La sonata se quema
Los dedos
Los dedos
Déjame cantar
y más tarde
cuando seas muy noche
sonríe
Hay en la balada
un mecenazgo
y en el altar
han quedado
como migas
los testigos
Quiéreme
sin volver tu rostro hacia la tarde
Arda la colina
y vuelen sus cenizas
hasta más allá de esta orilla
No hay juego infantil
en estos versos
a ti escritos
ni predominio del deseo
ni afán
Hay vuelo
y señal
como boya en la mar
que delimita la baja de la alta
Tus abrazos
la risa en la esquina
el fardo de los pecados
el lugar preciso
donde el viento gira
La nostalgia
peregrina hasta ti
y se aquieta
Dedos
en tus cabellos
Palabras
que como arrieros
caminan por tus hombros
hasta detenerse
en el alero
del instante
en que supiste
Te ronroneo
este once de junio
Ha dejado de soplar el frío
La chaqueta molesta un poco
y abro la ventana
que no da al horizonte
Querida
cuánto de hermoso hubiera sido
haber desaprendido
esta herida
en los días que pasamos juntos
¿Sabes?
He visto el canal
y la ausencia del mal
He visto
el aroma
y he tomado, entre mis manos,
el velo que nos ocultaba la belleza
y no he tenido pereza
y no he deseado llamarte
y aunque estés muerta
(si lo estuvieras)
¡cuánto late tu corazón en el mío!
Los dedos
Los dedos
Déjame cantar
y más tarde
cuando seas muy noche
sonríe
Hay en la balada
un mecenazgo
y en el altar
han quedado
como migas
los testigos
Quiéreme
sin volver tu rostro hacia la tarde
Arda la colina
y vuelen sus cenizas
hasta más allá de esta orilla
No hay juego infantil
en estos versos
a ti escritos
ni predominio del deseo
ni afán
Hay vuelo
y señal
como boya en la mar
que delimita la baja de la alta
Tus abrazos
la risa en la esquina
el fardo de los pecados
el lugar preciso
donde el viento gira
La nostalgia
peregrina hasta ti
y se aquieta
Dedos
en tus cabellos
Palabras
que como arrieros
caminan por tus hombros
hasta detenerse
en el alero
del instante
en que supiste
Te ronroneo
este once de junio
Ha dejado de soplar el frío
La chaqueta molesta un poco
y abro la ventana
que no da al horizonte
Querida
cuánto de hermoso hubiera sido
haber desaprendido
esta herida
en los días que pasamos juntos
¿Sabes?
He visto el canal
y la ausencia del mal
He visto
el aroma
y he tomado, entre mis manos,
el velo que nos ocultaba la belleza
y no he tenido pereza
y no he deseado llamarte
y aunque estés muerta
(si lo estuvieras)
¡cuánto late tu corazón en el mío!
Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 11/06/2011 a las 21:00
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