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Página de Fernando Loygorri

Continente Blancura. Fotografía de Olmo Z abril 2015
Continente Blancura. Fotografía de Olmo Z abril 2015
1.- Establezco una misión inútil. Una puerca misión si se quiere. Luego me decían (me escribían), ¡Qué quejoso eres!
2.- Cuando explico mi peripecia vital, desde la primera palabra que pronuncio, sé que no estoy contando la verdad. La verdad no existe, la diga Agamenón o su porquero.
3.- Cada vez me da más miedo hablar. No quiero manipular lo (aquello que es, sea fraudulentamente, sea esencia, me equivocaba el otro día contando un cuadro de Sorolla y yo creía que era verdad porque lo había entendido mal. Un cuadro pequeñito, un cuadro en realidad para calentar la mano y la imaginación porque yo soy además de todo lo demás, yo soy guía en la Fundación Amyc). Porque quedarme callado (a lo peor -por esa necesidad- podría nacer en mí un cáncer de garganta, como le nació a mi padre) con algo bello que la vida me otorgó que es la voz.
4.- Ocurre la primavera. Ocurre el paseo con Nilo. Hace ya días (incluso meses. [Yo ya no sé. De terror ya no sé] ¿Cuál era el tiempo? La inolvidable constancia de la horas. También en la desproporción. Verme. Un acantilado. Un saco de dormir. La playa. La mar. Lo último. No me he caído desde hace meses. También me duele la cabeza. Y vuelo. Volaría la queja. Yo tan quejoso. Volaría la resistencia, el color, la materia de la que se forman los astros y las piedras. Manipulos. Ayer con un cura agustino hablé latines. ¿Quién me lo iba a decir? ¿Por qué atraigo a los curas? Aunque éste parecía, ciertamente, un cura bueno. O sólo lo atraje por viejo. Siempre tuve un anciano amigo cuando era joven. Ahora ya no soy joven y él era viejo.
5.- Un día, escribo, por la tarde -para ser preciso- (¡qué pocas cosas hay en el mundo. Ciertamente qué pocas cosas hay. Veinte temas. Cien emociones. Varios colores. Unas letras. Nueve numeros... listas [hacer listas] atravieso las listas. Podría atravesarlas) atravieso un puente (que no es un puente, es la calzada de un represa y no sé cómo se llama exactamente esa calzada y me toca los cojones mi ignorancia porque yo he de saber, ¡hostias!, tengo que saber las palabras y si no tengo que saber buscarlas. Buscar las palabras para entender sólo racionalmente la vida) y veo en la presa de abajo una gran mancha de mierda. Esa mancha de mierda que flota en el agua, abajo, no sé por qué me sugiere de inmediato un continente y empiezo a ver cordilleras, grandes extensiones de sembrado, bosques y llego hasta el litoral y descubro golfos, cabos, acantilados y puertos naturales y bahías y pienso escribir sobre un continente que cada día varía su geografía y así un día pudiera ser un continente compacto y al día siguiente -merced a los vientos caprichosos, a corrientes extrañas, al aleteo de una carpa- ser un gran archipiélago o incluso un día verse por completo diluido en unas aguas oscuras, tenebrosas.
6.- Mucho más tarde paseo con Violeta  y al llegar al punto de la calzada (que permite recorrer el muro de la presa) desde donde se ve la gran mancha de mierda, le cuento lo que se me ocurrió y ella me dice, ¿Así es que tú ves esa mancha de mierda y se te ocurre pensar en un continente movedizo?
7.- Retumbar de pasiones. Quedarme meditativo. Meditar. Los ojos cerrados. La mente abierta. La sal, lejana. Retumbar estos días frágiles y saber, ¡saber siempre! mi absoluta ignorancia y no poder, no tener las fuerzas para defender una postura vital, defenderla con alegría, con entrega, hasta el fin. Como una misión. Una misión puerca si se quiere.
8.- También me aman. Y ese sentimiento me hace dudar.

Miscelánea

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 30/04/2015 a las 09:44 | {0} Comentarios


Vais a buscar dónde se encuentra el perdón y así la remisión alcanzará las heces
Someteréis a interrogatorio la posible condonación. No importa el gesto de quien implore el olvido. Podría ser cualquier...
Si existe es hez. No es palabra gratuita. Es hez
Una alza la mano. Calla la lechuza. Va vestida entera de rojo. También los labios los ha pintado. También las huellas de las manos y de los pies. Porque va descalza. Porque corona su cabeza con tallos de rosas (sin flor). Alza -decimos- la mano y sonríe sin piedad alguna. Os desdice. Os aniquila. Os opone su propia libertad. No hay perdón, En una de las siete vida que viviréis -os dice- seréis asesinos. Nada os lo puede hurtar. Baila. Sus senos se mueven libres bajo el vestido rojo. No hay. No hay. No
Ni penitencia. Ni bula. Ni jubileo. Ni simonía. La mujer que alzó la mano se tira por el ventanal y cae al río, hondo como la culpa, y sale a flote y nada y se embellece y refulge y no es sirena y no es puta y no es culpable
No quiero el perdón, tampoco
No quieras dispensar paz alguna
Nada se revolverá en su tumba
Ha latido un corazón. Es cierto que rompimos el álbum. Es cierto que fuimos nosotros los ladrones. Es cierto que soportamos que culparan a otros. Es cierto que nos vencía el terror y la necesidad
Vemos a la mujer que se aleja por el río y se acerca a un meandro. Tras él le espera Un Territorio Sin Mácula
Llegará. Sabéis que llegará
El hacha entonces no mata a E
La hiel se queda en la vejiga del puerco
El alba no volverá a luchar contra la oscuridad; dejará que se venza de fatiga
Nada muchacha que alzaste la mano
Tu traje rojo tiñe de pasión las aguas y nos da esperanza y nos genera aletas
Ya llegas, alma apasionada
No, no habrá perdón
No habrá escara
No habrá puerto
No habrá montaña
Ni faro hay en la costa
Ni pez con entrañas
Cuando aflojéis la cuerda del arco
la niña dejará de berrear y el cementerio florecerá sin cruces y los fuegos fatuos serán fósforo y mito
Cuando llevéis la mano blanda
renacerá la paz en las ciudades y hasta entonces ¡Nada, muchacha! ¡Nada por el río! ¡Por el río hondo de las muchas culpas! ¡A flote! ¡Con tu cabellera negra y tu mirada osada! ¡Nada, mujer que eres para nosotros la brazada que nos mantiene vivos en esta tierra sin humedad ni juncos!

Ensayo

Tags : Sinonimias Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 22/04/2015 a las 12:11 | {0} Comentarios


A los tantos muertos en el Mare Nostrum. A los que buscan. A los que se arriesgan. A los que se ven empujados. A los cobardes... y a los valientes. A cada uno de ellos... sin cifras redondas


Cuando Napoleón... desde Napoleón... Alepo... Siria... naufragio
La encalladura estaba en el propio país. ¿Cómo se hicieron los países? ¿Desde cuándo se fueron sometiendo los hombres a otros hombres a cuchillo, a látigo, a arma de fuego, a dron?
Zozobra la conciencia si ves el ahogamiento (verdura de los peces. No cantes al mar. Que ningún poeta cante hoy a mar ninguna. Enlutemos hoy las mares y dejemos que sean tan sólo los peces quienes se alegren del festín)
Salvamento
Naufragar es derivar hacia lo desconocido, sin
Zozobra la embarcación y muere
Se anega la sentina
Hace agua la mar
Se pierde el horizonte, ¡Era allí! ¡Acullá!
Y al hundirse el hombre cuya esperanza estaba en aquella orilla. Qué juego infernal fueron las corrientes. Qué será nadar. Fluyen hacia abajo. Y los pulmones. Y el aire. Y el sol. Y el hijo. Esa mujer que grita agua. Esa mujer que escupe la última gota de sangre con sal
Se fueron a pique los pocos recuerdos. Ya yacen en el fondo del mar o en el estómago de un pez. Visitaréis a Jonas y él os contará que también él fue náufrago en el mismo mar
Ya estáis a salvo
Quizás un hallador se haya encontrado tus zapatos o haya rescatado su reloj, el del que iba a tu lado y murmuraba una canción
Quizás una raquera haya pirateado un corazón
Pecio es vuestra aventura
Derrelicto vuestro afán
Raques provocaron  quienes os empujaron a enfrentar la mar sin salvavidas
¡Qué hermoso objeto la guindola!
¡Qué tesoro la boya!... que no tuvisteis... que no os lanzaron con un cañón de lanzacabos
¡Agua!
¡Niños, mujeres y hombres al agua!
¡Ropa al mar!
Que nadie lo cante hoy
sino es como tumba o aún más
inmenso cementerio
 

Ensayo

Tags : Sinonimias Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 21/04/2015 a las 10:16 | {1} Comentarios


Tan sólo un paso más. Quizás en ese ámbito la ignorancia ajena se desagüe en cloaca ajena
Ignoracia supina la del que cree saber (realmente. Sí, tú, que me estás leyendo, supongamos que te llamas [...], eres realmente ignorante si crees saber algo. Nada sabes. Nada.)
Ignorancia invencible y por lo tanto osada
Ignorancia crasa (más sutilmente, casi hermoso, nesciente)
Si fuera el olvido la norma
Si hubiera inocencia entonces no habría ignorancia
¡Oh, mis manos que inconscientes navegan mi mente a punto de eclosionar!
Será la inexperiencia de la sal
Será la necedad  y la alcurnia (tantas veces unidas)
O la ineptitud (un niño que aún no sabe que el equilibrio es una cuestión de oído)
Torpeza en uno que se adueña de lo que no es suyo. Torpeza orgánica, diría o más campechanamente, Zapatero a tus zapatos
La incultura es el alimento de los pedantes, una suerte de obscurantismo que ciega la comprensión y hace caer al sujeto -pongamos que se llame [...]- en el ignorantismo
Tosquedad del ala
Insipiencia
Inerudición que contrasta con la carne ligera de la hierbabuena
Pedantería, sinvergüenza
Cuando vi la perilla vislumbré en ella la asofía y quise recrearme en un proverbio oriental mientras tomaba una sopa fría
Reconoció en la niebla la agnosia de sí y por fin pidió a gritos que alguien le sacara de su analfabetismo
Sin piedra Roseta habrá un total desconocimiento del paisaje
Ahora siendo dueña de toda la incompetencia aprende
No es idiotismo, es tinieblas
Letras gordas debería empezar a caligrafiar
Ignorar la fe
Desconocer la pulpa
Rebuznar a tientas
Necio torpe inexperto inepto inculto tosco ineducado grosero idiota bolo zote monigote mostrenco modorro marmolillo alcornoque calabaza calabazo calabazón calabacín naranjo animal asno rocín rocino bestia zafio cuaco borrego cernícalo avestruz corta pala corto sastre
Los niños lo saben
Bob Mazzer Underground
Bob Mazzer Underground

Ensayo

Tags : Sinonimias Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 20/04/2015 a las 19:29 | {0} Comentarios


Pájaro Visitador es el penúltimo libro de poemas escrito por Raúl Morales García y escribo penúltimo porque el próximo ya se cuece en el vacío de su fertilidad.




Crónica escrita por Isaac Alexander

Feliz de visitar Madrid -es decir sabiendo que me iba a marchar- caminaba el martes 14 de abril por uno de los barrios en los que viví; dicen que el más bonito, en todo caso sí el más antiguo. ¡Cómo ha cambiado todo! Lo que no ha cambiado -y ya me sorprende- es el olor de Madrid en primavera que me traslada a mi infancia con sus zapatos. (juegos de la imaginación)
 
la calle Mayor
la calle San Nicolás
la Plaza del Biombo
la Plaza de Ramales

Hace muchos, muchos años, cuando yo era almirante de un barco que navegaba soberbio por el estanque de El Retiro -retiro fue de damas de alto copete. Palacio de Cristal para unos ojos cansados. Gruta donde besé los labios de una mujer-, escribí las calles de Madrid y sus basuras. Me alborotaba con los paseos de un anciano -yo que no lo era- que tiraba de un carro y que papelera a papelera, contenedor a contenedor, husmeaba la mierda de los habitantes de la ciudad -por cierto tiene más encanto ahora que cuando la vivía-.
En la calle de la Amnistía entré -desde la Plaza de Ramales- y no porque sea una de mis más caras calles sino porque al ser el 14 de abril el día de la II República Española -la más digna forma de gobierno que jamás tuvo este país de señoritos pisando a miserables, siglo tras siglo- decidí amnistiarme de mi cobardía y respiré el aire de la tarde mientras miraba a una turista que sorbía un granizado junto a un garboso joven. También he de reconocer que derivé por calles estrechas porque ese día se celebraba un partido de balompié entre los dos equipos de la ciudad y en las grandes arterias grupos de forofos y fornidos policías creaban un tumulto tal que me daban ganas de ser un viejo anarquista amante de las bombas. Y así caminando
 
La luz
la bicicleta
la suerte del ciego
el perro y el árbol
el anuncio y el paisaje
la pared amarillísima y un paseante
la antigua revista en manos de un amante que pasa distraído las páginas
La llaga
El portal
La encina

me encontré con un local que me atrajo por su nombre,
La Quinta de Mahler

porque no sabía si se refería a la quinta sinfonía de Mahler o si era un guiño a una casa que tuvo el compositor; así es que como a mí la duda me produce curiosidad entré en el local y me encontré con que en ese momento se iniciaba la presentación de un libro de poesía y lo primero que vi fue que en la primera fila un hombre cojo, con bastón, se levantaba y besaba en los labios a una mujer rubia de ojos verdes que tenía la belleza de lo extraño de las proporciones; tras ella un hombre recién terminada la juventud se sentaba tras un mesa de cara al público; junto a él una mujer mayor, de resonancias griegas, se calaba unas gafas. El hombre era, claramente, un pájaro. La mujer tenía el aire de las tortugas. Yo me quedé atrás y junto a mí se sentó la mujer rubia que había besado en los labios al hombre cojo. He de reconocer que al ver su boca a punto estuve de arrebatarme, robarle un beso y salir corriendo pero preferí -mientras escuchaba la presentación del libro de poesía que resultó llamarse
 

- quedarme junto a la mujer rubia y aspirar su olor que tenía mucho que ver con lo que para mí, viejo libertino como soy, es el olor del erotismo.
 
La mujer de resonancias griegas habla del autor
que tiene rasgos de pájaro;
el autor, Raúl Morales García,
habla por boca de otro al que llama por sus iniciales
G.M.
del libro
Luego lee unos poemas
¡Qué tercos me suenan los poemas!
¡Qué peligrosos!

Cuando el autor termina la lectura, la introductora a su obra abre un diálogo y el primero en hablar es el hombre cojo que besó a la mujer rubia que tengo ahora a mi lado. ¡Ah, ladrón, me digo!
En la Quinta de Mahler
se leían versos
de un poeta pájaro
a mi lado una mujer rubia de ojos verdes
tenía un hombre que la besase
Ni siquiera me miró
Los viejos no existimos

 
Terminado el coloquio con alguna que otra idea enigmática, sentí la felicidad de que en esta ciudad de provincias se encontrara la quinta de Mahler -aquella finca que tantos han buscado- y de que en ella un poeta pájaro cantara sus cantos y una mujer tortuga le hiciera las glosas. Sin llamar la atención salí de allí. Ya era la noche. En la puerta la mujer rubia que olía a erotismo y el hombre cojo se abrazaban.
 
Alcancé a ver un beso y escuchar una frase de él:
Como cáliz quiero beberlo
Y una frase de ella:
¡Calla y vamos adentro!

 
El poeta Raúl Morales García -no se me olvidará su nombre- firma ejemplares de Pájaro visitador.
¡Ojalá sea largo el camino del libro y larga la vida del hombre que escribe versos!
Y que retocen el hombre cojo y la mujer rubia con su extraña proporción que genera su belleza.
Y me voy
justo cuando la esposa del poeta
posa sus dedos sobre las teclas de un piano
y el mundo se detiene
para escuchar sus manos
 

Miscelánea

Tags : ¿De Isaac Alexander? Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 16/04/2015 a las 19:11 | {4} Comentarios


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