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Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 14/02/2013 a las 20:33

Estoy preparando la edición de mi primera antología de cuentos 20 entre 4 que publicaré la semana que viene en Audiolibros y Mundo Sonoro Dom & Loy . Son cuatro cuentos que escribí durante la década de los 80 cuando yo viví mis veinte (de ahí el título: veinte años entre cuatro cuentos).
Siempre resulta curioso -o extraño- volver. El arte quizá tenga esa particularidad: que le permite al artista volver. Además, en mi caso, ocurre que yo -una vez que doy por terminada una obra- no la suelo releer, ni corregir (me parecería una forma de revisionismo). Así es que cuando hace unos días cogí las carpetas de los años 80 para hacer la selección, fue como zambullirme en alguien que fui yo y a quien apenas reconocía. Tuve sensaciones muy gratas. Me gustó el que yo era y también descubrí que, en efecto, el tiempo para quien busca le hace alejarse.
Una de los primeros impulsos fue ponerme a corregir (sobre todo adjetivos) y recordé aquel comentario de Jorge Luis Borges: Publicar sólo sirve para no seguir corrigiendo. Así, quitando algún error gramatical, todo se ha quedado como lo dejé cuando lo di por terminado.
El primer cuento se titula Mujer con Manzana y trata de los sentimientos amorosos del personaje de un cuadro por una modelo a la que siempre ve de espaldas. Es un cuento en el que la influencia de Julio Cortázar no puede ni quiere ser ocultada. Lo escribí a los diecinueve años.
El segundo cuento se llama Helena. Lo escribí con veinte años y es una historia púramente romántica en la que un hombre no puede dejar de amar a una mujer llamada Helena que ya está muerta. De ese cuento siempre me gustó la ambientación, el lugar donde ocurren los hechos. En la época en que lo escribí participaba junto con algunos amigos en una tertulia literaria y recuerdo que el día que lo leí me aplaudieron y me pidieron que lo volviera a leer. En este cuento hay una clara influencia de Edgar Allan Poe.
El tercer cuento se titula Claroscuro. Lo escribí a principios de 1987 con veintiseis años. Quizás este cuento sea el primero en el que las influencias son ya subterráneas y donde mi propio estilo se adueña de la narración tanto formal como conceptualmente. Es un cuento abrumador.
El cuarto se titula A cinco semanas del invierno y es, en realidad, una novela corta donde aparecen influencias de dos autores que siempre me han fascinado: Honoré de Balzac y John Dos Passos. La novelita es un fresco de la ciudad de Madrid en 1987 -está escrito a finales de ese mismo año- y se articula en base a una pareja en descomposición. Su estilo es seco y eso ayuda mucho -creo que además es un acierto- a realzar la grisura de las vidas que pululan sobre el asfalto de las ciudades.

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