Conservación

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 06/06/2026 a las 18:04


¿Se aplacará algún día? Ahora tan sólo se quiere levantar para hacer sus necesidades y luego se quiere volver a la cama y cerrar los ojos y quedarse dormida. La pregunta que inicia este corto relato se la hace a ella misma. Está sentada encima de la cama. Son las cinco de la tarde. Normalmente a esas horas estaría en la oficina, terminando la jornada. Ha sabido vivir muchos años con ello y de improviso, hace tres días, se despertó con un mechón de su pelo encanecido tras haber tenido una pesadilla horrísona: el mal es una masa de vapor viscoso, algo semejante a los humos que desprende la combustión de una rueda. El mal se le mete por la nariz. El mal es un terror que le hiela la sangre. El mal es un grito que nadie puede escuchar. Despertó. Sudada. Se incorporó en la cama. Se quedó sentada y su mirada se fijó en la pared de enfrente, la cual, por efecto quizá de restos de la pesadilla, le pareció alejada. A día de hoy se lo sigue pareciendo. Desde esa pesadilla se ha quedado metida en la cama. Tan sólo se levanta para hacer sus necesidades, para comer y beber algo. No se lava. Se vuelve rápido a la cama. Se tapa y se masturba con la mano izquierda mientras se mete los dedos de la derecha por el ano. Los varios orgasmos permiten que vuelve a quedarse dormida. Se masturba y no busca con ello el placer sino la muerte aunque parcial nacida del cansancio. Cuando se despierta repite la misma rutina ahora que ya no las tiene. La misma rutina que acabará matándola de inanición. Ella que había soportado tantos años. De repente, de un día para otro, como si desde siempre lo hubiera sabido. La salida era ésta: abandonar y abandonarse. Desde hoy. "Habéis vencido. Me derroto,", se ha dicho. Lo ha hecho.
 
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