He visto un abrazo en la esquina de la Gran Vía. Tímido, es cierto, y abrazo al mismo tiempo. Un poco más adelante he visto un helicóptero atravesar lentamente -esa sensación tenía al verlo como si la máquina se entretuviera incluso holgazaneara- la misma calle. He visto el tráfico y he recordado el comentario de un hombre que conoce Thailandia que decía que el trayecto normal en la capital del país desde el puesto de trabajo hasta casa en coche es de tres horas de tal forma que en los mercados se venden orinales para coches -con tapa hermética- y tienen mucho éxito. He visto los retoños en las ramas del árbol de nombre desconocido. Dicen los que saben que el florecer de los almendros en el parque de la Quinta de los Molinos en la ciudad de Madrid anuncia la pronta llegada de la primavera. He visto a un gato blanco y a un gato negro. He visto a Reiki plantado en medio de un camino sin dejarme pasar, tan tranquilo, sin ladrar, sin menear tampoco la cola. He visto un par de cortometrajes. He visto una carne cruda y se me hacía la boca agua. He visto a una mujer de religiosidad oriental limpiar con fuego e inciensos el salón de una casa occidental. He visto la voz de un amigo. He visto la presencia de una amiga. He visto la adrelina en mi piel ante un frenazo inesperado. Y el Cinturón de Orión brillaba hace algunas noches como si tuviera frío.
Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 01/03/2009 a las 14:26
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