Inventario

Revista literaria y artística escrita y dirigida por Fernando Loygorri
Querida Julia:
Hoy cumplirías (¿cumples?) 97 años. Desde hace un tiempo cuando te siento (te pienso) no me vienen las lágrimas, ni una emoción sensiblera me atenaza. Te fuiste bien. Moriste muerta. Y dejaste en mí la sensación de un trabajo bien hecho. Hace unos días digitalicé (palabra que tú airearías con tus manos como haciéndola huir de tu cabeza) tu voz. ¿Recuerdas? Fueron seis horas de entrevista en las que tú desgranabas tu vida mientras hacías la comida en casa de mis padres o me preparabas una cerveza con un aperitivo de aceitunas y jamón en tu casa de Emilio Ortuño.
Mi anciana. Mi sabia. Dice Marina (una mujer a la que me hubiera gustado mucho que conocieras) que el maestro llega cuando el discípulo está preparado para aprender. Yo estaba preparado nada más nacer y así tú, mi maestra, me enseñaste desde la absoluta oscuridad la luz de tus enseñanzas. Luego las olvidé, las olvidé durante muchos, muchos años y tú sufriste ese olvido (que no ignorancia) y seguiste cauta, a la sombra, a la espera que surgiera de nuevo en mí tus largas tardes de plancha, tus caricias en la noche, tu beso en la frente, tu regañina que más te dolía a ti que al que regañabas, tu ayuda material y espiritual (tú que fuiste una atea), tu esperanza siempre en que un día volvería a la senda de la bonhomía.
Julia yo en tus brazos. Julia en el taxi que nos llevaba a Lourdes y a mí al gimnasio. Julia y tu llanto en la sala de espera escuchando los nuestros cuando Paquita la enfermera mala nos estiraba las piernas, nos insultaba, se mofaba y te decía que un día nosotros te abandonaríamos.
Julia y tu pisto manchego. Julia y tus huevos fritos con aquellas inmensas fuentes de patatas fritas. Julia y tus Reyes Magos. Julia acogiéndome una noche de pesadilla en tu cama, en tu abrazo, en tu murmullo tranquilizador. Julia y tus tostadas por la mañana. Julia y mamá. Julia y papá. Julia con Antonio. Julia con Lourdes (sobre todo con ella, ¡claro que sí! bendita seas), Julia con Alfonso. Julia con el tío Carlos. Tus muslos, ¿te acuerdas cómo mi tío Carlos te los alababa? Julia a la salida del colegio. Julia untando los tomates en el pan mientras nosotros aprendíamos a montar en bicicleta en la calle Lista. Julia y tu madre Felisa. Julia y tu hermana Sole. Julia y tu sobrina Marisol que tanto tiene de ti. Julia en la tardes con la señorita Francis aconsejando a las pobres muchachas que no sabían como atemperar sus ardores sexuales en los años 60 del siglo pasado. Julia y mis malas notas. Julia pagando las deudas. Julia medio ciega. Julia aterrada en una residencia donde nadie supo ver su fuerza, su sabiduría, su bondad. Julia y don Quijote.
¡Cuánto te echo de menos! ¡Cuánta felicidad te deseo! ¡Cuánto te quiero!
Fernandoski.

Miscelánea

Escrito por Fernando García-Loygorri Gazapo el 08/11/2011 a las 13:02 | Comentarios {1}


The atrocity exhibition
The atrocity exhibition
la noria que revolotea y la caña de azúcar; también vino la princesa que asomó su rostro una mañana y desde lejos un dragón la vio y quedó prendido de ella y ocurrió entonces una aventura extraordinaria donde se dieron la mano Polifemo y Circe y acudieron a la asamblea de la luna menguante Kali y el Emperador de los orangutanes; ocurrió en un pueblo muy lejano que hubo una epidemia de llantos y más allá las niñas, una mañana, se cortaron los trenzas sin haberlo pactado y los niños lloraron nada más despertar por una tristeza que les llenaba los pulmones de ansias de gritar algo sin sentido; y más allá las burras se rebelaron contras los asnos y las mulas descubrieron, horrorizadas, que no estaban hechas para generar la vida sólo para acarrearla; ocurrió en el tiempo de las lluvias eternas; ocurrió cuando el alba no tenía nombre; ocurrió cuando las raíces no habían suscitado tallos; ocurrió cuando el averno sólo significaba abismo, antes de que las cuevas se llenaran de símbolos, antes de que las manos quedaran impresas en las rocas, antes de la primera estalactita, antes del primer diluvio; ocurrió entonces la separación de la urdimbre, se desgajó entonces la idea del aire, se quejaron en seco el ulular y el viento de una esencia invisible e inmóvil; ocurrió en la actual Sumatra y en la antigua Creta; ocurrió cuando el mar acababa en cascada y los osos se erguían como seres tormentosos que desaparecían en invierno para quedar dormidos; ocurrió que la hiel no cambió su sonido; ocurrió que la tez adquirió nuevos brillos; ocurrió que lo blanco se convirtió en rojizo; ocurrió que la sangre se elevó hasta el mito; ocurrió entonces el descubrimiento del círculo y los ojos sirvieron, por fin, para mirar lo cercano; se inventó la sonrisa y el estrecharse las manos; se anheló lo que hubiera tras el último álamo; se ensalzó lo que estaba más allá de las nubes y las estrellas tomaron el rumbo de la Tierra; se decantó el oro; se nombró a los seres; se dividió el saber; ocurrió la primera batalla; se escucharon los primeros gritos; se descubrió que la cópula era esencial para tener niños; se sacralizó el tiempo fecundo de las bestias; se trasladó al interior el laberinto de la vida; las aves sucumbieron en aras de adivinos; sus intestinos quisieron mostrar el camino y salvaron a muchos la levedad de la envidia; y hubo entonces, sólo entonces, los reyes y un pobre hombre, salteador de las olas, le dijo a uno de aquéllos al que apodaban Magno: a mí me llaman pirata porque sólo tengo un navío, a ti Emperador porque tienes mil; y fue colgado y surgieron las lobas amamantando a humanos y surgieron ciudades que fueron largos templos y surgió la palabra en el ágora de la polis y creyeron los hombres que el mundo ya era suyo.

Miscelánea

Escrito por Fernando García-Loygorri Gazapo el 03/11/2011 a las 23:51 | Comentarios {0}


Las personas pronombres
Soñamos el eslabón perdido y vivimos el eslabón encadenado; nos sumergimos en aguas dulces con sus dosis de sequedad y cloro; y hay algo enigmático en eso que llamamos comportarnos que guarda en sí una ingenuidad digna de estudio.

Os vanagloriais de la cadera, ¡ay, mujeres frías como la yesca! Y luego miráis con la dulzura propia de las calaveras. Hay en vosotras, mujeres altivas, la quintaesencia de la impostura y supura en vosotras la catástrofe venidera.

Ellos llegarán y, a modo de bandera, ondearan caracolas y enredaderas y sus cabellos, revividos en la angostura de la cueva, brillarán eternos y suaves como las primeras caricias; y sabrán dormir y quedarán sus manos al aire del trazo de un dibujo y el chamán romperá la cáscara de un huevo y en el revoltijo posterior les hará sentir la altura de sus almas.

Tú quisiste abrazarle despacio y luego lloraste con honda pena; tú sufriste el frío del lago y navegaste ausente de sus olas férreas; tú te encumbraste hasta la más alta esfera y rodaste, vieja, hasta el Averno; tú pusiste la punta de tu pie izquierdo sobre el fluir del Leteo y acabaste sorda de tus propios consejos; luego volviste muda y desdichada y te acercaste a él que ya no te esperaba y te acercaste a él que ensayaba hallar en tu ausencia la veracidad del plomo que llegara a ser oro. No pudiste posar tu manos en su hombro y te alejaste dejando a tu paso un reguerito de dientes.

Él, querido germen de la nueva patria; él en la ladera del norte acaricia el musgo; él con la vista fija en el ocaso fiero; él con el hierro, con la fragua, con el molde; él arrepentido quizá de haberse dormido; él que nunca entendió de números ni signos; él que se alimenta a base de palabras viejas tal corazón, pubis, tortura o caverna; él que apenas si sabe lo que es sombra o luz; él que se derrota a cada tanto sin importale apenas; él que se duerme y despierta y se lava y se azora y se alimenta y esputa y se alivia y se ciega; él que nunca sueña con el infierno ni alardea ante los suyos de cielo alguno; él calibrando la bala que llegará a su destino; él admirando la ausencia de terror en su amigo...

Yo no hollé huella ninguna.

Miscelánea

Escrito por Fernando García-Loygorri Gazapo el 01/11/2011 a las 13:08 | Comentarios {0}


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