I
Por el Camino de los Helicópteros
me llevan mis pasos cojos,
cojos no tanto por mis piernas
sino por tu muerte toda.
Yo no sabía
-y creía que sí-
que la muerte
era tanta ni que la mirada
tuya me aliviaba de la dura
tarea de vivir. Te moriste tan
de golpe. Me dejaste tan aislado.
Por el Camino de los Helicópteros
marcho y me encamino
hacia el otero donde descansan
los bancos. ¿Recuerdas?
En uno de ellos me sentaba
para hacer mis ejercicios
mientras tú rastreabas
la realidad del mundo
con tu trufa negra,
ávida siempre de colores.
¿Cómo se te ocurrió morir
sin avisarme?
¿Cómo no vino una diosa
a despertarme del sueño eterno
de una eterna primavera?
Por el Camino de los Helicópteros
voy, a solas con mis pasos,
buscando, pueril, encontrarte.
Por el Camino de los Helicópteros
me llevan mis pasos cojos,
cojos no tanto por mis piernas
sino por tu muerte toda.
Yo no sabía
-y creía que sí-
que la muerte
era tanta ni que la mirada
tuya me aliviaba de la dura
tarea de vivir. Te moriste tan
de golpe. Me dejaste tan aislado.
Por el Camino de los Helicópteros
marcho y me encamino
hacia el otero donde descansan
los bancos. ¿Recuerdas?
En uno de ellos me sentaba
para hacer mis ejercicios
mientras tú rastreabas
la realidad del mundo
con tu trufa negra,
ávida siempre de colores.
¿Cómo se te ocurrió morir
sin avisarme?
¿Cómo no vino una diosa
a despertarme del sueño eterno
de una eterna primavera?
Por el Camino de los Helicópteros
voy, a solas con mis pasos,
buscando, pueril, encontrarte.