Primer poema del libro Tratado de Física escrito entre 1991-1992
Desde donde se mire
(podría ser allá entre los escombros)
el mundo es un grito.
El principio fue un grito enorme,
estalló la nada y se convirtió en todo:
negro basura, gris de invierno, ocre.
Desde donde se acoja:
en la niñez
(adusta la niñez atraviesa
la espina dorsal de cada ser),
en un árbol junto al perro,
en la casa,
si hubo fuego; desde cualquier
punto, la memoria
previene, como mínimo, un quark de grito.
En la alegría,
en las chabolas con tejado de uralita
sobre las que el sol cae durante el verano
achicharrando la atmósfera, los cuerpos
y las horas de la tarde;
también ahí, a ochenta grados,
cuando ninguna garganta se ahogaría
por ensayar la tibieza de un grito,
se escuchan desgarradores, tiernos, de agua.
Big-bang la vida,
agujero negro, ciego de luz;
big-bang los cielos, las criaturas
encargadas de comerse lo pútrido;
alaridos las cuerdas del laúd
en la noche; clamor las nubes,
aquellas que dicen haber sido río;
bramido el amor por la muchacha; reclamo
el silencio prometido...
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