01 Tratado de los productos

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 19/04/2026 a las 20:47

Portada de Tratado de los Productos. Foot and Hand. Roy Lichtenstein.1964

PRÓLOGO

         No temblará mi mano cuando aborde los temas que se asoman ahora en este inventario del vivir que es de lo que, al fin y al cabo, trata esta revista que inicié un mes de septiembre de hace ya dieciocho años. Recuerdo que en aquel año de 2008 vivía en un pueblo de la provincia de Madrid, en España, en un chalecito adosado propiedad de la mujer con la que me había ido a cohabitar y con la que creía que iba a transcurrir el resto de mi vida. Una de mis debilidades -más bien debilidad de mi especie- es ese afán porque la vida transcurra sin grandes sobresaltos y que aquello por lo que apostamos no se nos vuelva en nuestra contra y nos aboque a eso que llamamos fracaso. ¡Ay, el fracaso! ¡Cuántas vidas ha truncado! ¡Cuántas potencialidades! Malditas ideas preconcebidas. O ideas concebidas por nuestros antepasados que nos inculcan como venenos en nuestras mentes cuando aún somos niños y ellas -las mentes- están dispuestas a absorberlo todo sin cuestionarse nada. Vivir una buena vida consiste, entre otras cosas, en destrozar a martillazos las ideas y los patrones de nuestros educadores aún cuando más tarde construyamos nosotros exactamente la misma idea como si éstas fueran moldes en todo semejantes a la citosina, la guanina, la adenina, la timina y el uracilo; o más: que en esas bases nitrogenadas se contuviera ya la idea de fracaso o la de sexo o la de muerte... esas que otros llamaron más tarde los universales.
        Este ensayo -Tratado de los productos- que ahora inicio con este prólogo que, seguramente, no terminaré hoy, seguirá el camino de gran parte de mi escritura: morirá abruptamente. Y porque así escribo, conscientemente, me llamo a mí mismo hiperrealista dándole a este término la significación de que escribo como se vive: sin saber cuándo se va a morir. Mi literatura -aunque este término habré de matizarlo más adelante, es decir, habré de preguntarme ¿qué es la literatura?- es por lo tanto exactamente igual que la vida: no tiene fecha de salida ni, por supuesto, final cerrado. La vida suele morir abierta. También sobre este principio escribiré.
         Avanza ya hacia la noche este diecinueve de abril de dos mil veintiséis. En este momento estoy escribiendo una novela titulada Amor, estoy terminando de corregir una obra de teatro titulada La Campanilla, estoy escribiendo Memorias, estoy documentándome para desarrollar un podcast titulado Los héroes mutantes y todos los meses, con más o menos fortuna, escribo esta revista, Inventario, que alberga una parte considerable de lo que he escrito durante los últimos dieciocho años.
         También ensayaré sobre la tarea del escritor o sobre la defensa de la teoría que enuncia el hecho de que las hembras ramapitecinas -antecesoras de los homo sapiens sapiens- fueron las inventoras de eso que se llama generalmente sexo pero contiene un elemento estético muy perturbador como es el erotismo. Mi guía, claro, será uno de los seres que mejor entendió el arte de vivir y que no es otro que Michel de Montaigne. También sazonaré espero que con gusto y bien especiados los motivos que me han llevado a tenerlo como maestro de mis intentos.
         La vida pasa lenta cuando se está viviendo y rápida cuando se recuerda. También es este un motivo para emprender este tratado.
 
Ensayo Tags : Productos | Escrito por Fernando García-Loygorri Gazapo el 19/04/2026 a las 20:47 | {0}