Día vigésimo primero

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 22/08/2013 a las 10:13

El día anterior fue de limpieza. Duele limpiarse. Todo lo que ha de evacuarse puede doler como tantas palabras dichas a destiempo, como tantas palabras que nunca se dijeron. El día anterior a este vigésimo primero, sintió la cercanía de su voz lejana y cuando hubo de permanecer tumbado mientras el calor hacía de las suyas sometiendo a las cabezas locas a esgrimir argumentos para seguir vivas, él, entre retortijones, ensoñaba su cabello, su espalda, su mano.

Luego vino la noche y una larga nada. No pudo el calor con él ni tampoco los artilugios ni tan siquiera las voces altas en la gran madrugada.

Supo que la luna se estaba yendo. Y alabó la delicadeza de algunas caligrafías. Al levantarse sintió la debilidad del naúfrago o el cansancio tormentoso del errabundo de desiertos pero llegó hasta el lugar de los fuegos y se hizo una infusión. Se dijo, Me encuentro mejor y cayó en la cuenta de que el calor se había callado un poco.

Bebió despacio y fumó poco. Así empezó el vigésimo primer día del resto de su vida.
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