11 Olmo Dos Mil Veintidós

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 16/08/2022 a las 18:08


Nado. El aire entra por mi boca y sale por mi nariz bajo el agua.
Nado y no siento más que mi nadar.
Nado para llegar hasta un borde, girar y llegar hasta el borde opuesto.
Nado y veo tras los cristales empañados de las gafas los reflejos del sol sobre las aguas.
Nado sin grandes deseos.
Nado sin que nada me apremie.
Nado y no añoro a mi madre y no añoro a mi mujer y no añoro a mi hijo y no me añoro.
Nado sin amigos a los que contarles que he nadado.
Nado en una soledad cuántica.
Nado como una posibilidad de ser en esta hora de la tarde.
Nado con la tristeza propia de los elefantes.
Nado y puedo imaginar mientras la cadencia de mis brazos y mis piernas es la equilibrada que nado a lo largo del Gran Ganges.
Nado cuando soy incapaz de contenerme los deshechos.
Nado y observo el fondo de la piscina compuesto de miles de teselas que conforman un mosaico que representa el reino de Poseidón.
Nado porque sé respirar.
Nado porque me enseñaron a nadar.
Nado porque nunca hablo de mi padre.
Nado porque siento un nudo en la garganta.
Nado porque tengo el sueño de los pobres.
Nado para no volver al callejón de las Ancas.
Nado cuando cae el día y por el este la luna se asombra con mis brazadas.
Nado junto a ella, mi querida compañera, sin luz, iluminada, a solas sola, danzando lentamente y dirigiendo con su danza las masas oceánicas.
Nado hasta quedar extenuado.
Nado hasta el límite de la glucosa.
Nado a tientas.
Nado quedo.
Sólo queda
el nado lento
de mi descontento.
 
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