, si no me equivoco, va abriéndose camino, sobre todo desde que se ha producido un movimiento religioso en nuestra alta sociedad. Tengo un notable folleto, traducido del francés, en el que se cuenta cómo en Ginebra, no hace mucho tiempo, unos cinco años a lo sumo, ejecutaron a un criminal y asesino, un tal Richard, joven de veintitrés años, si no recuerdo mal, arrepentido y convertido a la religión cristiana antes de subir al cadalso. Richard era un hijo ilegítimo al que, siendo pequeño, de unos seis años de edad, sus padres regalaron a unos pastores suizos de montaña, quienes le criaron para hacerle trabajar. Creció entre ellos como un animalillo salvaje; los pastores no le enseñaron nada; al contrario, cuando tuvo siete años le mandaron ya a cuidar ganado, tanto si el tiempo era lluvioso como si hacía frío, casi sin vestirle ni alimentarle. Al tratarle de esta manera, ninguno de ellos se paraba a reflexionar ni tenían remordimientos; al contrario, se creían que obraban en su pleno derecho, pues Richard les había sido regalado como una cosa, y ni siquiera creían necesario darle de comer. Richard mismo contó que durante aquellos años, como el hijo pródigo del Evangelio, sentía enormes deseos de comer aunque fuera bazofia de la que daban a los cerdos que engordaban para la venta; pero ni eso le daban y le pegaban cuando él lo robaba. Así pasó toda su infancia y su juventud, hasta que creció y, sintiéndose fuerte, se dedicó a robar. El salvaje trabajó de jornalero en Ginebra para ganar dinero; se bebía lo ganado, vivía como un monstruo y acabó asesinando a viejo para robarle. Le prendieron, le juzgaron y le condenaron a muerte. Allí no se andan con sentimentalismos. Pues bien, en la cárcel, inmediatamente  le rodearon predicadores y miembros de diferentes hermandades cristianas, damas que practican la beneficencia, etcétera. En la cárcel le enseñaron a leer y a escribir, empezaron a explicarle el Evangelio, le sermonearon, le exhortaron, le presionaron, le instaron, le agobiaron, y he aquí que un buen día Richard confesó, al fin, solemnemente, su crimen. Se convirtió, escribió de su puño y letra al tribunal reconociendo que era un monstruo y que al fin el Señor se había dignado iluminarle y enviarle la gracia celestial. Se emocionó Ginebra entera […]. Llega el último día, Richard, casi sin fuerzas, llora y a cada momento repite: “Éste es el mejor de mis días ¡voy a reunirme con el Señor!”. “Sí (gritan los pastores, los jueces y las damas de beneficencia) éste es el día más feliz de tu vida” […]. Cubierto de besos por todos ellos, arrastraron al hermano Richard al cadalso, le colocaron en la guillotina y le hicieron saltar la cabeza, como buenos hermanos, por haber venido a él la gracia del Señor. […] En nuestro país es posible azotar a las personas. Y he aquí que un señor inteligente y culto, y su dama, azotan con un vergajo a su propia hija, una niña de siete años; lo tengo escrito con todo detalle. El papaíto se alegra de que la verga tenga nudos, “dolerá más”, dice, y comienza a “tundir” a su propia hija. Hay personas, me consta, que se excitan a medida que pegan, cada nuevo golpe les hace sentir una sensación de voluptuosidad, de auténtica voluptuosidad, en progresión creciente. Azotan un minuto; azotan, al fin, cinco minutos, azotan durante diez minutos, siguen azotando más, más rápido, con más fuerza. La niña grita, la niña al fin no puede gritar, se ahoga: “¡Papá, papá! ¡Papaíto, papaíto!”. Por un azar diabólico e indecoroso, el asunto llega hasta los tribunales. Se “alquila” un abogado […] Los jurados, convencidos, se retiran a deliberar y dictan una sentencia absolutoria. El público llora de felicidad porque han absuelto al verdugo… Estas estampas son una joya. Pero acerca de los niños, tengo aún otras mejores; he recogido muchas cosas, Aliosha, muchas, sobre los niños rusos.       <br />
              <br />
              <br />
       
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
    ]]>
   </content>
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  <entry>
   <title>Iván Karamázov 1</title>
   <updated>2010-08-16T19:31:00+02:00</updated>
   <id>http://www.fernandoloygorri.com/Ivan-Karamazov-1_a436.html</id>
   <category term="Invitados" />
   <published>2010-08-16T15:34:00+02:00</published>
   <author><name>Fernando García-Loygorri Gazapo</name></author>
   <content type="html">
    <![CDATA[
Extracto de la novela Los hermanos Karamázov de F.M. Dostoyevski
Traducción del ruso Augusto Vidal.     <div>
      Tras una larga serie de de sucesos donde los más puramente terrenal y lo divino se entremezclan, <b>Aliosha</b> e <b>Iván Karamázov</b> comen en una taberna.       <br />
       Los días anteriores han sido muy frenéticos y en ese frenesí que <b>Dostoyevski</b> califica de <span style="font-style:italic">desgarramientos</span>, hemos conocido a la familia <b>Karamázov</b>, a sus criados; a las amadas por estos hombres; hemos conocido la inclinación ascética de Aliosha, el pequeño de los hermanos, que vive en el monasterio de la ciudad y que es el favorito de <span style="font-style:italic">starets</span> (una especie de santón) <b>Zosima</b>, el cual está punto de morir; hemos asistido a la paliza que el hijo mayor, <b>Dmitri</b>, ha propinado a su padre por una cuestión de faldas delante de sus hermanos; hemos asistido a los ataques de histeria de <b>Katherina Ivánovna</b>, prometida de Dmitri a la cual Dmitri rechaza pues se ha enamorado de una meretriz (la cual a su vez se acuesta con el padre, un lujurioso de tomo y lomo y bufón además y borracho), a quien pretende Ivan hasta que decide irse a Moscú y abandonar sus pretensiones. Todo contado con una gran pasión, arrebatadamente, histéricamente incluso.       <br />
       Bien, volvamos a la taberna. Tras responder Iván a la pregunta que a Aliosha le interesa -si su hermano cree en Dios- Iván responde de forma extensa y magnífica.       <br />
       Esta es parte de su argumentación: Él admite la existencia de Dios (a priori)       <br />
              <br />
       <b>Iván Karamázov</b>:       <br />
       [...] Deseaba hablar del sufrimiento de la humanidad en general, pero mejor será que nos detengamos en los sufrimientos de los niños. Así se reduce en unas diez veces el alcance de mi argumentación, pero será mejor que me refiera sólo a los niños. Resultará, desde luego, menos favorable para mí. Pero, en primer lugar, a los niños se los puede amar incluso de cerca, incluso sucios, hasta feos (a mí me parece, sin embargo, que los niños nunca son feos). En segundo lugar no quiero hablar de los adultos porque, a parte de ser repugnantes y no merecer amor, tienen además con qué desquitarse: han comido de la manzana y han entrado en conocimiento del bien y del mal, y se han hecho "semejantes a Dios". Y siguen comiéndola. En cambio, los niños no han comido nada y no son culpables de nada ¿Te gustan los niños, Aliosha? Sé que te gustan, y comprenderás por qué ahora sólo quiero hablar de ellos. Si también sufren horrorosamente en la tierra se debe, claro está, a sus padres: son castigados por sus padres, que se han comido la manzana; ahora bien, éste es un razonamiento del otro mundo; al corazón del hombre, aquí en la tierra, le resulta incomprensible. Un inocente no debe sufrir por otro ¡y menos semejante inocente (se refiere a Cristo)! Asómbrate de mí, Aliosha; también yo quiero con todo el alma a las criaturitas [...] no hace mucho me contaba un búlgaro en Moscú cómo los turcos y los circasianos están cometiendo atrocidades por todo el país, por toda Bulgaria, temiendo un alzamiento en masa de los eslavos; es decir, incendian, matan, violan a mujeres y niñas, clavan a los detenidos a las vallas, metiéndoles los clavos por las orejas, y allí los dejan hasta la mañana siguiente y luego los ahorcan, etcétera; es inimaginable todo lo que pueden llegan a hacer. Se habla a veces de la "fiera" crueldad del hombre, pero esto es terriblemente injusto y ofensivo para las fieras: una fiera no puede ser nunca tan cruel como el hombre, tan artística y refinadamente cruel. El tigre despedaza y devora, otra cosa no sabe hacer. A él ni se le ocurriría clavar a los hombres por las orejas con clavos y dejarlos así toda la noche, no se le ocurriría aunque fuera capaz de hacerlo. Los turcos, en cambio, han torturado sádicamente hasta a los niños, empezando con arrancarlos de las entrañas de la madre con un puñal, hasta arrojar a los niños de pecho para ensartarlos al caer con la punta de la bayoneta en presencia de las madres. El hacerlo a la vista de las madres era lo que constituía el principal placer. Te voy a contar una escena que me ha impresionado en gran manera. Imagínate la situación: un crío de pecho en brazos de su madre temblorosa; en torno, unos turcos que acaban de llegar. Los turcos idean un juego divertido: acarician al pequeño, se ríen, para hacerle reír, y lo logran; el pequeño ríe. En ese instante, un turco le apunta con la pistola, a cuatro pulgadas de su carita. El pequeño se ríe alegremente, alarga sus manitas para coger el revólver y, de pronto, el artista aprieta el gatillo apuntándole a la cara y le despedaza la cabecita... Está hecho con arte, ¿no es cierto?       <br />
       - Hermano, ¿a qué viene todo esto? -preguntó Aliosha       <br />
       
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
    ]]>
   </content>
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  </entry>
  <entry>
   <title>Buscar explicaciones</title>
   <updated>2010-08-19T21:09:00+02:00</updated>
   <id>http://www.fernandoloygorri.com/Buscar-explicaciones_a435.html</id>
   <category term="Ensayo" />
   <published>2010-08-14T00:01:00+02:00</published>
   <author><name>Fernando García-Loygorri Gazapo</name></author>
   <content type="html">
    <![CDATA[
     <div>
      No he venido al mundo a convencer a nadie       <br />
       Algunos sí vienen con esa intención       <br />
       No alcanzo a sentirme uno mismo       <br />
       Ni sé qué es la Unidad       <br />
       Ni lo que el Alma del Mundo es       <br />
       Ni siento el Universo vacío y solos en él       <br />
       Tampoco me importaría mucho       <br />
       No me interesa en sí, como dolor, la soledad       <br />
              <br />
       Me gustan las discusiones metafísicas como juego de enredaderas que cubren la pared de hermosos arabescos (lo al fin y al cabo pared, no enredadera. La enredadera se sostiene porque tras ella hay pared)       <br />
              <br />
       No tengo un sentido trascendente de la muerte       <br />
       Siento eróticamente la vida       <br />
       La vida erótica. Una de las cuatro locuras posibles (según como siempre expresaban, en su afán calificador, los griegos).       <br />
              <br />
       La lucha me retrae.       <br />
       No quiero vivir eternamente. No quiero saberlo todo. No quiero una verdad para toda la vida. Ni busco toda una vida para una verdad.       <br />
              <br />
       Me levanto por la mañana y eso es todo. Duermo en la noche y eso es todo. El regalo es una mirada. El regalo es un encuentro. El regalo es ser consciente.       <br />
              <br />
       Todo lo demás (que podemos abarcar con el pomposo nombre de metafísica) es un juego de trileros, es una fiesta apolínea, es una orgía eleusina, es una  novena eterna, es un discurso del método, es una epistemología necesaria siempre para amarrar los machos al orden; todo lo demás son enseñanzas de salón o reunión arbitraria de cerebritos a la parrilla.       <br />
              <br />
       ¡Qué importa el contacto con los marcianos!       <br />
       ¿Y qué si las estrellas nos muestran el orden?       <br />
       ¿Qué si la esencia de los ausentes se conforma en una bola azul o en un holograma?       <br />
       ¿Qué si es  autosugestión o visita sideral?       <br />
              <br />
       Me gusta la visión de la montaña       <br />
       La estrella fugaz que durante un milisegundo alimenta       <br />
       Me gusta el cuerpo de la mujer.       <br />
              <br />
       Me siento como los antiguos       <br />
       que tenían largas pesadillas y        <br />
       llamaban a los adivinos para que los aliviaran.        <br />
              <br />
       Tiempo suficiente.
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
    ]]>
   </content>
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   <title>Ángeles e Intenciones</title>
   <updated>2010-08-10T13:11:00+02:00</updated>
   <id>http://www.fernandoloygorri.com/Angeles-e-Intenciones_a434.html</id>
   <category term="Miscelánea" />
   <photo:imgsrc>http://www.fernandoloygorri.com/photo/imagette-2278251-3183818.jpg</photo:imgsrc>
   <published>2010-08-10T12:17:00+02:00</published>
   <author><name>Fernando García-Loygorri Gazapo</name></author>
   <content type="html">
    <![CDATA[
     <div style="position:relative; text-align : center; padding-bottom: 1em;">
      <img src="http://www.fernandoloygorri.com/photo/2278251-3183818.jpg" alt="Ángeles e Intenciones" title="Ángeles e Intenciones" />
     </div>
     <div>
      ... y ocurre que pueda ser una simple sincronía. O va más lejos y por vericuetos extrasensoriales se llega a descubrimientos más o menos loables. Más o menos certeros. La verdad es la cuerda floja del espíritu. No así del alma cuya verdad estriba en la locura.       <br />
              <br />
       Leo las palabras de alguien  y me agota la vacuidad de esas palabras. No por feas o por falsas. Si no por faltas de verdad. Es como si al leer, en ocasiones, se atisbara por el resquicio de una coma la ausencia de verdad.       <br />
              <br />
       <span style="font-style:italic">Angels in America</span> de <b>Tony Kushner</b> (qué gusto que se anteponga el autor al director de vez en cuando) dirigida por <b>Mike Nichols</b> e interpretada entre otros por <b>Meryl Streep</b>, <b>Jeffrrey Wright</b>, <b>Marie Louise Parker</b> o <b>Al Pacino</b>, tiene en su desmesura tanta verdad que es una fiesta para los sentidos. Esa lucha moderna entre lo científico y lo espiritual; entre lo aceptable y lo bochornoso; entre lo admisible y lo inadmisible en una sociedad podrida, en una civilización agotada.       <br />
              <br />
       Vivimos una civilización agotada.       <br />
              <br />
       Los años del SIDA (década de los ochenta del siglo pasado) es el paradigma que utiliza Kushner para su metáfora del mundo. Y su metáfora es bellísima, desgarradora, grotesca y sensual.       <br />
              <br />
       Un detalle que agranda para mí la serie es que no se ve a ningún personaje, a lo largo de las seis horas de duración, montado en un coche. Eso para una serie americana es una denuncia en sí. Y además tiene sentido en tanto en cuanto el mensaje del Ángel, <b>Emma Thompson</b>, es que la clave de la decadencia de la especia humana radica en que no deja de moverse. Sólo si se mantuviera quieta, Dios volvería y todo retornaría a su estúpida y aburrida Edad Dorada. El Profeta, <b>Justin Kirk</b>, se niega a anunciar la buena nueva (o la mala nueva) y sube hasta los cielos por una incandescente escalera de Jacob y entrega el libro que le había caído en suerte a unos ángeles que hacen guardia a la espera de que Dios vuelva. Antes de volver a bajar a la tierra y seguir viviendo con el SIDA -que en aquellos años, no se nos olvide, era sentencia de muerte- les espeta a los ángeles guardianes, Y si vuelve Dios denunciadlo por habernos abandonado y castigadlo como se merece.       <br />
              <br />
       Tan dislocada historia tiene un punto de verdad tan elevado que no puedo por menos que compararla con la ausencia de verdad del texto realista, que habla de cosas cotidianas y que sin embargo, insuflado de cierto aroma orientaloide, pierde su energía en aras de una creencia que en absoluto tiene pies ni cabeza.       <br />
              <br />
       Los ángeles existen como intuiciones que se pueden personificar, como sincronías de las que podemos ser capaces de darnos cuenta, como un aviso en el momento justo; los ángeles tienen el filo de sus alas de demonios; los ángeles son seres feéricos como lo somos nosotros, humanos, que podemos mirar de reojo el Otro Mundo y extraer de él un poco de cordura la cual en el vocabulario de los ángeles-demonios-hadas-duendes-dáimones, se llama locura. Locura para dejarnos de fórmulas manidas; locura para afrontar la vida con todo el terror que nos cause (y toda la alegría y todo el asombro) como lo vive <b>Harper Pitt</b> -el personaje maravillosamente interpretado por <b>Marie Louise Parker</b>- que entra en sus alucinaciones con la misma sonrisa triste con la que habita en eso que tantos y tantos se empeñan en llamar realidad.       <br />
              <br />
       - Déjese usted de recetas, señora, y póngase a cocinar.
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
    ]]>
   </content>
   <link rel="alternate" href="http://www.fernandoloygorri.com/Angeles-e-Intenciones_a434.html" />
  </entry>
  <entry>
   <title>Himno</title>
   <updated>2010-08-08T21:07:00+02:00</updated>
   <id>http://www.fernandoloygorri.com/Himno_a433.html</id>
   <category term="Invitados" />
   <photo:imgsrc>http://www.fernandoloygorri.com/photo/imagette-2275720-3180334.jpg</photo:imgsrc>
   <published>2010-08-08T20:36:00+02:00</published>
   <author><name>Fernando García-Loygorri Gazapo</name></author>
   <content type="html">
    <![CDATA[
Friedrich Leopold von Hardenberg. Pseudónimo: Novalis     <div style="position:relative; text-align : center; padding-bottom: 1em;">
      <img src="http://www.fernandoloygorri.com/photo/2275720-3180334.jpg" alt="Himno" title="Himno" />
     </div>
     <div>
      Sólo unos cuantos       <br />
       gozan del misterio del amor,       <br />
       y desconocen la insatisfacción       <br />
       y no sufren la eterna sed.       <br />
       El significado divino de la Cena       <br />
       es un enigma para el entendimiento humano;       <br />
       pero quien sólo una vez,       <br />
       en los ardientes y amados labios       <br />
       haya aspirado el aliento de la vida,       <br />
       quien haya sentido fundir su corazón       <br />
       con el escalofrío de las ondas       <br />
       de la divina llama,       <br />
       quien, con los ojos abiertos,       <br />
       haya medido el abismo       <br />
       insondable del cielo,       <br />
       ése comerá de su cuerpo       <br />
       y beberá de su sangre       <br />
       para la eternidad.       <br />
       ¿Quién ha descifrado       <br />
       el sublime significado       <br />
       del cuerpo terrenal?       <br />
       ¿Quién puede asegurar       <br />
       que ha comprendido la sangre?       <br />
       Un día todo será cuerpo,       <br />
       un único cuerpo,       <br />
       y en la sangre celestial       <br />
       se bañará la feliz pareja.       <br />
       ¡Oh!, ¿acaso no se tiñe de rojo       <br />
       el inmenso océano?       <br />
       ¿no es ya la roca que emerge       <br />
       pura carne perfumada?       <br />
       Es interminable el delicioso banquete,       <br />
       el amor no se sacia jamás,       <br />
       y nunca se acaba de poseer al ser amado,       <br />
       nunca el abrazo es suficiente.       <br />
       Los labios se tornan más delicados,       <br />
       el alimento se transforma de nuevo       <br />
       y se vuelve más profundo, más íntimo, más cercano.       <br />
       El alma se estremece y tiembla       <br />
       con mayor voluptuosidad,       <br />
       el corazón tiene siempre hambre y sed,       <br />
       y así, para la eternidad,       <br />
       el amor y la voluptuosidad se perpetúan.       <br />
       Si los que ayunan       <br />
       lo hubiesen saboreado sólo una vez       <br />
       lo abandonarían todo       <br />
       para venir a sentarse con nosotros       <br />
       a la mesa servida y nunca vacía       <br />
       del ferviente deseo.       <br />
       Y de ese modo reconocerían       <br />
       la inagotable plenitud del amor,       <br />
       y celebrarían la consumación       <br />
       del cuerpo y la sangre.       <br />
              <br />
       <span style="font-style:italic">Traducción, Rodolfo Häsler</span>
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
    ]]>
   </content>
   <link rel="alternate" href="http://www.fernandoloygorri.com/Himno_a433.html" />
  </entry>
  <entry>
   <title>No sé</title>
   <updated>2010-08-07T02:35:00+02:00</updated>
   <id>http://www.fernandoloygorri.com/No-se_a432.html</id>
   <category term="Diario" />
   <published>2010-08-07T02:10:00+02:00</published>
   <author><name>Fernando García-Loygorri Gazapo</name></author>
   <content type="html">
    <![CDATA[
     <div>
      Maravillosamente no sé nada.       <br />
       Nunca nada de lo que diga es cierto.       <br />
       Siempre podré desdecirme de lo dicho. Tengo en mi ser la flexibilidad del junco y es cierto que esta cualidad conlleva la contradicción. Si viene un viento para allá voy, si cambia, cambia mi movimiento. Sé que esta particularidad es fastidiosa. Lo sé. Me permite sentir el amor. El amor de las primeras veces. El amor del encuentro. El cursi amor del encuentro. Del primero. No hay grandes solemnidades. No hay nada. Sólo amor. Es triste que los boleros nunca hablen del primer encuentro. De los primeros días. No hay falsedad, hay deseos de dar amor. No sé nada. No entiendo nada. Estoy un poco borracho y escribo a las dos y cuarto de la madrugada tras haber estado todo el día buscando mi hogar con amigos (no  me importan sus nombres. No me importa lo que ocurra más tarde). Hoy han sido mis amigos ¡Qué palabra! Y el amor, eso que es la quintaesencia de la amistad, destilaba en cada poro de nuestro día en los montes más altos de la Comunidad de Madrid. Al final no lo hemos hallado. Ese hogar (el que hemos ido a visitar estaba demasiado difícil de acceso. Un hogar tiene que ser un lugar cómodo al que se llega) no era el hogar.        <br />
       No sé. No sé. No sé. Y moriré sin saber. Y quiero decirlo bien alto y bien fuerte: No sé y quiero pedir disculpas a todos a los que haya ofendido. Hoy me siento amado. Y esa sensación es para mí la más hermosa porque me quita el miedo, porque me da confianza. Esa mirada única, esa complicidad de veras, esa ayuda porque soy amado. No tengo ni idea de por qué surge así, de forma tan espasmódica, así sin quererlo. A lo mejor. No sé. No sé. El amor debe ser sencillamente gratis.       <br />
       Ahora me he emocionado y las lágrimas, pequeñas y serias, humedecen mi ojos. Escucho una música que le encanta a mi hija, es <b>Julieta Venegas</b> (y a mí me encanta, antes de que supiera que le encantaba a ella y ahora que lo sé me gusta más) que me gusta porque sus letras y sus músicas tienen algo de alegre, de despreocupado y al mismo tiempo de elaborado, de bien hecho. No sé. No sé por qué me gusta <b>Julieta Venegas</b> y porque me gusta con el mismo ardor <b>Johan Sebastian Bach</b> y sobre todo sus <b>Variaciones Goldberg</b> o el tema <span style="font-style:italic">Lento</span>. No sé, no sé por qué. Y aquí estoy feliz en mi fracaso de hoy. Lleno de risas y de confianza. Sin miedo. Sin miedo aunque esté en un espacio lleno de rencor que es un rencor, al fin y al cabo, mínimo, sin grandes razones, un rencor, digamos, burgués. Burgués. También me gusta querer con limón y sal y quizás haya una enseñanza: Da, da de verdad, da con el corazón aunque algún día sintieras que... aún así da, da amor, da confianza, da todo eso que tú, por mucho que tantos se nieguen a saberlo, tienes. Lo tienes pequeño camaleón ultramarino, antigualla rica, pedacito entero. Ya tú sabes.
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   <title>En la mañana de agosto</title>
   <updated>2010-08-05T18:42:00+02:00</updated>
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   <category term="Miscelánea" />
   <published>2010-08-05T10:31:00+02:00</published>
   <author><name>Fernando García-Loygorri Gazapo</name></author>
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      No es notorio y es jueves de agosto. Las calles de la ciudad de Madrid están vacías y el calor ya no es tan espantoso como durante el mes de julio. En esta mañana, aún fresca, guardo en mi memoria los restos de la noche. No sé muy bien porque escribo estas líneas ni si tendrán un final con moraleja, si será porque he visto las estadísticas y siempre me anima ver que sigues (tú y tú y usted) entrando en esta página a la espera de una lectura que te mantenga en una rutina buena o si es porque siento la levísima melancolía de las cosas mal hechas. De los hechos malos. Una frase, pronunciada por <b>Carmen</b> en una cena hace dos días, se me repite en la cabeza y es ésta, Todos sabemos perfectamente lo que es bueno y lo que es malo. Su contundencia me altera. Su sencillez me pasma. La verdad de esa afirmación me aturde y me obliga a reconocer que cuando realizo acciones malas, sé perfectamente que lo están siendo. Todos lo sabemos. Puede que entre el bien y el mal no se establezca una dualidad sino una trinidad como afirma <b>Alfred Schütze</b> en su libro <span style="font-style:italic">El Enigma del Mal</span> editado por Rudolph Steiner. El libro en sí no me gusta (más bien lo contrario) y en él establece unas triangulaciones entre el bien y el mal que me parecen interesantes. Por ejemplo: Avaricia/Moderación/Despilfarro; Soberbia/Dignidad/Inferioridad; Meticulosidad/Sentido del orden/Desorden; Cobardía/Valentía/Temeridad etc... donde el bien lo he colocado entre los dos términos del mal. Esta forma de intelectualizar las acciones humanas (mis acciones) puede que me calme un poco. Me siento como si aplicara mi ojo a un telescopio que me hiciera más grandes (y alejadas) mis propias bondades y maldades. Y siento que, al acercarlas, he atravesado un tiempo de límites finísimos entre unas y otras, tan finos que me da la impresión de que en cualquier momento se podrían rasgar y mezclarse en una pasta que haría muy difícil separar, de nuevo, el grano de la paja ¡Condición humana!
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   <title>Levante</title>
   <updated>2010-08-03T20:08:00+02:00</updated>
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   <category term="Diario" />
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   <published>2010-08-03T19:51:00+02:00</published>
   <author><name>Fernando García-Loygorri Gazapo</name></author>
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     <div style="position:relative; float:right; padding-left: 1ex;">
      <img src="http://www.fernandoloygorri.com/photo/2267822-3169182.jpg" alt="Levante" title="Levante" />
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      El viento y el mar de Cádiz. En el suroeste de España, donde se encontraban las torres de Hércules, donde el lago salado se transformó en mar cuando el estrecho que unía Europa a África se hundió y dejó pasar el Atlántico hasta las costas del Asia Menor.       <br />
       El viento de Levante en el parque natural de La Breña con su suelo de arena entre Barbate y Caños de Meca en el pueblo de San Ambrosio. En una casa preciosa con unos amigos magníficos <b>Fernando Huesca</b> y <b>Yolanda Harris</b> y cuatro perros y una gata y <b>Daniela</b> y <b>Violeta</b>.       <br />
       Diez días de descanso, risas, baños, algún paseo y no pensar, no escribir, no sentir el peso del diario vivir. Hacia años que no hacía unas vacaciones tan absolutas, tan vacío todo y por lo mismo tan lleno.       <br />
       Ahora ya de vuelta con ganas de hacer, de ponerme en movimiento, de encontrar mi espacio, de vivirlo. Quizá me vaya un poco lejos. Quizá deba hacerlo. A una zona de cuestas empinadas, de montañas altas, aún no quiero escribir el nombre. El viernes voy a verlo.       <br />
       He vuelto y el primer día de mi estancia aquí la ciudad me ha vencido pero sólo hoy, sólo hoy.
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