Passacaglia

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 11/03/2026 a las 19:32


Podría quedarse dormido en el banco como ya le ocurrió hace años. No quiso. Ya peinaba canas. Había dejado de entender palabras y algunas le parecían perfectas por ridículas.

Allá va, vestida de payasa, con una sonrisa estrafalaria y las uñas pintadas de carne.

Hubiéramos querido. Como se hacen las salsas o como piden los mendigos a la salida de la iglesias hace setenta años. El vuelo no sorprendió a nadie. Hubiéramos querido y habría pasado un ángel de carne y hueso como líquida era la lefa del arcángel Gabriel. Los niños no se encargan. Los niños se hacen y luego ellos, al albur del mundo en el que caigan, acabarán olvidándote como se olvidan los gestos con los que nos arrancamos los padrastros un sábado sin fin.

Me darías igual desnudo. Ya nada de ti me llama la atención. Tan sólo seguimos porque nos conocemos. Hasta tu tumba te seguiré porque tú, lo sabes, morirás antes.

¡Qué poco bastó para caer rendida!

Vamos, entremos en ese portal. Apóyate. ¿Consientes? 

Era cierto. A la hora exacta de aquel día de marzo, la luna menguante quedó suspendida por uno de sus extremos de la veleta de la torre. Al día siguiente llegaron las cigüeñas.

¡Cálmate, este amor no durará para siempre!

Vieron a los gatos en el fondo de les poubelles. Cantó el azor su canto bravo. Unas meninas se rajaron los miriñaques y el cielo se abrió en rabiosos rayos de luz.
 
Ensayo poético | Escrito por Fernando García-Loygorri Gazapo el 11/03/2026 a las 19:32 | {0}