Tan extraño (y melancólico) como Q

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 19/01/2013 a las 12:19

Don Quijote enjaulado. Grabado de Gustave Doré
Como quadernal o quadrantal, así de extraño (y melancólico) se me ofrece el mundo en el que vivo. Como el hueso quadril que sale de la cia de las dos últimas costillas y sirve para formar el anca, así de escondido (como la u que ha de suceder por principio a q) quisiera estar. Escondido no por temor de lo extraño sino por somnolencia (y quedar dormido sin miedo al puñal y la codicia). Me siento un quebradillo (con toda la melancolía de no ser más que un taconcillo de madera) y atisbo un quebranto en mis molares y la quemazón de la ausencia de carne en mis colmillos. Es un día tras otro lo extraño (y melancólico) del mundo como debe suponerle a Q la inevitable compañía -para existir como sonido- de la u (aunque ésta sea tan soberbia que se permita ser muda ante la letra e y la letra i y casi líquida ante la a y la o como en la palabra quorum o en esa otra que sería qual). ¿Se me quiebra el corazón? ¿y la sangre se me quiebra? Quisiera quedarme quieto. No sol. No estrellas. No quimeras. Je t'aime. Pintar como querer. Melancolía de Q como la questa que era mendicidad, petición y recogimiento de dinero, con autoridad pública, por razón de religión ù de indulgencia y perdónes, que por fraudes y falsedades que se cometían en ella, la reformaron los Papas y los Reyes (para quédamente inventar una nueva questa igual de miserable). Y quisiera ser quibey y como ella ser un ente espinoso, criado en las Indias y echar, en su momento, mi flor blanca, con figura de violeta aunque algo más larga. Quién sube la escalera y quien la abaja/ Quién a la ropa y quien al cofre aguija,/ Quién abre, quién desquicia y desencaja,/ Quién no deja fardél ni baratija/ Quién alega y se mete à la partija. Melancólico, quieto y extrañado (como sacado. A la intemperie). Quedamente. Quinta es en la música el intervalo que consta de tres tonos y un semitono mayor. Así debería ser la armonía (la justicia entonces) una cuestión de intervalos perfectos. Murmura el vulgo severo,/ a quién nada se le escapa,/ que à todos quitas las capas/ pero a ninguno el sombrero.
Quijote mío,/ alma de la caballería,/ corre a tu libre albedrío/ para huir de la bellaquería. Me comeré un quoque cuya fruta es tan grande como el huevo de un ganso para sobrellevarme en este extraño y melancólico mundo en todo semejante a la grafía Q.
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