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 <title>Inventario</title>
 <subtitle><![CDATA[Revista literaria y artística escrita y dirigida por Fernando Loygorri]]></subtitle>
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 <updated>2026-05-25T06:54:41+02:00</updated>
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   <title>03 Tratado de los Productos</title>
   <updated>2026-04-27T21:00:00+02:00</updated>
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   <category term="Ensayo" />
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   <published>2026-04-27T20:02:00+02:00</published>
   <author><name>Fernando García-Loygorri Gazapo</name></author>
   <content type="html">
    <![CDATA[
     <div style="position:relative; text-align : center; padding-bottom: 1em;">
      <img src="https://www.fernandoloygorri.com/photo/art/default/96282572-67156926.jpg?v=1778560593" alt="03 Tratado de los Productos" title="03 Tratado de los Productos" />
     </div>
     <div>
      <div style="text-align: center;"> <br />  <strong><em>BELLEZA (2)</em></strong></div>    <div>&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;<strong>Dos ejemplos de belleza:</strong> <br />   <br />  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<em>Ejemplo 1:</em>&nbsp;Los ainus de las islas del norte de Japón -Hokkaido, Sajalín y Kuriles-, que antaño ocuparon el norte de la isla principal de Honshu, constituyen un problema fascinante para la ciencia de la antropología&nbsp;porque aunque su forma corporal es similar a la&nbsp;de los japoneses y ocho mil kilómetros los separan de la población nativa blanca más cercana, su piel es blanca, sus ojos caucásicos y su pelo ondulado y abundante. Se les ha llamado el pueblo más peludo de la tierra, si bien no lo son más que muchos mujiks rusos. Es cierto que sus orgullosos y vigorosos jefes, muy barbudos, de nariz ancha, cejas espesas y ojos vivos, se parecen mucho al autor de&nbsp;<em>Guerra y Paz&nbsp;</em>o a la idea que tiene un niño de Santa Claus, mientras que sus mujeres, muchas de las cuales son chamanes, han embellecido sus encantos naturales con garbosos bigotes azul pizarra, tatuados sobre el labio superior a la edad de trece años con el fin de hacerlas deseables para el matrimonio. El profesor A.L. Kroeber clasifica a esta raza, compuesta por unos dieciséis mil individuos, como un "tipo caucasiano generalizado o mongoloide divergente" -si a esto se le puede llamar clasificación-, pero A. C. Haddon nos dice con más confianza que "sin duda son las reliquias de un movimiento hacia el este de un antiguo grupo mesocefálico [de cabeza redonda] de cimotricos blancos [gente de pelo ondulado, en contraste con los leiotricos, de pelo liso, y los ulótricos, de pelo rizado], que no han dejado otros representantes en Asia". Su lengua está sin clasificar y al parecer es única, aunque uno de los componentes más arcaicos del japonés debe de haber sido un dialecto del mismo tronco. Además, algunas de las formas básicas de su mitología y ritos permiten establecer una estrecha comparación con el sintoísmo.&nbsp; <br />  &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;Los ainus son seminómadas, pescadores paleosiberianos y cazadores, pero también plantadores neolíticos con la maravillosa idea de que las excelencias del mundo de los hombres son tan superiores a las del mundo de los dioses que a las deidades les gusta venir aquí a visitarnos. En tales ocasiones van disfrazados. Los animales, pájaros, insectos y peces son los dioses visitantes: el oso es un dios de la montaña; el mochuelo de la aldea; el delfín del mar. Los árboles son asimismo dioses en la tierra, e incluso las herramientas de los hombres se convierten en dioses si se hacen del modo adecuado. Por ejemplo las espadas y armas pueden&nbsp;ser dioses y llevar una como guardiana da fuerza. Pero entre todos ellos, el visitante divino más importante es el oso [...].&nbsp;<em>Extracto de Las máscaras de Dios. Mitología primitiva. Volumen I. Joseph Campbell</em>. <br />   <br />  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<em>Ejemplo 2º:</em>&nbsp; Va con Manuel al trabajo. Antes tiene que dejar a Nilo, su perro, en casa de unos amigos de Manuel a los que él no conoce. No le hace ninguna gracia tenerlo que dejar allí. No tiene más remedio. Lo deja. Manuel y él van camino del metro. Bajan las escaleras. Cuando él va a pasar su billete por el torno, se da cuenta de que no lo tiene y está seguro que se lo ha dejado en la casa donde está Nilo. Vuelve. Entra en la casa (como si la puerta de ese sitio estuviera siempre abierta), abre la puerta del dormitorio y allí, en la penumbra, se encuentra una pareja durmiendo, dos perros muy grandes a sus pies y Nilo en el suelo, a un lado de la cama. Cuando Nilo lo&nbsp;ve, se vuelve loco de contento, se le echa encima, mueve el rabo; el hombre se despierta. Tan sólo le mira y se vuelve a dormir. La mujer no se mueve. Él le dice a Nilo que no se preocupe, que en un par de horas volverá y se irán para casa. Él se marcha. Nilo se queda sentado en la habitación y lo acepta. <br />  &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;Ya en el lugar de trabajo -una Fundación donde se expone una valiosísima colección de arte-&nbsp;él se encuentra con Raúl que resulta ser su jefe (cuando siempre había sido su amigo) y hay algo en su mirada que sugiere un callado reproche. Se marcha Raúl sin abrir la boca. Él sale al jardín de la Fundación. Ya ha terminado su jornada. En el portón de hierro verde se gira para despedirse de Manuel y repara (hasta entonces no lo había visto) en que en un gran macetero de piedra está tumbado un cachorro de tigre&nbsp; siberiano. Él le pregunta a Manuel&nbsp;(con total naturalidad, como si fuera la cosa más normal del mundo encontrarse con un cachorro de tigre siberiano en la ciudad de Madrid) que desde cuándo tienen el tigre pero no escucha su respuesta porque le fascina el hecho de que el tigre está dándole unos zarpazos tremendos en la mano a Manuel y éste ni se inmuta; de hecho llega a pensar si no será que Manuel tiene una mano de madera. Por fin se marcha. Tiene prisa por volver a la casa y recoger a Nilo, a su amigo Nilo, a su querido gente perro. <br />  &nbsp;</div>  
     </div>
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   <title>02 Tratado de los Productos</title>
   <updated>2026-04-22T15:11:00+02:00</updated>
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   <published>2026-04-22T02:15:00+02:00</published>
   <author><name>Fernando García-Loygorri Gazapo</name></author>
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     <div style="position:relative; text-align : center; padding-bottom: 1em;">
      <img src="https://www.fernandoloygorri.com/photo/art/default/96186181-67104040.jpg?v=1778560593" alt="02 Tratado de los Productos" title="02 Tratado de los Productos" />
     </div>
     <div>
      <div style="text-align: center;">, <br />  <strong><em>BELLEZA (1)</em></strong></div>    <div> <br />  &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;Para empezar a escribir sobre la belleza, que es por derecho propio, la primera entrada de este tratado, lo voy a hacer desde la palabra y para ello me voy a acoger a ese diccionario hermoso y culto que es el que, abreviadamente, se suele llamar&nbsp;<em>El Corominas</em>&nbsp;y que es un&nbsp;monumento crítico etimológico&nbsp;castellano e hispánico escrito no sólo por Joan Corominas sino también por José Antonio Pascual. La autoridad&nbsp;<em>belleza</em>&nbsp;no aparece en este diccionario y sí lo hace&nbsp;<em>bello</em>&nbsp;pero sobre todo, los filólogos, se extienden en uno de los dos vocablos autóctonos para expresar la idea de 'lo&nbsp;bello' que son&nbsp;<em>bellido</em>&nbsp;y&nbsp;<em>hermoso</em>. "El término&nbsp;<em>bello</em>&nbsp;-escriben- es ajeno al&nbsp;<em>Cid</em>&nbsp;y a otros textos del castellano primitivo". De los dos términos que he nombrado en el que más se extienden es en BELLIDO que es el que paso a transcribir.</div>    <div style="margin-left: 40px;"> <br />  <strong>BELLIDO,&nbsp;</strong>'hermoso', derivado del latín BELLUS 'bonito', quizá debido a un cruce con MELLITUS 'dulce', que se empleaba junto con BELLUS en frases cariñosas para dirigirse familiarmente a personas queridas.&nbsp;<em>1ª doc.:</em>&nbsp;como nombre de persona&nbsp;<em>Bellitus</em>&nbsp;está documentado en España desde 683, en que un obispo de este nombre firma el Concilio XIII de Toledo (Simonet, p. CXCI, n. 1)<strong><sup><i>1</i></sup></strong> . Como adjetivo común se halla desde el&nbsp;<em>Cid</em>, y el mozárabe&nbsp;<em>bellito</em>&nbsp;desde 982 (Abenyolyol, en Simonet, s v.&nbsp;<em>archo-bellitho)</em><sup><i><b>2</b></i></sup><em>,&nbsp;</em>pero en la lengua literaria ya se hace anticuado en el siglo XIV (M. P.&nbsp;<em>Oríg.</em>, 236), aunque todavía lo emplea como arcaísmo algún autor del XVII (Góngora, Moreto)<sup><b>3</b></sup>.&nbsp; <br />  Es fundamental para el origen de&nbsp;<em>bellido</em>&nbsp;el documentadísimo y atinado estudio de Y. Malkiel,&nbsp;<em>Language</em>&nbsp;XXII, 284-95, 302-11. Según él sería un mero descendiente de MELLITUS por vía fonética, conclusión que no puede aceptarse, pues no existe en romance el "cambio esporádico" de&nbsp;<em>m</em>&nbsp;en&nbsp;<em>b</em>&nbsp;ni de&nbsp;<em>b&nbsp;</em>en&nbsp;<em>m</em><sup><b>4</b></sup>,&nbsp;y el autor no aduce ni una prueba de que MELLITUS significara jamás 'bello'<sup><b>5</b></sup> ni&nbsp;de que&nbsp;<em>bellido</em>&nbsp;equivaliera a 'dulce, meloso'. No es extraño, pues, que no convenciera a Piel, quien insiste en derivar de BELLUS. Tampoco prueba Malkiel que un verbo derivado *BELLIRE 'embellecer', con su participio *BELLITUS, fuese imposible; al contrario, el mismo cita honestamente&nbsp;<em>modorrido-modorrado&nbsp;</em>(junto a&nbsp;<em>modorro, modorra</em>),&nbsp;<em>denegrido-denegrado, descolorido-descolorado, desmaído-desmayado, quellotrido-quellotrado</em>, y la existencia de descendientes de BELLATIOR, BELLATIUS, en lengua de Oc y francesa prueba la del positivo BELLATUS que se comprueba no sólo por medio del oc.&nbsp;<em>belazor (</em>BELLATIOREM), sino directamente por la expresión intensiva&nbsp;<em>belle, bellatula</em>&nbsp;empleada por Plauto (<em>Casina</em>, 853;&nbsp;<em>belliatula</em>&nbsp;en otros mss. y&nbsp;<em>bell(i)atus</em>&nbsp;en algún otro pasaje plautino).&nbsp;<em>Bellido</em>&nbsp;se pudo referir originalmente a la belleza femenina aumentada artificialmente por el aliño, y de aquí extenderse a los demás casos. Sin embargo, como tales formaciones en -IRE sin prefijo partiendo de un adjetivo son sumamente raras, creo que Malkiel tuvo una excelente intuición al poner de relieve el gran uso de&nbsp;<em>velido</em>&nbsp;en las arcaicas y popularísimas cantigas de amigo gallegoportugués<sup><b>6</b></sup> y&nbsp; comparar su frecuentísima interpelación&nbsp;<em>madre velida</em>&nbsp;con el&nbsp;<em>pater mellitus</em>&nbsp;del latín popular, ilustrado por Hofmann,&nbsp;<em>Die lateinische Umgangssprache</em>, 14-2. De hecho nos consta que es popular todavía el uso de&nbsp;<em>melido</em>&nbsp;en gallego para 'dulce, delicado, tierno' (Vall., Lugris), "un <em>melido</em>&nbsp;rapaz de doce anos" (Castelao, 195.28). Hubiera debido Malkiel llamar la atención sobre el hecho de que en las cartas de Cicerón coexisten las fórmulas frecuentes&nbsp;<em>mellitus Cicero&nbsp;</em>y&nbsp;<em>Cicero bellissimus</em>&nbsp;(<em>Att.</em>, 1, 18, 1;&nbsp;<em>Epist.</em>, 14, 7, 3) y que estas frases en que se llamaba alternativamente 'dulce' o 'lindísimo' a la persona querida convivieron hasta la saciedad en el lenguaje cotidiano de los romanos durante largos siglos. De esta convivencia vino probablemente el que&nbsp;<em>bellus</em>&nbsp;se hiciera&nbsp;<em>*bellitus</em>&nbsp;al cruzarse con&nbsp;<em>mellitus</em><sup><b>7</b></sup><em>. </em>Es muy fácil comprender que&nbsp;<em>bellido&nbsp;</em>resulte de un cruce de los dos cuasi sinónimos BELLATUS y MELLITUS. De este cruce, además de&nbsp;<em>bellido</em>, salen el romanesco ant.&nbsp;<em>belledisima</em>&nbsp;y el napolitano ant.&nbsp;<em>belledissemo.</em> <br />  <strong><sup><i>1</i></sup></strong><em>&nbsp;</em>Más ejemplos del nombre de persona:&nbsp;<em>Uellid</em>&nbsp;1054,&nbsp;<em>Billito</em>&nbsp;1063,&nbsp;<em>Uelito</em>&nbsp;1083,&nbsp;<em>Bellid</em>&nbsp;1102, Varios ejemplos mozárabes de&nbsp;<em>Bellit, Bellita</em>&nbsp;y del patronímico&nbsp;<em>Bellites</em>, en Simonet, s. v.&nbsp;<em>bellith</em>. (...) <br />  <sup><b>2</b></sup>&nbsp;Además&nbsp;<em>asbarag belito</em>&nbsp;'espárrago bellido' en el Glosario de Asín h. 1100 p. 109. <br />  <sup><b>3</b></sup>&nbsp;Nebrija registra todavía "<em>vellido:</em>&nbsp;bellus, bellulus". Se conservó vivo en la frase hecha&nbsp;<em>por sus ojos bellidos</em>&nbsp;'por su buena cara, sin recompensa' (<em>G. de Alfarache;&nbsp;</em>Mtro. Correas; etc.). De aquí deriva el santanderino&nbsp;<em>bilidilla</em>&nbsp;'comadreja' (comp. santand.&nbsp;<em>villeria</em>, fr.&nbsp;<em>belette</em>, derivados también de BELLUS, como interpelación conciliatoria dirigida popularmente a este animal dañino). Pero hoy es palabra arcaica en todas partes, aunque la Acad. es su diccionario vulgar le haya suprimido la nota de anticuado. <br />  <sup><b>4</b></sup>&nbsp;No sirve de mucho citar masas de ejemplos en amontonamiento confuso sin hacer su crítica filológica y lingüística. Se acumulan los casos del cambio espontáneo que sí existe en vasco, con casos romances de asimilación o disimilación en voces que contienen otra nasal, que son la mayoría (<em>vedegambre, berenar; mengala, mandurría,&nbsp;</em>etc.), vocablos que han sufrido contaminación con otros, y algunas etimologías falsas. <br />  <sup><b>5</b></sup>&nbsp;La traducción "venustus"que se da en la p. 293 no está justificada por los ejemplos que cita. <br />  <sup><b>6</b></sup>&nbsp;Recuérdese el lindo ejemplar de Don Denis: "¿De qué morredes, filha, do corpo&nbsp;<em>velido</em>? / Madre, morro d'amores que mi deu meu amigo", ed. Lang. v. 1839, y otros tantos. Sigue vivo en gallego (no en Portugal donde nunca tuvo gran uso): "cruces que pasaban por seren moi&nbsp;<em>belidas</em>" Castelao 124.27. <br />  <sup><b>7</b></sup>&nbsp;Apenas hace falta recordar que el intercambio entre B- y V- es un hecho tan frecuente que de ninguna manera puede objetarse el port.&nbsp;<em>velido</em>&nbsp;contra la etimología BELLUS (V. <em>BELEÑO, BELESA, BELLACO, BERZA,</em> etc.), ni puede invocarse para derivar de VILLUS 'vello' con Spitzer:&nbsp;<em>bellido</em>&nbsp;no significó nunca 'velludo' o 'fuerte' que sepamos.</div>    <div> <br />  &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;Por supuesto, ni falta haría decirlo, no es necesario que se lean entera la entrada que acabo de transcribir sólo que a mí,&nbsp;a veces, la erudición me resulta de una belleza extrema, es decir tiene algo de dulce y de bonito. Lo 'dulce' y lo 'bonito' nos lleva por&nbsp; muy directos caminos a la ternura. Hay algo en la belleza que es mullido. Podría añadir que la belleza es confortable. <br />  &nbsp;</div>  
     </div>
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   <title>01 Tratado de los productos</title>
   <updated>2026-04-25T21:06:00+02:00</updated>
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   <published>2026-04-19T20:47:00+02:00</published>
   <author><name>Fernando García-Loygorri Gazapo</name></author>
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     </div>
     <div>
      <div style="text-align: center;"> <br />  <strong><em>PRÓLOGO</em></strong></div>    <div> <br />  &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;No temblará mi mano cuando aborde los temas que se asoman ahora en este inventario del vivir que es de lo que, al fin y al cabo, trata esta revista que inicié un mes de septiembre de hace ya dieciocho años. Recuerdo que en aquel año de 2008 vivía en un pueblo de la provincia de Madrid, en España, en un chalecito adosado propiedad de la mujer con la que me había ido a cohabitar y con la que creía que iba a transcurrir el resto de mi vida. Una de mis debilidades -más bien debilidad de mi especie- es ese afán porque la vida transcurra sin grandes sobresaltos y que aquello por lo que apostamos no se nos vuelva en nuestra contra y nos aboque a eso que llamamos fracaso. ¡Ay, el fracaso! ¡Cuántas vidas ha truncado! ¡Cuántas potencialidades! Malditas ideas preconcebidas. O ideas concebidas por nuestros antepasados que nos inculcan como venenos en nuestras mentes cuando aún somos niños y ellas -las mentes- están dispuestas a absorberlo todo sin cuestionarse nada. Vivir una buena vida consiste, entre otras cosas, en destrozar a martillazos las ideas y los patrones de nuestros educadores aún cuando más tarde construyamos nosotros exactamente la misma idea como si éstas fueran moldes en todo semejantes a la citosina, la guanina, la adenina, la timina y el uracilo; o más: que en esas bases nitrogenadas se contuviera ya la idea de fracaso o la de sexo o la de muerte... ésas&nbsp;que otros llamaron más tarde&nbsp;<em>los universales</em>. <br />  &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; Este ensayo -<strong><em>Tratado de los p</em></strong><strong><em>roductos</em></strong>- que ahora inicio con este prólogo que, seguramente, no terminaré hoy, seguirá&nbsp;el camino de gran parte de mi escritura: morirá abruptamente. Y porque así escribo, conscientemente, me llamo a mí mismo hiperrealista&nbsp;dándole a este término la significación de que escribo como se vive: sin saber cuándo se va a morir. Mi literatura -aunque este término habré de matizarlo más adelante, es decir, habré de preguntarme ¿qué es la literatura?- es por lo tanto exactamente igual que la vida: no tiene fecha de salida ni, por supuesto, final cerrado. La vida suele morir abierta. También sobre este principio escribiré. <br />  &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;Avanza ya hacia la noche este diecinueve de abril de dos mil veintiséis. En este momento estoy escribiendo una novela titulada&nbsp;<em>Amor</em>, estoy terminando de corregir una obra de teatro titulada&nbsp;<em>La Campanilla</em>, estoy escribiendo&nbsp;<em>Memorias</em>, estoy documentándome para&nbsp;desarrollar un podcast titulado&nbsp;<em>Los héroes mutantes</em>&nbsp;y todos los meses, con más o menos fortuna, escribo esta revista,&nbsp;<em>Inventario</em>,&nbsp;que alberga una parte considerable de lo que he escrito durante los últimos dieciocho años. <br />  &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;También ensayaré sobre la tarea del escritor o sobre la defensa de la teoría que enuncia el hecho de que las hembras ramapitecinas -antecesoras de los homo sapiens sapiens- fueron las inventoras de eso que se llama generalmente sexo pero contiene un elemento estético muy perturbador como es el erotismo. Mi guía, claro, será uno de los&nbsp;seres&nbsp;que mejor entendió el arte de vivir y que no es otro que&nbsp;<strong>Michel de Montaigne</strong>. También sazonaré espero que con gusto y bien especiados los motivos que me han llevado a tenerlo como maestro de mis intentos. <br />  &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;La vida pasa lenta cuando se está viviendo y rápida cuando se recuerda. También es este un motivo para emprender este tratado. <br />  &nbsp;</div>  
     </div>
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