01 Confesiones

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 28/09/2020 a las 12:58

Tabulae anatomicae (Tabula XIII). Pietro Berrettini Colonna. 1618
Mi nombre es Pablo Molviedro Ichaso y soy un puto pecador. Son tantos mis pecados que desde hace años estoy sufriendo penitencia. Desde la mañana a la noche el Diablo se encarama, por ejemplo, en mi rabo y no hago más que guarradas desde el amanecer hasta la noche y aún en sueños, aún en sueños asisto a orgías en las que la lujuria y el horror se reparten el tiempo a partes iguales y quedo extenuado, con el cuerpo hecho trizas, las manos en carne viva, rotos los labios, el ano dilatado como si fuera una recién parida y la polla escocida a punto de hervir de tanto usarla, de usarla tanto como si en ella me fuera la vida cuando la realidad es que es ella -más bien el Diablo- quien me la está arrebatando.
Sí, no puedo decirlo de otra manera, desde niño el Maligno es mi dueño y mi señor y a él obedezco y ante él me prosterno y sólo por él camino un día más por este sendero de espinos con mis pies descalzos y mi mente despejada.
Alguna vez esperé a Dios y Dios nunca vino así es que llegué a la conclusión -a edad muy temprana, a los ocho años justamente tras sentir una excitación brutal al ver a mi madre en bragas y a su través intuir el pelluzgón de su coño- de que Dios no me soñaba. Dios nunca me soñó como hacen todos los dioses con todos los seres que en esta Tierra han sido y los seres a los que no sueña Dios, los sueña el Diablo y éste, cabezota y ruin, aún hoy, a mis setenta años me sigue soñando y yo no puedo despertarlo ni puedo influir en el sueño de su reverso -de Dios sería, así lo llaman sus creyentes- para que me sueñe él pues se sabe desde antiguo que el Diablo y el No-Diablo (es decir Dios) o Dios y el No-Dios (es decir el Diablo) no pueden soñar un ser al mismo tiempo. Se pertenece a uno o a otro o se pertenece alternativamente a ambos pero nunca a la vez porque es imposible hacer el bien al mismo tiempo que el mal. Aún espero el día en el que sienta que Dios me está soñando para saber si es tan dulce su presencia como cuentan los nuevos catecismos (los antiguos entendían a este Gran Soñador como un ser terrible asociado al Trueno y a la Electricidad) y si, al saberse en él, en su sueño, la vida se parece más al algodón de azúcar que a la caña de donde se extrae. Mientras tanto peco, peco de palabra, obra y omisión; soy malvado, violento, irascible, lujurioso, mentiroso, procaz, cobarde, macilento, tendencioso y guarda mi hígado tantos rencores que mi cuerpo entero anda envejecido y mis humores, hasta los amarillos, son de un amarillo quebrado que tiende al negro como la más obscura melancolía.
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