Inventario

Página de Fernando Loygorri

Recuerdo desde el manicomio de Acra enviado por Olmo Z.


Podría haber adivinado la dirección justo al pasar el puente. Entonces la lluvia azotó con tal fuerza que la capa pluvial fue inútil. Entonces pensé, También habré de tener unos pantalones pluviales. No cedí. Era tan intenso el olor (un olor lejano a camaradería) que apenas pude respirar y me vino a la mente (como en los viejos tiempos de las meditaciones) la piedra de toque que es aquella que se utiliza para conocer la calidad de un oro o de una plata. Decidí seguir bajo la lluvia. Lo decidí sin importarme si más adelante me ahogaría o más acá de ciertas fantasías más propias de un escritor que de un analfabeto como yo, si quizá la idiotez me llevaría a la neumonía. Cierto que los pájaros. Cierto que los árboles y un tronco húmedo que había adquirido un peso desorbitado. Yo seguía caminando. Tampoco la oscuridad. Pensaba, Podría grabar todos mis pensamientos a medida que van saliendo, no ejercer sobre ellos ninguna clase de censura, una forma de pensamiento automático (aquí entonces surgió otro pensamiento que no tuve tiempo a atrapar) que fuera parecido al tema Crosseyed and Painless de los Talking Heads que parece que no te deja descansar, que no te quiere dejar descansar como a mí me obliga al movimiento este frío, esta lluvia que me ha azotado al cruzar el puente y que ahora, amparado en las copas de los árboles, se ha vuelto más amable como aquella mujer que tuve que cuando me veía a descubierto me azotaba y cuando me veía a cubierto se acercaba como una gata. Así ahora me amparo, camino entre charcos que reflejan figuras que no me atrevo a mirar y voy hacia un lugar de donde habré de volver si quiero, si quiero descansar, descansar. Eso pensaba, casi literalmente así, por esos caminos de una sierra cuyo nombre no viene al caso y mientras me mojaba y mientras sentía cómo el agua se estaba filtrando por el abrigo y empezaba a intuir la lana húmeda del jersey en el antebrazo derecho, volvía a pensar Lo único importante es la salud. ¿Qué quiere decir desparpajo? La luz de la vela vuela. Nunca más. Nunca, nunca más. Qué largas son la palabras. Mejor, aeiou o cantar en un coro negro aunque se sea blanco como hacían de putos blancos los putos negros que llegaron a Liberia repatriados de la América en donde habían sido esclavos y víctimas de su escaso conocimiento del mundo y de la posibilidad  de la libertad sometieron a los negros de Liberia a la esclavitud a la que ellos habían sido sometidos y de la que habían sido liberados. Dime que no tiene. Dejemos que la mente divague. Cuidado con ese charco porque no sabes su profundidad. No, no pienses en esa boca. Esa boca ya no está. Esa boca ya no estará nunca más y además nunca será la boca que tú conociste. Ahora debes mirar hacia delante para no pegarte una hostia que dé con tus huesos en el hospital. Porque la gente enferma y tiene miedo. Tienen más miedo los que enferman estando solos que los que enferman en familia. Una pierna rota. Una diverticulitis. Una angina de pecho. Solo has de cuidarte y has de temer la recaída. Alguien conocido está dando sus primeros pasos ayudado por un andador. El pezón era hermoso. Hubo una tarde. Hubo un principio del descubrimiento. ¿Por que nunca traigo el banjo? Me ha dicho que los restos de nicotina, esas manchas naranjas de los dedos corazón e índice, se quitan aplicando limón, zumo de limón, zumo de limón, de limón, de limón, zumo, zumo, zumo, de limón, zumo de limón para quitar las manchas de nicotina, nicotina, sumo zumo de limón, en el bosque, en el segundo bosque, donde dormitan las palomas torcaces, donde cría la sierpe, donde habita el olvido y ese dolor carnal que provoca  la ausencia de las caderas y de los pies y de las meninges, las atléticas, las que saltan la altura de los siglos, las meninges femeninas en unión sexual con las gónadas masculinas por este mundo mullido de tierra mojada, charcos y animales y escondidos. Si tuviera huevos me desnudaría, gritaría, gritaría a la cara de Máximo Gorki unas cuantas máximas... Gorki y me quedaría tan tranquilo mientras camino, un paso, ahora otro, la caída de la lluvia, mi pelo, mi pelo, mi pelo, qué lindo es mi pelo y aquellas manos, las de aquella mujer, la que me dijo un día te quiero, a la que le dije un día te quiero para luego volver a un sillón Voltaire y no escribir jamás Candide, no, jamás; como sé que nunca estaré en el Panteón de los Hombres Ilustres aunque consiguiera demostrar que estas huellas son de jabalí y aquella mierda la cagó la yegua no hace más de tres horas. Llego al tope que me marco cada día. Es una barrera natural. Meo mirando al horizonte y siento que el verde y el gris son la sal del color de la tierra. Lloro sólo un momento. Es un arranque de llanto y nostalgia. Me dejo llorar hasta que pienso, Hostia tengo empapada la pernera derecha. ¿Por qué la pernera derecha y no la izquierda?  ¿por qué intuyo la humedad en el antebrazo derecho y no en el izquierdo? ¿por qué me duele el ojo derecho y no el izquierdo? Y así camino de vuelta. Atravesaré las grandes praderas, los bosques inmensos; me arriesgaré por las honduras de una tierra baldía, ascenderé luego hasta el pico del espino dejando que mi pensamiento medite y vague si lo permite la rodilla derecha que siente la pernera como barra de hielo, Barra de hielo en mi corazón. Apriétate. Un paso. Otro paso. Al final está la muerte y la duda. Camina. Camina. No hace falta que te ajustes los cordones de las botas. Te quiere la senda. No hace falta más. Vamos. Piensa. Luego tendrás la oportunidad de un café caliente. Vamos, vamos, no llores, no, no llores más, camina, no llores, no llores más (...)

Narrativa

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 26/02/2016 a las 19:43 | {0} Comentarios


Pálidamente [...] ha usado material de los sueños [...] ilusión y realidad se han confundido y lenta...
Sosiégale
La luz se puede concebir negra
Sustrato [...] piensa sustrato y luego, luego, tiza
Dicen que la mujer se encontró con el hombre en una plaza preciosa de una ciudad del sur y pasaron la noche
Dicen que la niña jugó con un madero en las fauces del lobo y que el lobo se comportó como un perro
Dicen [...]
Sosiégale
La montaña mantiene la rima con hazaña
Aquel faro ya es inútil
El agua jamás se volverá clara
Tempestad, tienes nombre femenino
Hielo, tu nombre es masculino
Y ahora ha de palidecer, en esta noche de luna, tras la estrella vespertina, pasados los grandes ciclos, atados a los minúsculos accidentes de los hombres
Sosiégale

Narrativa

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 21/02/2016 a las 11:41 | {0} Comentarios


El héroe de las mil caras. Joseph Campbell. Editado por Fondo de Cultura Económica.
Segunda parte. El ciclo cosmológico. Capítulo II El nacimiento de la virgen. 3. El vientre de la redención.


Parvati
Parvati
La mitología hindú nos cuenta que la doncella Parvati, hija de Himalaya, el rey de la montaña, se retiró a las altas colinas para practicar austeridades muy severas. Un tirano-titán llamado Taraka había usurpado el gobierno del mundo y de acuerdo con la profecía, sólo un hijo del Alto Dios Shiva podría derrotarlo. Shiva, sin embargo, era el modelo de dios del yoga; apartado, solitario, sumergido en la meditación. Era imposible que Shiva se interesara en engendrar un hijo.
Parvati decidió cambiar la situación del mundo compitiendo con Shiva en la meditación. Alejada, solitaria, sumergida en su alma, también ayunó desnuda bajo el sol ardiente y aumentó el calor haciendo cuatro fuegos suplementarios en los cuatro puntos cardinales. El hermoso cuerpo se convirtió en una frágil estructura de huesos, la piel se volvió apergaminada y dura. El cabello lo tenía desgreñado y crecido. Los suaves ojos líquidos ardían.
Un día un joven brahmín llegó y preguntó por qué una persona tan hermosa había de destruirse con tales torturas.
"Mi deseo -replicó ella- es Shiva, Objeto Supremo. Shiva es un dios de la soledad y de la concentración inalterable. Practico estas austeridades para sacarlo de su estado de equilibrio y atraerlo hacia mí lleno de amor."
"Shiva -dijo el joven- es un dios de destrucción, Shiva es el Aniquilador del Mundo. El deleite de Shiva consiste en meditar en los crematorios, entre el humo de los cadáveres; allí contempla la podredumbre de la muerte y eso congenia con su corazón devastador; las guirnaldas de Shiva son de serpientes vivas. Shiva es un mendigo y además nadie sabe nada de su nacimiento."
La virgen dijo: "Está por encima del espíritu de los que son como tú. Es pobre, pero es la fuente de la riqueza; es aterrador, pero es la fuente de la gracia; puede ponerse a voluntad guirnaldas de serpientes o guirnaldas de joyas. ¡Cómo había de haber nacido si él es el creador de lo increado! Shiva es mi amor."
El joven se quitó su disfraz; él era Shiva.

Invitados

Tags : Sobre las creencias Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 21/02/2016 a las 00:31 | {0} Comentarios


Guerrero Hemba
Guerrero Hemba
¿Se puede estar buscando al padre desaparecido durante 70 años y transcurrido ese tiempo seguir llorando por no haberlo podido encontrar?
¿No es más sensato pensar si se tiene fe en un Dios que este Dios tiene un hermano tonto que es el causante de todas las miserias de este mundo?
¿No hay que aceptar el fin cuando todo nos lleva al fin?
¿Qué sistemas de defensa? ¿Qué olores que permanecen? ¿Qué esperanza ciega? ¿Qué recuerdos?

Los hemba son un pueblo curioso que piensan que el brujo vive entre ellos y no, como la mayoría de los pueblos que tienen a la brujería como uno de los poderes más poderosos del mundo, fuera, en otra aldea de otra gente que quiere su mal por ser Los Otros. Así los hemba viven en una perpetua angustia porque no saben si la persona que vive con ellos, que duerme en la misma estera  y come en el mismo cuenco que ellos, es un brujo. Porque no se conoce la voz del brujo. Porque no se conoce los rasgos del brujo. Porque cualquiera puede nacer brujo. El Mal entre los hemba habita en su misma aldea.

A veces discurro que en nuestra mente -como si de una aldea hemba se tratara- habita el brujo. El Mal habita en nuestra mente y es nuestra mente quien nos quiere hacer el mal. Hay en la mente una capacidad de destrucción absoluta. Por eso, a veces, en la noche de la mente tienen que salir los familiares sanos y esconder al enfermo, lejos del brujo, para que pueda sanar y no emponzoñe a toda la aldea que es la mente.

¿Cómo explicamos el daño al querido? Es más ¿cómo podemos articular que nos duele doler? Tan sólo si admitimos la manipulación con las palabras o -por ir más allá- tan sólo si admitimos la inconsciencia del mal; si admitimos que la ilusión de lo que creemos ser está por encima de la realidad de lo que somos, se puede admitir que alguien crea que le duele hacer daño. Si no es así, afirmo que dolerse por hacer daño es un oximoron. Y como consecuencia: todo aquel que afirma que le duele dañar a quien dice querer es un maltratador.

"A quien dice querer", esta frase es esencial.

¿Cómo explicamos la aceptación del supuesto querido del dolor infligido por quien le dice querer? El brujo, es el brujo que habita en nosotros... Y por lo tanto hay que buscarlo, hay que remover todos los rincones de la aldea/mente hasta encontrar al Mal que nos hace confundir dolor con esperanza, anhelo con frustración, virtualidad con realidad y veneno con alimento.

Porque esa es una de las bases del maltrato: dar veneno con apariencia de alimento.

A toda afirmación se sigue, de forma natural, una nueva pregunta.

Ensayo

Tags : Meditación sobre las formas de interpretar Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 19/02/2016 a las 13:12 | {0} Comentarios


Consideraciones de Olmo Z. en el manicomio de Acra


Por un error del editor, durante unas horas ha aparecido bajo la fotografía el rótulo de "Autorretrato de Olmo Z. en Acra". Pido disculpas. La fotografía no corresponde a Olmo. Ha sido él quien me lo ha avisado mediante una llamada telefónica que quizás algún día cuente. Mi única explicación ha sido un probable olvido de su rostro.


Retrato de F. (compañero de estancia en Acra). Fotografía de Olmo Z.
Retrato de F. (compañero de estancia en Acra). Fotografía de Olmo Z.
Porque nacía en las grandes ciudades de occidente
se detenía ante la visión del jabalí
y quizá sofisticadamente reunía en sí la fuerza y el valor para seguir caminando por un camino que no le correspondía
(no le correspondía por la conformación de sus piernas, por la lejanía de su tobillo derecho con respecto a su función natural, por la ausencia de soleo y otras tesituras musculares harto graves de contar) mientras la mirada del jabalí se clavaba en su mirada y escuchaba la suavidad de su voz al decirle, Buenas tardes señor jabalí. Pienso seguir mi camino. Siga usted el suyo.

Porque nacía en las grandes ciudades de occidente
la muerte de la cobra, el corazón de la cobra rebosante de la fuerza última de un ser que quiere vivir
le emocionó hasta tal extremo que entendió de veras los sentimientos encontrados del periodista polaco que en un chozo en mitad de un desierto lejos del lago que buscaba, sintió al tener que acabar con la vida de ese animal que se encontraba allí protegiéndose del calor asesino del mediodía africano y se encontró con la muerte a manos de un polaco perdido.

Porque nacía en las grandes ciudades de occidente
amó el cabaret, el expresionismo de la posguerra primera, la lucidez de algunos dramaturgos
y supo -o creía saber- algo que se asemejaba a una pesadilla en el teatro con la sensación de un beso de mañana cuando empezaba a andar solo y no sabía que el camino iba a ser tan agreste.

Porque nacía en las grandes ciudades de occidente
esa voz que canta
la tenuidad (si se me permite la osadía del vocablo)
el bostezo de alguien que acaba de llegar
y el ponerle nombre a las cosas (y al ponérselo, descubrirlo)
le trajeron a este día de febrero frío y hermoso como una mujer de hielo.

Porque nacía en las grandes ciudades de occidente
se permitió un brindis y una correría y le sonrió a su estrella un amanecer en una playa de una isla al este de su edén
sin saber (nunca lo supo) que jamás lo recordaría.

Así. Ahora. Escribe

Narrativa

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 16/02/2016 a las 19:27 | {0} Comentarios


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