Pina Bausch. Café Müller 1985. Fotografía de Ulli Weiss
¡Qué difíciles son algunos garabatos! La regla de plástico. El superego haciendo cada tanto de las suyas. Las manos vuelan. Alguien parte hoy. Aquella mujer, la de la silla de ruedas, ha conseguido aunar en torno a ella voluntades. ¿Quién anda ahí? Los sonidos de la noche en la soledad del mundo son un aluvión de nieve que cayó por la ladera de alguna gran montaña y del que nadie supo. No quiero morir, se decía. La luz de la lámpara se derramaba sobre la mesa. Era una lámpara de estudio. Los libros dormían inquietos en sus baldas. Tembló la tierra en algún punto mientras el huracán del Pacífico hacía de las suyas corriendo en paralelo con los estados occidentales de un país llamado Méjico. Déjale que te cuenta la historia. El lenguaje genera pensamiento. Diez posibles razones de la tristeza en el pensamiento. George Steiner. Hermoso título. Las manos vuelan. Las ideas se cuecen. Son tantos los frentes. ¿Ante una sentencia injusta no tiene derecho el reo a insultar con todas sus fuerzas al juez? No se está muriendo. Tampoco el otro vio angelitos. Bola de Nieve subido al pedestal de su agudeza tocaba el piano tropical. Beny Moré me llevó a los brazos de una mujer bien brava. Nos follamos en el hotel Palace. Ella, me dijo, se quedó removida y me regaló antes de que me fuera el libro de David Mamet Una profesión de putas. Yo fui puta. Probablemente lo siga siendo. ¿Podrá ser que el tiempo apremia? ¿Es necesario que me prepare una taza de leche con cacao y un trozo de bizcocho industrial? Mis manos se van volviendo bolígrafos de insulina. ¡A por el azúcar! ¡Acaben con los campos de remolacha! ¡Que las calabazas se vuelvan amarillas y quede el pozo seco para siempre! No quieras saber más. El teclado, borracho, se desliza por la mesa. ¡Cómo sonaban antaño las teclas de la máquina de escribir! Aún hoy recuerdo la tarde en la que el mundo salió por la ventana de mi habitación. Ya era un desterrado.