Vanguardia

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 28/05/2015 a las 13:11

Ha sido -piensa Dido- el último intento. Hay en la especie humana una amalgama que no crea aleaciones sino más bien lodo (como tan bien lo vio Isidre Nonell con su particular forma de mezclar sobre el lienzo lo que los demás pintores suelen hacer en la paleta). No es venial el odio como tampoco lo es la manipulación que con la idea de dios se ejerce sobre los hombres. Hay mucha basura que aventar (claudicada por la edad del sentido griego de entusiasmo, apenas creo que se avente una poca basura que luego volverá a caer sobre los hombros de los más desfavorecidos) y mucha lógica de las cosas que aplicar a nuestros propios días. Soy -sigue razonando Dido- un simple agobio que respira. Apenas me siento con fuerza para rebatir lo que es de por sí evidente. No podría más que repetir un par de veces una misma idea y a partir de entonces callar hasta quedar sonriente como la Piedad muestra su dolor ante el Cristo yacente.  Soy -piensa Dido- un eslabón débil. Me corresponde por lo tanto caer en la nieve, morir fría. Me gustaría que hubiera tras el horizonte una atalaya desde donde contemplar el devenir de los siglos o para constatar la inmovilidad que preveo en las cuitas de los hombres o para solazarme con sus imprevisiones y giros. Hay en mí, desatenta en lo cotidiano, un pulso que me lleva a estudiar las mareas y los confines. Y veo, porque en mi posición está el verlo, el azote de nuestra vanidad en nuestros lomos.
Narrativa | Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 28/05/2015 a las 13:11 | {0}