Inventario

Página de Fernando Loygorri

A mi hija


Han pasado los años y siento la emoción de haberte visto crecer. A cada instante. Me hubiera gustado haber sido yo quien escribiera Palabras para Julia pero humildemente te escribo estas Palabras para Violeta. Te escucho hablar de tu recién iniciada vida universitaria (que tiene para mí el valor de un rito de paso como antiguamente los ritos que marcaban el tránsito de la niñez al pleno derecho como miembro del grupo), los nombres que pronuncias de las asignaturas, los autores que habrás de leer (y con los que espero que te pelees -dialécticamente hablando-) y siento un orgullo y un amor por ti inmensos. Porque te vi el otro día tan delgada y tan mujer y me acordé de una tarde en la que tenías tres años y me dijiste, Papá ya sé por qué el mar se mueve entonces hiciste un pausa valorativa y sentenciaste, Porque hay alguien dentro. Estábamos en el rellano de la casa que teníamos en la calle Hermosilla, en el número 161, en el octavo piso. Era una casa desabrida pero era nuestra casa y tú tenías unos pelos dignos de tu padre; recuerdo cuando tenías siete u ocho años y te fuiste por primera vez a comprar el pan tú sola, ¡qué largo se me hizo el tiempo de la espera! O cuando una noche me viste algo borracho y te pusiste a reír. Ayer leí las cartas que me escribiste desde Oregon y la verdad, con sólo una cuarta parte de las cosas que me decías, hubiera bastado para poder sentir que te has sentido querida. Y yo creo que el don más alto, más valioso que unos padres le pueden ofrecer a sus hijos es que se sientan queridos porque tengo para mí que la infancia es un lugar demasiado frágil y peligroso como para atravesarlo sin amor.
Me gusta hablar contigo. Siempre me gustó hablar contigo mientras te miro a los ojos, tus grandes ojos oscuros, y veo tu esfuerzo por argumentar con fuerza y tu esfuerzo, también, por escuchar. Es tan difícil escuchar, Violeta. Te agradezco tanto que lo hayas intentado conmigo. Escucha el mundo. No lo oigas tan sólo. Escúchalo con atención y con intención. Déjate enseñar y aprende lo que hayas de aprender con el menor sufrimiento.
Cuando pienso en ti, pienso con el corazón que es la forma más hermosa de pensar. No sé dónde leí que cuando una mujer tiene un hijo, la mitad de su corazón se va con él (generalización cursi donde la haya así es que déjame matizarla un poquito); cuando una mujer ama al hijo que tiene, al nacer la mitad de su corazón se va con él y si esto así algo de mujer hay en mí porque la mitad de mi corazón siempre es de ti. Y eso es algo que también he de agradecer a la vida porque muchas veces ocurre que los padres no quieren a sus hijos, así como hay hijos que no quieren a sus padres (como dijo Wittgenstein: todo lo que se puede expresar es posible).
Escucho a Chopin e imagino tus manos. Te imagino yendo a la Universidad, al aula luminosa según me has dicho que es; tomas apuntes mientras al fondo, en ese campo que me has dicho que ves tras los amplios ventanales, otras vidas pasan, también la mía que piensa en ti, que te siente, que te cuida siempre aunque tan lejos.

Miscelánea

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 28/09/2016 a las 00:24 | {0} Comentarios


No llueve y algo ocurrió un 25 de septiembre. La vida se ha detenido y al escribir esta última frase -la vida se ha detenido- he pensado en un refugiado que acaba de darse cuenta de que está a punto de morir ahogado. Ya ha muerto.
Hoy me he levantado muy temprano en relación con lo tarde que me acosté ayer (a las cuatro de la madrugada me acosté. Tardé en dormirme. Me he levantado a las diez) porque hubo un tiempo -hace ahora diez años- en que me gustaba mucho ver las carreras de motos. Entonces vivía con Elena. Viví cinco años con Elena. A veces recuerdo la sensación de vivir en pareja. La sensación de acostarte junto a tu mujer, de levantarte junto a ella. Convivir. (Sé que en este momento ha nacido un niño cerca. Lo sé porque unos vecinos han salido llevando con ellos un inmenso oso de peluche). La vida se renueva a cada instante. Recuerdo el jardincillo que había en la casa. Recuerdo a Reiki un sitshu que cantaba ópera como una mezzo. Recuerdo al hijo de Elena. Sentía que no me quería en su casa (lo digo sin crítica alguna. Sus razones tuvo. Sinceras razones con toda seguridad). Recuerdo el día en el que ya sabía que todo había terminado y fuimos a cenar a casa de Joaquín -hermano de Elena-. Tenían como invitado a un Swami -si cliqueas sobre su nombre podrás leer la entrada que escribí sobre aquel encuentro- y creo que no me comporté como hubiera debido (también entre los budistas se ha de tener un respeto reverencial por los curas). Pocos días más tarde abandonaba la casa de Elena para siempre. Desde entonces han pasado siete años y no he vuelto a tener pareja. Tuve una relación pero nunca fue mi pareja. Casi tres años después de abandonar la casa de Elena. Recuerdo el día que la conocí porque yo tenía el pelo recién cortado y era junio y estaba tomando una medicación contra la depresión que me estaba volviendo loco hasta el punto que sin prescripción facultativa había empezado a dejar de tomarla. Nunca -aunque sé que esa palabra es demasiado larga- volveré a tomar ese tipo de medicación: es pura basura. Esa relación terminó hace más de un año. Desde entonces he recaído varias veces. Desde entonces -como siempre- intento el difícil trabajo del olvido. Esta mañana la mujer que despacha el pan me ha preguntado por mi perro.
Baile tirando a oscuro entre tanto blanco. Perteneciente a la Serie fotográfica Espasmos de Olmo Z. realizada en fecha desconocida.
Baile tirando a oscuro entre tanto blanco. Perteneciente a la Serie fotográfica Espasmos de Olmo Z. realizada en fecha desconocida.

Diario

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 25/09/2016 a las 12:14 | {0} Comentarios


September blues
Noche con alma de blues. Estoy escribiendo con voz rasposa y las escobillas en la batería hacen que el ritmo en vez de golpear se deslice. Viene a mi memoria una tarde de mayo y recuerdo tu espalda desnuda y tus bragas con puntilla porque la noche tiene alma de blues; ahora podría deshacer el tejado, amarrarme los machos y beber un buen trago de güisqui mientras observo el sueño de mi perro y fuera la luna se caga porque ya va siendo, como todos lo meses, nada; alma de blues en esta noche de finales de septiembre cuando canto las cuatro mierdas que aprendí de otros y busco la cadencia del blues en las frases que escribo y así imagino campos amarillos y un monte a lo lejos por donde el Salvador en haz de rayos puede que se haga presente y me acurruco en mi camisa de pana mientras escucho la voz de una negra y sé lo bien que a veces lo hicimos, lo bien que a veces lo hicimos, aquella tarde de mayo, nena, ¿recuerdas mis manos, preciosa? ¿recuerdas mis labios, muñeca? ¿quieres que te abra las piernas? ¿quieres que te lama como a un helado hasta que te deshagas en gemidos y larguísimos orgasmos? Porque siento el alma de blues se balancea mi cadera mientras escribo con voz de terciopelo y una guitarra puntea mis versos de mierda y un coro, a mis espaldas, se empeña en querer aguarme mis soledades. Alma de blues tengo y tengo la boca seca. Espera, querida. Me voy a servir otra a ver si con ésta logro que esta ausencia se convierta en doble y así sepa que por lo menos una de las dos es falsa. Sólo que no puedo dejar de imaginarnos en un garito a las afueras de New Orleans, una noche de calor y humedad. Estamos en el porche. Sudas y tu sudor sabe a cerveza. Sudo y mi sudor sabe bourbon. Alguien grita dentro tu nombre. Es un negro bien alto, bien guapo, bien fuerte que canta como los putos ángeles negros. Yo te digo, No entres. Tú me dices, Déjame. No vales ni para morir por una mujer. Y me dejas allí, con la humedad de la ciénaga, el sopor del verano y el olor de tu sudor a cerveza girando sobre mí como una maldición. Porque tengo esta noche el alma de blues y se eleva el humo del cigarrillo que parece dirigirse hacia algo que escribí alguna vez a otra mujer y con la que también llegue a sentir esta maravillosa alma de blues. ¡Oh, sí, amor mío, gracias por haberme obligado a olvidarte! ¡Gracias, corazón, por haberme dejado dejarte! Y ahora que la guitarra puntee cuanto quiera. Y ahora que el piano aligere la melodía con unos buenos acordes. Y ahora que el bajo se hunda en sus profundidades y que la oscura batería ilumine con su ritmo mi melopea.

Narrativa

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 22/09/2016 a las 23:53 | {0} Comentarios


Cuaderno de dibujo de Edward Hopper
Cuaderno de dibujo de Edward Hopper
Darío Sztajnszrajber -el apellido parece hermosamente holandés o flamenco- (aunque haré como Sánchez Ferlosio que escribe Chéspir en vez de Shakespeare. Así si lo vuelvo a nombrar por su apellido escribiré Estanrajber)  es un filósofo argentino que suele dar una serie de conferencias anuales en la ciudad de Rosario dentro de la Facultad Libre.  Sus clases están a disposición del público en Youtube. Hace un par de días César me envió el enlace de una de sus últimas conferencias que iba a tratar sobre el tema de La Verdad (si cliqueas sobre el nombre accederás en ventana nueva a la conferencia -acceder en ventana nueva me suena a verso lleno de esperanza. Quizá cambiaría la palabra acceder; quizás escribiría aparecer o surgir- ¿Surgirá en ventana nueva/ un nuevo paisaje? Cosas así). El año pasado Darío dedicó el ciclo de conferencias a ocho filósofos Epicuro, Spinoza, Foucault, Derrida, Heidegger o Baudelaire -sí, a mí también me resultó curioso que tratara a Baudelaire como filósofo- etc... Esta año ha decidido que el ciclo de conferencias gire en torno a temas -o problemas filosóficos- como son: La comunidad, El Amor, La Muerte, La Verdad, Dios, El Poder y otros. Yo lo recomiendo. Es un gran divulgador y como dirían allá en la Argentina: Está bárbaro (por supuesto con acento argentino).
Lo terrible de la Verdad es su paradoja. Así resumiría yo la conferencia. Pero no quiero hablar de ella -de la conferencia. Si quieres escucharla ya te puse el enlace- sino de tu verdad (o de la mía). Porque ahí está la paradoja: si tu verdad no es la mía (o viceversa) ya no es La Verdad. Y tampoco quiero filosofar: sólo quería decírtelo, que me lo leyeras en este último día de verano cuando mañana el otoño hará que la luz sea más suave. Podría volver a escribir las palabras del propio Baudelaire mon semblable, mon frère pero -y no por políticamente correcto- también habría de escribir ma semblable, ma soeur para abarcar a todos, para sentirme a gusto con este espejismo que es mi verdad y poder disfrutar sin quejas del pensamiento que la experiencia me propone. Que no tengo la verdad, creo saberlo como también creo -y mucho- en Schopenhauer y su filosofía de la representación. Que no tengo la verdad, no cabe duda y sin embargo hay algo en mis sentimientos que clama por decir que eso que sienten es verdad. Sólo que la historia del hombre se sustenta en dinamitar las verdades de sus antepasados, excepto los lameculos del poder -y éstos, claro, son legión- como Hegel -por poner sólo un ejemplo- argumenta con literatura poderosa sobre el Sentido de la Historia y cosas así para darle una historia a la palabra sentido (sentido como finalidad, como dirección). Que no tengo la verdad no es nada nuevo. Mi emoción sin análisis podría decir que es pura (luego sería espúrea -desde el análisis-) como imagino que tu emoción también lo será y al final todo se resuelve en una cuestión de lenguaje y en la certeza de que somos unos animales en extremo desdichados por la capacidad que tenemos de asumir las paradojas (que nos destruyen, que nos paralizan, que nos desarmonizan -si estar en armonía con uno mismo es una de las virtudes de la felicidad-) porque la paradoja es siempre fruto del pensamiento y el pensamiento mezclado con los sentidos genera en ocasiones la devastación.
La verdad es que sé que no existes y que eres nada más que un constructo de mi imaginación. No has existido nunca. No te he visto nunca. Es cierto que vi a alguien que se podría parecer a ti -mon frère/ma soeur-. Un día te das cuenta de que también la imaginación tiene sus peligros. Imaginarte ha sido uno de los ejercicios más hermosos que he ensayado. Imaginarte ha sido uno de los ejercicios que más me ha destruido. Verte realmente me ha devastado. ¿Me entiendes?
Yo sé el otoño. Creo en él. No sé si es verdad pero creo en él. Quiero creer en él como cuando en la noche, al cerrar los ojos, a veces ruego al que corresponda que nos proteja...

Ensayo

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 20/09/2016 a las 13:50 | {0} Comentarios


Somos un sueño imposible que busca la noche (Canción popular)


Interpreta Alexander Nehamas en su ensayo El Arte de Vivir la trayectoria del filósofo Foucault como un ir de la crítica negativa de la Ilustración y la imposibilidad de un Yo hacia la creación de un Yo (un sujeto) como obra de arte (...) luego fue pasando el día y la frase quedó ahí. Un inicio abortado. Esta entrada es un aborto. Diseccionemos: altavoces, plataforma, negro, prisma (o cuarzo), cable, chaqueta blanca, verde, agenda, seis cajones, una película sórdida, un borracho, la latencia del corazón, las uñas, nadie, dos ruedas, la luz sí, Joan Brossa, el arte hablado, las cuentas, los recuerdos, la esperanza, una decisión, el picor, el olor de las sábanas, Polibio, Hegel en God & Gun Sánchez Ferlosio, volver, septiembre, conferencia sobre la verdad, Agamenón vuelve tras más de dos mil años y se despista, ¡qué impresionante ¿Quién teme a Virginia Woolf? Edward Albee! quería hablar de Albee, hablé de Albee, el vino, él vino (sólo una tilde), diseccionado, en la noche, poliuretano, sé que no te gusta, la ventana, las hojas/otoño, casí, dos días, la barandilla, una madre con su hija, dos ruedas, una cocina oxidada en la ladera, tierra quemada, ¿hasta cuándo?, ¿hasta cuándo?, las manos, la pata derecha, la negra, los fuegos, hay un disturbio, escribí antes disturbio, sabía escribir disturbio, ahora se calma, también, al final... hay que salir.

Ensayo

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 18/09/2016 a las 13:40 | {0} Comentarios


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