Lobos de noviembre

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 13/11/2019 a las 17:58

Paisaje rocoso de Ramón Martí i Alsina 1887
Hasta la camilla la respiración se alienta y se repite el mantra que un verano, un verano de mil novecientos ochenta... un verano de mil novecientos ochenta... color azul de Mediterráneo... cueva junto a la playa... la cala... lo que nunca debe de volver aunque a veces si quisiera, sí lo quisiera... oír nuevo a John Coltrane en su A love supreme o volver a las novelas, las de los escritores hispanoamericanos de los 50, los 60 y los 70... hasta la camilla el olor del anestésico local le parece lejano y piensa que los colores fríos de los tubos de neón, lo azul No-Mediterráneo... está seguro de que no se le meterá hasta lo oscuro del alma, hasta la Sombra de sí por donde Jung revolotea y Alice Miller quisiera mostrarse tenaz y extraer... extraer el Mal... en la espera todo se resuelve en un instante... es un instante vivir y por lo tanto el dolor es aún menos que el instante de la vida... en la espera la realidad futura se hace inmensa, incapaz como es de asumir que el futuro no es... porque las manos arden un poco... porque los pasos con tacón no le resultan atractivos y escucha al hombre que intervendrá en sus ojos minutos antes... minutos antes... son todos tan jóvenes... hay un deseo de osadía, de llegar hasta el límite de los propios conocimientos... cuerpo de seda... embrión 1... la noche estrellada... hasta el inicio de las gotas el mantra parece funcionar, cuerda vibrada, alta física de nuestros abuelos... sabe que al final todo estallará en su cabeza y la aguja en el ojo no será más que una parte, mínima, del Gran Malestar... no más... no más... no más amor... no más... love loves to love love....  la carretera otra vez como símbolo de una dirección... la casa derruida... un verano de mil novecientos ochenta... en la habitación del piso superior un columpio... la luna desde el columpio de la habitación del piso superior... en la camilla la sudoración del miedo... la soledad... el esfuerzo de recordar el olor del musgo en el invierno... en el invierno... en el invierno... necesitaría las manos dispuestas... el corazón necesitaría dispuesto y que los pulmones acapararán menos aire del necesario... las manos necesitaría... agarrar con la manos el aire sobrante... el aire que los pulmones desecharon... su corazón late y lanza al torrente el líquido de la vergüenza... la Sombra... la Sombra... está ahí, se dice... baila... baila... baila... ha dicho: no, no me caigo a menudo... baila al compás imposible de un tema de Coltrane... cuando disfrutaba de Coltrane... cuando disfrutaba con los juegos de la imaginación... cuando subía la montaña porque iba a conquistar el castillo... en la camilla... la cara cubierta... un ojo al aire... el ojo ciego por el pecado de Eva de haber creado a Adán... ¡No fuiste tú, Lilith!... Tú no, Lilith... Tú no, Lilith... Tú no, Lilith... de la costilla de Eva... del coño de Eva... desde algún lugar del cuerpo de Eva... Tú no, Lilith.... tú solo te follabas los demonios... Vete Lilith, no es ti a quien convoca el ojo ciego que corresponde a un cuerpo tumbado en una camilla un doce de noviembre del año dos mil diecienueve según cuentas gregorianas... así es que camina tuerto sin ser rey de nada... no había país de ciegos... para sí se decía aquel verano de mil novecientos ochenta, aquel verano de mil novecientos ochenta, el columpio en la habitación vacía del piso superior desde el que se podía ver la luna en el vaivén... para sí se decía... sí, se decía... sí, lo decía para sí... no muy bajo para sí... podría parecer un loco hablando para sí...no muy bajo... para sí... 
Narrativa | Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 13/11/2019 a las 17:58 | {0}