La primera vez que ocurrió tenía seis años. Caminaba con mi tata y mis hermanos por una calle céntrica de la ciudad de L.. Volvíamos de jugar en la plaza M. S. que en aquel tiempo aún era de arena (hoy es un lugar de tránsito de vehículos). Sería finales de primavera y recuerdo que justo antes de verlo me había sentido aislado, no sé expresarlo mejor, usted me disculpará, mi especialidad no es el lenguaje y menos aún la retórica. Como le decía me sentí aislado como si de repente un burbuja de soledad me hubiera separado de todo, de la compañía de mis hermanos, de la mano que mi tata me cogía, del sabor de la tableta de chocolate que me estaba comiendo. Fue en ese instante, justo en ese instante, cuando vi a través de los cristales de una ventana la figura blanca de un hombre calvo que me miraba sin tener ojos en la cara. Recuerdo que sentí un escalofrío y esa reacción del cuerpo me volvió al mundo, si lo puedo decir así, sentí de nuevo la mano de mi tata, escuché la voz de mi hermano que le decía algo a mi hermana y el murmullo de la calle asomó de nuevo a mis oídos. Yo no me atreví a girarme para ver si en aquella ventana seguía la figura blanca observándome. En realidad no lo necesitaba porque sentía sus no-ojos clavados en mi espalda. Es la primera experiencia de terror que recuerdo haber tenido.
Ventanas
Seriales
Carta a una desconocida
Cuaderno de Paris
El Brillante
El espejo
El viaje
Fragmentos sonoros
La mujer de las areolas doradas
La Solución
Listas
No fabularé
Perdido en la mudanza (lost in translation?)
Sobre la música
Sobre las creencias
Tríptico de los fantasmas
Velocidad de escape
¿De Isaac Alexander?
Archives
Últimas Entradas
© 2008, 2009, 2010, 2011 y 2012 Fernando García-Loygorri, salvo las citas, que son propiedad de sus autores