Querida tata Julia

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 08/11/2026 a las 19:52


       Querida tata Julia:
Este año cumples, desde tu llegada al planeta, 112 años algunos de los cuales ya pasas muerta. No puedo dejar de sentir que aquel 8 de noviembre de 1914, - cuando estallaban la Primera Guerra Mundial y la Revolución mejicana y las vanguardias que eran el último soplo de vida de una sociedad enferma y vieja como era y sigue siendo la sociedad occidental - el cielo se estremeció de alegría ante tu llegada, la tierra se humedeció a gusto y las aguas cantaron en su fluir. Imagino que donde tú naciste -en Argamasilla de Calatrava, lugar por donde quiero soñar que paseó Miguel de Cervantes y allí recordó que el pueblo se había fundado más o menos a la par que la Batalla de las Navas de Tolosa, allá por 1212 y que empezó siendo una pequeña fortaleza según nos cuentan hoy las modernas enciclopedias digitales- aquel 8 de noviembre de 1914 poco se habría oído hablar de Tristan Tzara o de Pablo Picasso o de Georges Braques o de Gavrilo Princip (aquel joven nacionalista serbio que se cargó al archiduque Francisco Fernando de Austria y cuyo asesinato fue la espoleta que provocó el inicio de la Gran Guerra). No, en aquel pueblillo manchego se hablaría de la nieblas, de las miserias, de las cabras y de los barbechos; en aquel pueblo de labradores y ganaderos no se hablaría de los cenáculos de Madrid y quizá sí, eso seguro que sí, que algo se sabría de Raquel Meyer. Allí naciste tú, en esa tierra encantada, seca y dura donde los sueños se solían dar de bruces con los terrones que los arados herían con su reja. Yo sé, porque tú me lo contaste, que fuiste una niña feliz; sé que a los vuestros os llamaban Los Cabrera; sé que tu madre Felisa debió de ser una buena mujer por cómo salisteis sus dos hijas, luminosas y fraternas. Hoy no voy a hacerte un resumen de lo ocurrido el último año porque con ellos la muerte se va haciendo grande y más se siente en un mundo dominado por estúpidos profundos porque, querida mía tú lo sabías muy bien y me lo enseñaste: nadie con dos dedos de frente desearía el mal de los otros para beneficio propio.

La especie, querida tata, está resultando ser una basura como, por otra parte, empiezo a pensar que es la Naturaleza. Quizá más adelante me extienda en esta idea, a lo mejor en la carta que te escriba el año que viene, o ¿por qué no? es posible que una mañana cualquiera, contemplando el silencio en el que vivo y tras recordar el bienestar que me producía verte untando de tomate las rebanadas de pan de un bocadillo, me suelte la melena del pensar y te escriba estas reflexiones que siempre se me quedan a medio camino. ¡Cuánta vida me has regalado Julia! Cómo te echo de menos. Todavía recuerdo de memoria el teléfono de tu casa, 552 31 95, y el nombre de la calle donde viviste casí ochenta años, Emilio Ortuño 11, en el barrio obrero de Vallecas. Tu barrio obrero, Julilla, pero eso sí, de obreros de los de antes; obreros orgullosos de sus brazos, de sus oficios, de su dignidad; aquéllos que ibais a las verbenas y luego os reuníais en las Casas del Pueblo donde con voces roncas y ánimos encendidos despotricabais contra el patrón y los curas.

Querida mía. Mi Julilla. Mi amiga. Mi abrigo. Mi imagen de la bondad.
Siempre tu Fernandoski.
 
    
Epistolario | Escrito por Fernando García-Loygorri Gazapo el 08/11/2026 a las 19:52 | {0}