Velocidad de prez

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 07/06/2026 a las 20:10


Ha sido desplazarse. Sentirse por vez primera recorriendo el espacio y el tiempo a tal velocidad. Ha sido elevarse hacia una idea y declarar, ¡Lástima que no haya tenido fe!

Antes, como si fuera un islote, una piedra sin nombre en mitad de la mar, ha elevado una prez y ha querido gritar sólo que el espacio navegaba ligero y el tiempo se hacía diminuto y sus esfuerzos se olvidaban tan rápido como se ejecutaban. Morir no es esto, se dijo. Morir no puede consistir en ser consciente de morir.

Arreciaba el viento Bóreas, amigo de los dioses y enemigo de las mujeres -que se lo pregunten, si no me creen, a Oritía, una de las Hiacíntides, hija del rey ateniense Erecteo y de Praxitea-; ocurrió una mañana que la muchacha estaba danzando junto al río Iliso cuando fue raptada por Bóreas, el viento del Norte, hijo de Astreo y de Eos, que pertenece a la familia de los Titanes y que es conocido por su variabilidad y violencia de carácter; Bóreas, pues, se llevó a Oritia hasta Tracia, uniéndose allí a ella -por la fuerza de su fuerza- y haciéndola concebir dos hijos, Zetes y Calais, a los que llamaron los Boréadas y que alcanzaron fama participando en la expedición de los Argonautas- y dos hijas, Quione y Cleopatra. Arreciaba ese viento, decía, cruel y violento, el día en el que el islote que era tan sólo un peñasco en mitad de la mar, se preguntó por qué a él Dios no le había otorgado ni una miajita de fe. Fe, se decía, para aceptar ser peñasco en la mar, sin nada de vida en sus entrañas, sin cercanía con puerto alguno, aislada isla sin nada más que arcilla que ofrecer, una arcilla buena para el cutis, pero no milagrosa, pero no alcanzable, nunca untada en piel alguna ni humana ni animal; tan sólo el islote conocía sus propias propiedades.
 


¡Oh, miserable Dios -exclamaba para que Bóreas se llevara bien lejos sus preces-, que me tienes aquí, a solas con mi arcilla, desconocida de todos, arrullada por la espuma que Urano desparramó por el mar! Desnuda. Dame fe para no blasfemar. Dame fe para poderme aplacar. Dame fe para poder expulsar a este viento cruel y helador que no deja de acosarme como si me fuera a violar.

Eran los tiempos primeros. Dios hubiera podido cambiar.
 
Narrativa | Escrito por Fernando García-Loygorri Gazapo el 07/06/2026 a las 20:10 | {0}