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Página de Fernando Loygorri
Aquellos años míos de mil novecientos setenta y ocho
se han cubierto de escenografías en destrucción
que si un cayado de mercader
que si una braga blanca
que si una media con carrera
que si una camiseta con calado
que si la puerta cerrada y el jadeo de los diecisiete años
Luego fueron las luchas por las ratas (las ratas en la boca)
y las largas horas en la carretera bajo un sol que abrasa las manos y seca el gaznate
Aquellos años míos de mil novecientos setenta y ocho
despertaron los consejos de las viejas
y supusieron, de una vez y para siempre, la entrada en la muerte

Hay en la exaltación de las trinidades una evacuación líquida
Nada supone acostumbrarse a la caída
porque a lo lejos siempre se puede atisbar el [...] que será
[...]

Aquellos años míos de mil novecientos setenta y ocho
no remedian lo que vendría después
ni presuponen nada
¿quién podía imaginar el descenso a los infiernos ante las aguas esmeraldas de un mar en una isla?
Ni tan siquiera la palabra Infierno se ajusta a la medida del tiempo
(porque el Infierno según toda la cristología conocida es eterno y la eternidad es, en sí misma, un anti-tiempo)
que transcurrió desde entonces hasta aquí
aquellos años míos de dos mil dieciocho
cuando la arena se embarraba
y por la tarde apenas podía soportar las últimas nieves

Ensayo

Tags : Atrofias Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 17/05/2018 a las 11:10 | {0} Comentarios








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