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Página de Fernando Loygorri

No se desdice de su vértigo. Va -piensa- a mantenerlo como la cal viva. Sabe que no puede rebelarse contra ese pincho en el corazón cuando ha de aceptar que está perdido. Salmuera ha pensado al iniciarse el runrún como anoche cuando se metió en la cama y sintió un ligero malestar en el estómago que le recordó a una noche infernal no hace mucho. Imaginaba una constante. Esa constante nunca se dará. Y ha de ser así, se dice.
Vértigo de una vida sin sentido y de unas frases sin sentido; vértigo de una incomunicación con visos de comunicar algo cuando en realidad (y ya entonces esta palabra: REALIDAD le muestra todo el vértigo de lo que experimenta hoy, sea porque la luna está a punto de ser llena; sea porque el que le tache de hipócrita un amigo le hiere en un lugar mucho más allá del alma, sea porque el amor huye al ritmo de la distancia, sea por un cierto tedio en el paseo por el campo [quizás ocurra con los paseos lo mismo que con las obras de teatro que no suelen mantenerse vivas más de cinco años... así que pasen cinco años], sea por la tensión que se acumula día tras día en el país en el que vive, por una sensación de estado prebélico o sea la summa de todas estas potencialidades, lo cierto es que la palabra REALIDAD no le dice nada).
Porque en el fondo, se dice, el vacío le produce vértigo.
Porque la risa, se dice, es la única medicina (un hombre muerde a un perro).
Y lo que sabe es que tiene que limpiar la casa para que algo vuelva a brillar.

Narrativa

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 03/10/2017 a las 19:05 | {0} Comentarios








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