El grito Edvard Munch 1893
¡Llegaremos al final de los túneles! Tendremos que hacerlo, camaradas, aunque los vientos que nos vengan de cara sean los de los fascistas y sus algaradas. Volveremos de nuevo a mirarlos a la cara y temeremos sus represalias pero a muchos -ojalá sea yo uno de ellos- no nos acobardarán sus armas de fuego ni sus puños de hierro ni sus bates de beisbol ni sus esbirros de la violencia legal en nuestras calles.
Sí, la primavera queda lejos pero todos sabemos, todos, todos lo sabemos, que bajo la nieve que ahora siembra de helor el suelo a nuestros pies, están germinando las flores que mañana cubrirán las praderas del mundo de un concierto de color. La vida, a veces, se abre paso; la fraternidad, a veces, existe y en ocasiones un abrazo, tan sólo una mirada, puede salvar una vida.
¡Levantemos los puños y cantemos! ¡Aprestémonos a luchar contra el fascismo! ¡Asaltemos los muros de la maldita democracia liberal y convirtámosla en una democracia social y de derecho! ¡Basta ya de apariencias! ¡Basta ya de espejismos de libertad e igualdad! ¡Atravesemos este ciclo que vuelve eternamente a su retorno de democracia liberal/fascismo/guerra y conquistemos nuestra Tierra!
¡La tiniebla ya casi no puede ser más densa! ¡Campan los asesinos por nuestras ciudades y nuestros campos! Las buenas gentes, llenas de horror, callan. La malas gentes, llenas de soberbia, gritan. No será nuestro silencio quien acabe con sus gritos, será nuestra unión quien los machaque; será nuestra unión quien los encierre en su vergüenza y si es necesario habremos de amordazarlos y si es necesario habremos de mostrarles el camino de la buena vida y si es necesario habremos de leerles en las noches del invierno a oscuras algunos de los ensayos de ese gran y alegre vividor que fue Montaigne.