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 <title>Inventario</title>
 <subtitle><![CDATA[Revista literaria y artística escrita y dirigida por Fernando Loygorri]]></subtitle>
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 <updated>2026-03-07T01:14:34+01:00</updated>
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   <title>Contra la crueldad sábanas limpias</title>
   <updated>2015-11-19T10:30:00+01:00</updated>
   <id>https://www.fernandoloygorri.com/Contra-la-crueldad-sabanas-limpias_a1457.html</id>
   <category term="Narrativa" />
   <published>2015-11-14T19:28:00+01:00</published>
   <author><name>Fernando García-Loygorri Gazapo</name></author>
   <content type="html">
    <![CDATA[
     <div>
      A veces ocurre en las grandes ciudades de occidente <br />  lo que ocurre casi a diario en la pequeñas ciudades de Siria <br />  por eso hoy he cambiado las sábanas <br />  A veces ocurre una crueldad devastadora <br />  como cuando una mujer hace esperar a un hombre y le retuerce una semana entera en la distancia sin entender que esa crueldad podría ser la última acción que realizara en su vida <br />  porque a veces, en las grandes ciudades de occidente cualquier grupo de dementes (locos de poder, locos de siglo XI, locos de los dioses locos -todos los dioses están locos, todos los dioses son unos putos locos. Habría que encerrar a todos los dioses en un Valhalla con paredes hechas de cristal tallado a prueba de creencias-, locos de armas, locos de envidias o de simples acentos) se mete en una sala de fiestas y se lía a tiros <br />  por eso hoy las sábanas limpias <br />  A veces ocurre que una mujer no conoce a Cristo <br />  sólo sabe que hubo un hombre que dicen que fue sacrificado <br />  pero ni siquiera indagó por sí misma a ese hombre sacrificado <br />  ni siguió otras pistas que no fueran las que una secta le inculcó desde niña <br />  y así no es consciente que esa crueldad&nbsp; podría ser su última acción en esta vida breve <br />  si quisiera el destino que esta noche mientras cena en un restaurante, unos dementes de cualquier dios loco y sanguinario entraran en él y les rebanaran el pescuezo al grito de cualquier plegaria inmisericorde como ocurrió ayer en Paris sin ir más lejos <br />  por eso el Hilo de Holanda en las sábanas y la pulcritud de las mesillas sin polvo <br />  <em>Jesus ' blood never failed me yet</em> <br />  A veces ocurre en las grandes ciudades de occidente el desconocimiento <br />  y esa mujer que hace esperar a un hombre una semana cruelmente no sabe -espero que no sepa- que esa actitud se la está transmitiendo a sus hijos <br />  como toda la violencia que estalla en un punto del mundo de repente viene de alguna parte, no se genera en ese instante, no es pura sino que está contaminada de la crueldad de los padres, de los abuelos, de las tardes con hambre o con exceso de riqueza y un día, un 13 de noviembre, se adueña de las calles de Paris y mata o se adueña del corazón de un hombre que espera y también algo le mata <br />  <em>Jesus ' blood never failed me yet</em> <br />  A veces porque nací en las grandes ciudades de occidente <br />  sé que no debo juzgar a nadie y debo mantenerme quieto, con las manos en la espalda, como aprendí a hacer no hace mucho <br />  y al mismo tiempo hay una fuerza en mí que me lleva hacia el hombre que esperaba y hacia los muertos de París y hacia los muertos de Siria y hacia los destrozados&nbsp; por la razias de Líbano y hacia los recluidos de Palestina y quisiera abrazarlos uno a uno y susurrarles al oído, Ojalá tu último acto haya sido una sonrisa, un abrazo, un salto, una emoción sincera, un descubrimiento del otro y no se te haya ocurrido morir habiendo causado daño, no por nada -les diría (no por castigo de esos dioses locos, ni por posibles energías, ni por eternos retornos)- ni por nadie sino por ellos, por la paz que debe encontrar quien dio paz justo antes de morir <br />  Por eso hoy he puesto las sábanas limpias, hechas con hilo de Holanda, blancas y frescas <br />  Por eso hoy he encendido inciensos y he paseado en homenaje a&nbsp; los asesinados por cualquier credo o condición y por ese hombre que no pudo celebrar su cumpleaños entre abrazos y he maldecido a los que asesinan y a la mujer que, prisionera de su miedo, maltrató al hombre que la esperaba cuando sentenció su ausencia el mismo día en el que iban a encontrarse, la he detestado unas horas. <br />  <em>Jesus ' blood never failed me yet</em> <br />  Esta es la última reflexión que te dedico. Ama siempre que te sea posible como alguna vez, en algún instante, creí sentir que a mí me amabas.  <div style="text-align: right;"><strong><em>Vale</em></strong></div>  
     </div>
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   <title>Esta no canción no es para una mujer</title>
   <updated>2015-11-04T22:03:00+01:00</updated>
   <id>https://www.fernandoloygorri.com/Esta-no-cancion-no-es-para-una-mujer_a1453.html</id>
   <category term="Narrativa" />
   <photo:imgsrc>https://www.fernandoloygorri.com/photo/art/imagette/8477236-13320733.jpg</photo:imgsrc>
   <published>2015-11-04T19:12:00+01:00</published>
   <author><name>Fernando García-Loygorri Gazapo</name></author>
   <content type="html">
    <![CDATA[
     <div style="position:relative; text-align : center; padding-bottom: 1em;">
      <img src="https://www.fernandoloygorri.com/photo/art/default/8477236-13320733.jpg?v=1446663549" alt="Esta no canción no es para una mujer" title="Esta no canción no es para una mujer" />
     </div>
     <div>
      Si pudiera invocarte en esta tarde lluviosa <br />  Si fueras el olor a tierra del tronco arrancado de ella <br />  No voy a someterme a un largo proceso <br />  apenas me mantengo en pie y eso ya es mucho <br />  Quiero que escuches <br />  un soneto que no voy a escribir <br />  y la invocación a la Cerda, la Vaca, la Zorra, la Lechuza, la Manzana <br />  sólo son formas solapadas de expresarte mi deseo <br />  Porque quisiera follar contigo bajo esta lluvia fina <br />  en el soto del bosque donde los árboles visten túnicas y se mecen ebrios <br />  y el musgo se asemeja tanto a tu coño que suspiro en él y a él miro <br />  Porque he sentido al mirar el fresno apenas ya amarillo más bien marrón desnudo <br />  una añoranza de tu espalda, de la metáfora de tu cuerpo como un vasto mapa <br />  que escondiera la realidad tuya, la que se me escapa, la que siempre se me ha escapado <br />  Triple en toda <br />  Triple desnuda <br />  Triple abierta <br />  Triple húmeda <br />  Hay días, necesito que lo sepas, en que todo ha terminado <br />  y ni siquiera al ritmo de mi mano izquierda apareces <br />  y todo se ha diluido en un montón de asperezas como las que hay en el camino y que sólo se muestran cuando uno se fija en ellas <br />  Y luego, de repente, tras los juncales, donde se divisa un agua estancada y aún así hermosa, una punzada en el pecho me dice que el tiempo del olvido aún no ha llegado y que debo respirar para no abandonarme a ti y que debo meditar para saber que todo es orden <br />  Triple tus pezones <br />  Triple tus lunares <br />  Triple tus axilas <br />  Triple tus nalgas <br />  Y ese recuerdo de mis manos por tu cuerpo y de las tuyas por el mío cuando la tarde se había callado para escuchar nuestros gritos y la luz había huido lo justo para dejarnos en la penumbra y nuestras bocas y nuestros dientes entrechocando y nuestras ganas al unísono del otro y entonces, sí, entonces, sé que tú aún lo recuerdas, nos extasiábamos en un placer intenso que irradiaba desde tu vagina y mi polla a todo el cuerpo (porque en ese instante tu cuerpo y el mío eran sólo uno, fusión de mapas, encuentro de geografías) <br />  Triple la risa <br />  Triple la noche <br />  Triple el abrazo&nbsp; <br />  No me avergüenza decirlo <br />  Tengo el pelo mojado <br />  Las manos me saben a tierra <br />  Sé que la noche está fuera <br />  y también que dios te ha condenado a mi ausencia <br />  Por eso reniego de dios y lo maldigo <br />  en nombre de tus ojos cuando me miraban y de los míos cuando sonreían ante la rojez de un vino que reposó en barrica de roble y ruego a la Diosa que te ilumine y te haga ver la fuerza de mi abrazo y te haga recordar el sabor a almendra de mi semen y las veces que te reíste tras la fatiga de amar <br />  Porque sé que todo tiene su fin <br />  Porque nací en las grandes ciudades de occidente <br />  Porque Eros es el mejor antídoto contra la muerte <br />  Porque hoy he sentido que me moría más
     </div>
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   <title>Si una mañana de otoño</title>
   <updated>2015-10-08T12:57:00+02:00</updated>
   <id>https://www.fernandoloygorri.com/Si-una-manana-de-otono_a1444.html</id>
   <category term="Narrativa" />
   <published>2015-10-08T12:17:00+02:00</published>
   <author><name>Fernando García-Loygorri Gazapo</name></author>
   <content type="html">
    <![CDATA[
     <div>
      Cómo punza el corazón (porque es en el corazón) <br />  La luz brillaba, extraña y suave, y los dedos parecían moverse gráciles como si todo un manantial callado se hubiera puesto a gritar <br />  Porque no sé la palabra amor, no me atrevo a pronunciarla <br />  Porque he caído, yo, que nací en las grandes ciudades de occidente, en la más absoluta de las necedades no encuentro asidero con que definir este sentimiento que lacera mi respiración, que entrecorta mis ganas, que gime en una cama ancha, solo, y expulsa el aire en los caminos de la tarde como el tísico expulsa las flemas en un sanatorio -antiguo- en las montañas <br />  En la sonrisa que se dibuja <br />  En el arte de la contemplación <br />  En la evocación de un día de invierno en un lugar con lago donde el frío era tan tenaz que fuimos obligados a guarecernos en el interior suyo <br />  En la calidad del beso <br />  En la oscuridad que a veces todo lo ilumina <br />  ¡Oh -me digo- detente! Vuelve a la muerte o acaricia tu mano izquierda con el ritmo sincopado de una página de Debussy <br />  Y también me digo, Deja que tu ignorancia te guíe. La lucha sólo es para los que están dispuestos a quedarse ciegos. No hay lucha en el amar (sea lo que sea la acción de ese verbo) ¡Baila una danza irlandesa! ¡Adquiere el gesto de los hombres dignos! ¡Acaba de una maldita vez con la esperanza! Y al mismo tiempo: sueña la dignidad del ganso; recoge los prmeras hojas, las menos ocres; vuela hasta agotarte porque no volverá <br />  El horizonte se halla demasiado cerca <br />  El aeroplano volaba demasiado bajo <br />  Tan sólo ha sido una equivocación muy de mañana <br />  ¡Bendita equivocación!, te dices, que despertó el manantial callado e hizo gráciles las ideas en las manos <br />  Cuánta punzada, te dices <br />  Cuánto espejismo de repente <br />  Y ahora -corazón punzado- vuelve a ayer porque nada ha pasado, nada pasará ya nunca <br />  ¿Nada pasará ya nunca? <br />  Así si una mañana de otoño, una mañana de otoño, mañana...
     </div>
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   <title>Mujer con perro</title>
   <updated>2015-09-25T16:53:00+02:00</updated>
   <id>https://www.fernandoloygorri.com/Mujer-con-perro_a1438.html</id>
   <category term="Narrativa" />
   <published>2015-09-25T11:07:00+02:00</published>
   <author><name>Fernando García-Loygorri Gazapo</name></author>
   <content type="html">
    <![CDATA[
     <div>
      Porque nací en las grandes ciudades de occidente <br />  me cuesta desnudarme ante ti <br />  Yo me acercaría y expondría con vehemencia&nbsp; la inocencia en tu perro <br />  desviaría mis ojos de los tuyos (aunque previamente los hubiera mantenido en ti) <br />  y haría -al modo de los bluesman- un baile con mis hombros <br />  un baile si quieres sincopado <br />  incluso te concedería un baile de borracho lento <br />  Porque nací en las grandes ciudades <br />  me observo de vez en cuando en el espejo <br />  y espero en el balcón el alarde de tus pechos sin sostén <br />  como si renegaras, con ese vaivén, del rito de las primates humanas y sus blufs de seducción <br />  Porque nací en las grandes ciudades <br />  recelo del que habla mucho <br />  me fijo en las uñas pintadas <br />  acierto con las normas de circulación <br />  sé que los ancianos son esclavos de la ciencia y su miedo a morir <br />  Porque nací en las grandes ciudades <br />  ensueño ferocidades con tus nalgas <br />  y riego con mi orina el recodo último cuando sé que no hay nadie y el chorro a nadie alterará (ni tan siquiera a mí) <br />  Porque nací en las grandes ciudades de occidente <br />  mi mente divaga, la loca de la casa, <br />  y he de dejarla hasta que se agote <br />  como ayer que se agotó justo cuando contemplé <br />  la luna haciéndose señora de mis humores <br />  y supimos que debíamos atravesar el plenilunio una vez más
     </div>
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   <title>70</title>
   <updated>2015-08-31T12:31:00+02:00</updated>
   <id>https://www.fernandoloygorri.com/70_a1430.html</id>
   <category term="Narrativa" />
   <published>2015-08-31T12:01:00+02:00</published>
   <author><name>Fernando García-Loygorri Gazapo</name></author>
   <content type="html">
    <![CDATA[
     <div>
      No fue el vendaval ahora que estás perdida (ya alejándote. A veces me asusta lo consciente que eres de todos tus actos) ni las hojas que entraron a raudales por la puerta posterior de la casa; no fue el cielo que súbitamente perdió la luz ni la cadencia de unas gotas gruesas que empezaron a repiquetear sobre el empedrado; no fue bajar, quedarme desnudo, mirar en el espejo mi cuerpo de cuarenta y siete años y tomar la toalla, el bañador, el gorro de baño, las gafas y los tapones para los oídos mientras fuera la tormenta se había desatado y los rayos y los truenos hacían acto de presencia y lo llenaban todo con su clamor; no fue subir las escaleras con cierta ansiedad (sabes que desde hace meses esa ansiedad, ese pensamiento de no llegar, esa cadencia de la espada de Damocles en mi cuello, esa oscuridad en mi pecho, ese desdén me asolan hasta que tomo las riendas del agua y las surco) ni el ladrido del perro que esperaba fuera mi llegada; no fue tampoco imaginarte jadeando en casa de unos amigos ni la usura de un hombre que lo debe todo; así es que abrí la puerta trasera de la casa y el ruido y la furia de la tormenta me envolvieron en un abrazo tercio agua, tercio viento, tercio electricidad y dejándome llevar por fuerzas tan superiores a mí, llegué hasta el jardín, dejé la mochila en el porche, me desnudé y con las gafas y los tapones me encaminé a la piscina oscura como cueva, líquida como lava cuya superficie estaba cubierta de hojarasca y aún así no dudé y bajo la tormenta me sumergí en el agua y comencé a nadar; no fue porque era el último día ni porque al nacer en las grandes ciudades entiendo mejor los límites de un rectángulo que la línea de la orilla; no fue porque el cielo se hubiera vuelto receloso de la luz ni porque supiera que la luna llena se ocultaba tras los nubarrones; no fue porque supiera que tras el torrente de agua, ruido y electricidad escamparía y la luna llena se haría dueña -una vez más- de mi terror; no fue por la duda de si un rayo puede caer en el agua de una piscina y, paradoja, dejarme frito con su latigazo ni tampoco porque durante un instante pensara en ti junto al lago un día de invierno de hace dos años; no fue que comenzara a crawl y sintiera en mi espalda la lluvia ni porque al nadar mis brazos apartaran la hojarasca y tuviera más la sensación de nadar en un estanque con fondo de limo que en una piscina clorada cada tanto; ni tampoco fue -esto sólo lo intuyo- por el miedo que sentía en la niñez cuando las tormentas llegaban y el mar espumeante y amarillo se volvía loco y soez y aún así yo me metía en él y llegaba hasta donde ya no hacía pie y miraba las olas como se mira la mirada de un padre que no va a tener la más mínima duda en castigarte por una acción incorrecta; no fue porque alterara la rutina (es cierto, lo confieso, dejé de nadar las tandas de braza y las tandas de respiración agarrado al borde) y sin previo pensamiento, sin decisión tomada por algo, lo que fuera, un vértigo, una lanza, un recuerdo de la novela que estaba leyendo, comencé a nadar a espalda en mitad de una voragine que aun no se había calmado y así pude contemplar los rayos y cómo llegaban las gotas de lluvia a mi cara mientras nadaba largo a largo hacia ninguna parte.
     </div>
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   <title>Nací en las grandes ciudades del Norte</title>
   <updated>2015-08-29T01:54:00+02:00</updated>
   <id>https://www.fernandoloygorri.com/Naci-en-las-grandes-ciudades-del-Norte_a1429.html</id>
   <category term="Ensayo" />
   <published>2015-08-29T01:48:00+02:00</published>
   <author><name>Fernando García-Loygorri Gazapo</name></author>
   <content type="html">
    <![CDATA[
     <div>
      Yo nací en las grandes ciudades de Europa <br />  Sé mi estirpe <br />  Sé muchos de sus momentos, desde siglos, desde muchos siglos, desde antes del castellano <br />  Y porque nací en las grandes ciudades de Europa <br />  soy incapaz de saber cómo se muere asfixiado en un camión frigorífico en una autopista austriaca habiendo sido un refugiado del Sur; soy incapaz de saber cómo mirarían mis ojos de refugiado del Sur a mi hija que ya ha muerto asfixiada en un camión frigorífico en una autopista austriaca <br />  Porque soy de las grandes ciudades de Europa <br />  no consigo alcanzar la germinación del mijo <br />  nunca conseguiré entender el crecimiento del roble, la altura del cedro, la carrera de la liebre, el reptar de la víbora ni la esponjosidad del musgo <br />  Porque soy del Norte –aunque sureño del Norte- jamás alcanzaré a sentir el dolor del padre del Sur que se mete con su hijo en un camión frigorífico para que unos miserables –tan miserables como él mismo- les transporten a Europa, a Europa, a Europa <br />  ¿Cómo se muere asfixiado en un camión frigorífico siendo un refugiado del Sur? <br />  ¿Cuánto dura la agonía en un camión frigorífico siendo un huido del Sur? <br />  ¿no pudieron setenta cuerpos volcar el camión? ¿no pudieron setenta personas llamar la atención de alguna manera? ¿No pueden setenta personas abrir las puertas de un camión frigorífico? <br />  Porque yo nací en las grandes ciudades de Europa me hago estas preguntas y son ellas las que me muestran mi ignorancia de todo; el cálculo de la nieve; la previsión de las estrellas; la muerte de una galaxia; la espantosa vida que te lleva a subirte junto con otras setenta personas a un camión frigorífico e iniciar un trayecto fiando tu vida a un hombre al que tu vida no le importa lo más mínimo <br />  Porque nací en las grandes ciudades <br />  no sé mirar el mar <br />  Porque nací en las grandes ciudades <br />  no sé indignarme <br />  Porque nací en las grandes ciudades del Norte <br />  no me atrevo ni a entrever la vida diaria en Rasaféh <br />  no sabré –a no ser que ocurra la debacle y entonces lo aprenderé muy rápido- lo que es el hambre que corroe el estómago; no sabré la noche en la que como hombre tomo la decisión de iniciar un viaje cuya papeleta para morir está servida; no sabré cómo se mira a los que están a tu cargo y a los que vas a embarcar en ese mismo viaje; no sé cómo se dan los primeros pasos; no sé cuánto miedo debe anidar en ese corazón <br />  Porque nací en las grandes ciudades del Norte <br />  el grifo me surte de agua potable cada día <br />  cago en un retrete cuyo funcionamiento desconozco <br />  tengo la energía que deseo y me conecto con el mundo como si fuera un dios <br />  y cuando el hambre acucia me voy a unos lugares donde alimentos y bebidas fluyen como maná, iluminados con los más vivos colores, colocados para que mi vista se extasíe y yo sólo alargue el brazo y con mi mano prensil coja el producto <br />  Porque nací en las grandes ciudades del Norte <br />  me indigno cuando unos asesinos asesinan a unos artistas y me uno al coro de voces que claman por la libertad de pensar y porque nací en las ciudades del Norte no puedo dejar de sorprenderme porque no se produzca la misma indignación ante un camión frigorífico con setenta muertos dentro que luchaban por mucho menos que la libertad de pensar. Luchaban por la posibilidad de vivir. <br />  Porque nací en las urbes <br />  jamás entenderé la corteza del árbol <br />  y seguiré sintiendo grima de los insectos y moriré sin haber tomado entre mis manos a una lagartija y teclearé un día y otro y hablaré de mis amores perdidos, de mis dolores de polla, de cierto spleen que me aburre <br />  Porque nací en las grandes ciudades del Norte <br />  no consigo aceptar que setenta refugiados del Sur muertos en un camión frigorífico que fue abandonado en un autopista del Norte es la prueba palpable de la selección natural&nbsp;
     </div>
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   <title>Porque vengo de las grandes ciudades</title>
   <updated>2015-08-26T23:05:00+02:00</updated>
   <id>https://www.fernandoloygorri.com/Porque-vengo-de-las-grandes-ciudades_a1428.html</id>
   <category term="Narrativa" />
   <published>2015-08-26T23:00:00+02:00</published>
   <author><name>Fernando García-Loygorri Gazapo</name></author>
   <content type="html">
    <![CDATA[
     <div>
      Porque vengo de las grandes ciudades <br />  vuelvo al principio sin perder la voz <br />  La marea se hizo dueña una mañana de mi destino <br />  sea lo que sea esa idea peregrina de griegos y egipcios <br />  Yo sé –porque provengo de las grandes ciudades- que la piel es una costura y mis ojos son tegumentos y tejidos coordinados por medio de redes neuronales <br />  Yo sé que el espacio no es como lo veo <br />  Yo sé que la distancia es muy larga en ocasiones <br />  y que cuando se va acortando las formas se adueñan de los conceptos y todo así se hace más fácil <br />  Yo sé cuánto supiste lo bien que agarraba tus caderas <br />  Yo sé que la última montaña podría ser la primera <br />  Yo sé que mi tristeza, mi osadía, mi esperma, mi saliva, mis ideas <br />  se diluyen cada día en un ocaso gris <br />  Sé que ya no podré ser nunca Walt Whitman ni rasguearé una guitarra al amanecer del séptimo día en el punto más meridional del planeta <br />  Yo sé mis dedos y no comprendo por qué se están quedando sin sus huellas <br />  y menos aún porque me produce abandono su desaparición <br />  Yo siempre sabré tus ojos <br />  porque vengo de las grandes ciudades donde los hombres no se conocen, donde los perros mean donde pueden, donde los niños ya no juegan sin sus padres ni las murallas prometen aventuras hasta el fin; yo sé de las grandes ciudades y de las alfombras tupidas porque estuve allí; yo sé de la nevera vacía y de la luz sin pantalla y de la estela de humo y del confín de la tarde y de la calma en la mar y de la vaga insolencia de una adolescente <br />  Yo sé porque estuve desnudo en la cueva y lancé pellas de barro contra un barco de alemanes <br />  y quizá porque una noche atravesé el miedo al borde de un acantilado <br />  Y así –porque vengo de las grandes ciudades- dime que ya no me quieres que yo sabré qué hacer con tu desdén y construiré una borrachera, un epílogo y un navío que desaparecerá tras el horizonte último, el que llaman Horizonte del Olvido... <br />  Yo sé <em>olvido de ti sí/ mas no ignorancia tuya</em> <br />  Y así porque sé las migajas <br />  me compraré unas botas de montaña para atravesar la primera (o la última) y luego la siguiente y más allá aún encenderé la hoguera y en el primer vivaq seré consciente de que olvidé todas las montañas, sus nombres, su orografía, mi nombre, mi orografía
     </div>
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   <title>Por si acaso</title>
   <updated>2015-08-21T11:23:00+02:00</updated>
   <id>https://www.fernandoloygorri.com/Por-si-acaso_a1427.html</id>
   <category term="Narrativa" />
   <published>2015-08-20T00:18:00+02:00</published>
   <author><name>Fernando García-Loygorri Gazapo</name></author>
   <content type="html">
    <![CDATA[
Esta a modo de canción escrita en una noche cálida por Olmo Z. está dedicada a Isaac Alexander     <div>
      Por si acaso la lluvia ha cesado, <br />  brilla el asfalto; un hombre y una mujer pasean <br />  una farola se funde a su paso <br />  el eco de los tacones de ella se pierde <br />  &nbsp; <br />  Por si acaso un hombre se suicidará mañana <br />  Por si acaso una mujer correrá calle abajo <br />  El hombre no estaba borracho <br />  La mujer lo había intuido <br />  &nbsp; <br />  Por si acaso un hombre y una mujer <br />  escuchan una canción y se besan <br />  en una habitación pequeña <br />  donde sólo hay una mesa, una silla, una cama <br />  &nbsp; <br />  Por si acaso los fuegos artificiales <br />  al final del verano <br />  mientras se escucha un tango <br />  que un hombre y una mujer agarran <br />  &nbsp; <br />  Por si acaso el ocaso <br />  será rojo mientras el hombre rodea con su brazo <br />  la mujer apoya su mejilla en el hombro <br />  y los vencejos enloquecen otra vez <br />  &nbsp; <br />  Por si acaso, <br />  tan sólo por si acaso <br />  por si fueran necesarios <br />  un hombre y una mujer&nbsp;
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
    ]]>
   </content>
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   <title>Contra natura</title>
   <updated>2015-08-18T17:23:00+02:00</updated>
   <id>https://www.fernandoloygorri.com/Contra-natura_a1426.html</id>
   <category term="Ensayo" />
   <published>2015-08-18T11:48:00+02:00</published>
   <author><name>Fernando García-Loygorri Gazapo</name></author>
   <content type="html">
    <![CDATA[
Consideraciones que Isaac Alexander realiza con respecto a las reflexiones de Olmo Z. aparecidas en este blog a lo largo de la primera mitad del mes de agosto.     <div>
      Estimado Olmo Z.: <br />   <br />  <strong><em>Proemio</em></strong> <br />  He leído las reflexiones que ha venido haciendo a lo largo de los últimos días en este <em>cajón</em> <em>desastre</em> de Fernando Loygorri.&nbsp; Y si lo llamo desastre -al cajón- es porque nos permita con su extraña generosidad que expongamos nuestras cuitas en sus páginas, como si éstas tuvieran interés para otras personas que no seamos usted o yo -y curiosamente el propio Loygorri-. En todo caso y suponiendo que el autor de este espacio para la reflexión, la literatura y el arte tenga razón y haya otros en el anchuroso mundo que nos presten atención, quisiera hacer unas consideraciones acerca de su estado de desamor. <br />   <br />  <strong><em>Consideraciones</em> <br />  1.- </strong>Colijo de lo leído que la mujer que compartía con usted ese territorio tan ambiguo llamado amor, le ha dejado o -ya que hablamos de territorios- lo ha abandonado. Y a partir de ese momento usted se ha dedicado a lo largo de doce reflexiones a poner en el asador de sus palabras el fuego que parece que le abrasa por dentro con respecto a esa mujer. <br />  <strong>2.- </strong>Si mi diagnóstico no es erróneo querría hacerle ver a usted una curiosa condición de los seres humanos. Por supuesto que esta generalización aún teniendo una base empírica necesita sus matizaciones pero déjeme hablarle en un primer momento <em>grosso modo. </em> <br />  Los seres humanos se podrían dividir en dos categorías -por supuesto existen muchas otras formas de categorización, por ejemplo los que evacúan con regularidad y los que lo hacen con dificultad- : los que aman cuando se les ama y los que aman cuando no se les ama. Aunque parezca contradictorio, le afirmo solemnemente que la segunda categoría, es decir, los que aman cuando no se les ama, es mayoritaria en las llamadas sociedades avanzadas, es decir aquellas sociedades que viven apiñadas en grandes núcleos de población y que por lo tanto han de vivir en un medio impersonal -nadie conoce a nadie- cuando el ser humano tiene como premisa de supervivencia el conocimiento del vecino. Por ponerlo en palabras modernas: esta tendencia -amar cuando/porque no te aman- es un claro síntoma de neurosis en un medio urbano formado por una supertribu. <br />  <strong>3.- </strong>Por lo tanto y sin querer ofenderle, es usted un neurótico. <br />  <strong>4.- </strong>Si una mujer le dice a usted una tarde de julio (como nos cuenta en sus reflexiones que se produjo el deceso amatorio) que quiere estar sola (y vale que sea un eufemismo para decirle a usted: Ya no quiero amarte más. Ya no quiero compartir el territorio del amor contigo) ¿por qué no le agradece usted los servicios que se prestaron el uno al otro y da rienda suelta a su recién estrenada soltería y se lanza por los anchos campos de Castilla o la agreste serranía de Guadarrama en busca de una nueva hembra a la que amar y que le ame? ¿Por qué desenfunda el arsenal de las lamentaciones y con cierta melancolía -y es de agradecer- cierto cuidado y su poquito de erotismo -¡Alabado sea el orgasmo!-, nos castiga cada día con su desvalimiento y su añoranza? ¿Qué busca usted con estas reflexiones Olmo Z.? ¿Que ella vuelva al territorio compartido del amor? Pues ha de saber, desvalido amante, que ella volverá sólo si usted ama que le amen y si ella no pertenece también al grupo de los que aman que nos les amen. <br />  <strong>5.-</strong> Porque amar, querido Olmo, es territorio de los que aman. <br />  <strong>6.- </strong>Porque amar, querido Olmo, es una llama que se lleva dentro y que tiene como energía el entusiasmo. Si no hay entusiasmo, es imposible que haya amor. <br />   <br />  <strong><em>Conclusión</em></strong> <br />  Yo amaba a <a class="link" href="http://www.fernandoloygorri.com/Gradiva_a1397.html" target="_blank">Gradiva</a>  y Gradiva me amaba a mí. Nuestro territorio fue el del amor. Sólo con ella lo compartí y porque por una vez viví en ese estado, me atrevo ahora a realizar estas consideraciones y a rogarle que deje a esa mujer que se vaya, que no la someta a la presión de sus lamentaciones y sus requiebros de desamor porque amar es ante todo dejar ser libre. Y si ella quiere volver a compartir con usted el territorio común del amarse, ¡ámense! ¡quieran ser amados! Ese pequeño paso será sin duda uno de los más grandes que haya dado en su vida. <br />   <br />  <em><strong>Post Data</strong></em> <br />  Tras Gradiva anduve un tiempo haciéndome pajas a su memoria, me parecía el mejor homenaje que podía ofrecerle. Hoy, hechas las novenas pajeras, me dedico al arte del galanteo y cuando alguna vez una muchacha se deja seducir por mis palabras y acabamos retozando como dos corderillos en la era de mi cama, hay un momento en el que respiro y pienso, ¡Que te amen aunque tan sólo sea la piel! <br />  &nbsp;
     </div>
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   <title>Luces</title>
   <updated>2015-08-15T23:24:00+02:00</updated>
   <id>https://www.fernandoloygorri.com/Luces_a1425.html</id>
   <category term="Narrativa" />
   <published>2015-08-15T23:22:00+02:00</published>
   <author><name>Fernando García-Loygorri Gazapo</name></author>
   <content type="html">
    <![CDATA[
     <div>
      Cuando vuelvo al recuerdo de una noche de luna nueva en una playa al norte de Portugal, me viene una sonrisa a los labios y una sensación de milagro. <br />  Has de saber que Spinoza dice que si los milagros existieran negarían la existencia de Dios. También te hablé un día -¿te hablé a ti de esto?- de que una teoría viene a decir que quien reina sobre la vida de los hombres es el Diablo y Él es el Yahvé de la Biblia. Si así fuera entonces sí tendría cabida la idea del milagro. No quiero escandalizarte, no, son teorías de hombres profundamente religiosos, profundamente creyentes que ven incompatibles el estado del mundo y la idea de un dios eternamente bondadoso. Yo más bien, si fuera religioso, sería lo suficientemente humilde para no osar ni siquiera en discurrir sobre él. <br />  Hubo una noche digo (aunque quiero aclarar que vuelvo a poner el punto y aparte. Desde hacía un tiempo me parecía inútil. Es decir si cambio de párrafo ¿para qué necesito el punto y aparte? Sin embargo hoy sí lo necesito. No sé si lo necesitaré mañana) en una playa al norte de Portugal en el que la luna nueva me permitió ver uno de los espectáculos más hermosos de la naturaleza. Se llama la ardora. Cuando llega la medianoche, a finales de agosto, de repente el mar se ilumina de fósforo y también la arena de la orilla, de tal forma que si te acercas y excavas un poco se hace la luz en la más absoluta oscuridad y si te cubres de esa arena, te conviertes en un ser iluminado y si te bañas en el mar formas parte de esa ardora. Yo pude vivirlo con la única mujer que ha sido mi esposa y también junto a los únicos humanos que fueron mi cuñada y mi concuñado. Fue una noche muy larga, realmente mágica. Recuerdo la hoguera que hicimos al inicio de la noche. Recuerdo el inicio de la ardora. Recuerdo mi cuerpo en el agua fosforescente. Recuerdo que bebimos orujo portugués. Recuerdo que la ardora se diluyó y el amanecer nos sorprendió bailando, desnudos, solos en el mundo. <br />  Hubo una noche en un manglar de la República Dominicana, cerca de un pueblecito llamado Río San Juan, en el que asistí a un espectáculo de la naturaleza pleno de elegancia. Íbamos navegando por el manglar, rumbo a un chiringuito donde íbamos a celebrar una fiesta de cumpleaños y de repente, como si todas ellas se hubieran puesto de acuerdo al unísono, el manglar se iluminó con la luz de cientos y cientos de luciérnagas. Todos en la barca nos quedamos en silencio y asistimos a la danza de los insectos en el corazón de una selva con suelo de agua. <br />  Hoy recuerdo la ardora y las luciérnagas, ambas si lo piensas son milagros de luz. Naturaleza de una belleza increíble. <br />  Mis ojos lo vieron. <br />  Te lo puedo contar. <br />  Hoy atravieso la mitad del mes. <br />  Hay mucho silencio.
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   <title>Esbozo</title>
   <updated>2015-08-14T23:19:00+02:00</updated>
   <id>https://www.fernandoloygorri.com/Esbozo_a1423.html</id>
   <category term="Narrativa" />
   <published>2015-08-14T23:18:00+02:00</published>
   <author><name>Fernando García-Loygorri Gazapo</name></author>
   <content type="html">
    <![CDATA[
     <div>
      Cuando vuelvo a la niñez, querida, he de marcharme rápido <br />  Yo no sé cuánto hay que volver a ella (cárcel llama a esa época Gloria Fuertes y añade, La única de la que no puedes escapar) <br />  Sí sé que no debe ser constructivo que un niño se sienta siempre extraño <br />  Porque en su mente se creará esa correlación entre extraño/vivo. O más claramente, Si te mantienes extraño te dejarán vivir. Alimento veneno lo llamaba una psicóloga <br />  Luego hay deconstruir ese ser extraño para ser normal o... hacerse artista <br />  &nbsp; <br />  Cuando vuelvo a la niñez recuerdo una frase de un personaje de una película que le dice a su hermano, Siempre me he sentido un extraño en casa <br />  &nbsp; <br />  Cuando leo <em>Las Uvas de la Ira</em> y veo a la Madre con esa fuerza en mantener unido al grupo y luego acepta como una endemoniada la marcha de Noah, río abajo, sin más queja, sin más quebranto, esas conductas humanas, esas fuerzas ancestrales, esa mezcla que somos entre primate y carnívoro <br />  &nbsp; <br />  Cuando vuelvo a la niñez o cuando me agarro a ella para explicarme a mí mismo hoy (no tanto lo que soy sino lo que he venido a ser) y veo cuánto quebranto, cuánta ignorancia, cuánta sed, cuánto callado, cuánto estómago, cuántas noches; pienso que se fueron primero lo mejores <br />  &nbsp; <br />  Saber, tan profundamente, amiga, que la verdad no existe y que por lo tanto cualquier intento de acercarse a ella es ya una paso en falso. Si se busca la verdad se dan pasos en falso <br />  &nbsp; <br />  No quisiera más que una iluminación. Volverme terriblemente primario. Terriblemente mono. O maravillosamente mono. Yo sé, querida amiga a la que roce con mis labios los muslos, que todo esto es una debacle, es un juguete. Tú deberías saber que dicen que el erotismo nació para conjurar a la conciencia de la muerte <br />  &nbsp; <br />  En esa niñez me enseñaron que si permanecía solo, si me dejaba apartar, seguiría vivo, también quisieron enseñarme que si aceptaba ser chivo expiatorio mi vida podría mejorar. Esto último lo acepté a medias. Me he rebelado algunas veces. No las suficientes. Soy un gran cobarde <br />  &nbsp; <br />  Así son estos últimos días <br />  He de vivirlos <br />  Asoman despreocupadamente, se van haciendo conmigo, me invaden <br />  Quizá sólo sea hipolitiosis o cualquier otro nombre que los nuevos gurús de las civilizaciones modernas tenga a bien poner <br />  &nbsp; <br />  Voy a ir al reumatólogo <br />  He estado en el médico <br />  No me gusta llevar un teléfono pegado a mi culo todo el puto día <br />  &nbsp; <br />  Hoy Tirana ha amanecido preciosa y he llevado flores a la urna de mi madre <br />  Ante ella me he fumado un porro y he ensoñado una cabriola en el mar Caspio <br />  A mí los porros no me producen risa más bien me llevan a lugares muy hondos (lo que no quiere decir que sean más serios, importante o trascendentes, son eso: lugares más hondos) <br />  Me gustaba cuando me llamabas Olmo al oído <br />  No me gusta volver a la niñez <br />  Por algo como chocolate a escondidas y sueño eternamente lo recurrente <br />  Siempre tuyo
     </div>
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   <title>Exposición</title>
   <updated>2015-08-13T13:47:00+02:00</updated>
   <id>https://www.fernandoloygorri.com/Exposicion_a1422.html</id>
   <category term="Narrativa" />
   <published>2015-08-13T11:02:00+02:00</published>
   <author><name>Fernando García-Loygorri Gazapo</name></author>
   <content type="html">
    <![CDATA[
     <div>
      Vuelvo a la noche y me recorre la mente una serie de asociaciones <br />  ¿Por qué? me pregunto en una calle mientras ellos se alejan <br />  La noche y el sueño, amiga, se alían <br />  Si anoche hubieras estado a mi lado, dormida y tan sólo cubierta con una colcha; vestida con tus bragas blancas, desnudo todo el resto de tu cuerpo, te habría llamado y te habría dicho, Consuélame porque el sueño me derrota (pero no estabas. Los últimos seis años los he dormido casi en absoluta soledad. Dormir solo noche tras noche tiene algo de osadía y algo de desesperanza. Este es el mundo que nos hemos dado y no hay queja. Porque dormir solo día tras día, año tras año, te hace fuerte y te destruye; sé que busco en la almohada; sé que busco las puntas de unos pies que no son los míos; sé que palpo a mi lado por si encontrara una espalda [tu espalda]; sé que grito y ese grito me despierta sin saber que había gritado; sé que anhelo) <br />  No he podido conciliar el sueño. No han sido los ruidos. No ha sido el espacio extraño en el que intento descansar. Es cierto, amiga, que desde hace un par de días querría no hacer lo que hago (pero no lo puedo decir, ni siquiera me permito sentirlo; es mi obligación me digo; es mi obligación salir a cazar; esta es la presa: un palacete con cuadros y alarmas y jardines con hierba) y para evitar el pensamiento que es casi una blasfemia contra el sacrosanto dios del Trabajo nado, nado, de un lado a otro de la piscina; nado a crawl, nado a braza, nado a espalda y no lo hago a mariposa porque mis caderas y mis piernas no pueden ejecutar con destreza la patada que eleve mi tren superior para la brazada simultánea; llego una vez y otra a un extremo y otro de la piscina, así hasta sesenta veces diarias, respirando, repitiendo números: nueve brazadas a crawl es un largo; dieciseis brazadas a braza es un largo; ocho brazadas a espalda es un largo -brazada en el sentido del avance con los dos brazos- y voy y vuelvo y hago pequeños intervalos y a veces cuando nado a espalda me desvío porque tan sólo tengo como referencia el cielo y tener sólo esa referencia te obliga a estar muy concentrado si no quieres perder el rumbo de la tierra y cuando termino y salgo del agua me seco, miro enrededor, me encamino al porche trasero del palacete y me digo, ¡Ah, sí, las endorfinas ya han empezado a funcionar! Ahora estarás más tranquilo. Lo verás todo de otra manera. Me visto. Me sirvo un vino. Me hago el interesante conmigo mismo leyendo un libro de antropología. Fumo un cigarrillo. Cae la tarde ante mí. Recojo las mierdas del perro. La noche me obliga a encender las luces de seguridad (sabes que en cada uno de esos momentos, en algún instante apareces tú: una sonrisa en el lago o hablándome de las plantas de la terraza de Madrid mientras riegas, descalza o comiendo patatas fritas... apareces tú tan lejana, con quien apenas he dormido, con quien ya no dormiré). Y cuando la noche lo atrapa todo, surgen los ruidos que hasta entonces se habían mantenido silenciosos. Es como si la noche les diera rienda suelta. El reino de los ruidos es la oscuridad <br />   <br />  La pesadilla ha sido intensa y muy cruel <br />  Me he despertado con una congoja tan grande que he pensado que si hubieras estado a mi lado, sí, lo habría hecho, te hubiera llamado para que me acogieras en tus brazos y me acariciaras el pelo mientras pronuncias frases tranquilizadoras, Venga, sólo era una pesadilla. Ahora estás aquí, conmigo. Ya ha pasado. ¿Quieres un poco de agua? No, no te dejo solo. Ven, anda, ven, así, ¿Estás cómodo? ¿Mejor? No te preocupes, dejo la luz encendida hasta que te duermas. Y que sepas una cosa: lo que has soñado no te ocurrirá jamás mientras yo esté viva <br />   <br />  Cuando vengo a la vigilia <br />  La luz del día
     </div>
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   <title>Estudio en blanco y negro</title>
   <updated>2015-08-12T13:20:00+02:00</updated>
   <id>https://www.fernandoloygorri.com/Estudio-en-blanco-y-negro_a1421.html</id>
   <category term="Narrativa" />
   <published>2015-08-12T12:45:00+02:00</published>
   <author><name>Fernando García-Loygorri Gazapo</name></author>
   <content type="html">
    <![CDATA[
     <div>
      Cuando vengo a tu respiración la risa me avisa de su procedencia <br />  ¿Sabías que la risa proviene del llanto? <br />  He reconstruido un espacio/tiempo entre tú y yo (eso que llamamos recuerdo es reconstrucción. Si juntáramos tu recuerdo y el mío surgiría una nueva tarde de febrero de 2014). Era la hora de la siesta y yo mostraba un rubor en mis mejillas que a ti te indicaban claramente mi deseo... <br />   <br />  Desde la inmensa Siberia he caminado para llegar hasta ti <br />  En los fríos intensos, vivaqueando a duras penas sentía la llamada de tu boca y la lasitud de tu gesto; <br />  fueron ellos los que me dieron fuerzas para sobrevivir <br />  porque imaginaba un recuerdo que aún no se había dado (de ahí la idea de reconstrucción; se puede recordar una situación que nunca se dio; lo hacen los escritores a lo largo del día, cada uno a sus horas y así yo ya recuerdo cuando nos vimos el mes que viene y tú me contabas el corte que te hiciste en la mano izquierda al pincharte con el extremo&nbsp; de un espeto; estábais en la playa y la luz ya había menguado; acercaste la mano a la brasa y un hecho casual -tu hijo pequeño se había encontrado un cangrejo ermitaño- despistó tu vista de la brasa, perdiste la orientación por un momento y para no caer te agarraste al espeto con tan mala fortuma que te hincaste el extremo puntiguado. Nada grave en todo caso. Un ligero contratiempo en una tarde de verano <br />   <br />  Sé que atravesé Moscú y por una cuestión de aparcerías me desvié hasta San Petersburgo; recalé más adelante en Copenhagen y allí -en los jardines de Rosenborg (que estaban nevados, grises los cielos, como un estudio en blanco y negro de un pintor impresionista)- recordé que a más no tardar te llevaba de la mano y te abrazaba tanto que nevaba una vez más <br />   <br />  Cuando vuelvo a tu respiración <br />  sé que una noche dormías bocabajo (en mi cama. Estabas en mi cama, querida mía. Dormida) <br />  Cuando vuelvo me quedo sin aire <br />  y aunque me ahogo ya recuerdo el año próximo
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
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   <link rel="alternate" href="https://www.fernandoloygorri.com/Estudio-en-blanco-y-negro_a1421.html" />
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   <title>Biología y pasión</title>
   <updated>2015-08-11T16:51:00+02:00</updated>
   <id>https://www.fernandoloygorri.com/Biologia-y-pasion_a1420.html</id>
   <category term="Narrativa" />
   <published>2015-08-11T11:16:00+02:00</published>
   <author><name>Fernando García-Loygorri Gazapo</name></author>
   <content type="html">
    <![CDATA[
     <div>
      Me desharé la noche antes <br />  Envuelto en mi frazada <br />  Deshecho me diluiré en las gotas de la mañana <br />  Descompuesto, digamos en átomos, me desperdigaré por el anchuroso mar y recalaré en costas diversas; costas del gran África; costas de la grande Groenlandia <br />  Impuesta a mí mismo esta disolución me entregaré a Azar de los Vientos, <br />  a la gracia de las Nereidas si fluyo por sus dominios <br />  y dormiré tanto que mis átomos se quedarán quietos como si ocuparan un trocito de vacío <br />   <br />  Nada me va a impedir despedirme <br />  Sé que no derramaré lágrima alguna <br />  (las lágrimas se me secaron cuando salí del útero y confluyeron en mi piel el aire y sus venenos) <br />  Vestiré con elegancia el bañador que uso desde hace años en la piscina municipal <br />  Me cortaré el pelo y me afeitaré la poca barba que poseo <br />  Calzaré mis pies con los zapatos de cuero que sólo me pongo en las entrevistas de trabajo (de caza) <br />  Sonreiré mientras bebo un vino de Rioja y a mi izquierda las aguas del lago son surcadas por un palista novato <br />  Si es el caso elevaré mi mano para saludar al vecino <br />  Si no lo es remedaré la salutación con un chiste <br />  Y así te cogeré por el talle y te pediré que bailes conmigo <em>How deep is your love&nbsp;</em> <br />  Saldremos tú y yo, querida No Madre de mis Hijos, querida No Pareja Mía, querida No Mujer para Morir junto a Ti, querida No Compañera, y bailaremos y yo no podré evitar aspirar el olor de tus axilas para descubrir si aún, si aún... <br />   <br />  La madrugada dejó en mi ombligo un broche de oro <br />  así supe que el día se acercaba <br />  El cedro -elevado y sabio- me propuso la cadencia de septiembre; <br />  un rumor loco de bellotas y ranas me sugirieron el lugar más propicio; <br />  la solicitud de la hierba me acarició la pierna <br />  y su caricia atemperó la espera <br />   <br />  Ya me deshago, querida mía <br />  Ya me diluyo <br />  Ya me desenlazo <br />  Ya me hundo, querida, Sol de Junio, Luna de noviembre, Venus de mayo, Osa Menor de abril...
     </div>
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   <title>Confín</title>
   <updated>2015-08-10T13:18:00+02:00</updated>
   <id>https://www.fernandoloygorri.com/Confin_a1419.html</id>
   <category term="Narrativa" />
   <published>2015-08-10T11:18:00+02:00</published>
   <author><name>Fernando García-Loygorri Gazapo</name></author>
   <content type="html">
    <![CDATA[
     <div>
      Porque vengo del confín de mí mismo he descubierto que tus labios se hinchan cuando me follas y he sabido, desligado de mí, que tus senos se vuelven un 20% más voluminosos cuando tienes el orgasmo <br />  Porque vengo del confín de mí sé de la importancia del lóbulo de la oreja. Alguna vez quise desligarme de él, apartarlo de la sensibilidad que me produce una excitación que -tú bien lo sabes- me podría llevar incluso a llanto y risa simultáneos <br />  Porque te he querido he visto el rubor sexual en tu rostro y en tu vientre y cómo las areolas de tus pechos se distendían hasta alcanzar un centímetro más de su diámetro habitual <br />  Confín de mí el que me ha permitido observar tu cuerpo en el acto sexual <br />   <br />  Ahora he atravesado la frontera y he llegado a una salina en pleno día; el reflejo del sol sobre la sal me ha obligado a mantener los ojos cerrados durante horas y en la ceguera del sol y la sal he recordado el brillo de tus ojos cuando iniciábamos las maniobras previas a la cópula; cómo se dilataban tus pupilas y tu iris verde y extraño parecía cubierto de rocío y había en una mácula una especie de sonrisa del color, de invitación a iniciar un recorrido ilimitado por tu piel. Piel tuya. Piel suave y ahíta de terminaciones nerviosas alrededor de tus genitales. Piel del interior de tus muslos. Piel mucosa de tus labios <br />   <br />  Tras la salina me he hallado desnudo. También el paisaje lo estaba hasta el punto que podría decir -si no fuera físicamente imposible- que no había paisaje; tenía el espacio la cualidad de lo invisible y aunque pisara no veía el suelo y aunque soñara tus nalgas no veía su volumen (porque no había luz, pensaba, porque no había luz, pensaba, porque si no hay luz no hay paisaje, pensaba, porque si no hay luz, no existe el volumen de tus nalgas) <br />   <br />  Cuándo encontré el río, no lo sé. Sólo entreveía la sucesión: salina/paisaje invisible/volumen de tus nalgas/río. Y el río me devolvió a la vida y me recordó de forma tan prístina tu vagina que llamé al río por tu nombre y me zambullí en él como lo hacía mi verga en los días alegres de nuestros encuentros sexuales <br />   <br />  Ahora navego hacia el confín del río (hacia el confín de tu nombre). Para ello he tomado tres troncos no muy gruesos que flotaban perezosamente en la margen opuesta a a la mía -para llegar a ellos he atravesado a nado las aguas del río con tu nombre- y con lianas tomadas de los árboles he amarrado los troncos con nudos marineros y me he lanzado a atravesarte corriente abajo. La corriente es suave. El río ancho y caudaloso. Todo es vida. En las márgenes murallas verdes me protegen y acompañan mi navegar el canto de las aves, las llamadas de los insectos y la locuacidad del viento. Supongo -me digo- que llegaré al mar y al mar -no sé por qué- no me atrevo a ponerle tu nombre. O quizás este río sea afluente de uno mayor y si así fuera ten por seguro que desnombraría el río que ahora navego y bautizaría al mayor con el nombre tuyo para así llegar hasta el confín de ti, el confín de tu nombre
     </div>
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   <title>Desierto</title>
   <updated>2015-08-07T23:27:00+02:00</updated>
   <id>https://www.fernandoloygorri.com/Desierto_a1418.html</id>
   <category term="Narrativa" />
   <published>2015-08-07T23:22:00+02:00</published>
   <author><name>Fernando García-Loygorri Gazapo</name></author>
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     <div>
      Porque no sé, me esfuerzo en no saber; <br />  tan sólo quiero morir sabiendo no saber <br />  Puede, tan sólo puede, que ése haya sido mi empeño, querida amiga, <br />  ahora que estamos tan lejos y hemos de alejarnos aún más <br />  &nbsp; <br />  Sé que hay en este mar que ahora navego, bajo la superficie de las aguas, un mundo animal del cual desconozco casi todo; sé que en el universo, en nuestro pequeño e ilimitado universo pugnan dos fuerzas que se oponen, tan oscuras ambas que el azul no llega a ellas; sé que mis dedos reconocen las letras y sienten la pulsión de la música cuando aparecen reunidas en palabras y porque sé todo eso me esfuerzo en no saberlo... <br />  &nbsp; <br />  ...es el desierto si quieres o el terrible bochorno de un día con calima; me dijeron que nací en el desierto, me lo dijeron unos arrieros; otros me dijeron que nací en Albania y más allá mi padre no me dijo nada; otras me dijeron que era bello y besaron mis labios cada vez con una pasión nueva y yo me dejé besar como dicen que la tierra se deja mojar por la lluvia para engendrar; me dijeron que mis uñas eran las del águila –y yo lo creí-; me dijeron que mis pies eran deformes y al final supe que tenían todo la razón y quise convencerles (a quienes me lo decían) que la deformidad es naturaleza de las cosas vivas; otras me dijeron algo de la cadencia de mis caderas; alguna llegó a hablar de mi mente; yo, yo, querida amiga, me deslicé por la ignorancia como si buscara en ella la calma, el hurto de mi ser al ansia <br />  &nbsp; <br />  Porque no sé me desenvuelvo en este espacio/tiempo -del cual casi nadie sabe nada del segundo- con la estrategia del escarabajo patatero: ruedo sobre la bola que he hecho yo mismo y al rodar sobre ella la muevo y al rodar sobre ella de ella me alimento; no soy nada sin la bola y la bola no sería sin mí pero ni yo escarabajo ni la bola que no es ella sabemos nada el uno del otro aunque yo ruede sobre ella y ella se mueva por mí <br />  &nbsp; <br />  Porque no sé, me desarraigo <br />  Porque no sé, me entristece... <br />  Porque no sé, me alegra... <br />  Porque no sé dónde estás, tengo fiebre <br />  Porque leo libros apasionados no leo libros desapasionados y cuando me detengo –a la hora del sueño- y termino el trecho que recorrí con determinados personajes, tengo la misma sensación seca en la boca que tienen ellos y veo a mi alrededor la misma molicie, la misma injusticia, la misma tumba, el mismo abuelo <br />  &nbsp; <br />  Porque no sé la luz, se apagará temprano y sonará más bien cerca una viola; los dedos de una tañedor de zanfoña se aligeran a la vera del Camino de Santiago y un velo en el rostro de una mujer recién casada no logra ocultar su dicha; todo es blanco; todo es naranja; no sé ni siquiera los colores del arcoiris y eso es bueno
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   <title>Irlanda</title>
   <updated>2015-08-05T23:51:00+02:00</updated>
   <id>https://www.fernandoloygorri.com/Irlanda_a1417.html</id>
   <category term="Narrativa" />
   <published>2015-08-05T23:37:00+02:00</published>
   <author><name>Fernando García-Loygorri Gazapo</name></author>
   <content type="html">
    <![CDATA[
     <div>
      Vengo de Irlanda <br />  Porque iba a contar una historia de garzas (una historia inventada) vengo de Irlanda <br />  Esta tarde mientras ensoñaba al nadar a espalda que te bajo las bragas mientras tú subes y bajas mi prepucio, lubricado con tu flujo, en las cercanías de la corona y siento tu aliento caliente en el glande, tu aliento que se acerca, tu aliento que suspira, he recordado mis ancestros irlandeses <br />  Quisiera nadar a tu lado alguna vez <br />  No quizás en una piscina <br />  Sí en una poza de un río grande <br />  Sí también en algún océano <br />  Después de nadar las endorfinas hacen su trabajo y has de creerme si te digo que mi forma de amarte tras haber nadado, supondría para ti el descubrimiento de la lentitud en el orgasmo <br />  Vengo de Irlanda y nunca he estado y siempre he estado <br />  En mi juventud, a lo largo de muchos años, soñaba que viajaba y soñando –es decir, viviendo- recorrí el mundo entero; en uno de mis viajes estuve en un bosque sagrado al norte de Hibernia y cerca de un roble te vi por primera vez; vestías una túnica roja, muy liviana, tus cabellos oscuros se ondulaban en tu espalda y tus ojos, verdes como el país en el que estaba, me miraban con cierta sorna como si supieras que habían de pasar más de veinte años para que te aparecieras en la vigilia, un día de verano en la ciudad de Madrid. Has de saber que te reconocí de inmediato y sentí la turbación propia del joven ante la aparición femenina en un bosque húmedo <br />  Te hablaría de los druidas y del panteón celta; te hablaría de Cuchulain y de Dagda y de Ogme sólo que provengo de las grandes ciudades y sé que un panteón necesita un mucho de estudio y un poco de concentración <br />  La noche ha llegado <br />  Mi mente está a punto de cerrarse <br />  Mañana será un día largo <br />  La ronda de las doce se está acercando <br />  Descansa en mí, descansa, descansa en mí&nbsp;
     </div>
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   <title>Escocesa</title>
   <updated>2015-08-05T23:48:00+02:00</updated>
   <id>https://www.fernandoloygorri.com/Escocesa_a1416.html</id>
   <category term="Narrativa" />
   <published>2015-08-04T23:45:00+02:00</published>
   <author><name>Fernando García-Loygorri Gazapo</name></author>
   <content type="html">
    <![CDATA[
     <div>
      Provengo, has de saberlo si vas a amarme los próximos meses, <br />  del alba escocesa <br />  Fui criado en las Highlands <br />  Hay en mi hígado un poso de whisky <br />  Y bailo muchas veces al son de músicas prerromanas <br />  &nbsp; <br />  Cuando te veo desnuda <br />  surgen en mí mis ancestros y caigo en la marmita donde se fue cociendo poco a poco esto a lo que llamamos hombres <br />  &nbsp; <br />  Cuando te veo desnuda <br />  Cuando te desnudas siempre de espaldas, siempre, siempre de espaldas <br />  se altera mi esencia escocesa y la apariencia de hombre de mi época se hace patente por la necesidad primera de abrazarme a ti, de besarte el cuello, de morderte, de entrar en ti con esa generosidad de las mujeres que a veces valoramos poco los hombres <br />  &nbsp; <br />  Yo vengo de las grandes ciudades, es cierto. Pocas veces he andado caminos del bosque y reconozco mi extrañeza a ciertos olores, mi temor a los sonidos que se escuchan tras la maleza o la cautela con que toco un tallo que en nada amenaza. Soy infinitamente uno y múltiple. Soy sagrado y profano y tengo un halo druídico que tan solo se oculta por ser barbilampiño y carecer de grandes sortilegios <br />  &nbsp; <br />  Mírame porque sabrás apreciar lo que te espera <br />  porque junto a mí los mercados y las aceras <br />  los baúles y las catapultas <br />  las misas sin sus maitines y las escaleras y los rosarios y las yuntas y el espliego y la azotea y el musgo y la hierba y el olivo y el pantano <br />  serán versos en tus manos, besos en tus ojos, alma de mayo <br />  &nbsp; <br />  Porque vengo de tiempos muy antiguos, de aquéllos de la espora, de aquéllos del final, de aquéllos de la peste y los juglares; yo fui trovador, has de saberlo si vas –tu Dios lo quiera- a amarme los próximos meses; yo escribía en mi castillo de Corella –en el corazón del Reino de Navarra- los más hermosos cantos para los juglares y eran ellos los que con sus voces y sus gestos los expandían por el orbe conocido y así mi nombre se fue haciendo inmenso y de tan inmenso cayó en el olvido y en el olvido se hizo eterno; si tus abrazos han de rescatar mi nombre; si tus abrazos me inflaman el verbo y el falo; si tu boca se acerca a la mía; si tus piernas se enredan quejosas con mi anatomía y al caer la tarde bebemos el vino que cantaron tantos; si me amaras los próximos meses verías mi nombre crecer hermoso como el geranio en un balcón de Andalucía y sé que tu esencia que proviene de la vieja Ausonia, renegadora de cobardes, fiera con los pusilánimes y vengativa con los aduladores, también crecerá, bella como tu voz, austera como tus creencias <br />  &nbsp; <br />  ¿Qué quiere decir –te preguntas- provenir de Escocia? <br />  Te daré la respuesta: provenir de Escocia quiere decir aguantar el viento del norte en la cara, en lo alto del acantilado, sin pestañear hasta que la noche caiga y el viento se canse de azotar <br />  &nbsp; <br />  Ahora recuerdo tu cadera <br />  He de hacer la ronda de las doce. El deber también es alba... alba escocesa
     </div>
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   <title>Sal</title>
   <updated>2015-08-05T23:49:00+02:00</updated>
   <id>https://www.fernandoloygorri.com/Sal_a1415.html</id>
   <category term="Narrativa" />
   <published>2015-08-03T22:58:00+02:00</published>
   <author><name>Fernando García-Loygorri Gazapo</name></author>
   <content type="html">
    <![CDATA[
     <div>
      Estoy roto de sal <br />  como si quedara en mi piel tu rastro de cristal blanco <br />  Yo vengo desierto en la gran ciudad porque soy de la gran ciudad; <br />  no lejos del lugar donde se derrumba un edificio y alguien llora; <br />  no lejos de la cuarta letra; <br />  cerca del café donde se hablaba y al fondo –en veladores de luz amarilla- los amantes primerizos se cogían de las manos y el mundo empezaba, con ese gesto, a funcionar de nuevo <br />  Estoy con la mirada perdida en la pared de enfrente –distante de mí unos siete metros- para ver si descubro por qué la sombra de una silla me recuerda a tu pecho pero no a tu pecho siempre sino a tu pecho una tarde en la que el vino había hecho de las suyas y el tacto tenía la consistencia del tanino –tu pezón duro como la masa de los bizcochos a punto de horno- <br />  Estoy tan lejos que te abrazo por dentro <br />  Soy tan de ciudad que me entretengo contando intervalos de semáforos y coches rojos <br />  Soy de tan ciudad que me parece extemporáneo dedicarte un soneto, a ti, perra, que me dejaste una tarde de julio cuando el calor agobiaba tanto que ni la pena supuso un jarro de agua fría <br />  Soy tan de ciudad que me excita recordarte vuelta tú de espaldas, soñando con mis pies –era una tarde marzo- <br />  Soy craquelado de sal <br />  Cuando tú debes de estar caminando por el pueblo costero del sur y tu pelo ya se va ensortijando y el faro y su farero se mantienen a la distancia <br />  Soy reverso de abril y capitán de nobarco; soy herético y juro que existe, en nosotros, el sistema circulatorio menor... sólo te pido que jamás me llames Miguel <br />  Así me invade la gran ciudad <br />  Así tu ausencia es una avenida a las cuatro y media de la madrugada un dos de enero <br />  Ni las naranjas <br />  ni las cámaras soportan mi escrutinio porque al ser antiguo hay en mi mirada lo profundo de los siglos y a las naranjas eso (y a las cámaras) les inquieta mucho <br />  Perra te llamé, no lo tomes como insulto <br />  Hoy tu abandono es más deslavazado <br />  Intento tener la melodía de la ciudad como reclamo <br />  Y sujetar con fuerza las imágenes automáticas <br />  Ningún día es igual a otro <br />  Y el arte nace hoy como murió ayer
     </div>
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   <title>Honestamente alba</title>
   <updated>2015-08-05T23:50:00+02:00</updated>
   <id>https://www.fernandoloygorri.com/Honestamente-alba_a1414.html</id>
   <category term="Narrativa" />
   <published>2015-08-02T23:54:00+02:00</published>
   <author><name>Fernando García-Loygorri Gazapo</name></author>
   <content type="html">
    <![CDATA[
     <div>
      Yo vengo a decirte el alba <br />  sin el rencor de los grandes mamíferos <br />  sin la estela soberbia de la especie humana <br />  &nbsp; <br />  Yo vengo tras el beso que me diste <br />  a anunciarte el color escarlata <br />  y la suave loma que te encontrarás tras el pico alto <br />  el que está allá donde el horizonte se disipa envuelto en algas <br />  &nbsp; <br />  Yo vengo de las grandes ciudades <br />  donde el amor se subasta a diario en las plazas públicas <br />  a precios muy bajos, tanto que me dio por pensar <br />  cuando era un niño que lo que se subasta a diario en las plazas <br />  no es amor sino discanto <br />  &nbsp; <br />  Pero yo vengo de las grandes ciudades <br />  de las luces en la noche (lo cual, tú ya sabes, rompe por completo la mitad del día) <br />  de los besos en la espalda <br />  de los gemidos de dos años como mucho <br />  del ansia de ser presentado <br />  del complejo de Acteón y las mezquitas <br />  de las lúgubres ceremonias de interior <br />  y las verduras que existen, ¡expuestas!, fuera de temporada <br />  &nbsp; <br />  Y aún así –aún así, querida- yo vengo a decirte el alba <br />  Al decirla te nombraré las plantas del camino <br />  y seré bueno y sumiso como nunca los machos <br />  acostumbradas como estáis a los cuerpos rehechos <br />  los martes por la tarde en lugares tristísimos donde el olor no huele; <br />  te diré el alba <br />  y te nombraré, una por una, las estrellas del cinturón de Orión <br />  y ensoñaré que quieres que te unte el coño con mermelada <br />  mientras mis cuerdas vocales salivan estrellas y se pudren mis dedos <br />  en tu piel, en la piel de tu vientre que se hizo oscura en cuanto me dejaste <br />  &nbsp; <br />  Yo vengo a deshojar el surtidor de las ballenas <br />  Yo vengo al desguace de las uñas de tus pies <br />  Yo vengo a calentar la hiedra que ha trepado hasta mis gónadas y las aprieta hasta dolerlas sólo para adivinar si el calor la relaja y me suelta y me deja cantar aquello que unos dijeron que escribió Homero <br />  &nbsp; <br />  Yo vengo de una estirpe tan antigua como el alba <br />  Tengo mi pizca de héroe y hay en mi cojera –que tú tan bien conoces- un simulacro de fuego como en la de Hefesto <br />  Yo vengo a cantarte mi saga que surgió en el siglo IX cuando el mundo era un territorio tan pequeño como amar <br />  Yo vengo quieto y con sangre y con todos mis dientes <br />  a cantarte, sí, a cantarte el alba que se ha teñido de rubia <br />  por mor de un coqueteo milenario con el sol <br />  y al rosear el mundo lo convierte en luz justo antes de la luz <br />  No olvides, cuando te cante el alba, que yo vengo de las grandes ciudades, <br />  de los lugares miserables, de los bares modernos y las grandes extensiones de farmacias <br />  Recuerda cómo te corrías cuando te lamía el clítoris <br />  para que sepas volar cuando quieras (como las antiguas brujas con sus escobas untadas en belladona) sin necesidad de nadie (sólo mi lengua en tu memoria) <br />  &nbsp; <br />  Yo vengo <br />  porque fui <br />  honestamente alba
     </div>
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