Aborto de ovas y lamas

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 24/12/2013 a las 10:39

Lucky Lulu Blonde de Mel Ramos
La BBC emitió hace unos años una serie de documentales a los que tituló El Siglo del Yo 1. En ellos se narra la intensa búsqueda de los deseos, frustraciones, miedos y emociones del ser humano no para su conocimiento en sí sino para saber cómo venderles productos. De hecho los mayores inversores en la ciencia de la psicología han sido y son las grandes corporaciones de los mercados.
En un rastreo fascinante por todo el siglo XX vemos en el documental cómo desde los descubrimientos de Freud (descubrimientos que también se podrían denominar interpretaciones... de sus propios sueños) del llamado inconsciente, se genera un interés creciente sobre el individuo y su psique. Es un sobrino de Freud, Edward Berneys quien aplicando las teorías de su tío crea en los Estados Unidos, en los años 20, el oficio de relaciones públicas y las bases de lo que hoy llamamos publicidad y que hasta entonces se llamaba propaganda.
Desde entonces y hasta ahora se ha ido refinando la captación de los individuos como clientes y desde los parámetros del cliente ideal se trasladó -en la época de Reagan y Thatcher- la ciencia al del votante ideal. Porque se llegó a la conclusión de que la política en el llamado sistema democrático debía de concebirse exactamente como lo que es: un negocio. Y en un negocio cuyo fin último (y primero) es la compraventa es fundamental tener contentos a los consumidores.
Consumidores/Compradores/Vendedores/Usuarios/Seres humanos.
Una de los últimos descubrimientos en ese control de las masas, ha sido -¡viva la paradoja!- el hacernos creer que somos individuos únicos (uno de los slóganes que mejor describen esta tendencia es el de Ikea: Bienvenido a la República Independiente de tu casa). Desde los años 90 toda la publicidad/propaganda va dirigida a sectores de población a los que se etiqueta dentro de lo que se denomina en marketing (el marketing no es ni más ni menos que psicología aplicada a la captación de consumidores): target del estilo de vida.
Fueron los conservadores (la derecha para entendernos) quien más alentó y mejores réditos políticos ha sacado de esta manipulación de la conciencia de ser. De hecho la izquierda hubo de adaptarse a estos principios de individualidad para poder arrebatar el poder al partido conservador británico con lo cual, claro, perdió su identidad como garante del bienestar común (de aquellos polvos estos lodos).
Vivimos en occidente imbuidos (convencidos) de que somos seres únicos. Individuos libres, capaces de tomar nuestras propias decisiones. Cuando Alberto Ruiz-Gallardón presenta su anteproyecto de ley de regulación del aborto en el cual se recortan los derechos de las mujeres a tomar la decisión de abortar o no dentro de un plazo -se dice que razonable del embarazo-, lo que está promoviendo es un desafío a la creencia que su propia ideología ha utilizado para detentar el poder: Tú eres única y sabes lo que quieres. Curiosamente ese anteproyecto de ley tiene ribetes de antigua izquierda: es el Estado el garante  y poseedor de las normas del bienestar común (sean éstas cuales sean). Es decir: tu casa no es una república independiente (casa, incluso simbólicamente como vientre de la madre; hogar del feto). Y en este sentido es sin dudarlo un anteproyecto de ley retrógrado.
Todas las disquisiciones morales que se argumenten en pro o en contra de un aborto libre, son pura sofistería porque la decisión de cuándo un ente es vivo o no; cuándo jurídicamente se oponen dos intereses (el del feto a vivir y el de la madre a que ese feto no se desarrolle y viva. Porque, ¿cómo sabemos que ese feto quiere vivir? y aún ¿cómo sabemos que esa mujer embarazada no quiere que ese feto viva?) pueden debatirse hasta la aberración; o si argüimos cuestiones religiosas (de creencia metafísica en el alma): ¿por qué no aceptamos que si ese alma ha ido a parar a ese feto que no va a desarrollarse, tendrá la posibilidad de salirse de él -como cuando sale del cuerpo muerto que sí ha vivido- e introducirse en otro? O incluso ¿un alma que se mete en un feto que va a ser abortado, querrá, en esencia, no vivir?
Porque la moral, en última instancia, es el uso de la costumbre. Y es de costumbre en estos siglos que vivimos el que las mujeres tengan derecho a abortar dentro de un plazo razonable tras muchos siglos en el que tenían la necesidad de hacerlo y el deber de parir (so pena de muerte o privación de su libertad o riesgo de su vida en el intento de evitar otra vida).
En todo caso siento muchas veces (no sé si lo he escrito ya. Son muchos los años escribiendo este Inventario) que cuando me relaciono con personas unas veces me encuentro frente a una que vive en el siglo V a.C., otras lo hacen en la Edad Media, algunas son hijas de su tiempo, otras luchan denodadamente entre dos épocas y la mayoría se deja llevar por una vida que tiene de sagrada lo que la mercancía en un gran almacén.

PD: Pongo a continuación los enlaces de los tres episodios restantes del documental de la BBC: El Siglo del Yo 2, El siglo del Yo 3, El siglo del Yo 4
Miscelánea | Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 24/12/2013 a las 10:39 | {0}